Un pie en Gipuzkoa

En un par de días, tengo prevista una buena ruta bicicletera de varias jornadas por alguno de los colosos pirenaicos y, para ultimar la preparación, decido hacer una buena salida multipuerto.




Hace tiempo que no piso suelo giputxi, así que tiro una ruta que me lleve hasta Arrate como punto más distante. La subida al alto de Miraflores, como siempre, me sirve de calentamiento nada más salir de casa.



Una vez en Amorebieta, en el km.20, inicio la subida a Autzagane. Es un puerto fácil, de solo tres kilómetros al 5%. Normalmente, soporta demasiado tráfico pero, en esta ocasión, apenas me incomoda.





Sin hacer un solo kilómetro llano, nada más llegar al desvío de Zugastieta, afronto la subida al Balcón de Bizkaia. Una subida tranquila y agradable, de poco más de ocho kilómetros, con el monte Oiz siempre a la vista.







Sin ninguna rampa con porcentajes reseñables, es un puerto para disfrutar. Un par de herraduras adornan la zona previa a llegar al cruce de caminos que une esta subida con la de Muniketa.







Tras el cruce, un pequeño descenso y más de lo mismo hasta llegar al Balcón de Bizkaia, un magnífico mirador si no fuera porque la vegetación que tiene delante tapa todas las vistas.






Toca descenso hasta Munitibar dejando a mano derecha el camino que lleva a Oiz al inicio de la bajada. Nada más dejar de bajar, se inicia la subida a Gontzegaraigane.





Otro puerto corto y de pendiente liviana. En menos de tres kilómetros, con una pendiente mantenida del 6%, se llega a la cima.





A pesar del solete y del calorcillo que había cuando salí de casa, se nota algo de fresco en esta subida. Las nubes se están poniendo gordotas y no las tengo todas muy conmigo sobre si no acabaré mojándome.





En el descenso, me tengo que detener un instante para ponerme los manguitos. Me parece que voy a echar en falta alguna prenda más potente porque he salido con el maillot corto de Gore que es como papel de fumar.




Llego a la carretera de Trabakua y desciendo un poco más hasta llegar a Markina, donde tomo la carretera de Etxebarria para empezar, desde allí, a subir Ixua.







Los tres primeros kilómetros de este precioso puerto, hasta llegar a Barinaga, son un pequeño calentamiento de motores, con una pendiente ridícula pero, a partir de ahí, los porcentajes van creciendo paulatinamente hasta llegar al collado en el que empalma con la carretera de Arrate.







Las vistas del valle, que se van ampliando poco a poco, hacen que la subida sea un auténtico placer paisajístico.





Las abundantes sombras de la primera mitad de puerto van dando lugar a una carretera más abierta y mucho más atractiva. No sé, pero tiene pinta de que me va a caer algo de agua encima.





La enorme estampa del Urko frente a mí, mientras atravieso los dos kilómetros más exigentes que rondan el 8%, me recuerda que hace unos meses anduve por aquí en la Eibarko Itzulia dándole bien a las botas.




Con el collado de paso a la vista, el último kilómetro de los casi nueve de que consta esta vertiente de Ixua va suavizando cada vez más.






Corono Ixua y Eibar aparece allí abajo, en el fondo del valle del Deba. Un pequeño tramo de descenso, de apenas unos metros, me deja en la carretera de Arrate para encarar los tres últimos kilómetros que quedan hasta el Santuario de la Virgen de Arrate.




Numerosas pintadas adornan la subida, dejando claro que este alto es uno de los clásicos de las carreras ciclistas de la zona.





Para llegar al santuario, el último kilómetro es en bajada. Luego, lógicamente, habrá que subir un poco a la vuelta.





Las vistas desde el mirador son espectaculares, abarcando toda Gipuzkoa, puesto que es muy pequeñita. En primer término, destacan las antenas del vecino Karakate.





En los casi ocho kilómetros que hay de bajada hasta Eibar, me quedo muy frío. A la sombra hace bastante rasquilla pero los rampones de inicio de Karabieta me devuelven el calor inmediatamente.




Los casi siete kilómetros de Karabieta son bastante constantes, con porcentajes que rondan el 7-8% casi siempre.





El sol va cayendo y la falta de luz no permite sacar buenas fotos hasta la zona más alta. Por el fondo del valle, los árboles son multitud y generan demasiada sombra para un día como el de hoy.






Corono Karabieta y me abrigo con lo poquito que tengo. Las vistas de la subida a Elgeta por la vertiente de Bergara son chulísimas.



El breve descenso me deja en el puerto de Elgeta y, desde ahí, inicio el descenso de la vertiente vizcaína que me dejará en Elorrio. No me había fijado nunca, o puede que sea nuevo, pero me llama mucho la atención el cartel de alto de Pagatza que me encuentra a unos metros de iniciar el descenso, en uno de los dos pequeños toboganes que se pasan camino de Elorrio. Si empieza en Elgeta, creo que es el puerto más corto que haya subido nunca.



Las nubes cubren el macizo de Anboto en su totalidad, pero el sol luce en la llanura por la que transita la N-634 que me lleva a Bilbao.



El Udalatx, a diferencia de su vecino del duranguesado, está completamente despejado y hace que siempre sea un placer bajar este puerto camino de casa.



Los cuarenta kilómetros que me quedan son muy favorables. Apenas tengo un poco de aire en contra que no molesta casi nada.

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