Tarde de exploración

Hoy es uno de esos días en los que no tengo ni idea de qué voy a hacer, así que salgo con la bici sin rumbo fijo. Algo me lleva hacia Argalario pero, una vez que llego a la rotonda de Retuerto, me decido a seguir la carretera de El Regato.




Es curioso pero nunca me había dado por seguir más allá del polideportivo de Gorostiza. A medida que me acerco a El Regato, el valle se va cerrando frente a mí, cada vez más.




¡Vaya pedazo embalse! Parece mentira que, a estas alturas de la película, aún no conozca el embalse de Gorostiza.



Sigo adelante y veo una carretera asfaltada que sale hacia la derecha y por la que baja un tipo andando con bastón de montaña. Me acerco y le pregunto a dónde se puede ir por allí y me dice que hasta la presa de Oiola que está a unos cinco kilómetros, pero que hay mucha cuesta. Como me dice que está asfaltado hasta la presa, ¡ostras!, ¡pues para allá que voy! Empiezo a subir suavemente dejando El Regato ahí debajo.



Poco a poco, tras coger a la derecha en una bifurcación, la cosa se va poniendo seria. Las rampas fuertes se suceden, una tras otra, a medida que la carretera se va estrechando.



Según voy ganando altitud, el entorno se va despejando y aparecen unas vistas preciosas de la sierra del Ganekogorta. Tengo muchísimo interés por saber cómo evoluciona la subida.




A falta de poco menos de un kilómetro, la carretera se convierte en pista hormigonada, pero de esas que se encuentran en inmejorables condiciones para el pedaleo.




La subida es chulísima. El sol no me permite disfrutar del frontal de la presa como se merece, aunque consigo adivinar su situación allí arriba.




Buenos números en estos tres últimos kilómetros, que rondarán el 9% de media, aunque algún que otro descanso sirve para maquillar alguna rampa fuerte de doble cifra.




La pista hormigonada termina poco antes de llegar a la presa. Una valla impide el paso a una propiedad privada y un banco de madera invita al relax mientras se observa el paisaje, se escucha el cantar de las aves y se echa un trago del bidón.



El descenso, con el sol de espaldas, es mucho mejor para sacar buenas fotos de la subida a esta presa de Oiola. Sin duda, una de las subidas más chulas que hay en Bizkaia y de la que jamás había oído hablar. Es más, puede ser que sea de reciente asfaltado, por lo menos la parte hormigonada, que se encuentra muy nueva, muy reciente.






Una vez abajo, me meto en El Regato para ver de qué va esta pequeña localidad sin salida hacia la montaña.



Veo que un tipo con una bici de montaña se mete por el pequeño puente y cruza hacia el otro lado del río, donde está el frontón. Con la intención de comprobar si hay una pista que me lleve a Barakaldo rodeando el embalse, me meto por ahí.




Y, en efecto, la pista está perfecta para seguir por ella. Son casi cuatro kilómetros para un estupendo paseo mezclado con paseantes y unos cuantos korrikalaris. Por aquí habrá que venir un día con las zapas.




Ya en Bilbao de nuevo, me meto por el bidegorri de la ría para evitar el tráfico de última hora.



Lo justo para comprobar que la recién concluída torre de Iberdrola queda como el culo en una ciudad como Bilbao.



Pero no importa, al bilbaíno siempre le quedará la ría... ¡la ría de Bilbao!

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2 comentarios :

  1. ¡conociste El Regato! Yo pensaba que a estas alturas tendrías completamente pateados todos los alrededores. Me imagino que será un subidón descubrir cosas tan interesantes tancerca de casa. Un saludo campeon

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  2. Pues como esa carretera no tiene salida, jamás me había metido por ahí. Ya te puedes imaginar la sorpresa. La subida a la presa de Oiola está muy guapa. No había oído hablar de ella nunca.

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