Primera con alforjas

La adquisición de la nueva bicicleta de montaña ha traído consigo la compra de una parrilla. De hecho, fue la ruptura de la anterior parrilla la que ha desencadenado toda la compra. Y claro, hay que probarlo todo. Para ello, me marco una travesía de tres días con el Canal de Castilla como objetivo y, cargado con las alforjas con cocina y tienda de campaña incluídas, aprovecho el primer día que parece que podré enlazar tres con buen tiempo. En este verano que estamos padeciendo por el norte, no está siendo fácil encontrar un hueco.




Y tal es así que salgo de casa lloviznando. Inicio la subida al alto de Ro con el sirimiri mojando. Es una primera prueba para comprobar cómo se circula con las nuevas alforjas. A pesar del mucho peso que acarreo, los porcentajes se mantienen cercanos al 4% y no suponen mayor problema para los desarrollos que manejo en esta bici.




El paso por el embalse de Tudela es lo más atractivo de la subida. Acabo de entrar en Burgos poco antes y la rampa previa a la presa es lo más duro de este puerto.




Sigue chispeando en todo el puerto. Según las previsiones, es probable que me siga lloviendo hasta llegar a Villarcayo.





Ya cerca de la cima, aparece una señal de bienvenida al valle de Mena. Se abren mucho las vistas y el paisaje es mucho más atractivo.







Corono el alto de Ro después de más de siete kilómetros de cómoda subida. Un rápido descenso me sirve para probar las frenadas con discos hidráulicos y con una carga de peso muy superior a la habitual.



El puerto que he elegido para acceder a la meseta es El Cabrio. Es un coñazo de puerto, sobre todo por el tráfico que soporta, pero me acorta kilómetros y dureza en la dirección que busco. Me meto en la nacional de Villarcayo y, para mi sorpresa, no pasa ni un triste coche.




Solvento la decena de kilómetros que tengo que subir, con tan solo un par de escalones al 7% dignos de llamarse puerto, y llego al alto con unas nubes muy preocupantes en la dirección que debo tomar.





Llevo muchas cancelaciones de salidas este verano y ver dos nubes ya es motivo de preocupación porque no me apetece nada tirarme unos días por ahí mojado.




Camino de Villarcayo, toca subir el alto de Bocos. Es una pequeña cota que, por esta vertiente, no tiene mayor dificultad.





Superado el primer kilómetro de subida, se accede a un descanso desde el que se tiene la mejor estampa de este puerto: una serie de curvas enlazadas que preceden a la cima.






Del alto de Bocos a Villarcayo quedan media docena de kilómetros favorables. En Villarcayo, paro para comer y, en los arcos del ayuntamiento, me preparo unas lentejas a la riojana calentando una lata en el hornillo. Con el estómago bien lleno, continúo camino del Ebro a su paso por Cidad.




En Incinillas, tomo dirección oeste y me meto por un coqueto desfiladero. Por primera vez, veo unos claros hacia donde me dirijo.




Tomo la pequeña carretera que lleva a Cidad de Ebro y comienzo la ascensión al alto de Arreba. Por ahora, el trazado está siendo calcado a una brevet independiente que hice hace unos años para llegar a Valladolid desde Bilbao.





La subida a este puerto es muy interesante. Son unos siete kilómetros al 5% de media pero divididos en dos partes que andarán por el 8% y con unas vistas muy majas.





A media subida, noto un ruido cada vez más intenso. El freno delantero me va rozando y tengo que soltar unos tornillos y apretarlos de nuevo para solucionarlo. Ya sin esa carraca molesta, accedo al primer alto del puerto, con unas vistas tremendas de las hoces del Ebro a su paso por esta zona.







Tras un descanso, la segunda parte de la subida me sitúa en el mirador del cañón del Ebro a su paso por Pesquera. Es un lugar precioso. La nueva posición elevada que tengo desde aquí, me permite ver que el cielo se despeja completamente por la zona palentina, que es a donde me dirijo.









Dejando el desvío de Pesquera de Ebro a un lado, accedo a la carretera nacional de Burgos a Santander y, para acceder a Orbaneja del Castillo, como llevo bicicleta de montaña, atajo por una pista que me llevará al centro de la turística población por la parte alta, con una perspectiva novedosa para mí.





La vista del cañón desde lo alto de Orbaneja es tremenda, de lo más espectacular que he visto últimamente.





Me meto en Orbaneja del Castillo por un sendero que desemboca en una pista hormigonada de una pendiente brutal y aprovecho la belleza del lugar para hacer la parada para merendar junto a la cascada.







La salida de Orbaneja me hace entrar en Cantabria por unos kilómetros. La carretera se encuentra en obras desde hace un montón de tiempo y, gracias a que voy con la btt, tampoco me incomoda demasiado.



Poco antes de llegar a Polientes, con casi 140km ya en las piernas, estoy a punto de cambiar de planes y tirar para los puertos cántabros acortando las etapas. Estoy estrenando sillín y me duele muchísimo el culo. Estoy estrenando zapatillas y me duelen muchísimo los pies. Estoy estrenando postura en la bicicleta nueva y me duelen mucho las manos y me están empezando a dar pinchazos en la rodilla derecha. Solo a mí se me ocurre estrenar todo en una ruta tan exigente como esta, de más de 600km en total.



Tras un momento de descanso en una marquesina de autobús, con llamada de teléfono a Amaia incluída, decido subir a La Lora, que la tengo enfrente, y ya decidiré arriba para qué vertiente me dejo caer. El paso sobre el Ebro antes de llegar a Rocamundo, a la altura de una especie de albergue juvenil, es una delicia.




El inicio de la subida a La Lora es suave pero se adivinan las rampas continuadas de los últimos tres kilómetros que rondan el 10%. De hecho, una rampa por encima del 15% hace que la media de un kilómetro enterito marque un durísimo 12% para la carga que arrastro en la parrilla.





El alto se mantiene siempre a la vista. Esta vertiente es íntegramente cántabra y, en la cima, se entra en la provincia de Burgos.




Poco a poco, las vistas del valle se van ampliando y, de repente, una tremenda recta aparece para empezar a dar chepazos sobre la bici.





La pendiente no baja del 15% y, como se tiene todo el tramo a la vista en todo momento, se hace muy duro.




Tan solo una curva de herradura sirve para tomarse un pequeño respiro hasta el final. La pendiente se mantiene cercana al 10% en dos kilómetros pero, superada la rampa más fuerte, es mucho más llevadero.





Corono el alto de La Lora con muy buenas piernas. Parece que, el hecho de haber tenido que esforzarme en serio, ha hecho que los dolores se me pasen por completo.




Decido seguir con el plan inicial. En principio, solo tendría que dejarme caer hasta llegar a Alar del Rey, ya en Palencia.




A unas buenas rectas completamente llanas, le siguen unos cuantos repechines entre montañucos que se agradecen entre tanta monotonía.





Un fuerte descenso me deja en Basconcillos del Tozo. Aquí tengo la opción de seguir hasta Aguilar de Campoo por la carretera nacional pero, debido al mogollón de camiones que pasan, decido hacer un atajo por una carretera provincial que pasa por el alto de La Lorilla.



Ya los primeros kilómetros, aunque totalmente llanos, son mucho más atractivos que la carretera nacional.






En Solanas de Valdelucio paso un pequeño alto, muy atractivo, con un cortante en la tierra espectacular, pero es en La Riba donde se inicia la subida a La Lorilla.





Son casi cuatro kilómetros a poco más del 5% de media que se hacen muy entretenidos. Como ya se está haciendo tarde, voy mirando dónde puedo echar la tienda de campaña.



Encuentro un sitio cojonudo pero no tengo cobertura. Prefiero un sitio desde el que pueda llamar a Amaia y estar un rato entretenido charlando con ella.



Completo este alto de La Lorilla algo cansado. El descenso me lleva hasta Humada, donde un lugareño me chiva cómo se llamaba el puerto por el que acabo de pasar.



Nada, no hay cobertura en este valle. No me queda mucho rato de luz y tengo que ir preparando la tienda pero es imposible encontrar un lugar escondido en semejante llanura.



Por fin, poco después de pasar Fuenteodra, encuentro unos árboles en la cuneta que me podrán servir de parapeto. Preparo la tienda y me hago un colacao para cenar y echarme a dormir.



Ha sido una jornada dura. Casi 200km con la bici de montaña, con ruedas gordas y cargado con las alforjas no son moco de pavo. Me parece que me he pasado con el diseño de las etapas. Como siempre, claro.

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