Entre el Sella y el Ponga

Tercera y última jornada de este mini stage asturiano. El frío que hace, con temperaturas nocturnas bajo cero, me echa para atrás a la hora de estirar un día más el viaje. La salida remontando el Sella, aunque la he retrasado lo máximo que he podido, es de las que te dejan más para el otro barrio que para este.




Hay una humedad en el ambiente, y la proximidad del río es tanta, que se me congelan hasta las pilas de la cámara de fotos. Aunque llevo muy buena equipación, tengo los dedos de las manos que me duelen un huevo.



Llego al desvío de Amieva. Ya lo tenía descartado desde ayer, pero ver el piso helado desde la primera curva no invita demasiado a cambiar de idea.



A medida que me acerco a Puente Vidosa, con veinte kilómetros recorridos, la sensación de frío se hace insoportable. Me duelen las manos, los dedos de los pies, me chirría un poco la rodilla, ..., ¡¡hace un frío que te cagas!!



El inicio de la subida a Llómena es mi salvación. Tengo unas ganas locas de empezar a subir y de entrar en calor en esas rampas de doble cifra.



Pero ni por esas. A pesar de que el sol hace acto de presencia y de que el segundo kilómetro media un 10%, esto no hay quien lo caliente.





La parte inicial, la del desfiladero, se mantiene gélida y sombría. La humedad no es tan alta como a orillas del Sella, pero el pequeño arroyo que baja de Viego no le va muy a la zaga.




Dos curvas antes de entrar en Viego, me encuentro un tramo completamente helado y tengo la mala fortuna de coincidir con un coche que baja mientras yo voy andando con mucho cuidado. Le aviso con la mano para que pare pero casi me lleva por delante al deslizar varios metros.




Una vez que salgo del desfiladero, la cosa cambia considerablemente. El sol pega de lleno hasta llegar al alto y, poco a poco, voy entrando en calor.





El paisaje desde esta cota es estratosférico. A medida que se va ascendiendo se van obteniendo unas maravillosas vistas de los Picos de Europa con ese pequeño manto blanco que le queda de cine.







La subida se mantiene constante en un 9%, tal vez algo más, pero no tiene ninguna rampa que te obligue en demasía, lo que se agradece para poder ir disfrutando del verde, del fresco, de las montañas, ...







Solo la parte final es un poco más sosa. El último kilómetro pierde las vistas del fondo del desfiladero y ya no es tan agradable transitar por un 9% sin el despiste que supone disfrutar de tan maravillosa estampa.




Nada más coronar la collada de Llómena, otro espectáculo se muestra frente a mí. El valle de Ponga es alucinante.




Dejo atrás Beleño, sin demasiada sensación de frío en el descenso, y me adentro en el desfiladero del Ponga que me lleva hasta Sellaño.




Y en Sellaño empiezo a subir unos de esos puertos medios de Asturias que tanto me maravillan: la collada Mohandi. En una clasificación de puertos bellos, este siempre estaría entre los primeros.




No llegará a seis kilómetros al 7%, más o menos, pero el entorno es precioso. Tanto esta vertiente como la opuesta son muy agradables para el cicloturista.






Siempre me he preguntado qué será vivir en uno de estos pueblos asturianos. Pasar de turista es muy agradable pero echar aquí todo el año, ..., se me antoja que no lo será tanto.



Dejo Cazo atrás y sigo para arriba. La pendiente no cambia, siempre es la misma. No te distraes ni cambiando piñones, solo queda mirar alrededor y apreciar la belleza.







Sin otro particular, distraído completamente y sin nada que se me pase por la cabeza, corono Mohandi muy satisfecho del recorrido que llevo en esta etapa.



En el descenso vuelvo a tener mucho cuidado. La temperatura ha subido bastante pero hay varias curvas cerradas en las que no pega el sol en todo el día y no me fío un pelo. Al llegar al desvío a Pandavenes, siguiendo las instrucciones de Javier, me meto para arriba para enfilar hacia Arriondas evitando la nacional y descubriendo un nuevo paso de montaña.




Ya de entrada, la cosa se pone seria. Javier me había dicho que había una subida de tres kilómetros al 7% pero me da que me la ha metido doblada. Llevo bastante rato por encima de la doble cifra y la pendiente me obliga a ponerme en pie y bailar la bici.





Dejo atrás el desvío a Villarcazo y, al llegar a Pandavenes, la carretera se acaba y comienza un tramo de hormigón. Empiezo a pensar que ésta no será la subida que me dijo pero, como oigo un coche que parece que va por arriba, me da por seguir hasta donde se pueda.




Las vistas empiezan a ser grandiosas en cuanto se sale del manto de árboles y la pendiente se relaja bastante. El hormigón no está muy bien que digamos pero no me molesta y decido seguir para delante. Ahora ya me pica la curiosidad.



Al llegar a unas casas, parece que la pista concluye. Me meto entre ellas y pego un par de gritos para ver si sale alguien a quien pueda preguntar. Con no muy buena actitud inicial, nos paisanos salen pegando voces hasta que les calmo con mis preguntas.



Gracias a sus indicaciones, prosigo con la escalada. La pista de hormigón continúa hasta el collado de La Viña por, según ellos, una rampa mucho más dura de la que me ha traído hasta aquí.



Y sí, la rampa era considerablemente más dura pero, sobre todo, por el estado del piso que se encuentra muy quebrado. Las vistas desde el collado son magníficas. Al final, los tres kilómetros al 7% han pasado a ser tres kilómetros al 10%, pero muy entretenidos.



Mientras estoy disfrutando del panorama, llega un tractor con dos paisanos más a los que poder preguntar. Salen varios ramales del mismo collado y necesito saber cuál es el que me coloca en la carretera nacional de Arriondas. El que sale de frente según he subido me lleva a Llames de Parres y es por donde debo bajar.



La carretera de descenso, asfaltada desde el mismo collado de La Viña, se encuentra muy estropeada. Me encuentro con mucha grava y muchos socavones pero, como ya bajo prevenido por los dos paisanos del alto, no me pillan de sorpresa.



Poco más abajo de Llames de Parres, conecto con la nacional. Solo me quedan una decena de kilómetros para terminar en Cangas de Onís.



Termina así mi pequeño stage asturiano. Tenía planeado un cuarto día opcional pero no voy a hacer uso de él. Hace demasiado frío y, aunque las dos noches he dormido bien en el Hilton, prefiero no arriesgarme a pillar una pulmonía. La helada de esta mañana y la sensación de tener las extremidades congeladas mientras daba pedaladas no ha sido muy agradable.

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2 comentarios :

  1. pues no, no era esa la carretera que te habia dicho jajajaa, habia que llegar a ozanes por la general, unos 4 kms aproximadamente y coger el desvio hacia llames de parres. Mira , me has quitado un trabajo, ya que tenia pensado ir a ver esa subida por la que has ido.
    Otra cosa, solo a ti se te ocurre venir en pleno invierno al oriente astur, con las perolas que caen por estas fechas..... jajaja.

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  2. Ya me parecía a mí, nada más empezar, que eso de 7% tenía poco. Pensé que me habías colado una trampa guapa. Tranqui, no me acordé de demasiada familia tuya, jajaja

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