Paso 8: subir +6000

Hay días en los que uno puede dar respuesta a una difícil pregunta: ¿Qué es el cicloturismo? Cuando recorres en bicicleta un país tan pequeñito como lo es el vasco, yendo de punta a punta, a lo largo y ancho de 300kms, por sus sierras, por sus costas, por sus ciudades, por sus pueblos, ..., disfrutando de la noche y del día, del amanecer y del atardecer, del viento y del sol, ..., del cansancio, del sufrimiento, ..., de la enorme satisfacción de llegar a la meta, ..., tal vez en días como hoy, solo tal vez, uno encuentra esa respuesta.



Quería salir a las tres de la mañana pero, al final, lo hago a las cuatro. Hoy es la Final de Copa y hago cálculos para llegar a tiempo para poder verla en la tele. Creo que no es necesario salir tan pronto aunque, por otra parte, me interesa hacer algo de noche para coger un poco de hábito para el Everest porque hace bastante que no cojo las luces. 


Como hoy se esperan temperaturas muy altas, salgo con el mono de triatlón que no tiene mangas, es más corto de pierna y es muy ligerito para el calor. El problema son los descensos nocturnos. Vivero y Aretxabalagane, previo paso por Gerekiz, los bajo pasando bastante frío por la bruma que cubre el Txorierri.


Camino del Balcón de Bizkaia, a la altura del cruce mismo de Zugastieta en donde se da comienzo a la ascensión, apago los focos definitivamente. Lo bueno que tienen estas fechas es que amanece muy pronto.


En el descenso a Munitibar, aún con bastante fresco, sale el sol entre los árboles al mismo tiempo que dejo a mi derecha el desvío que se dirige al monte Oiz.


Los valles despiertan rebosantes de nubes bajas, algo espectacular para contemplar desde las alturas. En el cielo, sin embargo, no hay ni una sola nube. Hoy me voy a cocer a fuego lento.


Gontzegaraigane es la siguiente tachuela de la jornada. Parece que empieza el día ahora, todavía no es ni la hora en la que se suele partir en una ruta normal, y ya llevo cuatro puertos.


Ya es completamente de día. Los gallos empiezan a callar y se oye algún coche de vez en cuando. Es viernes, es día de labor aunque esté dando pedales desde tan temprana hora.


Atravieso Markina en un descenso muy rápido y me dirijo a Etreberria. Aquí empiezo a subir el puerto de Ixua, una preciosa puerta que me adentra en Gipuzkoa.


Los montes de Urko y Kalamua son los reyes de la zona. A estas alturas de la película, gracias a varias rutas montañeras, ya son viejos conocidos míos.


El sol se encuentra aún muy bajo y las sombras predominan en la parte baja del puerto pero, a medida que voy ganando altitud, luce un sol tremendo.


Llevo un ritmo muy bueno y un pedaleo bastante alegre para los kilómetros y desnivel acumulado que llevo ya pero tengo las paradas planificadas y ésta de la cima de Ixua es una de ellas.


Me asomo un instante a la vertiente de Eibar para comprobar que ha desaparecido bajo la espesa capa de nubes que la cubre y regreso a uno de los bancos de la pequeña área recreativa para comer un bocado antes de iniciar la bajada.


Ya no paso frío bajando, ni siquiera al meterme en la densa niebla del fondo del valle. La temperatura ha subido de golpe y se agradece mucho para empezar a subir Azkarate desde Elgoibar.


Ha subido tanto la temperatura que ya empieza a hacer calor. Hace poco buscaba el sol pero ya empiezo a preferir los tramos con sombra.


Llego al paso por el alto y tomo la carretera que continua ascendiendo hasta el puerto de Azurki. Esta vertiente no lo es tanto pero la de bajada hacia Lastur es una es las más bellas de todos los puertos vascos.


Aunque esta otra vertiente de Madariaga tampoco desmerece. La parte final es muy guapa y la carretera estrecha y bien asfaltada le da su punto.


La parte final encierra alguna de las rampas más duras que voy a tener en toda la jornada, superando el doble dígito durante muchos metros.


Antes de llegar a la cima del puerto, el terreno suaviza bastante y se convierte en un paseo precioso donde se disfruta de todo el entorno.


Hace mucho calor ya. Los bidones van cayendo a un ritmo exagerado. La primera jornada de calor extremo del año siempre acabo fundido y hoy, para más inri, va a ser durísima. La hidratación es una de mis prioridades y no dejo pasar una fuente en la que reponer agua fresca.


Toca bajar y disfrutar de la bajada. Recuerdo la primera vez que transité por este puerto y lo maravillado que me quedé haciendo fotos a mansalva.


La pena es que tiene el asfalto algo estropeado al paso por las casas altas y el estropicio que suponen las canteras de la parte baja. Pero bueno, tomo el desvío hacia Endoia, otra subida corta de apenas dos kilómetros.


Esta parte de Gipuzkoa, sin comentarios. Montes por todas partes, grandes praderas verdes como ellas solas, carreteras poco transitadas con trazados divertidos. Huele a fresco.


Corono Endoia. Ya no sé cuántos puertos llevo hoy, he perdido la cuenta. Para hacer en Euskadi tanto acumulado como el que busco, no te queda más remedio que tirar por todo lo que apunte para arriba con algo de pendiente y continuidad.


La bajada de Endoia hacia Zestoa es otra virguería que culmina con el paso del Urola por la coqueta población, camino de su desembocadura en Zumaia.


Sigo el curso descendente del río hasta llegar a Aizarnazabal para, poco después, iniciar la subida al cortito puerto de Meaga, de apenas tres kilómetros a menos del 5%.


El calor ya es sofocante a estas alturas. Llego a Zarauz y los surferos están por todas partes aprovechando este magnífico día de playa.


El sol pega con fuerza y el asfalto se nota caliente cuando paso por encima de la autopista A-8 camino de Orio.


El alto de Zudugarai se encuentra en medio. Noventa metros son noventa metros y bien merecen tener su cartel.


Un rápido descenso entre camiones me deja a las puertas de Orio. Cruzo el río Oria dispuesto a enfrentarme a la siguiente subida: Mendizorrotz.


Estamos entrando en las horas centrales del día y el calor es insoportable, aunque sé que aún queda lo peor al pasar el mediodía. De vez en cuanto me entra alguna brisa que me calma bastante aunque me sople en contra.


Son buenos kilómetros con pendiente que ronda siempre el 7-8% y todavía parece que tengo fuelle suficiente aunque ya me empiezo a acercar a los cuatro mil metros de desnivel acumulado.


Disfruto mucho de la subida pero voy buscando todas las sombras que encuentro. La falta de coches ayuda a moverse con libertad en la carretera y a ir más de lado a lado que de costumbre.


Llevo mucho tiempo por el interior, cerca de la costa, pero aún no he visto el mar. Zarauz lo he pasado sin detenerme en la playa y en Orio solo he divisado la ría.


Pero a poco de llegar a la cima de Mendizorrotz aparece el mar Cantábrico con un horizonte difícil de apreciar por lo parecidos que son el azul del mar y el azul del cielo.


En el área recreativa de la cumbre, me detengo a llenar el bidón en el casetón de los baños. El de chicos está cerrado y me tengo que meter en el de las chicas. Aprovecho también para comer algo antes de entrar en las calles de Donostia.


Otro día cualquiera me habría quedado más rato porque el calor no lo soporto y no es bueno andar haciendo ejercicio en estas condiciones, pero hoy no. Empiezo a recalcular la hora a la que puedo terminar la ruta y creo que, como tenga algún percance, voy a andar justito para ver la final.


Así que sigo camino de Igeldo. Hay un montón de gente paseando por aquí arriba aprovechando el día que ha salido. No me extraña porque llevamos una temporadita de lluvias constantes como hacía tiempo que no se veían.


Toco capital guipuzcoana y decido no seguir hasta el ayuntamiento por variar, que siempre termino haciendo lo mismo. Como siempre acabo tomando la misma vía de salida, decido meterme entre calles para conocer un poco mejor la ciudad y acabo subiendo a Miramón por un bidegorri que me encuentro.


Una corta bajada me lleva a Hernani. Empiezo a estar desesperado del calor que estoy padeciendo y busco un supermercado para comprar algún refresco.


Como he estado por aquí hace bien poco y lo tengo bastante fresco en el recuerdo, espero a llegar a Andoain y entro en el Super Amara para comprar unos plátanos y una cocacola. También me pillo una botella de Acuarius de litro y medio que me bebo de dos tragos poco antes de desviarme en Villabona para subir a Alkiza.


Son cuatro kilómetros constantes a más del 6% y de una belleza enorme. Estas carreteras son una gozada para andar en bici.


Me caen chorreones por los brazos. Son las dos de la tarde y los casi 35ºC empiezan a ser una tortura para mí. Menos mal que estoy disfrutando la ruta como un enano.


La parte final se me está haciendo muy dura y el agua del bidón ya es caldo de pollo recalentado. No hay quien toque los labios con semejante basura. No pienso ni en detenerme en Alkiza para buscar agua. Solo quiero llegar y bajar rápido hasta Tolosa para tumbarme en alguna sombra junto a alguna fuente.


Pero antes de bajar como alma que lleva el diablo en busca de la sombra, tengo un momento para disfrutar del valle que hay frente a mí.


En Tolosa toca parar un rato o me derrito. Busco agua pero no encuentro fuentes y tengo que pedir que me llenen el bidón en un bar. Son las tres y diez de la tarde y decido echarme en un banco que está a la sombra hasta que sean las cuatro. Por lo menos, para esa hora el calor ya debería empezar a ir a menos. Si salgo a esa hora, son 100km que tengo que hacer en seis horas. Lo veo factible porque, aunque vaya justito, los últimos 45km desde Elgeta son favorables y vengo haciendo una media de cinco horas y media a los cien, incluyendo las breves paradas y, después del descanso, ya no pienso parar salvo catástrofe.


Me duermo durante algo más de media hora y me sienta de maravilla. Sigue haciendo muchísimo calor y subo Bidania buscando las escasísimas sombras que hay. Hace unas pocas semanas vine también por aquí y subí mucho peor que hoy aún estando con mucha menos paliza en el cuerpo. Parece que la preparación la llevo bastante bien.


A fin de no entretenerme demasiado, y como esta parte la tengo transitada de hace nada, bajo mucho la cantidad de fotos que hago. Pero de la vertiente de Bidegoian del puerto de Urraki creo que no tengo y me vuelvo a disparar con el botoncito de la cámara. Tenía pensado hacer Santa Águeda pero Urraki me da el mismo acumulado y recorto algún kilometrillo que bien me viene en mi particular contrarreloj.


Son poco más de dos kilómetros y medio pero muy bonitos y con una pendiente nada desdeñable de poco más del 7%.


Para mi alegría, el sol ya no pica y se vuelve a estar muy bien sobre la bicicleta. La temperatura es muy agradable para andar sin mangas pero sin llegar a sofocar en las subidas.


El sol empieza a estar ya más bajo y tengo que hacer la foto del cartel de Urraki hacia atrás. Voy camino del oeste y molesta bastante a los ojos esa bola amarilla anaranjada enorme cuando te toca de frente.


La rápida bajada me deja en Azpeitia y un corto llano en Azkoitia. Desde ahí, a poco de tomar la carretera de Zumarraga, empiezo a subir Elosua, o Gorla, como también lo llaman algunos.


Elosua ya es un puerto más largo que todos los anteriores. Son diez kilómetros al 5% pero que va perdiendo fuelle poco a poco. Y menos mal porque el inicio se me atraganta muchísimo y voy penando de mala manera, dando pedaladas por inercia y con ganas de pararme a descansar.


Están quemando la ladera en varios puntos y el humo se hace bastante molesto. Por suerte, solo son unos cientos de metros los que se encuentran gaseados.


Como la pendiente del puerto va bajando paulatinamente, mi ánimo aumenta de manera inversamente proporcional. Ya queda menos. Solo me vienen a la cabeza malos pensamientos de los dos kilómetros finales de Elgeta. Veo que se me van a hacer tremendamente duros.


Corono Elosua y me lanzo a tumba abierta hacia Bergara. Es una bajada larga y para disfrutar pero ... En mi vida había visto nada igual. Hay millones de diminutos mosquitos que se me van pegando por todas partes. Tengo que mantener la boca cerrada para no atragantarme con ellos. Incluso se me meten en los ojos a pesar de llevar las gafas puestas. Se cuelan por todas partes. Es algo asqueroso. En Bergara veo alguna mujer con la chaqueta sobre la cabeza para protegerse de semejante marabunta.


Empiezo a subir Elgeta y la cosa no mejora. Tengo que subir con el cortavientos abrochado porque se me meten por el pecho y me pica un huevo. No me paro ni a sacar una triste foto. Hasta llegar al último kilómetro donde tengo que bajarme de la bici en el 10% porque estoy muy fatigado y algo sofocado. Andando me suelto la cremallera, supero la rampa dura y ya paso de los putos bichos.

La vertiente de Elorrio ya no tiene mosquitos, lo que supone un grandísimo alivio. Al llegar abajo, me lavo bien en una fuente y tiro para Bilbao. Es todo favorable y, para más ayuda, me meto en la N-634 con viento favorable. La temperatura ha bajado mucho, mis fuerzas todavía más y, después de haber estado medio día achicharrado, empiezo a sentir fresco.

Llego a casa a las nueve y media con 293km y 5.972 metros de desnivel acumulado, justo a tiempo de pegarme una ducha y ver la Final de Copa. Podría volver quinientos metros hacia atrás para redondear la cifra pero le pueden dar por saco porque no me tengo en pie.

Tengo la cena hecha y me pongo a ver el partido. Para la media hora ya está decidida la final y creo que, en la segunda parte, estoy más tiempo dormido que despierto.

El Everest está a la vuelta de la esquina.

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