La batalla por El Escudo

Tras los últimos reveses en planes de invasión total, el Servicio de Inteligencia ha tramado un nuevo plan: la lucha cuerpo a cuerpo.
Hoy el objetivo ha sido El Escudo, y hemos lanzado una ofensiva desde el mismísimo centro de Bilbao.
En total, 250 km del ala.

Comienza el ataque a las 8 de la mañana, con una temperatura inmejorable.
El enemigo enseguida nos sale al encuentro con fuertes rachas de viento suroeste.
En el Puerto del Cabrio, antes de llegar a Espinosa, la defensa cántabra ocasiona numerosas bajas.
El aire frontal está a punto de arruinar la tentativa.

Salvado este primer escollo, caldito y pintxito en Espinosa y prosigue la marcha hasta Soncillo.
Se esperan emboscadas en este terreno, pero el enemigo no aparece.
Una vez en el desvío de la carretera de Burgos, enfilamos rumbo a El Escudo.

En el frente cántabro, el cielo está encapotado.
La defensa cántabra intenta repeler nuestro ataque con unas gotas de artillería en las rampas de la vertiente sur.
El viento vuelve a hacer acto de presencia con fuertes rachas laterales.

El descenso de El Escudo cae una tromba de agua repentina.
El enemigo parece haber tocado zafarrancho y la bajada se torna muy peligrosa.
Apenas se ve entre la espesa cortina de agua.

Llegamos a Los Pandos, inicio de la subida y hay que dar la vuelta.
Pero antes, nos refugiamos en un restaurante para tomar algo y esperar que cese el bombardeo enemigo.
Entra un matrimonio con un niño y la madre le dice: "Mira, éste está más loco que tu padre".
El padre entabla conversación bicicletera: "Ya verás que bien entras en calor ahora".
No cesa el bombardeo, así que hay que echarle huevos y correr entre las balas.

La ascensión a El Escudo es lo más épico que he hecho hasta la fecha.
Fuertes rachas de viento de cara, combinadas con fuerte lluvia, combinada con grandes rampas.
En el segundo kilómetro, cesa la lluvia.
Pero se incrementa el viento.
En el descansillo que habrá al 7%, miro el cuenta y voy a 4,5 km/h.
Y sentado, nada de ir en pie. Agachado sobre el manillar para que no me lleve el aire para atrás, dando tumbos de lado a lado.
No sé si voy a conquistar la CIMA, pero me estoy divirtiendo como nunca.

El viento se calma un momento y tras la calma comienza la tempestad.
A falta de dos kilómetros, en lo más duro, el chubasquero se me envuelve por la cabeza porque se lo lleva el aire.
Un pastor de vacas que va caminando a mi lado me dice: "¿Quieres que te eche unas piedras al bolsillo? ¡¡Te va a llevar el aire!!"
En un momento en que la ladera derecha libra, me entra un rafagón que me envía al carril izquierdo. (estamos en una nacional con bastante tráfico)
Sin duda, las ruedas de perfil alto son un traidor en nuestras filas.
Un coche que viene de frente se detiene. El conductor se baja.
Pienso que me va a echar un broncón por invadir su carril.
Pero no. Se convierte en mi aliado y me da ánimos, jajaja. ¡¡Es la polla!!
¡¡Tira!! ¡¡Tira!! ¡¡Que ya estás!!

Tengo al alcance las antenas y parece que no avanzo.
La pendiente afloja y el aire.... ¡¡también!!
La montaña se rinde, otro CIMA al zurrón.

El la vertiente sur hace un sol radiante.
Llego a Soncillo y el cielo despeja y ... ¡¡sale el sol!!
Y éste me acompaña hasta que se hace de noche en lo que resulta ser un gran regreso triunfal.
En el tramo hasta El Crucero el aire pasa desapercibido.
Pero desde ahí hasta casa, se convierte en mi aliado... ¡¡y vuelo!!

Pocas veces he subido un puerto con tanta satisfacción.
Pocas veces me he divertido tanto sobre la bici.


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