Que cierren la ventana

Para las 05:30 ya es de día en Prades. He puesto el despetador a las 05:00 para desayunar a conciencia pero hace muchísimo viento. Así no se puede salir. Incluso por la noche he sentido cómo se movía el coche con algunas rachas. La ruta circular que tenía pensada ya la tenía cancelada por culpa de la rueda, pero este vendaval hace que no me importe en absoluto.

Hasta las 08:00 no me animo a salir. Parece que, con la salida del sol, el viento amaina un poco. Decido hacer primero el Col de Jau y para allí que me voy. La tranquilidad es total en toda la subida. Tan solo tengo recuerdo de haberme cruzado con un pequeño grupo de moteros.






Cuando no llevo más de media docena de kilómetros, me cae un fuerte chaparrón. La sensación térmica subiendo es agradable, así que no me molesta demasiado. En cambio, es parar de llover y comenzar de nuevo a soplar un viento insoportable. Por suerte, el serpenteo de la subida permite que la propia ladera de la montaña funcione de paravientos en muchos momentos.




Con la carretera húmeda y la salida del sol, me dedico a seguir subiendo contemplando los numerosos arcoiris que van surgiendo a cada revuelta.








Por fin, corono esta preciosa subida. Arriba hay una especie de marquesina de madera en el que están protegidos cuatro ciclistas franceses. El viento es increíble en la cima, así que apenas me detengo un instante para abrocharme el cortavientos y ponerme el chubasquero para la bajada.




Aprovecho el frío que paso bajando para deternerme un par de veces y sacar alguna foto de la zona por la que pasé lloviendo.




De nuevo en Prades, pequeño avituallamiento y me dirijo a intentar ascender al Chalet des Cortalets, ese BIG de dudoso asfaltado.



Espectacular el paso por la Abadía de St Michel de Cuxa.




Poco a poco, sin grandes sofocos, sigo ascendiendo hasta coronar el Col de Millères.





Ahí mismo, en el Col de Millères, hay una especie de camping. Por detrás de él se inicia la subida al Cortalets, pero es pista de tierra. Imposible para bici de carretera. Así que me lo apuntaré en mi particular lista de BIGs habiendo hecho tan solo la mitad, ya que he llegado hasta donde se puede llegar. Total, ni estoy inscrito ni lo voy a estar.





Completo una pequeña vuelta circular regresando a Prades por Villefranche de Conflent, ya que me sale más corta que retrocediendo por donde he venido, y así avanzo el coche hasta el parking que hay junto a la fortificación para dar buena cuenta del Col de Mantet, la mejor subida de la jornada.




Los primeros kilómetros son un auténtico paseo, carentes de cualquier atisbo de tratarse de un puerto. Por contra, el paisaje es precioso, con grandes praderas verdes y con el Canigol asomando a cada paso.







Otra larga subida, como todas las que estoy haciendo. A medida que voy ganando altitud, el viento empieza a hacerse más y más intenso. Pero esta vez sopla favorable, así que no me voy a quejar demasiado. La zona de praderas va dejando paso a un terreno más cerrado, mucho más propio de un puerto de montaña.




Y tras pasar la pequeña localidad de Py, solo resta remontar la ladera de la montaña hasta llegar al collado. Es la parte más bonita, con amplias vistas del fondo del valle que se ha ido ascendiendo y una sucesión de herraduras que hacen la subida más entretenida. Al tiempo, es la parte más dura de la ascensión, aunque tampoco se entre casi nunca en los dos dígitos.








En la cima, foto del cartel sujetando la cámara con muchísima fuerza. Cada vez sopla con más ganas. La bajada, con aire mayormente de cara, incluso me hace pasar frío. Están los días que engañan mucho.



En el posterior trayecto en coche para ir a Puigcerdà, punto de inicio de la próxima etapa, me detengo en un mirador del Col de la Perche. Las vistas del valle de la Cerdagne son estupendas.



En Puigcerdà voy a dormir, así puedo llamar a casa que la llamada no es internacional. Para ello encuentro un sitio cojonudo: la estación de tren. Pero mira por donde que me llevo una sorpresa increíble. Tienen un cartelón enorme de bicis. Me doy un pequeño paseo, pensando que tendrán alguna exposición, pero no, no es nada de eso. Se trata de una tienda de bicis y, aunque es domingo, tienen la puerta abierta.



Me meto para adentro y me sale un tipo. La tienda está cerrada. Le cuento mi problema con la rueda, que si me puede cambiar el núcleo mañana lunes, pero los lunes no abren las tiendas de bicis de la zona. Tendrá que ser el martes. Así que, visto lo visto, decido cambiar el orden de las dos próximas etapas. Ello me conllevará un pequeño gasto extra de gasolina, ya que tengo que ir al oeste para luego regresar sobre mis pasos, pero siempre es mejor eso que seguir arriesgando con la avería.

Mañana saldré antes, que me toca un pequeño traslado a primera hora.

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