BIHUBI 2: Lourdes - Plan

La noche ha sido lluviosa. Bueno, es el recuerdo que tengo de los primeros momentos porque he dormido muy bien. La tienda de campaña está siendo todo un éxito, una gran adquisición. No hay ni una gota en el interior. He puesto el despertador a las seis de la mañana y ya es de día. Asomo la cabeza y está bastante cubierto pero las nubes son claras y espero que se vayan disipando a lo largo del día.



Me meto un buen desayuno: café, tostadas con miel, jamón, galletas de chocolate, ... Para las ocho tengo todo recogido y empiezo la marcha camino de Lourdes para completar los veinte kilómetros que la lluvia me impidió terminar ayer y que se añadirán a los previstos en la etapa de hoy. No he tenido con qué secar las zapatillas y las llevo empapadas aunque, entre el calor que empieza a hacer y el mío propio, se secan en unos pocos kilómetros.


De Pau a Lourdes se puede ir por varios caminos y yo he elegido el de las Grottes de Betharram. Esta carretera tiene menos tráfico que la D-940 y es bastante más bonita.


Transito paralelo a las vías del tren en los últimos kilómetros mientras el cielo empieza a mostrar los primeros claros. La previsión parece que va bien y tiene pinta de que ha merecido chupar agua en toda la jornada de ayer.


Llego a Lourdes entre cantos gregorianos. Debe haber alguna concentración religiosa porque hay un montón de peña cantando entre carpas gigantes desde primera hora de la mañana.


Atravieso Lourdes que, a estas alturas, ya me lo conozco de memoria, y me dirijo hacia Bagnères de Bigorre por el alto de la Cote de Loucrup.


Es una subida muy cómoda, que apenas llega a los cuatro kilómetros y con una pendiente media del 4% que sirve para ir calentando para el col d´Aspin que viene luego.


Atravieso los maizales con un ojo puesto en las montañas. No acaba de aclarar del todo y empiezo a preocuparme por el estado de los altos. Si hay niebla, estos puertos no se disfrutan tanto.


Ni siquiera necesito el plato pequeño en este puerto, a pesar de la enorme carga que arrastro en las alforjas. Recuerdo tiempo atrás cuando penaba a lo bestia en estas humildes rampas. Es un puertito que conozco bien de haber subido antes por ambas vertientes.


Echo un ojo a la vertiente de Montgaillard antes de iniciar el rápido descenso que me lleva hasta Bagnères de Bigorre para iniciar un suave ascenso continuado hasta los pies del Tourmalet por Campan..


Grandes rectas me acercan a los pies del Aspin. Tengo ganas de parar a comer y he decidido hacerlo en Sainte Marie de Campan, en el área recreativa en la que realmente empieza el puerto.


Al paso por Pouzac me encuentro con un establecimiento enorme, una especie de supermercado monotemático de la fruta. Tienen los precios algo más caros que en casa pero, como voy a parar para comer en unos minutos, me pillo un par de plátanos para el postre. Los 0´42€ que me cuestan son el único gasto que hago en Francia.


Paso Bagnères de Bigorre y, para mi alegría, empiezo a ver más claros entre las nubes. También empieza a hacer bastante más calor pero la temperatura es perfecta para hacer deporte.


Aún es pronto pero sigo en mi idea de hacer varias comidas al día y que la más copiosa sea temprana para ahorrar peso y para portar energía en vez de latas. Sainte Marie de Campan está a la vuelta y solo tengo que llenar los bidones de agua en la fuente del comienzo del Tourmalet.


Como muy pero que muy bien. Si algo he traído muy bien organizado es el tema alimentario. Como la etapa de hoy es la más corta del viaje, me tomo un buen rato en realizar un almuerzo sustancioso.


Aparece el sol en el justo momento de empezar a subir el puerto. Soy consciente de que por aquí va a pasar el Tour de Francia en unos pocos días porque hay vallas publicitarias en algunos puntos y los carteles kilométricos típicos de los puertos de esta región están engalanados con más señales de lo habitual, la mayoría indicando en grande la distancia a la sommet y al siguiente punto de avituallamiento.


He bajado un montón de veces este puerto por esta vertiente pero es la primera que subo por aquí. Hasta la zona de La Payolle se trata de un puerto intrascendente.


Como mucho, alguna pequeña rampa al 6-7% pero en kilómetros con una media mucho más suave. Hasta ahora no he tenido compañía cicloturista, pero aquí ya son muchos los compañeros del pedal con los que coincido. La gran mayoría, como no podía ser de otra manera, son vascos y responden al típico aupa con otro similar.


Llego a La Payolle y el puerto cambia completamente. Esta zona intermedia es una preciosidad y siempre que paso por aquí me quedo embobado al contemplarla.


Dejo a la derecha el desvío que va a Hourquette d´Ancizan y a la izquierda el que se dirige al col de Beyrède antes de empezar a subir de verdad. El primer kilómetro es al 9% y tiene la primera rampa en la que me veo en la necesidad de meter el platillo de la BTT.


Me pasan varios ciclistas que van como motos, todos conjuntados con la misma vestimenta y con mucha pinta de profesionales. Tras ellos pasa un coche de equipo con bicicletas en la baca que confirma mi sospecha.


Esta subida ya es seria para ir con alforjas y me la tomo con tranquilidad. Cada vez está más despejado el día pero, a cambio de esta buena noticia, el aire hace acto de presencia. Por ahora no es significativo pero acabará teniendo mucha importancia en el resto del viaje.


Sin ser uno de los grandes, este col d´Aspin tiene algo que lo hace especial y ver la cima te transmite esas sensaciones que solo consiguen generar esos grandes puertos.


Lo que sí tiene el Aspin son las vacas más bonitas que he visto. Siempre digo lo mismo pero es que esas vacas blancas tienen algo que las hace especiales.


En el puerto hay un montón de caravanas. Se nota mucha actividad previa al paso del Tour y muchos aficionados al ciclismo esperando el paso de sus ídolos. No seré yo uno de ellos.


Me asomo a la vertiente de Arreau y el viento es fuerte y me pega de cara haciéndome sentir bastante fresco. Aunque llevo el cortavientos, solo me cubre el pecho y veo que tengo que sacar el chubasquero de uno de los departamentos de las alforjas para protegerme en el descenso con una capa más.


El descenso es muy rápido. Los altos porcentajes de esta otra vertiente me avisan de que los frenos de disco tienen las pastillas algo gastadas; sobre todo, el trasero. En la bicicleta de carretera se tira más del delantero pero en ésta es al revés y creo que ya lo tengo muy castigado. Con tanto peso y semejante velocidad tienen que sufrir mucho.


Camino de Saint Lary Soulan tengo el viento favorable. Me pasan un par de franceses con alforjas pero con bicicletas de carretera mucho más rodadoras que la mía. Para la BITABI tengo clarísimo que iré con ruedas finas.


La fuente para el siguiente avitullamiento tengo muy claro cuál es. En Aragnouet hay una magnífica que tira un chorro enorme y muy frío. Ahí volveré a sacar el hornillo para preparar algo rápido que me permita quitar más peso todavía. Pero antes lleno los bidones en Cadéac, antes de llegar a Ancizan. Si en otras regiones de Francia es muy complicado encontrar fuentes, en ésta están por todas partes.


Sigo rumbo a Saint Lary con muy buen ritmo empujado por el aire. Me encuentro en las horas centrales del día y también hace mucho calor. En este valle ya no queda una sola nube que de algo de sombra y empieza a pasar factura.


En Saint Lary, aunque de forma más o menos suave, empieza la subida al túnel de Bielsa. La zona me gusta tanto que se me empieza a pasar por la cabeza la idea de dejar de lado el Lac d´Aumar para tener una excusa para volver con la de carretera. Creo que sus rampas van a ser muy duras para la de montaña con alforjas y el hecho de ser un sube y baja hace que me lo piense demasiado.


Bueno, tampoco me cuesta demasiado tomar la decisión. Una vez en el desvío, ni lo miro. Creo que voy a dejar los sube y baja con peso de lastre y me voy a centrar en la ruta circular que tengo entre manos.


A medida que voy tomando altitud, el calor se hace sofocante. Fiel a mi idea de siempre, y como tengo tiempo de sobra como para no andar apurado, en cuanto pille una buena sombra me echaré una siestecilla para evitar el sol más achicharrante.


A media subida hay una ermita que me viene de cine. Aprovecho para plantar un pino y, en una de sus sombras, despliego la esterilla autohinchable para relajarme por un buen rato. Estos momentos en la montaña respirando en una buena sombra son impagables.


El calor aprieta. Con el Lac d´Aumar aplazado para otra incursión pirenaica, ya no tengo prisa y paro un par de veces en las sombras que me encuentro.


Apenas hay tráfico en toda la subida. Solo me pasan tres o cuatro coches en todo el puerto, algo no muy habitual y que es una prueba más de la tan manida crisis. Parece que a la gente le cuesta mucho sacar el coche, algo que se agradece cuando uno va de cicloturista.


Con la parsimonia que me lo estoy tomando, con alguna que otra parada para merendar y para disfrutar del día y de la soledad en la montaña, va cayendo el sol y aparecen grandes sombras.


Paso la zona de viseras y ya se ve el túnel. Siguen en obras en su interior y el tráfico continúa siendo alterno con semáforos.


Un motero con su compañera esperan turno y paro junto a ellos. Son catalanes de vacaciones por la zona y entablamos una pequeña conversación que dura los minutos que estamos esperando a que el tráfico que viene del lado español termine de llegar a esta parte.


Los tres kilómetros al 5% son un poco agobiantes en sentido contrario pero, saliendo del lado francés, son descendentes y se hacen en un periquete.


En el túnel paso un poco de fresco pero, según salgo al lado español de Pirineos, el bochorno es una pasada y la temperatura noto como se dispara.


A la altura de la gasolinera de Bielsa, como la llamada vuelve a ser a precio razonable, llamo a casa por primera vez en este viaje. Tengo idea de acabar la etapa en Plan, así que me desvío en Salinas para seguir el curso del río Cinqueta.


La carretera ya me la conozco de cuando estuve haciendo cimas por aquí y creo que va a ser complicado pillar un sitio para tirar la tienda de campaña. El río está pegado a la izquierda y a la derecha solo hay un paredón. En cuanto veo un trozo de campa, aunque esté junto a la carretera y me vea todo el mundo que pasa, ahí la planto.


Se está haciendo de noche y oigo algo así como unos pasos en la orilla del río. Pienso que puede ser una cabra o algo parecido y algo a averiguar. No veo nada y me tiene muy mosca el sonidete de los cojones. No soy muy asustadizo cuando duermo en la tienda pero el ruidito de marras me tiene intrigado de narices.


A eso de las tres de la madrugada, me despierto sobresaltado. Un desprendimiento enorme de una morrera que hay tras de mí, pero en la otra orilla del río, hace que pegue un bote tremendo. Ahora entiendo lo que yo creía que eran pasos. Eran piedras cayendo sueltas y chocando unas con otras. El acojone que pillo, rodeado de morreras por todas partes, aunque por fortuna bastante alejado de ellas, hace que no pegue ojo en toda la puta noche.

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