El viaje soñado (XI) ITA

Hoy toca una ruta circular con inicio y final en Cortina d´Ampezzo. En principio tenía planificados 150km, pero durante la etapa recortaré algo por cuestiones prácticas: quiero llegar a Venecia de día, así que del Pordoi tiraré directamente para el Valparola en vez de añadir el tramo con Sella y Gardena. Al haber hecho Plan de Corones el día anterior, la etapa que tenía prevista con Tre Cime di Lavaredo ya no es necesaria.

Como casi todos, me ha salido un día cojonudo para andar en bici. Disfrutando del paisaje dolomítico, empiezo con la subida al Passo di Giau. Si no fuera por esas grandes moles pétreas, cualquiera diría que estamos en Pirineos, ya que abundan las verdes praderas. El puerto, además, es de esos mantenidos al 6% y cercano a los 20 kilómetros.









El enlace con la Marmolada me enseña preciosos pueblos dispersos que salpican las laderas de las montañas: Colle Santa Lucia y Rocca Pietore. En este tramo me tengo que parar un buen rato a eliminar fotos de la tarjeta de la cámara porque ya la tengo llena. Se me hace muy difícil elegir, pero consigo quitar unas 100.








La Marmolada, o Passo di Fedaia, es algo más durillo que el anterior. Kilómetros al 7% pero con algún tramo más durillo. Elijo el paso alto en vez del desfiladero porque me ofrece la visión de ambos caminos. En la cima hay decenas de cicloturistas que no sé de dónde han salido, ya que yo hago la subida totalmente solo. La cima es de lo más "plástica" que he visto. ¡Espectacular!



















El descenso me lleva a Canazei respirando un ambiente turístico algo masificado. Mucho senderista, muchísimo motero, muchos cicloturistas, muchos descapotables, ... El sitio es increíble.







El Pordoi viene a ser más de lo mismo. Otro puerto de esos de ir siempre al 6%, y con el mismo paisaje. Se me hace un poco aburridillo. Es ahí, viendo que todo es más o menos igual, muy bonito pero siempre igual, cuando decido no hacer el Sella. Cambio de esta forma un valle por otro, ya que iba a volver sobre mis pasos en el Pordoi sin ver la otra vertiente.










Justo antes de iniciar el puerto de Falzarego, cuya cima dista 500 metros del Valparola, me uno a una grupeta de cuatro italianos con los que hago toda la subida. A falta de un kilómetro para coronar el Falzarego veo cómo empiezan a darse cera. Dos petan estrepitósamente y les doy caza siguiendo a mi ritmo como hasta entonces. Uno se me acopla y el otro ni siquiera lo puede seguir, pero lo espero y juntos los tres coronamos Falzarego primero y Valparola después. No sé por qué pero me felicitan con un "buona salita". La verdad que me han hecho gracia. La cima del Falzarego está petadísima de moteros.







Ya en solitario, puesto que la grupeta se va por donde subimos, desciendo hasta Cortina d´Ampezzo y concluyo la jornada bicicletera. Me cambio, como caliente, y emprendo el viaje de regreso.



En el camino de Venecia, esquivando continuamente la autopista, solo paro para hacer alguna foto en el Lago di Santa Croce.





Llego a Venecia con un par de horas de luz todavía. Me cuesta un buen rato entender cómo funciona la única entrada que hay a la isla. Tanto es así que, sin querer, me tengo que hacer dos veces los cuatro kilómetros de puente que lo separan del continente. No se puede aparcar, solo hay una rotonda, así que la única posibilidad es probar suerte en uno de los tres parkings que existen. En uno tengo potra y sale un coche justo cuando llego yo y cojo plaza por un par de horas. Serán 4´50 euros. Si no hubiera salido ese coche, solo me quedaba la opción del parking que cobraba la noche completa: 15 euros.

Las dos horas en Venecia son más que suficientes para recorrer todas sus calles. Paso una hora de día y otra de noche, en un ambiente claramente destinado a las parejitas. Gondoleros por todas partes, terracitas de lujo y .... y mucho garito de comida rápida: que si pasta, pizzas, chinos, ..... Me da para hacer unas cuantas fotos antes de volver a petar la tarjeta de la cámara.








Y claro, casi la lío. De noche voy y me pierdo por esos canales. Allí todo el mundo iba mapa en mano, y yo a pelo me fuí hasta la Plaza San Marcos, luego a una iglesia, a otra torre, a no sé dónde, ...., y a oscuras palpando las paredes para poder salir de allí. ¡Menudo laberinto! Menos mal que encontré a un cubano que me acompañó hasta el puente de la salida. Ha sido una grandísima idea desviarme unos pocos kilómetros para ver esta ciudad. Huele a cloaca, pero es digna de verse.

Hoy no duermo. Voy a hacer 'gaupasa' conduciendo hasta el Mont Ventoux. Como no hay gasolineras, he sido previsor por una vez y he llenado el depósito a tope antes de entrar en Venecia para poder llegar del tirón.

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