Subidas de Arratia

Esta tarde me apetece hacer algo de bici y, mirando un poco el mapa y repasando algunas subidas que no tengo registradas en el blog, decido machacar el inicio del valle de Arratia y no dejar cuesta sin fotografiar por las inmediaciones de Lemona e Igorre. Para abrir boca, después de 15km de acercamiento con el sempiterno alto de Miraflores como mayor dificultad, me decanto por la subida a Arraño.




Se trata de una subida corta, de poco más de dos kilómetros con inicio en la N-240 a la salida de Lemona, pero ya de entrada te encuentras con un buen muro que alcanza el 20%.




Se gana altitud rápidamente y se empiezan a tener unas buenas vistas del inicio del valle de Arratia.




La ascensión suaviza algo en la parte central, justo antes de llegar a Arraño.





Al llegar a las casas volvemos a pasar del 10% en un tramo duro mucho más largo.




Se llega al último caserío y un llano sirve de respiro antes de afrontar la parte final.




Que no es más que una pista cementada que sale de allí y que, durante unos metros, devuelve la intensidad a la subida.




El final de Arraño llega de golpe en una curva cuando el cemento se vuelve pista intransitable para la flaca. Las vistas son inexistentes en este punto al estar en un bosque cerrado y solo la visión previa de la cantera tiene algún atractivo.



La siguiente subida de la serie me lleva al barrio Beazko de Igorre por una coqueta carreterita que discurre por medio de un frondoso bosque.




También es muy cortita, de poco más de dos kilómetros. Sin embargo, el comienzo es mucho más suave.



Me adentro en la vegetación y empieza a llover para mi sorpresa. En Bilbao hacía sol y mucho calor y por aquí está amenazando tormenta. El aroma a ozono es muy agradable y tampoco molesta demasiado, aunque debo andar atento por si decide caer agua a lo bestia.




La parte final de la ascensión, con la lluvia remitiendo, se pone por encima del 10%.



Y se alcanza el final de la ascensión en pocos metros, puesto que la carretera se acaba de golpe en un caserío.



Otra más en la butxaka, me dirijo hacia el barrio de Mikele. Se puede subir a dos caseríos diferentes por dos cuestas diferentes. La primera, de apenas un kilómetro, me prepara para la segunda, algo más difícil.





A 500 metros algo más fáciles, al pasar una pequeña escombrera, le sigue una rampa tremenda que parece que no acaba nunca.




Las vistas de Igorre desde aquí son perfectas, aunque es difícil poder apreciarlas en pleno esfuerzo.




El final coincide con un nuevo caserío. Pretendo continuar hasta el alto pero la carretera se acaba y tengo que regresar un poco sobre mis pasos para encontrar otro acceso en Igorre, mucho más directo.




Y es tan directo, que apenas tiene curvas. Una magnífica carretera me lleva, a lo largo de otro kilómetro, al punto más alto de Mikele.



Justo antes de empezar la parte dura, me sale un perro de un caserío y me golpea en la bici. Pierdo el equilibrio y no caigo de milagro ante la mirada del hijoputa de baserritarra que me mira con cara de tener yo la culpa de que su perro se me tire de golpe. Paso de líos y continúo a lo mío.



Y me enfrento al rampón del día para llegar al Etxebarri, con un porcentaje muy por encima del 20%, quizá cercano al 30%, y que consigue ponerme las pulsaciones por encima de 170 por primera vez en la jornada.



Solo hay que darse la vuelta y observar el vacío hacia abajo para darse cuenta de la burrada de rampa final.










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