Canal y Camino

No he pasado demasiado buena noche que se diga. Ha hecho un viento tremendo y el ruido en la tienda ha sido horroroso. Parece que hace fresco y, después de desayunar, me pongo en marcha camino de Alar del Rey.




Creía que todo sería completamente llano hasta llegar al inicio del Canal de Castilla pero tengo que pasar esas montañas que veo enfrente a través del collado de Valtierra.




El collado de Valtierra no deja de ser una pequeña tachuela de unos cuatro kilómetros al 4%, pero me cuesta bastante coger ritmo.





Las nubes que van quedando atrás asustan bastante. Espero que no se me estropee el día.



Corono el collado de Valtierra y veo que, hacia donde me dirijo, el cielo está totalmente despejado. ¡Menos mal!





Tras un rápido descenso de unos diez kilómetros, llego a Alar del Rey. El paisaje castellano, con el amarillo como color principal, preside las vistas.



En una especie de parque temático que tienen en la población palentina, se inicia la parte construída del Ramal del Norte del Canal de Castilla.





Comienzo así mi ruta bordeando esta construcción que data del siglo XVIII por su orilla izquierda.





Las diferentes esclusas numeradas se van sucediendo. El principio de la ruta es interesante por este hecho porque, lo que es el paisaje, es una mierda pinchada en un palo.





Una y otra vez, pasa lo mismo. De esclusa a esclusa y tiro porque me toca. Lo único entretenido es comprobar el estado del piso de la siguiente sirga.





A cielo completamente despejado, la temperatura sube a medida que va pasando la mañana. Menos mal que el arbolado está presente en muchas partes del recorrido y se agradece su sombra.








Aunque ese arbolado es cada vez más escaso y el calor más asfixiante. En una esclusa me detengo y, mientras llamo a Amaia, me pica una avispa en un dedo de la mano izquierda. Quito el aguijón, que aún se mueve, y le pego un chupón a la herida para escupir el veneno y, en un momento, se me pone la mano como una pelota de beisbol.



Llevo ya 40km recorridos por estos caminos y, cada vez, el arbolado es menos frecuente. El calor aprieta y la ruta es aburridísima. Empiezo a pensar en llegar hasta la esclusa de Frómista y girar hacia el este y salirme del canal para enlazar con algún punto de la tercera etapa.






Tan solo la presencia de alguna pequeña central hidroeléctrica va generando ligeras modificaciones en el paisaje. Al pasar Osorno, los árboles ya ni aparecen.






En Requena de Campos, a siete kilómetros de Frómista, me paro para comer. Junto a una buena fuente que está a la sombra, me preparo una lata de cocido madrileño. Es decir, una lata de garbanzos. Hartito ya del aburrimiento del canal, llego a Frómista por la carretera.




La presencia en Frómista de numerosos peregrinos del Camino de Santiago me abre una posibilidad que no tenía pensada. Como en Frómista coinciden ambas rutas, volveré hacia Boadilla del Camino y seguiré en contradirección hasta llegar a Castrojeriz o hasta pasar Hontanas.



Cuatro kilómetros de canal más allá, llega la bifurcación. Tomo la de la derecha para llegar a Boadilla del Camino.



A partir de aquí, son muchísimos los peregrinos con los que me voy cruzando. No me imagino pateando cientos de kilómetros por semejante montón de polvo.




Unos cuantos kilómetros más allá, llegando a Itero del Castillo, cruzo el canal del Pisuerga.



Y poco más adelante, el propio río Pisuerga por el puente Fitero, un puente del siglo XII que se construyó para que los peregrinos de aquel entonces pudieran cruzar el río. Abandono Palencia y entro en Burgos en la otra orilla.




Me detengo en una especie de área recreativa que hay en un cruce de caminos con una fuente riquísima. De vez en cuando hay que plantar un pino y este es un lugar tan bueno como cualquier otro.



A continuación, me encuentro con una italiana lesionada, con una pierna vendada y que va a abandonar el camino porque está que no puede más. Son muchísimos los que me voy topando con bastante mala cara. Me imagino que meterse en una embolada de pateada de 700km con escasa preparación estará a la orden del día.



Antes de llegar a Castrojeriz, me espera el alto de Mostelares, una jodida cuesta de hormigón de medio kilómetro al 18% en la que no tengo más remedio que echar pie a tierra y seguir andando, lo cual me cuesta un huevo porque la bici pesa una burrada.





Desde el alto se divisa Castrojeriz, a donde llego tras un buen descenso clavando a fondo los frenos.





Todavía es pronto, así que decido continuar mientras tenga ganas, y así quito kilómetros para la vuelta a casa. Desde aquí tengo 200km exactos y, todo lo que haga hoy, me facilitará la etapa de mañana.



Camino de Hontanas paso por las ruinas del convento de San Antón, espectacularmente atravesadas por la carretera por debajo de uno de los arcos.



Llego a Hontanas con los pies destrozados. A la sombra de unos árboles me tomo un descansito junto a un lugareño con el que echo media hora de entretenida charleta.



Poco después, lleno el bidón de agua fresca en una fuente que me aconseja el lugareño y sigo subiendo hasta el alto del páramo, donde empalmo con la carretera de Sasamón.





De nuevo aparecen las grandes rectas y los aerogeneradores, tan abundantes en los páramos burgaleses, muy azotados por el viento.





Llego a Olmillos de Sasamón y me entretengo con su imponente castillo. Ya va siendo hora de que vaya buscando un lugar donde tirar la tienda de campaña así que, buscando un lugar escondido, sigo con mi ruta.



Camino de Villadiego, encuentro unos árboles en la cuneta. Analizo bien para dónde sopla el aire y me coloco en los de la derecha, sobre un pajal que ablanda el terreno y lo hace más cómodo.




No me ven los coches al pasar y tengo cobertura, así que el sitio es perfecto. Me preparo un colacao para cenar y pliego los párpados.

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