La ruta de los embalses

Mayo parece que nos da una tregua y, por la tarde, queda un día buenísimo como para ir a cazar rampas duras. Con tantos días seguidos de lluvia no era plan de meterse a patinar en +20%s y hoy es posible. Para ello, improvisando, me dirijo a Alonsotegi para subir al embalse de Artiba.



Con la Supersur ya terminada y en funcinamiento, han convertido la zona en una maraña de túneles y viaductos que, por si el valle del Cadagua no estaba lo suficientemente industrializado, ahora ya parece más propio de una gran ciudad.


Me desvío en Alonsotegi hacia la izquierda para seguir las indicaciones del Pagasarri. Paso bajo el corredor del Cadagua, rodeando el antiguo campo de fútbol del Larramendi, y ya es todo para arriba.


Tan solo son cuatro kilómetros de subida pero con más de un murete escondido entre sus rampas. El arroyo tira bastante agua y es muy agradable el sonido que me acompaña.


La primavera ya está aquí en todo su esplendor y, como se ha estado lloviendo un mes entero sin parar, la vegetación luce un verde espectacular.


Tras un pequeño descanso en la parte central, justo donde se bifurca la subida entre la pista del Pagasarri y la carretera del embalse, viene la parte más dura. Una primera rampa al 20% tiene su continuación con un kilómetro completo al 15% que se hace muy duro cuando ha pasado bastante tiempo desde la última vez que se acometieron pendientes de este calibre.


No sin esfuerzo, llego al embalse de Artiba y la carretera termina en él. Por primera vez de todas las que he llegado hasta aquí, la verja de la pista que sigue sin asfaltar está abierta o, por lo menos, yo no recuerdo haberla visto así.


La bajada me la tomo con calma porque hace mucho tiempo que no se puede disfrutar de una bajada en bicicleta sin que se te hielen los papos. Me arrepiento de haber salido de casa vestido de largo porque el día es para que el solete te pegue bien en las piernas.


De vuelta a la carretera, vuelvo a pasar bajo la Supersur para llegar a Castrejana, donde se inicia la subida a Santa Águeda. Si al llegar arriba me encuentro bien, continuaré hasta el Tostadero, pienso.


Cruzo por el pequeño puente que me lleva a la estación o apeadero de Las Delicias y, tras pasar las vías, se inicia la subida.


Ya de entrada, hay mambo. Un kilómetro al 14% con varias ocasiones en las que se transita por encima del 20%. Hay un par de curvas que obligan a darlo todo.


Las zonas de recta, aún siendo majas, son las menos cañeras. Esta subida hace temer la presencia de giros porque, en todos ellos, la pendiente se dispara.


Solo es algo más de un kilómetro hasta llegar a la ermita de Santa Águeda pero se las trae. El último tramo, con varias curvas enlazadas, se mantiene siempre por encima de la doble decena hasta llegar a un 24% en la parte final.


La continuación de la carretera nos lleva a Cruces pero, si se quiere un poco más de subida, se puede tomar la pista cementada que, tras bajar unos metros, nos lleva hacia el refugio del Tostadero.


De nuevo se pone el tema para arriba por encima de la doble cifra aunque, en este kilómetro y pico, solo una rampa en la parte final es algo más exigente.


La vista a mano derecha, con el pedazo día claro que ha quedado, es una pasada. Pero no me puedo parar a disfrutar de ella y espero a la bajada. 


La pista se mantiene en perfecto estado pero cada vez está más botosa. Hay un poquito de gravilla suelta en un par de sitios pero no molesta para nada.


Lo peor son las cagadas de vaca que deben andar con las tripas flojas. A unas cuantas las pillo en pleno acto, soltando un olor pestilente a mi paso.


Termina el cemento y ya solo de puede continuar con bicicleta de montaña. Se está de maravilla aquí arriba, como para haber venido con una tortilla y tumbarse a echar la tarde.


La bajada, con la vista clara de frente, es una bañada. Precioso el punto de vista que se obtiene desde aquí de todo el Abra de la ría.


Sigo camino de Cruces pero decido desviarme hacia Gorostiza por una vertiente escondida del Tostadero que tiene rampas cercanas al 30% y que, de bajada, acojonan bastante.


Da gusto pedalear por sitios como este en estas fechas. Todo está verde y frondoso y es, en momentos como este, cuando se agradece que se pase todo el día lloviendo. Si somos de Bilbao, lo somos con dos cojones, oyes.


De nuevo toca pasar bajo un viaducto de la Supersur camino de El Regato, donde empieza la subida a la presa de Oiola.


Esta subida va de embalse a embalse, ya que el inicio se hace desde el de Gorostiza que, como todos, está a rebosar.


Poca historia tienen los primeros kilómetros en los que se va ganando altitud muy poco a poco, pero enseguida se pone entretenida la cosa y, si bien no hay ninguna rampa dura, se trata de una subida bien maja.


Con la pared de la presa siempre a la vista, transcurre la parte final de la subida que se realiza siempre por la ladera derecha y con el precipicio a la izquierda.


Se nota que están desembalsando porque hay un sonido de agua cayendo muy fuerte que hace la subida más atractiva todavía de lo que ya es.


La parte final, algo así como un kilómetro, la carretera se convierte en pista cementada que está en un estado magnífico para la bicicleta de carretera.


A la altura de la presa, concluye la subida. Es una pena que, siendo tan atractiva, termine de esta manera. Se echa de menos poder disfrutar de la visión del embalse pero hay una verja que prohíbe el paso.


La vista que se obtiene en la bajada de la sierra del Ganekogorta es magnífica. Me encanta este lugar.


Regreso a casa por Zorroza pero, antes de regresar, me hubiera gustado subir Argalario. Lo dejo para otro día porque se están acumulando unas nubes tormentosas muy feas y tiene pinta de descargar en poco tiempo.


En Zorroza me meto por el bidegorri de la ría y la formación de la tormenta es espectacular. Se observa cómo una cortina de agua está cayendo sobre el Pagasarri pero, aquí a orillas de la ría, parece que me libro.


En el Sagrado Corazón decido tirar recto para casa y no arriesgar a terminar la jornada calado. Me cae un goterón grande en la cara y cruzo la Gran Vía camino del Casco Viejo.


Nada. Otro día que libro agua por los pelos.

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