A pies del Toloño

He dormido de cine, sin enterarme de nada hasta que ha sonado el despertador. En la carretera hay charcos por todas partes, así que ha tenido que llover con ganas esta noche.




Los dos o tres kilómetros que me quedan para llegar a Briones son por un asfalto parcheado en el que el agua se queda encajonada, con lo que eso supone de salpìcones fresquitos en las piernas.




La carretera me lleva a cruzar de nuevo el río Ebro a la altura de San Vicente de la Sonsierra, desde donde dará comienzo mi ascensión al alto de Rivas de Tereso.




En San Vicente me encuentro con una estampa típica de este mes de septiembre. Las bodegas están a pleno rendimiento en estas fechas de vendimia y hay multitud de inmigrantes por las calles en espera de encontrar trabajo en alguna de ellas.



La aproximación a Rivas de Tereso me lleva por una carretera estrecha. El sol de la mañana deja un par de estampas muy chulas de estas tierras de viñedos.





La cumbre del Toloño se encuentra cubierta por la niebla matutina y hacia allí que me dirijo para encontrar el paso natural en el collado. Al salir de Rivas de Tereso, reinicio una subida más acentuada, aunque siempre muy suave. Es un puerto muy noble.





Un 5% mantenido no genera mayor problema en estos cinco kilómetros a la cima. A medida que voy subiendo, como estamos a sábado, veo que el Toloño sigue siendo un buen reclamo para montañeros que acuden con sus botas.





Por si fuera poco, el kilómetro final todavía se suaviza más. Hace un poco de fresco metido en la neblina y la pendiente no ayuda demasiado a entrar en calor.




El descenso de Rivas de Tereso a Peñacerrada me adentra de nuevo en tierras vascas. El sol aún no asoma del todo por esta vertiente y se nota. Hasta me tengo que parar para ponerme los guantes porque, aunque solo sean unos pocos kilómetros de bajada, se me están quedando las manos pajarito.



Para llegar a Ventas de Armentia, paso por el inapreciable alto de Moraza, bastante tocapelotas cuando el sentido de la marcha es el opuesto y te enfilas para subir La Herrera.




Apenas he desayunado nada y llego a Ventas de Armentia con ganas de meterme algo sólido. En el bar que te topas al entrar, un pinchito de tortilla tiene buen acomodo antes de seguir carretera hacia Treviño para continuar luego hasta La Puebla de Arganzón.




La salida de La Puebla es en dirección a Pobes. Para llegar allí, se debe pasar por el alto de Lasierra, la última cota puntuable si se está participando en la brevet400 de Bilbao.




Tiene un par de rampas importantes este alto de Lasierra, sobre todo para entrar a Tuyo. Recuerdo cuando hice la brevet400 de Bilbao y llegué ahí con más de 300km y al ritmo que me llevaron. Casi me da algo.





Al llegar a Pobes, tras un rápido descenso, sigo por la carretera del paso de Subijana. Aunque aún hay algo en obras, ya casi está completamente terminada.





Antes de llegar a Izarra, me encuentro con Carlos y Joserra, que andan cimeando los puertos de la zona, y estamos un rato largando de charleta. El punto final de su recorrido no dista mucho del mío pero, yendo como voy con las alforjas, les habría ralentizado demasiado, así que continúo hacia Orduña por La Barrerilla. Tengo ya unas ganas locas de pillarme el tren.




De Izarra a Orduña, carretera de Vitoria y dejarse llevar. Los repechines que hay se suben casi con la inercia.





Y del puerto de La Barrerilla para abajo, un pequeño sprint para coger el tren de las 14:58 que pierdo por un minuto.





Bueno, solo tengo que esperar 25min hasta el próximo. Con un poco de suerte, lo mismo aún está abierto el servicio de comidas en casa.

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