Colosos almerienses

(Entrada de archivo)

El amanecer junto a las antenas de Colativí anuncia una buena mañana de subidas. Parto raudo y veloz a por la más famosa de la región: Velefique, que tiene su culminación en otras antenas, en la Tetica de Bacares.




El inicio, muy suave durante varios kilómetros, sirve para apreciar de cerca el desierto del sur.



No es hasta llegar a la población de Velefique cuando la cosa se pone más seria. La pendiente nunca excede los dos dígitos pero se mantiene constante cercana a ellos durante muchos kilómetros, convirtiéndose así en un puerto muy exigente.



Sin apenas darme cuenta, después de tantos días haciendo fotos en este periplo andaluz, la tarjeta de la cámara la tengo petada y me paso un buen rato borrando fotos de otras subidas para hacer hueco a estas dos. Esta noche me tendré que pasar un buen rato quitando algunas. Me veo obligado a entrar en modo ahorro en un momento muy inoportuno.



La carretera se encuentra en un estado perfecto, como asfaltada hace poco tiempo. Por lo menos hago alguna toma de ella para poder recordarla en un futuro.



Se suceden las curvas en un trazado muy sinuoso. Una vista atrás muestra el serpenteo por estas laderas terrosas. Venir aquí en verano, con el sol cascando de lo lindo, tiene que ser una pesadilla.



Son muchos los kilómetros en los que se tiene bien presente el objetivo a alcanzar: la Tetica de Bacares, que bien responde a su nombre con esa forma de queso gallego con pezón.



Un paso por zona de bosque sorprende por cómo es el entorno que rodea al puerto. Mires para donde mires, solo se ven tierra, piedras y troncos secos, así que se agradece este respiro en forma de vegetación.



La parte más suave de la ascensión coincide con el paso por puerto y la coronación de Velefique. Desde ahí una pista conduce a las antenas con mayor pendiente. Tan solo en alguna rampa la dureza se acrecenta haciendo aconsejable ponerse en pie sobre la bici.



En la cima, a los pies de las antenas, descargo un pino que llevaba queriendo salir durante más de media subida. En ese preciso momento, llega un coche con unos turistas que quieren disfrutar de las vistas desde esta inmejorable atalaya y, al oir que van subiendo la rampa, casi se me corta.



Salgo de allí pitando, tras una foto mirando al entorno de la sierra de Los Filabres, y les dejo el premio gordo en forma de sutil ambientador para cuando lleguen arriba.



Unos kilómetros de descenso me llevan a Bacares, donde empalmo con una de las múltiples vertientes que tiene Calar Alto.



Media docena de kilómetros, los más exigentes de la subida con medias que oscilan entre el 8% y el 10%, me dirigen al primero de los collados que se van pasando por esta vertiente: el collado del Ramal.




Se da inicio, tras este collado, a una serie de rampas y descansos muy irregular con otro grupo de collados de paso: collados del Conde, de Venta Luisa y del Hornillo.



La parte más dura tiene lugar a tres kilómetros de la coronación en el observatorio, con un kilómetro al 10% antes de llegar a la parte final, mucho más llevadera, con un terreno ondulado al estilo de los toboganes.




Otro buen puerto este de Calar Alto, con unas vistas privilegiadas de Sierra Nevada que, para mi pesar, se mantiene nevada.



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