Paso 9: pasar de 400km

Con la preparación física en su punto para poder realizar con éxito el reto Everest dentro de dos semanas, hoy toca el último paso previo: superar los 400km. Apenas hay puertos en el camino pero eso no es lo que busco. Pretendo mejorar un puntito la preparación psicológica ya que, si tengo reciente semejante kilometrada, los 260km de los Pirineos no supondrán ningún problema y no pesarán tanto cuando vaya mirando lo que resta en el GPS.



Al igual que la semana pasada, me hago el remolón y no salgo hasta las cuatro de la mañana. Hago cálculos y, viendo los tiempos que manejamos en 2.007 cuando hice este mismo recorrido acompañando a los breveteros de la S.C. Bilbaína, creo que me basta para llegar a casa aún de día, que los días ya son muy largos. En vez de Dima, que no quiero pasar frío nocturno en Otxandio, elijo Barazar como puerto de acceso a la meseta y, ya en Vitoria, puedo disfrutar de una magnífica salida del sol.


Las rotondas de Vitoria, otrora una auténtica pesadilla, ya no son ningún problema. El GPS es una maravilla cuando se entra en núcleos urbanos. Me planto del tirón en el inicio de Azazeta, un puerto facilote que siempre me recuerda que tengo que volver a patear Izki algún día de estos.


Apenas son cuatro kilómetros en un constante 6%. El doble carril para vehículos lentos aparece casi desde el inicio en Egileta y ya muestra el tipo de puerto de que se trata.


Abajo en la llanada se aprecia algo de bruma mañanera pero el fresco matinal ha sido casi inexistente. Acaba de salir el sol y ya hace calor.


La vegetación cierra las vistas en la parte final de este puerto tan sosote por esta vertiente. Viendo las intensas sombras, cualquiera diría que son poco más de las siete de la mañana.


Corono con algo más de 80km y hago la primera parada del día para comer un par de barritas de las cuatro que me he metido en el bolsillo. Son unas de cereales asquerosas que pillé en Carrefour que parecen alpiste para pájaros y es lo único que he cargado junto con un zumo de piña que me quedaba del avituallamiento final de la carrera de la familia.


Una vez superados Barazar y Azazeta, comienza la verdadera etapa, aquello para lo que he venido hoy por aquí: a rodar y rodar por el llano durante un montón de kilómetros. Se van sucediendo poblaciones: Virgala, Maestu, Campezo, ...


Los campos aún están verdes por aquí. Pensaba que ya me los encontraría todos amarillos. Sigo por Mendaza, Mues, ...


En Los Arcos decido terminar con las dos barritas que me quedan. Hace ya mucho tiempo que me he quitado los guantes, los manguitos, el foulard, ... Hoy va a hacer un calor que te cagas, ya lo veo.


Continúo rodando dirección sur hacia Sesma con ligero viento de cara. Al ser viento sur, te reseca la boca y se hace insoportable, obligándome a parar en casi todos los pueblos para reponer el bidón que se calienta enseguida.


Tan solo algún repecho en la zona de aerogeneradores que hay antes de llegar a Lodosa rompe la monotonía del llano. Me empiezo a preguntar por qué cojones se me ocurrirá diseñar rutas como ésta, con lo bien que me lo paso yo yendo de puerto en puerto.


Llego al primer paso por Lodosa con 150km. Con viento a favor si me doy la vuelta hacia Logroño, dan ganas de hacerlo. Pero el entrenamiento de hoy va de esto, de estirar la distancia tanto como para que la próxima me parezca corta.


Sigo hacia Cascar y San Adrián, donde cruzo el Ebro por primera vez. Va bastante seco por lo que parece. Y me da que hoy se va a evaporar algo.


Dejo atrás Calahorra y me dirijo a Arnedo. Al ver el Moncayo a mi izquierda en este giro, me viene a la cabeza la vez que lo subí por su vertiente de Bilbao. Aquella sí que fue una gran paliza, desde luego.


A punto de llegar a Arnedo, nuevo giro hacia El Villar de Arnedo. Un poco chorra este regreso a Lodosa que tienen diseñado en la brevet bilbaína porque, con lo grande que es el mapa, no hace falta pasar dos veces por el mismo sitio.


Supero los 200km y, para estas horas, ya estamos muy por encima de los 30ºC. Estoy llevando bien la kilometrada, con una velocidad media neta muy maja, pero el calor me obliga a hacer demasiadas paradas para reponer el agua del bidón. Decido parar en Lodosa para comer algo y para dejar pasar un poco esta hora central de sol.


En un restaurante me contesta de malas maneras el dueño porque he dejado la bici apoyada en la puerta y me voy al de enfrente. ¡Será por bares! Iba a pedir un bocata de tortilla francesa pero, al ver una de patatas en la vitrina, le pido un par de pinchos a la chica con bastante pan. Por tres euros me pone media tortilla y media barra de pan y me pongo ciego. Casi una hora a la sombra de la terraza, bebiendo agua abundante con hielos, y salgo antes de las dos de la tarde hacia Logroño.


Es insufrible. En días como hoy me pregunto cómo se me ha ocurrido salir de casa, qué se me habrá perdido a mí por La Rioja rondando los 38ºC y sin una puta sombra en cien kilómetros. En el Carrefour del centro comercial de la entrada en Logroño paro a coger una lata fría de cocacola y a tumbarme un rato a la bartola en el primer banco que pillo antes de lanzarme a subir la tachuela de Laguardia jugándome una insolación.


Los cinco kilómetros de subida continuada hasta la población alavesa son una tortura. Con el aire favorable y a velocidad más lenta, la sensación de sofoco es impresionante. Empiezan a salirme globitos de agua por los brazos, algo que no me pasaba desde que los descubrí en Guadarrama hace unos años. La sequedad ambiental es demasiado para uno de Bilbao. El agua del bidón es caldo y no sirve ni para echársela por encima.


Consigo llegar a Laguardia y, salvo algún pequeño repecho, ya es todo para abajo en un montón de kilómetros. Menos mal que hoy no tocan puertos porque está la cosa como para afrontar el kilómetro duro de La Herrera.


Sigo pasando pueblos por la cara sur de la sierra de Cantabria: Leza, Samaniego, Ábalos, ... Así hasta llegar a Labastida, donde encuentro una buena fuente en la que tirarme de cabeza. Aunque tengo que salir pitando de allí porque se me echa encima una gitanada de críos de unos diez años y empiezan a tocar la bici, el GPS, los cambios, ... 


En Briñas se entra en la N-124 que se dirige a Vitoria. Es un tramo bastante asquerosote de tráfico y me meto en el arcén dando bastante zapatilla para salir pronto. Pero vuelvo a toparme con multitud de bichitos como los de el otro día y el pequeño sofocón me obliga a parar en la gasolinera de Zambrana para rellenar agua. No hace ni diez minutos que he llenado el bidón y ya no se puede beber.


Una media hora de parada y empiezo a pensar que será mejor dejar pasar el rato y continuar camino cuando el sol empiece a bajar. Llevo más de 300km cuando decido continuar. Hasta llegar a La Puebla de Arganzón hay que transitar por la autovía unos kilómetros y va y me para la Ertzaintza. Les explico que, aunque sea autovía, es un tramo ciclable al no haber señalización contraria ni vía de servicio y los ertzainas me ofrecen llevarme por lo peligroso que se encuentra el tráfico. Metemos la bici en la furgoneta y me dejan en Vitoria, enfilado para la N-622, la autovía de Altube, mucho menos peligrosa.


Este cambio de planes repentino me cambia el alto de Lasierra por el puerto de Aiurdin, que no lo subo desde que empecé a andar en bicicleta y fui a Vitoria por primera vez. Siempre que voy a la capi, normalmente, regreso por Barazar por evitar este tramo de autovía aunque, a decir verdad, en cuanto se coge la salida de Letona ya no hay ni un solo coche.


La subida al puerto de Aiurdin solo son tres kilómetros al 5% pero, a estas alturas, se hacen notar. Empieza a caer la tarde pero creo que los 23km que me han llevado en furgoneta van a hacer posible que llegue a casa de día.


Sigo paralelo a la autovía, pasando de un lado a otro para sortearla. Mientras el tráfico es intenso en ella, yo voy en completa soledad.


Corono este puerto que creo que pasará mucho tiempo hasta que vuelva a subirlo de nuevo. Salvo algún repechín, desde aquí es todo para abajo hasta Bilbao. Casi 50km de los de hacer a todo trapo.


En Murgia vuelvo a llenar el bidón. Espero que sea la última vez que pare hoy y no volver a hacerlo hasta casa. Por Altube paso a toda castaña.


Llego a casa poco antes de las diez de la noche, con 378km recorridos por el cuentakilómetros de los 400km planeados. El GPS también cuenta los de la furgoneta de la Ertzaintza y me marca 401km, que habrá que dar por buenos porque también forman parte de la experiencia y ¡de qué manera! Me llama la atención la diferencia entre velocidad media bruta y media neta, lo que refleja muy bien lo bien que he rodado pero la cantidad de paradas que he tenido que hacer para buscar agua o para aprovechar sombras. Días así me acojonan para el plan gordo del verano: la BITABI. Porque el Everest ... el Everest lo doy por hecho.

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