En busca del Gordón

Hoy sale un día de esos en los que no queda más remedio que coger la bicicleta y dar una vuelta maja. Tengo una subida pendiente desde hace tiempo: Gordón. La hice hace unos años y no tengo fotos, así que me diseño una etapa que me lleve a Trucios por el interior y que me devuelva por la costa. El inicio hasta Güeñes es, a las 09:00 de la mañana, algo fresco a pesar del sol. En Zalla ni siquiera lo ven, ya que tienen una nube gigante pegada en la cabecera del valle del Cadagua.



Inicio la subida a Humaran, la primera del día, y dejo abajo esa nube que ya nunca más volveré a ver en toda la ruta.


Con el cielo completamente despejado, voy ganando altitud poco a poco ya que la pendiente de este puerto es muy llevadera.


Sin casi darme cuenta, me veo en la cima. Un pequeño tramo llano me separa del cruce en el que debo optar por una vertiente de bajada. O bien bajo hacia Galdames por la derecha, o bien tiro directo para Sopuerta.


Tomo esta segunda opción pero, a poco de empezar a bajar, me meto a la izquierda para subir un poco más al barrio de Larrea y, desde ahí, bajar a Mercadillo por Loizaga.


El estrecho camino de bajada, a ratos asfaltado y a ratos cementado pero en muy buen estado, me hace pasar junto a Torre de Loizaga, una impresionante fortaleza que alberga un no menos espectacular museo de Rolls Royce y otros coches de lujo.


Dejo atrás el castillo de Concejuelo, como también se le conoce, y la pendiente aumenta notablemente entre verdes praderas hasta llegar a la carretera de Sopuerta a la altura de Mercadillo.


A la altura del barrio del Carral, tomo el desvío de Bezi, una subida muy conocida por ser un clásico en la Vuelta al País Vasco.


Aunque sea muy corta, la subida a Bezi es un magnífico ejemplo de lo que son los puertos de esta zona de Las Encartaciones. Son apenas cuatro kilómetros al 6% pero, en la parte final encierra rampas del 12% que lo hacen muy interesante.


Una vez coronada la subida, se sigue llaneando por un momento hasta enlazar con La Herbosa. Tomo la derecha hacia Carranza, aunque esta vez no llegaré puesto que tiraré antes para Trucios.


La breve subida al Peso está preciosa. La vegetación ya está a tope en estas fechas y el día soleado permite disfrutar de un entorno maravilloso. Huele especialmente bien.


Entro en Cantabria por un instante en el valle de Villaverde, ese islote rodeado de tierra vizcaína que destaca en los mapas, y tomo la dirección norte para ir apuntando hacia el mar, para regresar a Bilbao por la costa.


Pero antes, tengo una cita con la subida a Gordón, que es lo que me ha traído hoy hasta aquí. Hace unos años que hice esta dura subida y no tengo fotos de aquel día. Junto a la plaza de toros de Trucios, una plaza abierta digna de ver junto a la iglesia, comienzan las hostilidades.


Solo van a ser tres kilómetros pero por encima del 10% de media. Recuerdo mucha gravilla la otra vez que vine por aquí pero, para mi sorpresa, el asfalto es excelente en todo momento y se hace más fácil subir de lo que pensaba.


El segundo kilómetro es lo más duro de la subida. La media del 14% ya lo dice todo pero solo hay un par de rampitas cercanas al 20% que lo endurezcan de más. Con un buen desarrollo se puede subir con más o menos comodidad.


Suaviza algo en la parte final y llego a la barriada que se encuentra en la cima a tiempo de entablar una generosa conversación con unos vecinos que están tomando el sol tirados por la hierba.


La bajada me permite disfrutar de la vista de Trucios. Cuando vas subiendo no hay tiempo de andar girando la cabeza por la dureza de la rampas a las que te enfrentas.


De nuevo en la carretera principal, tiro hacia El Pontarrón de Guriezo, punto de paso obligado antes de llegar al mar.


Tomo contacto con mi querido mar Cantábrico poco antes de llegar a Islares. Me quedan más de cincuenta kilómetros para llegar a casa y, como tengo que ir a trabajar esta tarde y he salido tarde de casa, veo que me toca una contrarreloj individual improvisada si no quiero llegar tarde.


El aire sopla fuerte en contra en todo el tramo de costa y me empleo a fondo para mantener una buena velocidad crucero. Dan ganas de bajar a la playa de Islares y darse un chapuzón ahora que estoy enfrascado en el tema de la natación y no veo el momento de empezar a nada en aguas abiertas.


A Castro Urdiales llego más protegido del aire. Se gira bastante y ya no me molesta tanto. Incluso entra de costado con predominancia favorable y eso se nota. Una furgoneta se me mete delante en todo el núcleo urbano y tengo que ir frenando para no comerme el chichi de la de Yamamay.


Ya sin flagoneta delante, salgo de Castro hacia Mioño con el alto de Saltacaballo como objetivo. Son dos tramos divididos por una bajada que sirve de descanso antes de afrontar las duras rampas que te dejan bajo la autovía del Cantábrico.


En estas rampas he sufrido mucho más de una vez cuando ya vuelves a casa medio petado pero, en esta ocasión, parece que me encuentro en buena forma y lo solvento con nota.


Ya en Ontón, solo me queda subir hasta La Rigada para entrar en Bizkaia. Solo es un repechito, así que sin problemas.


Llego a Muskiz después de un rápido descenso y empiezo a notar, en el 10% de Las Carreras, que me estoy pasando con el ritmo que llevo. Pero no me queda otra si quiero tener tiempo para ducharme y comer antes de ir al curro.


Aprovecho para hacer un entrenamiento de calidad en los veinte kilómetros que me quedan para llegar a Bilbao. Al pasar Zorroza me llevo la grata sorpresa de que ya está limpia la N-634 en el tramo alto de Olabeaga y que la gravilla es historia. Aunque aún no han terminado las obras, están dejando muy agradable esta vía.


Al final, así como si nada, la salida se me queda en 125km que no está nada mal para ser una salida mañanera improvisada. El desnivel acumulado no creo que llegue a los 2.000 metros pero el alto ritmo que he llevado en todo momento, sobre todo en la segunda mitad del recorrido, lo compensa bastante.

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