... y el CIMA sentenciado

Sale un día espléndido en Belmonte. Al final, me va a salir bien lo de haber arriesgado con este viaje. Después de haber dejado el BIG peninsular visto para sentencia, hoy voy a dejar el CIMA sentenciado con la subida a la Venta de la Corredoria, último puerto asturiano que me queda para completar una lista que ya nunca más volveré a mirar. En cuanto amanece bien, a eso de las 09:00, salgo remontando el valle de Somiedo. Hace fresquito, pero sé que en cuanto abandone la orillita del río se templará rápidamente. En apenas cuatro kilómetros, tomo el desvío que me llevará a Ondes.






El inicio de este Alto Venta de la Corredoria se realiza por bosque, pero se intuye el valle de Somiedo en algunos claros. Claro que estamos a finales de otoño y ya falta mucha hoja. En primavera tiene que estar espectacular.



A medida que se va ascendiendo, sin rampas excesivamente duras en ningún momento, el puerto cambia radicalmente, dando paso a grandes claros. El valle de Somiedo se disfruta en toda su extensión desde este mirador.







Se llega a Ondes con otro cambio de paisaje. Las praderas verdes del pueblo contrastan con los picos nevados del horizonte leonés. Se ve perfectamente la vecina ascensión a Las Estacas, justo enfrente.









Una vez dejado atrás el núcleo rural y el descanso del tramo que lo atraviesa, se inician las rampas más duras de toda la ascensión, que nos llevan a un paraje increíble.








Sale el sol para celebrar el momento y le llamo a Amaia por teléfono. Me la estoy imaginando ahí mismito sentada con un refresco esperando a que concluya la ascensión del puerto. Solo algún que otro cencerro acompaña al silencio. ¡Para quedarse toda la mañana!




Prosigo con la subida a la Corredoria hasta llegar a la bifurcación de Dolia y Noceda, que bien pudieran ser los nombres de las nietas de Don Rodrigo de Arista-Potestad, conde de Albrit. Entre el honor y el amor, me decanto por dejar de un lado la mierda y tiro para la derecha, para descender a Noceda.




El paisaje que se va mostrando ante mí es una maravilla. Mientras me acerco a Noceda, doy gracias de que esta vertiente, con tramos de cemento rallado y más de 20% de pendiente, me pille de bajada.












Al llegar a Noceda, con los frenos echando humo, me reciben unos abuelos sentados al sol en la marquesina de autobuses. Con ellos tengo una pequeña charla sobre altímetros y altitudes.




Me dan la enhorabuena por afrontar desde aquí un tramo descendente. Con el solete dándome en la espalda, llego hasta el Llanón, donde iniciaré la subida a los Puertos del Marabio.














Termino el tramo de descenso al empalmar con la carretera de Grado. A partir de aquí todo me es conocido, aunque voy a redescubrir el Marabio porque la vez que lo subí fue toda una odisea con la niebla.



Los primeros kilómetros, hasta llegar a Villabre, apenas hay dureza reseñable. El paisaje, en cambio, merece todas las reseñas que uno quiera. El doble túnel es la parte más espectacular de este tramo.












Y ya en Tameza, se coge un desvío que lleva a Teverga, a donde marca 18km. Las rampas más fuertes de la subida se encuentran ahí.












No sé el porqué, pero se deben llamar Puertos del Marabio por los diferentes altos que se van coronando.







Uno de estos caballos debió ser con el que me choqué la otra vez que subí hasta aquí. No se veía nada por la niebla que cubrió todo de repente y me cayó la noche mientras Amaia me esperaba en la cima. ¡No tenemos para olvidar lo que fue el descenso a ciegas con las cabezas sacadas por las ventanillas!







Esta vez sí que disfruto del paisaje de la cumbre como se merece. Es uno de tantos lugares preciosos que tiene Asturias.







Empieza a aparecer la nieve por las cunetas y, aunque aún me queda terreno para coronar definitivamente, es prácticamente llano y empiezo a abrigarme para el descenso.












Y llego al alto de la ermita. Desde allí, desde el peqieño mirador, las vistas de Teverga son impresionantes.







Inicio el descenso a Teverga con la idea de parar en algún sitio para comer un bocata porque estoy bastante cansado, pero me tengo que detener un par de veces para echar unas fotos de las impresionantes vistas que se van turnando.





A Teverga llego al mediodía, justo a la hora de las comidas. Atravieso todo el pueblo y me voy a meter en un bareto para comer un bocata pero, en cuanto veo el menú a solo ocho euros, ni me lo pienso. ¡Comeré de plato!



Unas fabes con pulpo, una ternera guisada y una tarta de avellanas después, inicio la subida a San Lorenzo, un puerto en el que ya sufrí como un cerdo cuando lo ascendí por primera vez.



Los primeros dos o tres kilómetros no son muy complicados, pero luego se pone serio el muy cabrón.







No es de mis puertos favoritos y además parece que se me atraganta.










Aunque no me extraña, porque en cuanto se pasa Villanueva, tras un pequeño descanso, no baja en ningún momento del 11%. Se trata de un puerto realmente duro cuando llevas dos meses sin coger la bici.









Los últimos cinco kilómetros se pueden hacer ¡tan largos! que dan para sacar todo el repertorio de fotos.

















Parece que no llega nunca pero, por fin, aquí está la cima de San Lorenzo. Llego arriba pidiendo la hora y con alguna chispita que me empieza a caer. Se está cubriendo todo rápidamente.



Hablo otro ratito con Amaia y le pido que me pase el parte meteorológico porque se está poniendo muy feo. Quedamos en que me llamará en un rato.






En el descenso hacia La Riera me suena el teléfono. Me pasan las malas noticias para mañana pero apenas hablamos porque, o me doy prisa, o chupo agua de nuevo. Así que salgo pitando para Belmonte dejando Perlunes para otra ocasión, que tampoco es que ande muy fuerte que digamos. Antes de llegar a La Riera, empieza a llover y ya no parará en todo el día. Al coche no llego muy mojado, pero me voy para Bilbao en vez de quedarme otro dia en Cangas de Onís.

¡Si aquí puedo volver cuando quiera! Y quiero volver muchas veces.

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