Una jornada gélida

Alertas por frío generalizadas, termómetros bajo cero en el interior, peligro de heladas en la carretera, ... Todo indica que va a hacer mucha rasca y que es una jornada propicia para probar a fondo las prestaciones de la chaqueta GORE POWER que acabo de adquirir.

A eso de las 09:15 salgo de casa. No es día para hacerlo muy pronto. Aún así, Amaia lleva rato corriendo y me voy por el paseo del Guggenheim para ver si la veo. En el museo marítimo de Euskalduna me la encuentro con muy buena cara, y eso que está en su tirada larga semanal.




Con casi diez kilómetros, me subo a Artxanda previo paso por el Alto de Enekuri. La parada en el mirador de Bilbao es casi obligada.



Continúo por la carretera del Vivero que va camino de Galdakao para coronar Ganguren. Me cruzo con varios beteteros que bajan. Ni en días como estos la peña deja de salir por estas tierras.



Ya en territorio de Galdakao, a pocos metros del abandonado parque de atracciones, tomo el desvío a las antenas del Ganguren con unas preciosas vistas del Gran Bilbao que iluminan algunos temerosos rayos de sol.




En invierno está un poco tristona la subida, con la vegetación bastante mustia, pero las vistas desde el geodésico que hay tras las antenas bien merecen el esfuerzo de estos metros finales.





Apenas un instante de parada y continúo hasta Lezama. En alguna ocasión me he encontrado hielo en la bajada del Vivero por esta vertiente, así que desciendo con muchísimo cuidado. No hay peligro, así que en un momentín me he encuentro subiendo de nuevo por la carretera de Urruztimendi.



Algunas de las chozas que se ven por estos lares son impresionantes. La arquitectura local se mezcla con construcciones más pomposas.



Hasta las últimas casas de Lezama, la carretera está en perfecto estado. La pendiente es cómoda, incluyendo un generoso descanso a modo de descenso.





Y al terminar las casas, comienza de nuevo a picar para arriba y se estropea el asfalto. Una señal avisa de ello. Se puede subier perfectamente hasta el primer collado, de donde parte la bajada hacia Gamiz-Fika. Solo es cuestión de ir esquivando los baches.





Pero a mí me apetece seguir hasta empalmar con la subida de Morga, a la salida de Larrabetzu y, para ello, sigo la pista que tiene ya el asfalto en descomposición. Incluso me tengo que apear de la bici en un par de tramos.







Después de este estupendo paseo por el cordal montañero, llego a la carretera de Morga y comienzo el ascenso a Aretxabalagane.






Siempre es un placer subir el puerto más transitado por cicloturistas en todo el país. A los ocho mil que lo hacen todos los años en la Bilbao-Bilbao hay que sumarles a los cientos y cientos que lo hacen cada fin de semana.




Corono Aretxabalagane y voy camino del Alto de Gerekiz. Solo una rampa me separa de él. Morga, Aretxabalagane, Gerekiz, Andra Mari. ¡Hay que ver la de nombres que tiene este puerto!



El descenso de Gerekiz me lleva a Gernika, desde donde parto para acometer la subida a Errigoiti, otro puertito suave de la zona.




De nuevo, las pendientes cercanas al 5% no suponen mayor esfuerzo.







En el suave descenso dejo de lado la subidita a Metxikas y me dirijo a Jainko-Oleaga. Las rampas más fuertes de la jornada me las encuentro en esta microsubida a estos cuatro baserris de la zona, con un entorno preciso aún estando en pleno invierno.













Sigo brevemente por un terreno semillano y me encuentro la pista que pensaba que empalmaba con Paresi.






Pero enseguida, tras un par de buenas rampas, me doy cuenta de que la pista no está asfaltada y que tengo que dar media vuelta. Así lo hago, regresando a la carretera que se dirige a Arrieta.







En Arrieta decido volverme. Tenía pensado seguir hasta Paresi y subir Sollube por Almike más tarde, pero hace muchísimo frío y parece que puede ponerse a llover. Por la zona de Oiz empieza a ponerse muy feo.



Unos cuantos kilómetros de llaneo hasta Mungia y poquito más hasta Gatika. Aquí comienzo a subir otro gilipuerto como es Lauro. Dos curvitas y me encuentro en Loiu.






Apenas diez kilómetros más me separan de casa. Una última subida, el Alto de Enekuri, y se acabó por hoy. Una perfecta jornada para poner a prueba la chaqueta, la cual he llevado con solamente una camiseta sin mangas por debajo y sin pasar nada de frío con ella. Un diez para GORE.

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