De cabezón a Cabezón

Ayer me habría vuelto para casa pero hoy, después de haber dormido más de diez horas, cabezón que es uno, me encuentro con ganas de marcha. No tanto como para hacer la independiente del Soplao, demasiado dura tal y como estoy, pero sí para hacer una circular con Palombera y descenso por el valle del Besaya, tal vez el único gran valle cántabro que aún no tengo recorrido en bicicleta. Para ello, me desplazo a Cabezón de la Sal, desde donde parto a las 09:00 con un fresquito importante.




Paso por Cabuérniga mirando de reojo el inicio de la subida a Collado Carmona, en lo que era el principio de mi particular recorrido del Soplao, y sigo dirección a Reinosa en busca del puerto de Palombera, con una pendiente mantenida que no variará un ápice en toda la subida. 20km al 5% a excepción del descansito de un par de kilómetros que ofrece la carretera previo a su paso por Saja.






A partir de aquí, la monotonía. Palombera es un puerto tranquilo que no da sustos en ningún momento y, de igual manera, tampoco deslumbra. El bosque de hayas por el que transita es precioso pero, en estas fechas, está sosote.





El principal atractivo recae en los numerosos torrentes que caen por las canales de unas cuantas curvas de vaguada que jalonan la subida. Casi todos ellos se encuentran bautizados y un cartel adorna el paso por curva.




Cumplida más de la mitad de la subida, el valle de Cabuérniga pasa a ser el protagonista, con unas vistas amplias de todo el corredor del río Saja por el lado izquierdo de la ascensión.





De hecho, un magnífico mirador, el Balcón de la Cardosa, se convierte en parada obligada junto a la escultura de un corzo que lo adorna para disfrutar de una visón relajada.



A partir de ahí, superados los mil metros de altitud, la nieve se convierte en el principal atractivo de este día de febrero. No en vano, hace un par de días, este puerto aparecía cerrado en la web de la DGT.





La nieve siempre hace que los puertos aparezcan más estéticos y, en esta ocasión, sucede de igual manera. Los cuatro últimos kilómetros, siempre al 5%, van salvando una serie de collados. El de Ozcaba es el más interesante de todos ellos.





La pared de nieve en el lado derecho de la carretera es de un par de metros de altura, lo que da buena cuenta de la pedazo nevada que ha caído días atrás en esta zona.




Corono el puerto de Palombera algo cansado. Sin duda, no me encuentro bien. En la cima hay un motrollón de gente con los críos disfrutando de la jornada tirándose con lo que pillan por las laderas nevadas de la montaña. Ha salido un día acojonante y hasta hace calor al sol.



La primera estampa de la vertiente de Espinilla es una auténtica pasada, con un desmonte de nieve de tres metros de altura en el lado izquierdo y con todas las campas y picos blancos hasta donde alcanza la vista.





Tras un suave descenso de varios kilómetros, dejo a la derecha la subida a Alto Campoo y continúo hasta Reinosa, desde donde empiezo a bajar por el valle de Besaya o, lo que es lo mismo, la vertiente cántabra del puerto de Pozazal.



El descenso por este paraje conocido como Las Hoces es de lo más tranquilo desde que se abrió la autovía de Torrelavega a Palencia que se traga todo el tráfico. Aún así, tampoco es que sea un puerto demasiado interesante como para subirlo.




Unos kilómetros antes de llegar a Torrelavega, en Riocorvo, me desvío hacia la izquierda para ascender el pequeño pero coqueto alto de San Cipriano. Se trata de un atajo para llegar a Cabezón de la Sal evitando las nacionales y disfrutando de la tranquilidad de esta carreterita secundaria.




Apenas son 4km al 4% o así de media, lo que la convierte en una subida para ir disfrutando del valle y de las pequeñas aldeas que van apareciendo por ahí regadas.






La parte final de este pequeño puerto es la más empinada. El último kilómetro aunmenta un poco la pendiente pero siempre moviéndose por cifras muy cómodas.





Corono al tiempo con un betetero que me adelanta esprintando en la última recta. Estará haciendo series o algo así porque se da media vuelta en la línea de premio de la montaña que hay pintada en el suelo por alguna prueba local que pase por aquí.



El descenso hacia el valle de Saja me sorprende positivamente. Se suceden los arroyuelos y las praderas verdes al paso por la zona de Ibio.




La jornada toca a su fin. Empalmo con la carretera de Torrelavega a Cabezón a la altura de Villanueva de la Peña y de su iglesia de la Vírgen junto al puente sobre el río Saja.



Un par de kilómetros más allá, llego a Cabezón de la Sal con poco más de 100km recorridos. No ha sido mucho, pero estoy muy cansado. No me encuentro nada bien para lo que he hecho estos dos días.



Tenía previstos tres días pero ya es suficiente. La independiente del Soplao tendrá que esperar. Albergaba esperanzas de recuperar bien y poder hacerla mañana pero no me encuentro con fuerzas.

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