Belleza asturiana

Salgo de casa poco después de que termine la ida de la Supercopa. He quedado a las 08:00 en Teverga y no me merece la pena madrugar. Prefiero ir poco a poco y parar un par de veces para echar una cabezadita. Llego a las 07:00 al aparcamiento de la Senda del Oso de Entrago y Javier ya se encuentra allí. Desayunamos en el Hilton, nos preparamos y salimos rumbo al puerto de San Lorenzo con el piso aún mojado por las lluvias nocturnas.




La primera media docena de kilómetros, hasta poco después de pasar Villanueva, la subida se mantiene sobre un cómodo 6% que nos sirve para ir calentando un poco las piernas. El piso sigue mojado pero no tiene pinta de que nos vaya a llover nada.




Pero la segunda mitad del puerto se pone en doble cifra constante hasta la cima. Como acabamos de empezar, vamos charlando y se me hace mucho más llevadero que las anteriores veces que he subido por esta vertiente.






A medida que nos vamos acercando a la cima, se van observando algunos claros. Como de costumbre en Asturias, el manto de nubes se mantiene a ras de suelo y, cuando tomas cierta altitud, observas que el resto del universo disfruta de un día totalmente despejado.




Coronamos San Lorenzo y vemos que el valle de Somiedo está libre de orbayu. Va a ser un día caluroso pero, en este primer descenso, siendo aún temprano, fijo que pasamos algo de fresco.




En efecto, en el valle de Somiedo luce el sol. Los poquitos kilómetros que tenemos hasta Pola de Somiedo nos sirven para retomar el calor corporal tras el fresco de la bajada. Como tenemos planeadas tres ascensiones de sube y baja con inicio común, debatimos cuál será la primera. Decidimos ordenarlas de mayor a menor dureza pero, con suelo mojado, mejor esperar un poco por Perlunes y subir primero Valle de Lago. Tirar de riñones en rampones continuados, sin poder ponerse en pie sobre la bici, no es muy agradable.



Optamos, por tanto, por iniciar el triplete por la subida a Valle de Lago o, mejor dicho, por completar toda la carretera asfaltada hasta L´Outeiro, apenas un kilómetro más allá.



Como todo lo que surge en este valle de Somiedo, la subida es una delicia. Son siete kilómetros con rampas de todo tipo, lo que permite que en ningún momento se convierta en una ascensión demasiado dura.









Aunque un kilómetro enterito al 11% sí que tiene su miga. Se pasa una buena herradura y la longitud del tramo recto que viene, el más duro de todos, obliga a centrarse un poco en lo que se está haciendo.








El remate de la subida es patanegra. Valle de Lago es uno de esos lugares de obligada visita.




Desconocía que hubiera continuación, ya que la vez anterior que vine terminé a la altura del lago pero, mirando en el tracks del GPS, ví que la carretera seguía hasta L´Outeiro. Javier así me lo confirma y seguimos otro kilómetro más por un paisaje increíble y con alguna buena rampa, aunque muy cortita, amenizando el kilómetro extra.




La carretera se acaba en un pequeño aparcamiento y se convierte en pista de tierra y grava que debe continuar hasta los lagos de Saliencia. Habrá que volver para hacerse unas buenas rutas con botas. Quién sabe, tal vez en invernal.



Regresamos sobre nuestros pasos disfrutando de la belleza asturiana que, en esta zona de Somiedo, desborda por donde mires.





En Pola de Somiedo, a pesar de que hoy es festivo, encontramos un pequeño supermercado abierto en el que poder avituallarnos antes de las subidas. No me he dado cuenta y me he olvidado la comida que traía en el coche. La siguiente, esta vez sí que ya estará completamente seca, la dura subida a Perlunes, cuya rampa inicial de cemento rayado ya asusta nada más verla.



Un primer kilómetro y medio casi al 15% de media no es moco de pavo, así que hay que poner todos los sentidos en dar pedales para no verse superado por la subida.






El acceso al primer collado, supone un buen respiro. La pendiente se calma bastante y permite echar un ojo atrás para disfrutar de unas vistas maravillosas sobre Somiedo.






Lo que aparece al otro lado es caviar del bueno. La pequeña localidad de Aguino se encuentra en el fondo del valle, a donde tenemos que descender por un kilómetro al 12% que luego habrá que superar de vuelta.




En Aguino se retoma la subida, como no podía ser de otra forma, de doble cifra. El acceso a Perlunes, para acentuar aún más la idea de parque jurásico que genera esta subida a cada pedalada, se realiza a través de un túnel perforado en la roca y que permite acceder a otro mundo maravilloso.





Tras el ligero descenso, otro rampón da la bienvenida a Perlunes. Allí, junto al cartel de la loclidad, tenemos un momento de agradable charla con dos lugareños.





Vuelta para Somiedo con otro punto de vista del trazado de Perlunes. El paso por el túnel se convierte una una magnífica puerta a otro mundo.






Ya se me antojaba al ir, pero se confirma al volver. El kilómetro al 12%, esa subida en bajada sin la ayuda moral de ir en busca de lo desconocido, es una dura piedra de toque.





Toca parada para comer con un poco de fundamento. Paramos en el mismo super de antes para comprar material para hacernos unos bocadillos. Y como está el pueblo petado de gente, decidimos pirarnos para buscar una campa con sombra donde poder estar más tranquilos.






Después de comer, a pleno sol del mediodía, retomamos la subida al puerto de Somiedo.




Creo que ya he comentado muchas veces que el calor no es lo mío y, esta vez, no iba a ser diferente. El termómetro del aparato de Javier marca 35ºC, algo que dista mucho del fresquito verano que estamos disfrutando en Bilbao. Me quito toda la ropa que llevo puesta y, como no tengo donde llevarla, la voy anudando por el manillar, por el cuadro, y hasta por la tija. A media docena de kilómetros del puerto ya no lo soporto más y le digo a Javier que corone, que yo ya le espero en alguna sombra que pille.



Pero ni por esas, continúo poco a poco un kilómetro más y no encuentro una puta sombra. Me siento a pleno sol en un quitamiedos y aprovecho para llamar a Amaia. La falta de cobertura hace que se nos corte en medio de la conversación y, como me estoy tostando y aburriendo a partes iguales, decido continuar con la subida.









A unos dos kilómetros del alto, me cruzo con Javier que desciende a toda castaña. Y como ya no me queda nada, pues es tontería no coronar el puerto. Juntos de nuevo, solventamos ese par de kilómetros, suaves como el resto de la subida.





Con el puerto de Somiedo solventado por los pelos, damos media vuelta para encarar el descenso que nos lleva al puente de la central hidroeléctrica de La Malva.



Comenzamos la subida a La Farrapona con calor, pero no tanto. Corre una suave brisa de cara que permite que el cuerpo no se recaliente demasiado.




Aún así, aunque corra un poquito de aire, el calor aprieta. Aprovechamos cualquier oportunidad para echar una buena cocacola fresquita en los bares que nos vamos encontrando.




La zona previa a Saliencia mantiene el asfalto roto a pesar de que la Vuelta a España vaya a pasar por aquí en su próxima edición, en apenas un par de semanas.






De los casi 19km que tiene La Farrapona, los cuatro previos a Saliencia son los más suaves. En ellos, apenas solventamos cien metros de desnivel.








Hacemos la última parada en Saliencia y nos tomamos la última cocacola del día. A partir de aquí, nos esperan algo más de siete bellísimos kilómetros que se mantienen constantes por encima del 9%.






Un cuidado asfalto negro con quitamiedos de madera sirve para que nada te pueda distraer de disfrutar de la belleza asturiana en uno de sus máximos exponentes.




Por si fuera poco, el verano lluvioso que estamos teniendo este año en el Cantábrico permite que se disfrute de un verde primaveral.








Me encanta este puerto. La parte del circo rocoso en donde se encuentran los lagos de Saliencia es espectacular.







Con lo mal que me he encontrado en Somiedo y lo bien que me he sentido, aún siendo mucho más duro, en La Farrapona. Ambos puertos son bellísimos pero éste me desborda.



Como la vez anterior no me digné en visitar el primer lago, dejo a Javier al cuidado de las bicis en el alto y me marco un duatlón con el sector de carrera de dos kilómetros, uno de bajada y otro de subida.





La pista tiene bastantes pedrolos y es bastante incómoda para correr. Como ya me lo imaginaba y luego tenemos pista de bajada a Torrestío, me he traído unas zapatillas que tengo que sirven para bicicleta y para montaña indistintamente.






El kilómetro de bajada al laguito se me ha hecho duro pero, el de subida, me cuesta un huevo.






Una vez arriba, nos entretenemos un buen rato con un cicloturista viajero y nos adentramos en ese suplicio que es bajar andando los más de tres kilómetros y medio que hay hasta Torrestío. Pensaba que, aunque fuera a ratos, la pista estaría ciclable, pero no.






Con los pies bastante jodidos y recalentados por la pateada sobre piedras, iniciamos la última subida. La vertiente leonesa del puerto de Ventana no es más que un paseo.








Llegamos arriba y el GPS me marca que solamente nos quedan tres cuartos de hora para el atardecer. Son más de veinte kilómetros de descenso y debemos darnos prisa. La ruta nos ha llevado toda la jornada.

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2 comentarios :

  1. magnifico dia el que pasamos, habra que repetirlo.

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  2. Pues sí, una vuelta cojonuda.

    Por aquí también tenemos montañas, eh!! Yo la lanzo así como el que no quiere, jejeje

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