A cuestas con la humedad

Llegó el día. Tras varias semanas planificándolo todo, con la ruta bien atada, con el peso bien calculado, con los medios de transporte perfectamente sincronizados, solamente cabe esperar a que las previsiones meteorológicas hagan posible un viaje sin sobresaltos. Con el inconveniente de que no puedo salir antes del miércoles 19, reviso esa misma tarde las Webs de Euskalmet, del Instituto Nacional de Metereología y de Meteo France para ver cuál es el mejor día para salir de los tres siguientes.

Las tres coinciden, e indican que el jueves será un día nuboso por la mañana, con probabilidad de ligeros chubascos en Gipuzkoa, pero que a medida que avanzamos hacia el Este irán dejando paso a cielos despejados y a un aumento considerable de las temperaturas. Asímismo, predicen una subida importante en los termómetros para el fin de semana y días siguientes, sobrepasando ampliamente los 30º en todo el Pirineo. Con este panorama, creo que lo mejor es salir esa misma noche de miércoles para iniciar mi marcha el jueves, y de esta forma, evitar los "a priori" días calurosos que se avecinan.


De Bilbao a Donostia, comienza el viaje.

A las 6 de la tarde del miércoles me voy a Termibús y compro el billete de autobús para San Sebastián. Me indican que la bici la tengo que llevar envuelta en algo, en lo que sea, y recuerdo que tengo la funda para guardarla en la terraza. Es un cacho plástico, pero no lo había contemplado en el peso de la mochila. Otro cuarto de kilo extra que tengo que meter quiera o no.

Desde casa voy en bici y compruebo que la mochila pesa lo justo. Llevo lo imprescindible: tienda de campaña, saco, almohada, unas zapatillas muy ligeras, una ropa de recambio, toallitas dodot, bañador, mini toalla autosecable, sudadera, cepillo dientes recortado, pasta casi agotada, bote vaselina, mini linterna, mini navaja, pilas y las llaves de casa. Como atuendo, elijo el cullote pirata en vez del corto (gran elección de última hora), camiseta transpirable, maillot corto, manguitos, guantes, cortavientos y chubasquero.

En el manillar calzo una neverita de bici con portamapas, y dentro llevo la cámara de fotos, el ipod, una batería de recambio, el móvil, los mapas, un pilot, dni y tarjeta de crédito, y meto también unas barritas, unos geles y unas pastillas isostar para echar al agua. El peso de la nevera se me va un poco de las manos, y lo primero que tengo que hacer es adaptarme al pesado giro de manillar. Aún así, no veo por donde recortar la cosa, así que palante como los de Alicante.

El autobús sale a las 22:00 h., el último del día, y un poquito antes me encuentro en la estación. Aprovecho el rato para sacar una foto al magnífico autobús que Pesa me tiene preparado y cuando el chófer abre las puertas me dice que no tengo que envolver la bici porque vamos cuatro gatos y nadie lleva maletas que ensuciar con la cadena. La tumbo, la ato a los barrotes de separación de carga con el candado antirrobos para que no vaya dando botes, y para Donostia.

Nada más salir, oigo un clinc-clonc-clanch que viene de las bodegas de carga de la nave. Lo primero que pienso es que se ha saltado el candado y me va a llegar la bici echa unos zorros. No llevábamos ni cinco minutos en marcha y ya tenía un motivo para comerme el tarro el resto del viaje. Al llegar a destino, por suerte, había sido otra cosa.


De fotos por la noche a la luz de las farolas.

Llegamos a Amara y yo me voy directo a La Concha. Allí dejo todo en un banco, en los jardines de Alderdi-Eder y me entretengo un rato sacando fotos. La noche es magnífica, con una temperatura que ronda los 20º y con mucho turista de paseo a las 12 de la noche.

Entre pitos y flautas se me pasa el tiempo "haciendo el indio" por allí, y tras preguntar a un taxista por dónde salgo mejor para ir a Astigarraga, me pongo en marcha con la intención de llegar lo más lejos posible mientras sea de noche. La primera etapa la tengo pensada en 259 km., la más larga de todas, y hay que empezar a hacer camino. Al taxista le extraña verme y me avisa de que estará oscuro. Siendo de noche es lo suyo, lo raro sería que estuviera claro.


Precaución amigo conductor, la senda es peligrosa.

Kilómetro 0. Pongo el cuentakilómetros en marcha en el Hotel Amara Plaza y me voy para Astigarraga. La carretera se encuentra en obras y los peones del ferrocarril que discurre paralelo a mí están trabajando a las 2 de la mañana. Me ven pasar y me gritan como si me confundieran con una rubia de largas piernas y corta minifalda. ¡Hay que ver que mal está la peña! El trayecto hasta Astigarraga está medianamente iluminado en todo momento y solo tras dejarla atrás comienza la oscuridad.

Llego a Oiartzun tras 21km. de marcha. En mi rutómetro solo tenía contemplados 13. ¡Menudo desfase! Una cosa son los kilómetros calculados inicialmente y otra los que te salen al final. ¡Nada que ver! Siempre salen muchos más. En Oiartzun no encuentro el desvío para Lesaka y coincido con un coche de los municipales que andan de patrulla nocturna que me indican el camino. Me dicen que a dónde coño voy a esas horas y nada, que les tengo que dar unas pocas explicaciones. Me dicen "pero si Aritxulegi y Agiña tienen muchas cuestas!!!", obviando que pensaba hacer Larrau, Tourmalet y la leche. Para ellos las cuestas eran las de Aritxulegi, jajaja.

Para allá que me voy y ahora sí. Ya es de noche cerrada y la oscuridad es lo único que me rodea. La oscuridad y los ruidos. En Aritxulegi acojonaba un poco el continuo rozar de hojas y el sonido de los animales que escapan del ser humano. ¡Pero claro! Sabes que escapan, pero temes que te salten al cuello. Durante un pequeño tramo noté como un bicho corría en mi misma dirección, paralelo a mí, y lo único que haces es rodar por la línea separadora de ambos carriles, lo más lejos posible de los inexistentes arcenes. ¡Uhhhhh! ¡Que viene el coooooocooooo! jajaja.

Corono Aritxulegi como si nada. Acabo de empezar y voy descontando. Hoy me quedan 9 subiditas de nada. Ya queda menos. En el descenso tengo que recolocar la luz delantera. Con la neverita en el manillar no quedaba sitio para ella y la tuve que atar en plan McGyver haciendome un apaño. Subiendo no lo notas tanto porque vas esforzándote, pero en la bajada, te entra un poco de sueño. Pero como enseguida empalmas con Agiña, de nuevo a darle a los pedales.

Agiña se encuentra lleno de rebaños de ovejas. En Aritxulegi había caballos, pero en Agiña tocaban ovejas. Es un descojono enfocarlas con las luces y ver como salen despavoridas en la noche. Me saqué la linterna de la mochila y me fuí entreteniendo "asustándolas". Cualquier cosa por romper la monotonía de la noche. De vez en cuando me topaba con rebaños completos en la carretera. Las jodías aprovechan el calor del asfalto para pasar la noche.

Y es así como decidí pararme en Lesaka a echar un sueñecito. Tras coronar Agiña, que tiene que ser muy bonito por lo que se intuye a los lados, comencé a descender y el sueño ya era importante. Tanto, que casi me empotro con un rebañito de ovejas que tardaron más de la cuenta en quitarse y yo que iba con los ojos medio cerrados.

En Lesaka no tuve ningún problema para encontrar alojamiento. La temperatura era muy buena y una plaza con magníficos soportales invitaba a hacer de "pies negros" y allí que me planté, cruzado tras una columna. Solo me faltaba el brick de Don Simón y el cachorro de pastor alemán para dar el pego.


Una mañana, ¡qué bien cunde!

Tras dormir a pierna suelta casi 4 horas, sin apenas abrir un ojo, me despierto a eso de las 7 de la mañana. Como algo, echo un trago, y a seguir camino. Algunos vecinos que iban a trabajar prontito pasaban a mi lado y me echaban buenas miradas de bicho raro.

En nada me planto en la subida a Lizarrieta. Suave y tranquila, me lleva camino de Sara. Tengo pensado desayunar en Dantxarinea, así que aprieto el tramo llano que hay entre ambas localidades para llegar lo antes posible a un supermercado que tengo localizado nada más pasar la muga. Allí entro en la cafetería y observo que la barra está vacía. No hay nada de comer, así que me meto en el super y hago acopio de víveres. Una caja de palmeritas y un bote de anacardos llenan mi cesta y me vuelvo para la cafetería.

Tras pedir un café, me siento a zamparme las palmeras. Allí van llegando los empleados del supermercado y les oigo como algunos se quejan porque estoy comiendo productos del super y no de la cafetería. Cuando yo entré no había nada, así que no es culpa mía. Además, un bar de supermercado es un bar de supermercado. Termino, reparto los anacardos por los diferentes bolsillos de que dispongo, y parto rumbo a Otxondo, siguiente subida.

La subida a Otxondo también se hace bien. No hay grandes rampas, así que a ritmo todo se sube. En la cima veo un cartel que indica Gorramendi a 10 km. Había visto que Otxondo-Gorramakil era un CIMA, creyendo que con subir a Otxondo ya sería puntuable, pero me imagino que puntúa Gorramendi. 10 + 10 son 20, así que paso de coger el desvío. Otra vez será.

El descenso de Otxondo, por buena carretera, se hace muy rápido, y en un momentito me planto en Erratzu, en donde comienza la subida a Izpegi. No tengo agua, así que paro en una tiendita para llenar los bidones. Como en breve estaré "al otro lado" aprovecho para hacer la llamada del día a mi mujer para charlar un ratillo y así me tomo también un respiro antes de que las llamadas sean "internacionales".


Izpegi kilómetro 2, un árbol para el recuerdo.

Estoy colgando el teléfono cuando pasa delante de mí una grupeta de cicloturistas bien entrados en años. Me sacan 200 o 300 metros cuando comienzo mi pedaleo y poco a poco se van descomponiendo a medida que avanza la subida. En breve, doy caza al último, un "monsier" muy majo al que saludo con el típico "Bon jour, bonne route".

Me adapto a su ritmo trotón y entablamos la típica conversación de quienes chapurrean lamentablemente el idioma del otro. Por estas latitudes el euskera suele ser un buen comodín, pero la flauta suena pocas veces y ésta no es la ocasión. Así que me pregunta a dónde voy, yo se lo cuento y le devuelvo la pregunta de qué ruta van a hacer ellos.

La respuesta es acojonante. Vienen por aquí porque un compañero del Club la palmó subiendo Izpegi hace 7 u 8 años, no me supo decir con exactitud. El caso es que le dió un ataque al corazón en el kilómetro 2 y cayó al suelo. Se apoyó en un árbol y mientras llegaba una ambulancia les dijo a los compañeros que si la palmaba quería que lo incineraran y echaran sus cenizas en aquel mismo árbol.

Se lo llevaron al hospital y murió, y como era su deseo, volvieron a dejar sus cenizas en el árbol. Desde entonces, año tras año, repiten la ruta que no pudieron terminar y dejan unas flores en la especie de mausoleo que le habían hecho con un par de piedras.

Allí les pido que nos hagamos una foto todo el grupo, y el que nos la saca habla un perfecto español, con lo que me relata de nuevo todo con más detalle. Me da su correo electrónico para que les envíe la foto y tras una pequeña charla muy agradable nos ponemos rumbo a la cima de Izpegi.

Arrancamos y el primero en quedarse de nuevo es el viejillo con el que me quedé charlando, el del casco rojo del centro de la foto. Con él hice el resto de la subida, muy poquito a poco, charlando de "chorradas" como buenamente nos entendíamos. Tres compañeros decidieron esperarle y juntos hicimos los últimos dos kilómetros entre Allez!! Allez!! y tragos de bidón.

Al llegar arriba, era ya casi la hora de comer europea y el grupo tenía pensado comer en la taberna de la cima. Mi compañero de ascensión, el viejillo simpático del casco rojo, me indicó que iban a "manger" allí y me preguntó si comía también. Entendí que era como una invitación, pero la decliné excusándome en que tenía que seguir la ruta. Ahora, después de volverme en la cima del Tourmalet, me arrepiento de no haber aprovechado aquel momento y de no haberme quedado a comer con ellos.

Le hice una foto a la Venta Ispeguy y otra a lo que venía después del descenso. Las nubes del fondo no auguraban nada bueno.


Si no la lío bien liada, no soy Pieatierra.

Comienzo el descenso de Izpegi y no llevaba ni 500 metros cuando me revienta la rueda trasera. El ruido lo conozco. Es ése pitschhhhhhhhh con sonido a cohete y explosión final que avisa de que la cubierta se ha rajado. Con cuidado de no caer, con bastante maña jejeje, voy frenando sobre la llanta con las dos calas a modo de patinetes hasta que acabo frenando en seco en una curva en la que ya no había más que la caída libre. En el otro arcén de la curva, una pareja de franceses me miran con cara de asombro y me preguntan cuál es el problema.

Tienen allí aparcado el coche porque es una especie de descansillo, y allí que me dirijo a pata maldiciendo mi mala cabeza. Ya me dijo Berritxu el otro día que aquella cubierta no aguantaría mucho más. Pero así soy yo, la tengo que liar con la mecánica. Vuelco la bici, desmonto la rueda y veo un agujero como una moneda de céntimo de euro. ¡Menudo rajón! Les pregunto que si hay alguna tienda de bicis en St Etienne de Baigorry y me dicen que no son de allí y que no tienen ni idea.

Voy a hacerme un apaño con un envoltorio de barrita para intentar terminar el descenso poco a poco, cuando me ve el hombre y me dice que me lleva en coche. Le digo que él iba para arriba por la dirección en la que tiene el coche, pero con un gesto de quien se sujeta los tirantes en plan "no tengo otro pito que tocar que estoy jubilado", que entendí rápidamente que no me iba a dejar marchar de allí.

Subimos la bici al maletero como buenamente pudimos, ya que casi no cabía y nos fuimos para abajo. La mujer no quiso que me sentara detrás y me cedió el asiento de copiloto. El buen hombre abrió una ventanilla porque mi tufo para esas horas ya era importante "le monsier, cést la transpiration" decía jajaja. Llegamos a St Etienne y pidió una guía en una farmacia para buscar una tienda de deportes o algo así, y como allí no había me acercó hasta St Jean de Pied de Port (o lo que es lo mismo, Donibane Garazi).

En Donibane, fuimos a una tienda de deportes que no recuerdo muy bien como se llamaba, Maxi Sports o algo así, que tenía en el escaparate un montón de bicis, maillots de euskaltel, ... una tienda muy grande. Pero estaba "fermée" y no abría hasta las 5 porque el dueño tenía un funeral. Yo ya pensaba que la cosa iba de muertos y que mientras los muertos fueran los demás ¡ni tan mal!

Le dije a aquel buen hombre que muchas gracias, que ya había hecho más que suficiente, que me dejaría allí y yo ya esperaba a que abrieran, pero nada, ya era algo personal entre él y las tiendas de deportes, así que preguntó de nuevo por algún lugar en el que hicieran reparaciones de "velos". Mientras la mujer tomando notas de direcciones en un plano, bufff! ¡¡Qué hospitalidad!! ¡¡Yo no sé cómo llamar a éso!! Estaban volcados en solucionar el tema.

Al final encontramos un taller de motos en el que reparaban bicis de paseo que también estaba cerrado. Pero enfrente había un tipo que era el dueño y nos abrió y, por suerte, tenía una cubierta de carretera de color amarillo que me servía. Yo llevaba cámaras de recambio, pero el tipo de la tienda buscó entre aquel batiburrillo de piezas y encontró una de válvula larga, un valvulón de 60 mm o más que le pedí que me vendiera para tener "por si acaso".

Mientras me reparaba la bici, que ya lo podía haber hecho yo, la pareja que me llevó allí se marchaba. Les ofrecí una invitación, algo para agradecerles lo que habían hecho por mí, pero no quisieron. La señora me puso la mejilla y me pidió un beso como "pago" y que con éso era suficiente. El hombre me pidió que si él estuviera en apuros en España, yo se la devolvería. "Un bon coeur" me dijo que era suficiente.


Arthaburu, la prueba de fuego.

Con varias horas perdidas dando vueltas por ahí, soy consciente de que bastante tengo con llegar a Isaba. Reemprendo la marcha en aquel taller de motos con la esperanza de que no me pase nada más y a la espera de ver cómo respondo en rampas superiores al 10%. Hasta ahora no las he tenido y tengo tres cruces marcadas en ela ruta: Arthaburu, Larrau y Marie Blanque. Lo demás no me preocupa, puesto que con molinillo todo se sube, pero por encima del 10% continuado la mochila tira mucho para atrás.

Menos mal que el fin de semana anterior estuve por aquí con la familia y pregunté por el camino. Si no, no lo encuentro. Tras pasar Esterenzubi, una rampa a la izquierda es el camino a seguir para Irati. El rampón lo tenía apuntado y me llevo una grata sorpresa. ¡¡Puedo con el peso!! Era mi prueba de fuego y me anima muchísimo para seguir ascendiendo. Con todo metido, y al tran-tran, voy haciendo camino y poco a poco, va cayendo la niebla. Tanto, que arriba no veo ni cascorro. ¡¡Ni 10 metros!!

Frío no hace por suerte, pero la niebla empapa en ese precipitar que tiene, con lo que tengo que ponerme el chubasquero en la cima. Como no se ve nada, ni se me ocurre sacar la cámara y sin apenas detenerme me voy para abajo, bueno, si se le puede llamar para abajo. ¡¡Qué terreno más asqueroso, madre mía!! Hasta Bagargi te pasas todo el rato en un sube y baja pestosísimo con el que no cuentas pero que te quema la moral. Y además, es otro puerto de seis kilómetros que al final pesa también.


Larrau, con ésto yo no contaba.

Salgo reforzado de las duras rampas de Arthaburu y dispuesto a merendarme los kilómetros de doble cifra de Larrau. Sé que tardaré cerca de hora y media o más en subir, pero no tengo prisa, relativamente. Hoy solo tengo que llegar a Isaba.

En Larrau busco una fuente y no la encuentro. Tengo un bidón lleno, pero no me quiero arriesgar, así que me meto entre calles para ver si encuentro a alguien. Dos señoras están es una casa y les pido agua por favor. Mientras una me llena los bidones, sale el típico aficionado al ciclismo al que no entiendo ni papa y yo "oui, oui, oui" con cara de panolis, y él con más cara de panolis al darse cuenta de que no tengo ni idea de qué me dice. Dos panolis con la risa tonta, jajaja.

Tras un "très dure" que sí que entiendo, me dirijo a la subida. A ritmo de 7-8 por hora, el que llevo siempre tenga la pendiente que tenga la cuesta, voy subiendo los 3 o 4 primeros kilómetros y la niebla cae más y más, y más, y más, hasta el punto de que no precipita. Directamente llueve. Las rampas de Larrau no las llevo como las de Arthaburu y me tengo que poner de pie para solventarlas, pero de pie la mochila es un lastre increíble con lo que apenas aguanto así unos metros. A falta de 4 para llegar a Erroymendi, tengo que bajarme de la bici o me destrozo la espalda.

Siempre suelo decir que lo bueno que tengo es que los esfuerzos los tengo bien controlados y en ese sentido me planifico bien. La mentalización es, quedan 4 duros y mañana 4 en Marie Blanque y ésto está hecho chaval!! Así que paciencia. Me propongo hacer dos y dos con descanso en medio y ventilao. Así lo hago. Más o menos, dos y dos, y en Larrau cae un gel de ésos que tenía para ver si surten efecto, pero ¡qué coño! Las fuerzas no me faltaban, lo que me sobraba era peso!!!

Tras un largo penar, hago cima en Larrau lloviendo bastante. En esas condiciones no puedo sacar la cámara de fotos para inmortalizar el momento, pero como tengo fotos de Larrau de la semana pasada no me importa y me voy para abajo sabiendo que el día está hecho, que me espera la cena y a dormir en Isaba.

En el descenso de Larrau paso bastante frío por estar mojado. Sin embargo, la temperatura es agradable, y a medida que llego al cruce de Isaba se vuelve a despejar y a salir un resol muy "tranquilizador". Las nubes las dejo todas en la vertiente norte, y en el sur se ve todo mucho mejor.

Tras subir el Alto de Laza, de esos que no cuentan pero sí que cuentan otra vez, me dirijo a Isaba mirando bien donde voy a echar la tienda. Varios sitios me gustan, pero cuanto más cerca de Isaba esté mejor, porque quiero cenar allí y no quiero reandar demasiado. Además, pasando Isaba hacia Belagua es zona de campings y la Guardia Civil no suele ser muy condescendiente que digamos. A tres kilómetros de Isaba encuentro una especie de merendero con una zonita resguardada y un poco oculta de la carretera. ¡Ya tengo sitio!

En Isaba ceno bien, abundante, aunque ceno mojado. Además me avituallo para desayunar bien a la mañana siguiente en la misma tienda de campaña porque pienso salir pronto para recuperar la subida a la Piedra de San Martín que hoy se me ha quedado en el tintero. Hago cálculos y con llegar a Aspin considero que es suficiente. Para mañana, Piedra San Martín, Marie Blanque, Aubisque, Tourmalet y Aspin. ¡¡Hay que madrugar!!


¡Parece que hoy va a llover!

En Isaba duermo a pierna suelta. El sitio que he encontrado es muy tranquilo, con un riachuelito junto a mí muy relajante, y además lo suficientemente escondido como para que nadie me "encuentre". A éso de las 6 y poco de la mañana, con casi 8 horitas de sueño reparador, me despierto con buen ánimo. Desayuno muy bien, también abundante, con una ensaimada con pasas, una napolitana de crema y un bocadillo de jamón, queso y pimientos. El pan un poco chungo del día anterior, pero qué le vamos a pedir a un tío que lleva 210 km. encima y no se ha duchado.

Me voy a vestir y compruebo que los manguitos y los calcetines están muy húmedos. El maillot también, pero menos, y los guantes están empapados. Pero no hay más. Escurro los guantes lo más que puedo y me los calzo con la idea de que vayan secando. Los manguitos me los pongo también para que sequen con el calor corporal, porque frío no tengo. Y en un ti-tá recojo el tenderete y me pongo en marcha.

Hasta Belagua son 10 km. que me sirven para ir calentando y para ir acojonándome con lo que veo enfrente. Aunque la temperatura es agradable, el cielo está muy encapotado en las montañas y para allí que me dirijo. La subida a la Piedra es larga, pero sin duras rampas, así que es cuestión de tiempo, y como es prontito, tengo todo el tiempo del mundo. No llevo ni 2 kilómetros subidos cuando se pone a llover. Al principio es un ligero chispeo, pero en nada me cae una pequeña tromba que cesa enseguida sin tiempo a ponerme el chubasquero.

Con media docena de kilómetros subidos sale el solete por un momento y me detengo para fotografiar el arcoiris por el que acabo de atravesar y que pillo ya desvaneciéndose porque el sol era solo una ilusión óptica que no dura nada. Un minuto de tregua antes de la tempestad que se avecina. Me pongo rápidamente el chubasquero, guardo la cámara y sigo subiendo. La lluvia arrecia y además se le suman rachas de viento momentáneas.

A falta de tres kilómetros para coronar, en una niebla espesa, en medio de la lluvia y con el azote del viento, sube una camioneta tipo Toyota, de esas rancheras. Le paro al tipo, un pastor con acento navarrico del que no se me olvidará la cara en la vida, y le pido que me suba, que le echo la bici atrás y que me suba por favor.

El muy cabronazo me dice (poned acento navarrico-aragonés en estas frases) "¡¡pero si ya no te queda ná!!" "¡¡mira que salir de casa con este tiempo!!" "¡¡tú estás loco o qué!!" "¡¡¿y a donde vas?!!". Le digo que dirección Marie Blanque y me dice con el mismo acento de antes "¡¡si han dao muy malo pa esa parte!! ¡¡yo ahora voy a buscar las ovejas para reagruparlas, que no se ande las tengo!!". Y le digo: "¿Y no me puede subir?", y me contesta: "Si es que igual las tengo hay mismo, que no se ve ná" "Anda, tia palante que ya has llegao". ¡¡¡¡¡¡¡¡La madre que lo parió al pastor!!!!!!


No te quejes, que siempre puede hacer frío.

Los kilómetros que me quedan para coronar los hago cagándome en las ovejas de aquel tipo, de una en una. Me voy imaginando los nombres que les habrá puesto para "personalizar" los insultos. ¡Me caguen la madre que parió a Norit! ¡Ahí te coma un lobo Blanquita! Y el pastor se llevaba los "hit parade" de los insultos que prefiero no reproducir porque esto lo pueden leer niños y monjas.

Llego a la cima con una visibilidad bastante pobre y noto una cierta bajada de la temperatura al pasar de vertiente. El descenso hasta Arette paso mucho frío y además el kilometraje no concuerda con el que tengo marcado. A la base de Marie Blanque me salen 12 más de los que tenía pensados, después de un terreno que se hace duro en el llano. Lo único que no quieres es llano. Se hace muy aburrido y se piensa demasiado.

Marie Blanque es mi última cruz en la ruta. Sé que voy a sufrir mucho en la parte final. Lleno los bidones de agua en una fuente que hay en el desvío de inicio de la subida, como algo, y me meto otro gel de Isostar de los que llevaba para ver si ayuda, que falta va a hacer. La táctica, la misma que seguí en Larrau. Hasta donde llegue y después, de dos en dos. Los puntos kilométricos están perfectamente marcados con el porcentaje y me sirven como objetivos parciales. Antes del primero duro, me paro, dejo la mochila en el suelo, estiro un poquito la musculatura, los dorsales sobre todo, suelto lumbares, y ¡ale! ¡paciencia!

Más al tran-tran creo que es imposible subir que como subí Marie Blanque, pero ese ¡un poquito más! ¡un poquito más! me llevó hasta arriba. En la cima había una convención de la Cruz Roja francesa, o del ejército, ¡qué sé yo! y una furgona de "Reanimación" que casi visito porque llegué frito. Me paré en lo alto y allí hacía un frío que pelaba. Miré el termómetro por curiosidad y me marcaba 5,4º. Un frío de la leche. Y como no llovía, le pedí a un soldado que me sacara una foto con cara de congelado y donde se puede apreciar por primera vez mi nueva rueda amarilla.


Pero... ¿a dónde vas, Nicolás?

Bajada de Marie Blanque tiritando y haciendo fuerza con los mofletes para entrar en calor la cara. ¡Un poema! Pero a medida que desciendes la sensación térmica va mejorando y vuelves a entrar en calor con las primeras pedaladas del llano. Ahí, en el llano, me da caza Nicolás.

Ni siquiera lo ví llegar, no sé por dónde apareció, pero en un momento un chico me saluda "Bon jour!" y pedalea junto a mí en paralelo. Se da cuenta de mis limitaciones con el francés (bueno, de que no tengo ni puta idea), y me dice: "¿Prefieres en español? Mi madre es de Teruel!!" Hombre, pues si lo propones, va a ser que sí. Igual nos entendemos mejor, jejeje.

Me cuenta su historia y a donde va. Va a visitar a su abuela que está en Argelès-Gazost y hace 3 meses que no coge la bici, pero que le ha dicho a su madre que va a intentar subir Aubisque. "¡Ahí va! Pues yo voy para allí. Si quieres vamos juntos", le digo. No dice que no está muy bien preparado y que va a subir muy despacio. Yo le veo rodar y le digo que seguro que más despacio que yo no sube y que estimo en dos horas mi tiempo de subida. A 8 por hora, si son 16, las cuentas salen fácil.

Así que subiremos juntos, que charlando se hace más ameno. Llegamos a Laruns y como yo no conozco me dice que hay una calle que nos lleva directamente al inicio de la subida. Me mete por un camino de piedras de cuidao que pienso en Ismaxxl y en el Trobaniello y veo a dos mujeres en la ventana de una casa. Yo en Francia ya no busco fuentes. Directamente busco personas que las encuentras antes. Les pido agua y me dicen "detrás tuyo". Y ¡¡joder!! una fuente como La Cibeles de grande, jajajaja. Para una fuente que hay y no la veo por buscar gente, jajaja.

Le digo a Nicolás que si tiene agua y me enseña un botellón de litro de Isostar que lleva en la mochila. ¡Otro con mochila! Y yo llenando agua de aquella fuente. Es increíble. Una fuente gigantesca y el agua salía a chorritititito. Cogí agujetas en el brazo de tenerlo estirado hasta que se llenaron los bidones. Y nos fuimos a subir Aubisque.

Nada más empezar a subir me dí cuenta de que ese chico iba a sufrir como un cerdo degollao. Llevábamos 500 metros de ascensión y jadeaba como si estuviera doblando una peli porno. ¡Madre mía! Yo le daba conversación y el me respondía con medio monosílabos. Para decir sí, primero soltaba la s y al de un rato la i. "Creo que voy a tener que parar" me decía. Y yo animándole. ¡Venga, que ya queda menos! ¡Mira, ya solo quedan 15! ¡Y este es solo al 4%!

¡Qué va! Nicolás iba clavadísimo. Como Aubisque es final de etapa en el Tour, estaba todo adornado en la subida, y al pasar por un muñegote le dije para parar, hacernos una foto, que soltara un poco piernas. Me dió su mail para enviársela, charlamos un poco. Al darme el email ví que tenía apellido vasco y le dije que yo era de Bilbao y me contó que había estado en Gernika jugando a cesta-punta, que su padre era de Iparralde y la madre de Teruel y más cosas. El descanso parece que le animó un poco.

Proseguimos con la subida y en 100 metros ya llevaba mala cara de nuevo el pobre Nicolás. Nos adelantó un crío de unos 10 años en una mini bici de carreras que nos quedamos aluvinados. Nosotros, a ritmo pachanguero seguíamos subiendo y pasamos la localidad de Eaux-Bonnes. Dos kilómetros al 5% se le hicieron durísimos. El próximo marcaba 7%. Pensé "éste chico aquí revienta", y entre ánimo y ánimo conseguimos llegar a una rampa que estaba señalizada con el 13%. Se las sabía todas, la subida la conocía al dedillo, y en esa rampa no he visto nunca a nadie gritar subiendo como lo hacía él. ¡Qué bestia! Gritaba más que un grito de Arantza Sánchez-Vicario y Martina Higgins juntos. ¡¡Terrible!!

Una grupeta que descendía se paró para ver la escena. ¡Vaya forma de retorcerse! A mí me dolía pensar en sus fibras musculares imaginandome una rotura múltiple en cualquier momento. Yo le animaba. ¡Venga, dos más y ya estamos en el descanso! ¡Dale! ¡Joder, qué sudores me entraron allí animando como un loco! Y Nicolás pudo con la rampa, pero no con el siguiente kilómetro. Echó pie a tierra y me dijo que siguiera solo. Y le tuve que dejar aunque yo habría subido con él todo el tiempo que hiciera falta. ¡Pobre Nicolás!


Eh, que los profiteroles son otro día!

Allí que dejo a Nicolás. Retomo un ritmo de subida un poco más alegre y voy devorando kilómetros al 7-8%. Bueno, devorando, voy haciendo. En un puerto tan largo intento descansar un poco el culo cambiando de postura, y aunque sea difícil ponerse de pie, lo voy haciendo de tanto en cuanto. Para ponerme en pie meto plato mediano, y en una de esas se me sale la cadena justo bajo un túnel de esos anti avalanchas o desprendimientos típicos. Pues nada, que allí se me acercan otra pareja de abueletes que iban paseando a ver si me pueden ayudar. Les digo que solo es "la chaine" y se van tranquilos porque no me ocurre nada. ¡Qué pasada!

A medida que cojo altura se ven más preparativos para el Tour. Y cada vez más y más autocaravanas. Muchísima gente paseando y muchísima gente andando en bici. Algunos me quitan las pegatinas mientras suben y llegando a Gourette veo al crío que nos pasó al principio que está descendiendo. ¡Qué máquina! Entro en la zona vallada y algunos me aplauden, otros me animan, y algún mamón me indica que más rápido, más rápido. ¡Acaso no se ha dado cuenta de que no llevo dorsal!

En la cima mucha niebla y mucho frío, aunque curiosamente menos que en Marie Blanque a pesar de estar más alto. Aquí el termómetro me marca 9º. La bajada sé que voy a pasar frío de nuevo. Ya estoy muy mojado. El sudor interno ya ha mojado también hasta la camiseta transpirable y sin mucha demora, sin retrasar lo inevitable, tiro para Soulor casi palpando con las manos.


Ésto es demasiado, así es imposible seguir.

Bajando el Soulor me paro en el primer pueblo que encuentro para comer algo. En una "boulangerie" relleno la neverita de croisants y cosas por el estilo y me como unos panettes de jamón y no sé qué embutido más que llevaban. Si lo hacen más seco se incendia solo el panette ése. ¡Madre mía! Casi había que untarlo en agua para poder tragarlo.

Como bien, me quito alguna chocolatina de peso de las que llevo y me dirijo a Luz con el tiempo justo para subir Toumalet, bajar, y subir Aspin y llegar a Arreau. Más o menos el día está saliendo según lo previsto. Llevo muchas horas sobre la bici, apenas paro, aunque vaya despacio, y una media de 17 km/h está bien. Hay mucha subida, pero también buenas bajadas, y el terreno llano casi siempre ha sido favorable. Estoy cansado, pero lo normal. No he parado de comer y de beber en dos días. Casi hasta en plan glotón. Lo que peor llevo es el culo. No hay vaselina suficiente para tantas horas sobre la bici.

Llego a Luz tras el terreno pestosillo que hay desde Argelés, que el paisaje y el río a la derecha hacen un poco más llevadero. Y comienzo a subir el Tourmalet. Esta subida es especial y se hace muy agradable "en otras condiciones". Pero veo que lo voy a tener muy chungo. Las siete de la tarde ya no son horas para estar por esas cumbres y la niebla comienza a bajar más y más. Y ya no son 1700. Este son 2100.

Entre pitos y flautas me planto en los últimos 7 kilómetros, en la curva del Parque Botánico, la del bar, y comienza a llover. El largo descenso de Aubisque casi me había secado la ropa al viento y lo último que me convenía era volvérmela a mojar. Así que analizo la situación rápidamente y pienso "acampa, te duermes antes, y mañana 7 kilómetros no son nada y ya se replanteará el comodín de Andorra". Automáticamente pienso en cancelar tres o cuatro subidas andorranas para que me vuelva a colocar en los planes iniciales.

En menos que canta un gallo tengo la tienda montada y antes de las 8 ya estoy durmiendo para madrugar al día siguiente con la esperanza de que el tiempo que decían que venía tan bueno solo se haya retrasado una jornada.


Vaya noche, vaya noche!!!

Allí que me quedo dormido con la ropa y el saco húmedos. Por mucha funda impermeable que tenga la mochila, el agua siempre encuentra un hueco y acaba mojándolo todo. Me pongo los últimos calcetines secos que me quedan y me quito toda la ropa mojada. Duermo con la sudadera húmeda en un saco húmedo y esta vez a bastante altitud. Aún así, me quedo frito enseguida. Tanto es así, que berritxu me debió llamar a la hora prevista y ni oí el teléfono.

Acampé tras el bar de la curva, con la bici apoyada en la pared. A eso de las 11, me despertaron las vacas. Un montón de cencerros retumbando a mi alrededor y la típica vaca husmeando la tienda. Tuve que abrir y echarlas de allí. Se fueron poco a poco, a su ritmo, y yo ya no volví a pegar ojo. ¡Me desvelé!

Además, tenía frío. Empecé a dar vueltas haciéndome una bola y no hacía mas que mirar el reloj del móvil cada 5 minutos. El tiempo no pasaba. De vez en cuando me quedaba dormido y me despertaba con frío. Miraba el móvil y solo había pasado media hora. En otro momentito que logré dormirme me despertó algún bicho husmeando la tienda y rascando alrededor. Éso no era una vaca, no llevaba cencerro. Cogí la linterna, recorrí la tienda con ella, y el bicho (vete a saber que era!) se piró y ya no volvió.

De nuevo cogí el sueño después de dar mil vueltas y..... a las 4 de la madrugada.... me despertaron los truenos. Buff!! El primero sonó a lo lejos, pero no tardaron en acercarse y empezó a llover de golpe, bajó la temperatuta a lo bestia, y comenzó a soplar el viento racheado. Yo ya no tenía frío, estaba congelado, y para más coña, el viento soltó los amarres de un lateral con lo que la tienda se me vino encima y me convertí en una croqueta. El suelo sobre el que me había colocado tenía muy poco espesor de tierra y una base como de cemento, con lo que los ganchos de la tienda los puse con muy poca sujeción.

Aguanté un poco el chaparrón sujetando la tienda desde dentro, esperando a que parara un poco de llover para salir a reamarrarla. Y no paró de llover hasta casi las 9 de la mañana. Yo lo veía muy chungo, muy chungo.


Venga, ¡vamos a intentar seguir!

Parece que no amaina. Son las 9 de la mañana y sigue lloviendo a mares. Observo a unos cuantos montañeros descendiendo por la colina con unas buenas capas y pienso que lo de Andorra se tendrá que cancelar, si es que no se cancela todo, porque según empiezo a vestirme, me doy cuenta de que no me queda ropa seca.

Me pongo la segunda camiseta transpirable que llevaba, y encima el maillot húmedo, encima la sudadera, encima el cortavientos empapado y por último el chubasquero que tengo que sacudir varias veces para que se seque un poco. Los guantes, manguitos y demás, ya han pasado a la historia. Por mucho que escurro éso no me lo voy a poder poner en lo que resta. Las zapatillas las tengo empapadas, con lo que los calcetines secos están de adorno ya que correrán la misma suerte en cuanto me las ponga. Y el saco, buff!! El saco ahora pesa muchísimo.

A las 9 y media para de llover un rato y chispeando aprovecho para recoger la tienda y guardarme todo en la mochila y va y sale un poquito el sol y veo que se aclara el cielo momentaneamente. ¡Ya que estoy aquí!, pensé, voy a coronar Tourmalet y desayuno bien en el bar de la cima. Empapado hasta los huesos, con una mochila que pesa mil demonios, voy subiendo poco a poco. Varios ciclistas me van adelantando (aunque llueva, Tourmalet es una peregrinación) y un sinfín de autocaravanas y coches de turistas. La mayoría de ciclistas se notan que son vascos porque nos saludamos con el típico "Aupa".

Llego arriba con 7º, y un grupo me pregunta que si tengo cámara de fotos, que ya me mandarán una felicitación por mi cumpleaños si les hago una, jejeje. Ellos también me hacen la mía en la que aparezco con el pelo tieso de estar como recién salido de la ducha. La gente tirita en la cima y nos damos mucha prisa porque lo que se ve que viene es peor todavía. Intercambiamos unas palabras y le pregunto a uno que sube por la vertiente de Campan cómo está la parte de Aspin y me dice que muy mal, que luego dicen que viene bueno, pero que primero hay que pasar éso. Me dan el email para enviarles la foto y se bajan a toda pastilla muertos de frío.

Mientras, desayuno en el bar un chocolate caliente. De 10 personas que estamos, 9 andamos en bici y 8 somos vascos. Me como unos crepes muy ricos que ponen aquí y hago tiempo a que escampe un poquito para el descenso. Las conversaciones se alejan un poco de lo que yo hago. Jo! He subido a 9 de media! ¡Qué maravilla! Otro hablando por el móvil con no sé quién contándole sus grandes sensaciones en la rampa final. Otro metiendole la chapa con temas de la bici a la novia-mujer que mira al infinito, vamos, lo típico.


El sentido común imperó. Me vuelvo.

En un momentito que para de llover salgo del bar. Me subo a la bici y me pongo encima de la línea de Premio de la Montaña cruzado en la carretera, con un pie para Luz y otro para Campan. Tengo unas ganas locas de seguir pero me viene un tosido y echo un gargajo de esos que todavía me quedan de Asturias. En ese momento me doy cuenta de que así no puedo seguir. Si llevo arrastrando los de Asturias 2 semanas por tres horas empapado, que puede ser si me aventuro un día más con este frío, sin garantías de secarme, y con la mochila como la llevo.

Me doy la vuelta. Ya había comentado al grupo que fotografié que estaba indeciso, que seguro que me tendría que volver. Y uno me comentó que en Lourdes tenía tren o bus hasta Donosti casi seguro. Así que viendo la hora, bajé deprisa, deseando que tuviera combinaciones para dormir en casa esa misma noche.

A Lourdes llego casi a la una del mediodía y me dirijo a la Oficina de Turismo. Allí me indican que autobus no hay, pero sí un tren destino Irún que sale a las 4 de la tarde. Me dan un plano y voy a la estación. Saco el billete y todavía me queda poco más de hora y media para comer. Había visto un McDonalds en el centro y para comer rápido me dirigí allí y me puse en una cola en la que había dos hombres de raza hindú. Las otras tres colas eran larguísimas. Pues bien, si váis a un McDonalds, que sepáis que el hindú pide para 40 de golpe y sale más a cuenta ponerse en la cola larga, jejeje.

Termino de comer y solo me queda un cuarto de hora. El tren me lleva hasta Irún, pero para coger el Euskotren a Donosti hay que bajarse en Hendaya. Allí solo tengo que esperar 10 minutos y me llama Berritxu justo cuando voy a subir al tren. Le doy la noticia y salgo para Donosti, en donde cojo el autobus media hora después de llegar. A las 10 y poco de la noche ya estoy en casa, deseando repetir cuanto antes y concluir la ruta que tenía prevista.


Solo dos frases más.

Lo que uno no hace no importa, lo que suma es lo que se ha vivido.

Y, meteorólogos del mundo, ..... ¡IROS A TOMAR POR EL CULO!


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