Total para nada

Como duermo junto a la tienda de bicis, me basta con sacarla fuera y levantar el portón trasero para saber cuándo abren sin tener que levantarme de la cama. No hace falta, antes de las 09:15 ya vienen a abrir.


- ¿Te acuerdas de mí? Vine el domingo a cambiar el núcleo.
- Sí, sí. Pero para esas ruedas (las HED) no tengo. Habría que pedirlo.

¡Joder! ¡He cambiado los planes para nada! El domingo no le enseñé las ruedas y me había dicho que tenía un núcleo shimano de 10v en tienda. En ningún momento hablamos de ruedas especiales. El tipo me indica otro par de tiendas en Puigcerdà y para allí que me dirijo.

La primera se encuentra junto a la policía de la frontera. Tampoco me pueden cambiar el núcleo. Le pregunto por alguna llanta barata como posibilidad, pero me saca una de segunda mano toda picada por 50€. No, no me apetece gastarme el dinero de un depósito de gasolina para salir un fin de semana para tirarlas a la basura en cuanto llegue a Bilbao. Busco la otra tienda que me han dicho junto a un Carrefour, pero no la encuentro. Es igual, no van a tener núcleos para las HED. ¡Que le den a la rueda! Seguiré aunque me cueste más esfuerzo subir los puertos y sea un coñazo escuchar el chirrido.

La próxima subida es a Coma Morera. Por no dejar el coche frente a la tienda, paso la frontera y lo dejo en Bourg Madame. Los primeros kilómetros, hasta Osséja, apenas son subida. A partir de ahí comienza, un poco escondida entre algunas casas, una pista que se dirige al Forêt de Palau.




En nada se tienen unas amplias vistas del valle. Ahí, viendo lo pequeñito que es el río Segre que hace de frontera, se tuvieron que dar bien de hostias españoles y franceses.



Poco a poco la subida se cierra entre árboles. A medio camino, más o menos, hay una bifurcación. Ambos caminos llevan al mismo sitio, pero yo escojo el de 8km en lugar de el de 12km hasta la frontera. Siempre el camino más corto, siempre.



De nuevo se abren las vistas en la mejor parte del puerto. Puerto que se queda en subida, puesto que la parte española no está asfaltada, ni se la espera.









Por ahí, por la parte española, deben encontrarse Les Barraques y la Collada de Toses, de tan agradable recuerdo de la Balou.



En la cima me encuentro con un montón de montañeros franceses. Están en formación de foto de grupo, así que me ofrezco voluntario para sacar la instantánea. Cual es mi sorpresa cuando empiezan a sacar la cámara uno tras otro. ¡Vaya, pardillo! Entre risas, hago de disparador automatique por un rato.



Ya en el descenso, me detengo un momento en Osséja para echar un par de fotos al estanque.




Toca traslado de nuevo y otro paso por el Col de Puymorens. En Les Cabannes inicio otra bellísima subida: Plateau de Beille. Nada más iniciarla, el ruido del casete es un puto asco. Además, noto muchísimo cómo me va frenando la rueda.




Dos ciclistas más han iniciado la subida poco después de mí. Estamos inmersos en la parte más dura de la ascensión y me detengo para dejarles pasar. Se creen que es porque no puedo con la pendiente, pero les explico como puedo que se trata de no joderles la paz de la subida con el increíble chirrido que mana de mi bici en cada pedalada. Les doy cierto margen, como para que no les moleste nada.



A falta de tres o cuatro kilómetros, la subida suaviza muchísimo. Sin tanta pendiente, el sonido de la bici disminuye mucho, casi hasta pasar desapercibido, lo cual agradezco enormemente al tratarse de la zona más espectacular del puerto. El silencio es algo que aprecio muchísimo en tan bellos parajes.







Llego arriba y los dos ciclistas de antes me saludan. Mucha gente pasea por las campas y muchos coches aparcados en la estación. Las vistas son magníficas. Los días de viento ya pasaron y se agradece un momento de relax sentado en la hierba. Hace calor, mucho calor, y tirarse un rato por los suelos con semejante televisor es un placer apetecible.






Aunque uno lo haría, no se puede estar ahí todo el día. El plan de hoy terminaba aquí, pero he hecho muy poco hoy y es muy pronto todavía. Me voy a desplazar a Foix para quitarme una de las subidas del día siguiente: Prat d´Albis. Ya no quiero hacer circulares por culpa de la puta bici. Ni quiero, ni me conviene. ¡Cuántos menos kilómetros haga, mejor!

Lo mejor de Foix lo veo a lo lejos, antes de entrar, aunque más tarde me saldrán un par de fotos con mejor luz. Poco después, entre casas, se inicia la subida al Prat d´Albis. Pobre subida, por cierto.




La pista no es muy dura al principio, aunque tenga alguna fuerte rampa. Después, ni eso. Los últimos cuatro kilómetros no pasan del 3-4%. Encima, termina mal, al acabarse el asfalto y pasar a ser pista de tierra. El ruido de la rueda sigue siendo fuerte, pero no tanto. La tengo embadurnada de aceite de oliva. ¡Con dos cojones!










Se ve una formación de tormenta cerca y parece que por allí está lloviendo algo, así que me doy prisa para bajar de ahí. Aún así, me detengo un momento para ver el entorno por última vez.



En nada, llego de nuevo a las calles del pueblo.




Pero antes de irme, voy a aprovechar que hay una bonita luz de atardecer para repetir las fotos que le hice al castillo. Sin duda, lo mejor de Foix.




Mañana empezaré aquí de nuevo, ya que el Col de Péguère tiene dos vertientes y ésta será la elegida. Pero me voy para arriba, voy a dormir en la cima para disfrutar del bonito atardecer que está fraguándose. Hay un colorido muy guapo en el ambiente y la cima puede ser un magnífico lugar para cenar. Eso espero.

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