Dame Dima

Tengo la zona de Dima muy trillada pero sin fotos de las preciosas subidas que salen de la pequeña población arratiana así que, marcando una ruta de unos 100km, empiezo por ascender a Lamindao por la vertiente de Areatza para dejarme caer a Dima y seguir con todos los ramales que parten de allí.




Por esta vertiente de Areatza, Lamindao son tres kilómetros duros que van incrementando poco a poco su pendiente media.



A un primer kilómetro al 9% le sigue otro al 10% y un tercero al 11% para coronar con unas vistas preciosas de la sierra de Aramotz y del valle del río Indusi, por donde transita la subida al puerto de Dima.





Las vistas que van quedando atrás, con el final del valle de Arratia en Zeanuri y las cumbres de Lekanda y Gorbea presidiendo la zona, son un atractivo más de esta corta ascensión.





Los baserris de Lamindao son una cucada, con sus prados verdes y sus peñas rocosas. La cima calcárea de Urrekoatxa destaca sobre todas ellas.





Un rápido descenso, ya que el primer kilómetro hacia Dima cae con una rampa al 20%, me sitúa en la carretera del puerto de Dima, la segunda cota de la jornada.




Hace muchísimo calor pero se me nubla de repente. Se está formando una nube negra por la parte alta que amenaza con un buen chaparrón tormentoso.





Con la vista puesta en el cielo, doy buena cuenta de esta cómoda subida hacia Urkiola. Son casi diez kilómetros desde el cruce de Lamindao, siempre por debajo del 5%.






A dos kilómetros para coronar, en la parte más suave de la ascensión, comienzan a caer unos gotones que, al estrellarse en el suelo, forman un círculo de cinco centímetros de diámetro. Por fortuna, aunque el cielo esté oscurísimo y muy amenazante, solo caen cuatro gotas hasta la línea de premio de la montaña.






Un vistacillo para Otxandio, con un sol radiante por allí, y me doy media vuelta para caer hasta Dima y seguir con los objetivos del día.



Por las calles de Dima, tras un caserío que hay por detrás del frontón, parte la subida al barrio de Baltzola.



De nuevo bajo un sol achicharrante, pero yo no me fío. Las rampas se suceden al 10% en un duro inicio con unas vistas tremendas del valle.






Poco a poco, la subida a Baltzola va suavizando, sobre todo, al pasar por las casitas de Bargondia.





De nuevo se cierra el cielo sobre mí y caen cuatro gotas en el último de los cuatro kilómetros de que consta esta subida.



El asfalto concluye en Baltzola dando paso a unas cuantas rutas de senderismo. Asímismo, destaca la pequeña ruta para visitar las cuevas del mismo nombre siguiendo la orilla del arroyo Indusi.



Otra vez que me encuentro en Dima para acceder al barrio de Oba. Son cinco kilómetros de subida suave si exceptuamos el agresivo final para llegar al caserío Artabil.





El sol que vuelve a media subida, al igual que en las anteriores, se agradece para poder disfrutar de las inmejorables vistas que se obtienen de toda la zona.






En poco más de cinco kilómetros, la subida ofrece un sinfín de paisajes diferentes. Tan pronto se abre el valle como se cierra el bosque.




Baserris y baserris van sucediéndose. A cada cual más chulo que el anterior.





Y de golpe y porrazo, otra vez que caen chuzos de punta. Menos mal que la temperatura es muy agradable porque me he venido con un maillot sin mangas.





Y otra vez que sale el sol justo cuando tengo Oba a la vista. Me estoy volviendo loco con tanto cambio aunque empieza a ser divertido.







Dejo Oba atrás y la carretera se va estrechando cada vez más hasta convertirse es una simple pista asfaltada para llegar al caserío Artabil en lo que es la parte más dura de toda la ascensión. Las dobles cifras de esta parte y el agua que acaba de caer hacen que patine un par de veces pero sin llegar a impedir que corone la subida al terminarse el asfalto.






¡Uy, uy, uy! Me va a caer una gorda. El cielo se vuelve a cerrar sobre mi cabeza y aún me queda otra subida más. Cada vez estoy más convencido de que llegaré a casa empapado.





Regreso al cruce de Artaun para la última de hoy. Solamente serán tres kilómetros, así que me doy prisa.



Un par de kilómetros al 7% me dejan en el barrio de Biteriño.





Y otro kilómetro un poco más suave me lleva al barrio de Artaun. La subida finaliza en un área recreativa desde la cual se puede acceder a varias pistas de senderismo para acometer las múltiples cumbres de la zona.







Para seguir con la tónica general de la jornada, en el descenso me sale el sol y ya no dejará de calentar hasta llegar a casa.



Ha sido una buena tarde y me ha abierto la mente para planificar nuevas salidas. A partir de ahora, cuando no tenga tiempo más que para hacer 100km o así, me fijaré en un valle para fotografiar todas las subidas que tenga. En Bizkaia hay muchos de estos.

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