El viaje soñado (VIII) ALE

La noche ha sido ... inquietante. Dormir frente al Festung Nauders Museum, incrustado en la roca y con los cañones apuntando al Hilton, es como estar bajo la vigilancia de la Gestapo. De la 1ª Guerra Mundial del San Gotardo hemos ido avanzando en la historia del siglo XX. Buff!! Qué sitios!!








Prosigo viaje atravesando Austria por Landeck, Imst, Reutter, hasta llegar a Alemania por el Oberjoch, que más tarde incluiré en una ruta en bicicleta. El día es perfecto, aunque está bastante nublado por algunas zonas. El paisaje es tremendo, con valles de un verde aún más intenso que los disfrutados en Suiza y que podré disfrutar de nuevo a la vuelta.









Una vez descendido el Oberjoch, llego a Sonthofen, desde donde continúo la carretera que me lleva a Oberstdorf por el valle. Paralelo a mí discurre un carril-bici por el que transitan muchísimas personas en bicis de paseo. En Oberstdorf, después de preguntar por la subida al famoso Nebelhorn, dejo el coche en uno de los parkings del trampolín de saltos de esquí y comienzo la ascensión en bici También me pongo la mochila con las zapatillas (playeras) a la espalda porque, por lo que tengo entendido, no creo que se pueda subir este puerto montado en bicicleta.






El inicio me lleva por unas pistas con muchos paseantes y montañeros. Me he confundido de camino. Numerosos abueletes, incluso con taca-taca, iban por allí. ¡Ya decía yo! Si suben ellos con esta montura es que no va a ser tan duro como dicen. Por suerte, el despiste no ha sido en balde, ya que las vistas de Oberstdorf desde aquí son perfectas.








Ahora sí, por detrás del estadio de los saltos, encuentro el camino correcto. Nada más empezar la cosa se pone muy seria y, salvo algún pequeño descansito que aprovecho para sacar alguna foto, ya no suaviza hasta el cuarto kilómetro. Carretera perfecta en esta primera mitad, entre bosque, con algún torrente como única compañía. Al llegar al refugio, aprovechado como restaurante, volvemos a respirar.












En la segunda parte, la cosa cambia. Tras un kilómetro de aproximación con muy poca pendiente, comienza lo gracioso. A pesar de que haya quien diga que este es el puerto más duro del mundo para bicicleta de carretera, lo realmente cierto es que se trata de una pista de montaña que hubo algún tiempo en que estuvo asfaltada. El chasco no puede ser mayor, es como subir Ganekogorta desde Alonsotegi por la pista de los quads. Para subir rampas así del 40% no hace falta venirse hasta Alemania. En el mismo Bilbao ya tengo 1.000 metros de ascensión por pista de grava con desniveles semejantes. ¡En fin! Ya que estoy, disfrutaré de una jornada "de monte".







Ya con las zapatillas puestas, escalo el Nebelhorn, nunca mejor dicho. Los numerosos montañeros que hacen la ruta me miran raro. ¿Por qué será? Voy empujando la bici de mala manera durante estros tres largos kilómetros, con tramos por los que no tengo ni idea de cómo voy a bajar después con una bici a cuestas, y a cada curva me viene la risa al ver el estado del piso. ¿Subir esto con bici de carretera? ¡Ja, ja, ja!




















Una vez arriba, en una de las paradas del teleférico, me queda todavía un kilómetro y pico para culminar la ascensión. Hay mucha gente que sube aquí con los críos como quien se va a Artxanda un domingo a comer en un área recreativa. Parece que la carretera mejora, así que vuelvo a montar en la bici. Pero lamentablemente, y aunque el desnivel ya es más normalito, lo tengo que volver a hacer andando, ya que la llanta queda enterrada en esta otra gravilla más fina.




Me quedo sin pilas una vez más y no puedo sacar ninguna foto desde la cima. ¡Una pena! El Nebelhorn no es para subir en bici pero sí para disfrutar de una jornada de pateo por la montaña. ¡Ha merecido la pena el esfuerzo de llegar hasta aquí!

El descenso del tramo más empinado lo hago como buenamente puedo. A pesar de haber escalones, me veo obligado a sentarme en un par de ocasiones e ir arrastrando el culo con la bici sobre las piernas. Habrá gente que suba estas rampas con bici de montaña, pero también la hay que sube en bicicleta a la cima del Gorbea y nadie dice que sea la subida más dura del mundo. ¡En fin! ¡No hay como ver las cosas uno mismo con sus propios ojos! Un BIG especial este Nebelhorn. Eso sí, ¡precioso sitio!

De nuevo en el coche, mezclo las pilas gastadas que tengo y las voy probando por parejas hasta que consigo un par de ellas que me pueden servir para sacar alguna foto. Toca miniruta, de unos 60km, y espero encontrar algún sitio donde poder comprar más. En Fischen, comiendo la subida al Riedberg, que no tiene mayor historia que un par de kilómetros finales que se agarran de lo lindo.








Del Algaüer Berghof no puedo hacer ninguna foto. Las pilas ya no dan más de sí. Se trata de otra corta subida, de unos 6km, pero que tiene un par de tramos de los de tirar de riñones cosa fina. Preciosa pista entre praderas y con bosque de abetos a los lados.

Ya en Sonthofen, encuentro un supermercado donde comprar unas pilas. Termino la jornada con la ascensión al Oberjoch, que ya conozco y que tendré que volver a pasar en coche por tercera vez a la vuelta. El puerto es más largo, pero la primera mitad no es más que un falso llano. Luego, tampoco es que se ponga demasiado para arriba. Para completar el paseo del día está bien, pero es un puerto normalito.










De vuelta en Oberstdorf tras el "paseíto", toca viaje hasta Sölden. Únicamente me detengo para sacar alguna foto del lago que hay al principio de la otra vertiente del Oberjoch y en Fernstein, pasado el Fernpass, ya que hay un complejo hotelero muy guapo con una playita en un lago privado y unos castillos, y ..., y llego a Sölden remontando el aparentemente gélido Ötztaler Ache.











Mañana subida guapa: el Rettenbach espera.

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