Desmintiendo a la SER

He salido de Bilbao bajo una intensa chaparrada. Voy con muchísimo tiempo, de forma que aprovecho para ir echando cabezadas a partir de Burgos. 50km de coche, media hora de sueño, así hasta llegar al comienzo de El Redondal, primer escollo del fin de semana.

Mi compañera de este viaje es la radio. Nunca la escucho, y hay que ver qué fauna reúnen los programas nocturnos. Al acercarme a León, será porque Zapatero es de allí, solo se coge la SER. Ha dejado de llover desde que estoy en la meseta pero, en las noticias matinales, auguran una jornada pasada por agua, con alertas naranjas, amarillas, rojas, moradas,... en muchas provincias, entre ellas en la que me encuentro. Yo asomo la cabeza y llover, no llueve. Fresco sí que hace.




Me pongo el armamento invernal (térmicos, chubasquero, buf,...) y para arriba que voy. El cielo está muy encapotado pero no llueve, ni tiene pinta de llover. Incluso se están abriendo algunos claros. Lo que sí hace es viento. Tanto que me empuja suavizando la ascensión, dura, con buenos rampones y con un piso que la hace intransitable después de abandonar Turienzo. Un suplicio de subida y un puto asco de bajada. Gabardito es una autopista al lado de esto. Y por la noche sí que ha debido llover porque los tramos de tierra están muy mojados.




En Molinaseca, junto al puente, aparco el coche. La suerte hace que me llueva un poco en el corto trayecto que tengo desde la subida anterior pero que pare antes de llegar al inicio de Foncebadón, que es una preciosidad de subida en lo que veo en la primera mitad, hasta pasar Acebo, ya que la parte final está oculta en una espesa niebla.






La carretera está muy mojada, con muchos charcos. Se nota que ha estado lloviendo con fuerza sobre las capas de los muchos peregrinos que caminan en solitario en sentido contrario al que yo llevo. Arriba, justo en la coronación del puerto, junto al sirimiri inevitable de estar metido en la niebla, abandonan el sendero que les lleva de Astorga a Ponferrada y que les evita tener que subir el puerto por la carretera.



El descenso de Foncebadón, por una perfecta carretera, es de los de disfrutar, aunque con alguna precaución por lo mojado del piso. No hay demasiada pendiente, mucha curva abierta, y el viento norte está llevando el nubarrón para Zamora. Ponferrada aparece iluminada bajo un amplísimo claro que se está abriendo en el cielo.



Desde el campo de rugby inicio la subida al gran coloso de la zona: El Morredero, con la intención de llegar a coronar el Llano de las Ovejas 10km más allá. Se repite la misma historia, despejado en el inicio y con nubes amenazantes en la parte final.




La subida está bien, con kilómetros duros al paso por las poblaciones de camino, pero es al pasar San Cristóbal de Valdueza donde se inicia el verdadero puerto, en todos los sentidos. El paisaje a partir de ahí es estupendo, muy de montaña. Tanto, que me meto en la niebla y me comienza a nevar. La nieve es muy débil, más agua-nieve que otra cosa, así que puedo seguir subiendo sin mayor problema. Además, me mojo bastante menos que si estuviera lloviendo.








Consigo coronar El Morredero sin mayores problemas gracias a seguir la rodada de un coche pero, viendo que por detrás se me puede haber complicado la cosa para la bajada, justo en el tramo duro antes de llegar a Los Portillinos, le echo morro y le pido a un cazador con una ranchera tipo Toyota si me puede bajar el tramo chungo. Así lo hace, y solo tengo que descender en bici desde San Cristóbal, que era a donde se dirigía. ¡Vaya aventuras siempre con la nieve!

Una vez abajo, me dispongo para hacer un dos en uno, que al final será un cuatro en uno, ya que hay un puerto por el medio que, aunque cortito, tendré que subir a la ida y a la vuelta: el Alto de San Esteban. Una vez pasado, en San Esteban de Valdueza, se encuentra el desvío a Peñalba de Santiago, que solo puede considerarse subida en el tramo final. Eso sí, el entorno es precioso, remontando un arroyo entre bosque espeso, con unas vistas desde arriba muy tipo 'Jurasic Park'.





Para ser un sitio escondidísimo, me fastidia mucho el tráfico que tengo, sobre todo en la bajada, encontrándome en una carretera estrecha y mojada con un montón de coches en curvas sin visibilidad. Alguno casi me tira al río.

Y de ahí a Campo de las Danzas, una magnífica subida a excepción de la última parte, una vez pasado el área recreativa, ya que el suelo está muy estropeado. Las vistas del valle, con Ponferrada a la cabeza, son muy amplias. El final, un barrizal.











El plan del día ya está completo y me detengo un momento para ver el Castillo de los Templarios de Ponferrada camino de La Cabrera. La carretera que me llevará allí ya la conozco de mi anterior paso por el Mirador de Orellán, el cima de Las Médulas.




Llego a la base de Sotillo de Cabrera, en Castroquillame, y como aún es pronto decido quitármelo hoy que hace bueno y no esperar a mañana, que los de la SER dicen que va a caer la mundial en el Bierzo. Subo el coche hasta el primer rellano que encuentro en una curva de herradura y ya tengo sitio para dormir.

La subida es dura, por una carretera magnífica, con unas vistas colosales del valle, con un pueblo perdido del mundo a la finalización. Además, cortita, de las que me gustan, de las que no aburren, de las de ponerse de pie sobre la bicicleta, ... Un gran broche para este día.






2 comentarios :

  1. asi que el redondal penoso el asfalto. Y yo que iba a ir el proximo año a subirlo.
    Macho no paras ni con nieve.

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  2. Penoso es decir poco. Ya he puesto fotos, mira la tercera. Como esa todo, así que una mierda pinchada en un palo.

    Nieve, lluvia, sol, ..., mientras me apetezca me da lo mismo. El tiempo es algo que no me condicionará nunca. Además, para mí, este tiempo es 'hacer bueno'. 'Hace malo' con más de 25º, que no hay quien viva.

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