Operación abortada

El plan para el fin de semana, después de un par de aplazamientos, es una brevet independiente de ida y vuelta a Gijón. Para ello, salgo de casa a las 05:00. Cómodos primeros kilómetros hasta el amanecer poco antes de subir Saltacaballos. En el descenso, paso algo de frío y, con aire en contra cada vez más intenso, llego a Islares.




Ya me habían caído un par de chispillas antes de Castro Urdiales, pero es aquí donde parece que se decide a caer con más intensidad. Hay unos nubarrones muy feos hacia donde me dirijo.



En Oriñón el piso está completamente mojado y así asciendo al alto de Candina, pero es en el alto de Las Carcobas, justo antes de llegar a Laredo, donde peor se pone la cosa. Aún así, zonas de sol contrastan con los nubarrones que tengo sobre mí.



Desde el mirador de la vertiente de Laredo se puede apreciar mejor el panorama. Tres cortinas de agua destacan en el horizonte y las nubes se intensifican hacia el oeste.



Prosigo viaje hasta Colindres. Llueve más y el viento es muy desagradable, completamente frontal. La cabeza me trabaja muy rápido últimamente y decido dar media vuelta y dejarlo para mejor ocasión. No me apetece chuparme 300km con aire en contra y, si está lloviendo o lo ha hecho hace poco en Picos de Europa, los kilómetros de pista de tierra que tengo que pasar entre Bejes y Sotres pueden estar mal. Y es precisamente ese paso la parte que más me interesa disfrutar de toda la ruta.

Vuelta atrás y, para no repetir, decido regresar por el valle de Carranza. Para ello, remonto el Asón hasta poco antes de Ramales de la Victoria. A la altura de Limpias, las nubes que voy dejando en la costa contrastan con los claros del interior.





Un último vistazo atrás en Ampuero me sirve para no arrepentirme de la decisión tomada.



En el desvío de Carranza, toca disfrutar de la maravillosa estampa de la Peña de Rozas que adorna la sierra de Hornijo sobre Ramales de la Victoria, una cumbre que cuenta con una gran siniestralidad por lo complicado que resulta ascender al vértice de la pirámide de San Vicente.




El inicio del valle de Carranza me devuelve la visión de los feos nubarrones y el viento vuelve a hacer aparición aunque, al haber dado media vuelta, me sopla favorablemente.




Sin embargo, la subida al puerto de La Escrita es todo un placer. El sol hace acto de presencia y, con viento fuerte de cola, ni se notan los porcentajes.



El valle de Carranza luce de forma especial con este juego de luces y sombras. Es uno de los valles más hermosos que conozco.





Cruzándome con muchos cicloturistas, corono el puerto. A partir de aquí, casi todo es terreno favorable hasta casa. Me van a salir 150km y, si me apuras, casi voy a llegar para un desayuno tardío.




En el valle de Villaverde hay alguna prueba y tengo la suerte de tener la carretera cortada para mí solo. Por detrás debe venir algún pelotón ciclista pero llego a coronar La Herbosa sin que me cojan.



Muchísimo aire por el Cadagua y mucho más aún al llegar a Zorroza. No quiero ni pensar de lo que me he librado.

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