A dormir a Urbasa

Como hoy hay huelga general y mañana tengo libre, se me presentan dos días que puedo aprovechar muy bien antes de salir el sábado para Madrid. Se me ocurre que puedo seguir entrenando las rutas con alforjas para lo que me viene más adelante y planifico un viaje de ida y vuelta a Urbasa. Como la etapa solo son 120km, no hace falta que salga muy pronto de casa y no lo hago hasta las 10:00. Apenas hay tráfico, lo que se agradece al subir Barazar en laborable.




Ya en la N-634 veo que hay muy poco movimiento y que la ruta de Barazar no va a ser el típico agobio de camiones de los días laborables. Al valle de Arratia llego completamente solo.



En Zeanuri inicio la subida del puerto de Barazar. En otras ocasiones, me suelo meter por el pueblo para evitar el túnel pero, como no hay nada de tráfico, esta vez lo atravieso.



Poco a poco, nada que ver con cómo se sube con ruedas finas y sin lastre, voy accediendo a la meseta por este puerto. Sus rampas no son demasiado duras y, para estos menesteres, lo prefiero a otras opciones mucho más largas y tendidas como lo son Dima o Altube.





Corono Barazar y desciendo hacia Legutiano. El embalse se encuentra a unos niveles muy buenos y la entrada de la primavera empieza a tener efecto en su plasticidad.




Camino de Landa, se ve que la jornada de huelga es aprovechada por los alaveses para pasar el día de parrilladas. Lo tienen todo petado y son numerosos los cicloturistas con los que me encuentro por los alrededores de Ullíbarri-Gamboa.




A mí ya solo me queda llanear hasta situarme a los pies de la sierra de Urbasa. Tan solo hay algún pequeño repecho en esta zona junto al embalse.



Camino de Salvatierra, tomo el desvío hacia Gebara para seguir por carreteras perdidas y con nulo tráfico.





En Gebara no encuentro ninguna fuente para llenar los bidones y poder prepararme la comida. Hay una especie de refugio con unas familias tirando de parrillas y tienen la amabilidad de llenármelos. A la salida del pueblo, me tiro en una cuneta y me preparo una lata de las que llevo.



Sigo por esta carreterita que, en esta época, destaca por los verdes campos de cereal. Dentro de poco no habrá quien pase por aquí pero, ahora mismo, es una gozada.





En pocos kilómetros, ya me encuentro en Salvatierra. Desde aquí tendré que ir sorteando la autovía hasta llegar a Olazagutia.




Lo más interesante de este tramo que me lleva a Olazagutia sorteando la autovía es contemplar las dos sierras que delimitan el valle: Urbasa y Urkilla.


Tras un pequeño despiste al llegar a Egino, donde la carretera de servicio termina, me veo obligado a meterme en la autovía por un par de kilómetros antes de empezar a subir Urbasa por su vertiente de Olazagutia.


Antes de empezar con la subida de verdad, como voy a necesitar agua para la cena y para fregar los cacharros, le pido a un vecino que está lavando su coche a manguerazo limpio que me llene los bidones.


La subida es muy suave en todo el trazado. Aunque el cartel de puerto se encuentre situado a 16km de Olazagutia, solamente son siete kilómetros de subida real que en ningún momento sobrepasa un modesto 5%.


Aún así, aunque se trate de un puerto muy light, dispone de un trazado espectacular en la parte final de acceso al Parque Natural.


Las curvas se van sucediendo y, como tanto aprecia un cicloturista de puertos, se mantienen a la vista según se va ascendiendo creando un magnífico serpenteo por la ladera de la montaña.


Estos dos kilómetros son una delicia y, para más espectáculo, la entrada en la zona alta se hace a través de un par de moles rocosas que hay a modo de portal.


Me adelanta otro ciclista antes de coronar y sigo para delante por estos once kilómetros de suave paseo que nada tienen que ver con ascender un puerto.


Como me conozco muy bien Urbasa, tanto de andar en bicicleta como de hacer senderismo, sé que en la parte final hay sitio de sobra para campar y, para no tener problemas, lejos del camping que hay al inicio.


Llego al cartel de puerto y, ahí mismo a la derecha, me dispongo a buscar un buen lugar en el que pasar desapercibido con la tienda.


A unos pocos metros de la carretera, en uno de los muchos espacios hundidos en forma de sima, y con el abrigo de unos árboles, encuentro el lugar perfecto.


La tienda de campaña está siendo todo un acierto. La monto en un momento y pasa completamente desapercibida con su color de camuflaje.


Todo me cabe dentro y queda espacio amplio para mí. Termino de montar el doble techo y me preparo la cena. Aún quedan un par de horas de buen sol y apetece quedarse un rato tumbado en el exterior.


Pero va cayendo la noche y la temperatura se desploma de repente. La gente que petaba el parque se ha ido marchando y ya no queda nadie. Es hora de meterse a cubierto y pensar en descansar para mañana.


Pero la temperatura sigue bajando. Mucho más de lo que yo pensaba.

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1 comentarios :

  1. Me perdí esta entrada en su día. Precioso puerto, Urbasa. Qué valiente, quedarte solo a dormir en el monte, jaja.

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