Maravillas de Luz St Sauveur

07:00. Después de desayunar a conciencia en el rellanito de acceso a una parcela junto al mismísimo cartel del kilómetro uno, lugar en donde he pasado la noche, desciendo hasta Luz para acometer la subida a este final de etapa típico del Tour de Francia: Luz Ardiden. El día sale más nubladete que ayer y todo me hace pensar que hoy no va a despejar.




De nuevo fiel a la costumbre de la zona, Luz Ardiden se mantiene constante en sus rampas. Tan solo algún paso por pequeñas poblaciones mantiene alguna pendiente por encima del 10%. Las herraduras son constantes en la primera parte, aunque las vistas no sean muy amplias al transitar entre muchísima vegetación.




Es en los tres últimos kilómetros cuando el puerto luce en todo su esplendor. Las contínuas herraduras para ir salvando desnivel, ya con la estación de esquí a la vista, permiten disfrutar del bello trazado a medida que se van negociando las curvas.













Arriba, ni Dios. Una vez terminada la temporada invernal, todas estas instalaciones se convierten en poblados fantasma.



No me ha llevado excesivo tiempo, pero aprovecho para comer algo tras el descenso. La próxima subida será larga: el Circo de Troumouse. El día está tristón, ¡qué pena!, y me dirijo por el desfiladero del Gavarnie que lleva de Luz a Gèdre.







Al paso por Gèdre parece que quiere salir el sol, pero sin demasiada convicción. La carretera de Troumouse, solitaria a más no poder, me libera del intenso tráfico que va a Gavarnie.












Poco antes de llegar a Hèas, comienzo a ver las cumbres nevadas de Troumouse. Una pequeña caseta debe hacer las funciones de barrera de peaje, pero ahí no hay ni cristo. Aún así, a medida que voy ascendiendo me voy encontrando con más y más senderistas con la mochila a la espalda o con algún que otro fotógrafo naturista con unos teleobjetivos del copón y con trajes de camuflaje.






Tras unas cuantas curvas por suave pendiente, llego a una zona de descanso a los pies del circo. El espectáculo es grandioso. Cascadas a un lado, pared de hielo al otro, picos y más picos, ...









La carretera continúa. Una excavadora cruzada impide el paso de vehículos pero no de bicicletas, así que me cuelo por un hueco y prosigo la ascensión. Son dos o tres kilómetros más de auténtico disfrute. Paredes de nieve a los lados van mostrándome el camino y no sé si podré llegar hasta el final.











Pero sí, la carretera está limpia hasta la base del circo. Allí me encuentro a otros dos ciclistas que han llegado antes y que conversan con dos mendizales. Los ciclistas son de Barcelona y los mendizales vascos ¡cómo no!. Un ratillo de charleta y me tiro para abajo, que ellos se van a quedar a comer allí.



Hace buena temperatura pero me ha chispeado un par de veces. No sé, no sé, ... Quería hacer Gavarnie-Boucharo y Pont d´Espagne pero lo voy a dejar para otra ocasión. Esta zona no me queda muy lejos de Bilbao y no merece la pena verla con todos los picos con la niebla que empieza a caer cada vez más. Además, es muy probable que empiece a llover.

Por tanto, decido regresar a casa. Pero antes, tengo la suerte de poder ver cómo hacen puenting en el Puente de Napoleón, poco antes de llegar a Luz. ¡Vaya acojone! ¡Por ahí sí que no creo que pase yo nunca! También hay una pareja haciendo escalada. La zona es increíble y son múltiples los deportes que se pueden practicar en ella.









En Argèles me empieza a chispear y en Lourdes a llover. A la altura de Pau ya llueve con bastante fuerza. Creo que ha sido una buena decisión dejar las otras dos subidas para otra ocasión. La zona bien lo merece.

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