Hiru Haundiak en bici

Una de las marchas de montaña más importantes de Euskadi es la Hiru Haundiak (Las tres grandes), una prueba de gran fondo de periodicidad bienal y que, a lo largo de 100km, va pasando por Gorbea, Anboto y Aizkorri. Inspirándome en esta prueba, hace tiempo que tenía en mente la Hiru Haundiak de Bizkaia en bicicleta de carretera, con los tres grandes pasos asfaltados enlazados en una etapa: Oiz, Urkiola y Bikotxgane. Hoy es el día para ello y salgo de Bilbao después de comer.




Para completar un poco la etapa y redondear los 3.000 metros de desnivel acumulado, la inicio con la ascensión al Ganguren o Vivero por Santo Domingo.




Unos pocos kilómetros llanos por la N-634 me dejan en Amorebieta para iniciar la subida a Autzagane.



Pero, a poco de empezar a subir, me encuentro con un atasco monumental. Entre coches, camiones, autobuses y gases corono el puerto.




Al bajar, justo antes del desvío en Zugastieta, me encuentro el motivo de la monumental retención. La ertzaina que está cortando el paso me ofrece la información de primera mano: al camión que subía el puerto se le ha caído una bobina y el coche que iba detrás ha quedado aplastado como un papel de fumar con un trágico desenlace para el conductor. ¡Vaya forma de encontrar la muerte!



Inicio la subida al Balcón de Bizkaia, paso obligado por esta vertiente del monte Oiz. El calor es sofocante. De hecho, un termómetro de Bilbao marcaba los 30º. A estas horas, que ya pasan las 15:00 de la tarde, es una pasada.





A punto de coronar la subida previa a la altura del cruce de Mendata, ya se pueden apreciar los primeros aerogeneradores del cordal de Oiz. Hasta el cruce, con la misma altitud que la subida de Muniketa, son poco más de cinco kilómetros que no llegan al 5%.




Cuatro kilómetros más, en los que se combinan pequeñas subidas y bajadas, me dejan en el inicio de la pista hormigonada que va a la cima del puerto de paso más duro de Bizkaia.





En la pista se acaban las chorradas y una sucesión de rampones hacen las delicias del escalador más exigente. Las rampas de dos cifras son contínuas y en la parte más dura, una recta de especial dureza, se supera el 20% durante muchísimos metros.








Superado este tramo infernal, mucho más con el calor reinante, aún quedan más de dos kilómetros con varios tramos que se le acercan pero sin alcanzar números tan extremos. Además, estas rampas mantienen pequeños descansos entre ellas, lo que las hace algo más llevaderas.








Con las pulsaciones en cifras altas, el aliento se recupera mientras se disfruta de unas vistas maravillosas. Oiz es el gran mirador de Bizkaia y la perspectiva que desde aquí se tiene de Urdaibai, un paraíso paisajístico y natural, es la mejor posible.




El descenso me lo tomo con calma y hago un par de paradas. Aprovecho las vistas en este día despejado para refrigerar las cubiertas que se suelen recalentar demasiado al tener que frenar mucho en estas bajadas con tanta pendiente, y eso suele dar lugar a pinchazos incómodos fácilmente evitables.






Ya en la carretera de Iurreta, no puedo evitar echar un buen vistazo al semblante de la sierra de Anboto, siempre tan espectacular.



Con impaciencia por coger agua en las fuentes de Mañaria, me planto en el inicio del puerto de Urkiola.



Menos mal que, cada poco tiempo, te puedes arrimar a alguna sombra, porque la solana azuza con ganas en esta subida y, con los números que se gasta, no lo llevo demasiado bien.






No sin poco sufrimiento, llego a la cima de Urkiola. Ya me he vuelto a quedar sin agua. He bebido menos de lo que me he echado por encima.



El descenso hacia Artea lo hago por el puerto de Dima, en el que no puedes dejar de mirar para todas partes. Al paso por Dima vuelvo a buscar agua con la mirada pero no localizo ninguna fuente a mi paso. Por no desviarme hacia la que tengo localizada, continúo hasta el inicio de Bikotzgane.



Pero en Artea está chunga la fuente que hay a pie de puerto y sigo sin una gota. Ya solo me queda repostar en el alto.




Con mucho esfuerzo, corono Bikotxgane. Los dos últimos kilómetros, que apenas bajan del 12%, se me hacen interminables. Todavía me quedan unos cuantos kilómetros hasta Bilbao y es muy probable que llegue de noche.



Como así sucede. La etapa se me marcha hasta los 150km sin darme cuenta. Para ser una jornada de tarde se me ha disparado un poco el kilometraje y llego a Bilbao con las luces, que casi siempre las llevo puestas.

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