La ruta de Don Quijote

Para pasadas las nueve ya estoy dormido profundamente y no me despierto hasta casi las nueve del día siguiente. Doce horas durmiendo del tirón, como se tiene que hacer un día festivo. Normalmente, cuando no se duerme una noche, el día crítico no es el siguiente, sino al otro. Es algo que tengo más que comprobado.


De una lineal de tres puertos se ha quedado en dos, ya que ya tengo hecho Madrona, y dejo el coche en la cima de Rehoyos. Es curioso este cima, porque son dos vertientes del mismo puerto, separadas por un desvío de kilómetro y medio, justamente lo más duro de todo. Ni la una ni la otra tienen ninguna rampa reseñable, a excepción de ese desvío, por bastante mal piso, del final que se ha llamado El Calero.










Lo mejor, las vistas. Los toros en la dehesa, el embalse de Montoro, el perfl de Sierra Morena, ... Paso una mañana tranquila por esos lares. No pasa ni un solo coche en unas horas.









Me toca ahora un largo trecho en coche hasta la Puebla de Don Rodrigo, pasando por delante de Castilnegro, para comenzar la subida a El Rocino a orillas del Guadiana. Hay partes de la carretera en bastante mal estado pero se lleva bastante bien divisando el meandro que hace el río al paso por esta zona y el pequeño desfiladero que forma la montaña y hacia el cual nos dirigimos.






Volviendo atrás media docena de kilómetros, tengo el inicio de Castilnegro, fácilmente reconocible por la fuente y las mesas que vemos al inicio de la pista. Se trata de una subida perteneciente al Cima-Xtrem y de la que tengo muchas referencias de mucha gente. Todas apuntan al mal estado del piso que, unido al porcentaje brutal de alguna rampa, hacen muy difícil la ascensión.







Los dos primeros kilómetros y medio no entrañan ninguna dificultad. De ahí para arriba, pues lo que cada uno quiera sufrir. Hoy yo, después de tanta subida insulsa estos tres días, parece que he llegado peleón y me motivo de inicio para sufrir durante medio kilómetro. Una vez hecho, tampoco creo que estuviera tan mal la cosa. Los tramos de ferralla se ven bien, son un arreón de medio metro. Nada comparable a subidas como Ardibide, Artzamendi, Arimegorta, ...., en las que el esfuerzo es continuado durante mucho tiempo.






Me toca otro buen tramo de coche. Cruzo Ciudad Real y llego a Villarrubia de los Ojos sin rastro de las Tablas de Daimiel. Allí, veo un desvío que indica Mirador de La Mancha en la dirección en la que está dibujado el siguiente cima en el mapa. Entiendo que es esa la subida al no verse más montaña que esa en toda la comarca. El primer kilómetro es ciertamente duro, lo que me hace sospechar. No puede ser. Solo ese kilómetro ya tiene más coeficiente que toda la subida que tengo que hacer. En efecto, antes del segundo kilómetro, la carretera se acaba dando lugar a una pista de gravilla que se dirige a una finca frente a la ermita de no sé quién.




Me vuelvo a subir al coche y esta vez sí. Para no hacer de nuevo el primo, me aseguro dejándolo en la cima de Los Santos, un perfecto puerto de paso con cartel y todo. La subida, con una recta coñazo de inicio de dos kilómetros y medio, me ofrece unas vistas extensísimas de La Mancha y llego arriba sin más historia entre las voces de una cuadrilla de chunda-chundas que andan disparando a todo lo que se mueve con una chimbera de perdigones.




Se está haciendo tarde. El sol está bajando rápidamente y me queda una última subida: El Navajo. Se trata de una subida cortita a un repetidor de televisión. Me temo tener que hacer parte de noche, así que lo inspecciono con el coche antes y aparco en las antenas. No quiero perderme de noche sin saber dónde está la subida y con la de antes ya he tenido suficiente. Pero no, me da tiempo a bajar y subir con un maravilloso atardecer en el horizonte.





Me quedan unas horas de coche. Allí frente a las antenas planto un pino, me aseo y me cambio de ropa para estar cómodo para conducir. Son las 8 de la tarde cuando entro en la A-4 dirección a Madrid con un tráfico denso. A 70km de la capital, comienzan las retenciones. ¡Lo que me faltaba! ¡Me voy a comer la operación retorno al paso por Madrid!



Por suerte, la cosa no fue a más y, aunque lentamente, no hubo atascos y pude llegar más o menos bien a la A-1. Es en la salida de Madrid cuando me toca lo peor. Para dar más carriles a los que entran desde Burgos, nos quitan uno a los que vamos para el norte, quedándonos con uno solo, y con la mala fortuna de tirarnos 50km detrás de un camión tortuga.

Llego a Bilbao a las 4 de la madrugada después de parar un par de veces a echar una cabezadita. y entro a currar a las 9 de la mañana. ¡Vaya matada de puente! ¡Estoy como una puta cabra!

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