Del Besaya al Nervión

He dormido estupendamente en la Braña de Brenes. Al igual que ayer veía como se escondía el sol a través de la tienda de campaña, hoy disfruto de su amanecer tumbado y desde dentro del saco. Me espera otra dura etapa, de casi 200km, con un par de puertos desconocidos para mí y apenas tengo desayuno.



Me despierto casi con la primera luz y desmonto el chiringuito. No tengo mucha historia para desayunar. Apenas un colacao y unas galletas. Hace buena temperatura pero, como empiezo la etapa con descenso, me pongo los manguitos y el cortavientos.


Como era previsible, paso algo de fresco en la bajada. Llego a orillas del Besaya con zonas de bruma, aunque el día está muy despejado.


El gran protagonista de este valle es el viaducto de la autovía de Palencia, que se ve por todas partes. Es impresionante el desnivel que tiene que salvar.


Me meto en la carretera de Bárcena de Pie de Concha y tengo que pasar por uno de esos bloques nubosos que se veían desde arriba. La temperatura baja de golpe y los manguitos hacen su función.


Pero no son más que unos metros y se disuelve para no volver. A partir de aquí, aunque estemos a primera hora de la mañana, el calor será importante.


Justo antes de llegar a Bárcena de Pie de Concha, el GPS me juega una de las suyas y me mete por el barrio de San Martín de Quevedo, la ruta más corta para acceder al embalse de Alsa.


Tras un corto tramo de ascenso, la carretera se vuelve llana y continuo a la espera de que empiece a picar para arriba.


Me empieza a mosquear que no pique ya y me encuentro a dos señoras a las que les pregunto por el camino de subida al embalse. Una me dice que voy mal pero la otra me recomienda meterme por una pista hormigonada, muy botosa y de gran pendiente, que me deja en la carretera de subida ahorrándome varios kilómetros.


El tramo es un horror y tengo que hacerlo andando. Pero como bien dijo la paisana, solo han sido unos cien metros y estoy donde quería, en una carretera más acorde.


Con el sol todavía muy bajo y con una orientación este de la subida en casi toda ella, las fotos no son muy decentes que digamos. Menos mal que hay un mirador apuntando al valle que sí merece la pena.


Tras unos cuantos kilómetros de subida constante, siempre rondando el 7%, llego a la parte final, mucho más atractiva, con el valle encajonado entre dos montañas y la subida flojeando por la ladera de una de ellas hasta llegar a la presa.


La carretera se convierte en pista hacia un lado y continua para la otra orilla sobre la presa. Al parecer llega a otro embalse según lo que me cuenta un tipo que aparca junto a mí para empezar una ruta de senderismo con su señora, pero no sé, no es plan de ponerse a investigar.


Desciendo hasta Bárcena de Pie de Concha por el tramo que he subido, y por el que he atajado, y llego a Arenas de Iguña. Camino de El Portillón me encuentro una ermita en la que poder comer la triste lata de lentejas que me queda y apurar los restos de comida que me encuentro en las alforjas.


El calor ya es tremendo para estas horas. Relleno los bidones en una fuente de Cotillo y tiro para arriba sudando como un cerdo y apurando cada sombra que me encuentro en la calzada.


Aunque sombras hay pocas y el sol pega de pleno y de plano. No soporto estas temperaturas tan altas en las que te deshidratas a tanta velocidad.


Son casi diez kilómetros y se hacen largos, aunque la pendiente modesta se mantenga entorno al 4% y no me cueste mucho subir. Pero es que el calor es agobiante y se nota muchísima humedad que lo acrecienta.


Corono esta coqueta subida a El Portillón y me encuentro un cartel muy parecido al de Braña de Brenes pero sin raspa con los datos de las diferentes vertientes.


En la bajada hacia San Vicente de Toranzo me llevo un par de sustos por culpa de la brea que han echado parcheando la carretera y que tiene muchísima gravilla sobre ella. Se me llega a encasquillar una piedrilla en el puente de freno delantero y casi me como una curva al perder el tacto de frenada.


Como no tengo nada para comer y ya va siendo hora, repongo en un supermercado antes de seguir hacia Vega de Pas. Tengo que coger una botella de isotónico de litro y medio porque el agua de los bidones se recalienta demasiado rápido y no hay quien la beba.


El tramo que va de Entrambasmestas a Vega de Pas es una delicia. Abandono la carretera de El Escudo para adentrarme en un terreno boscoso en el que las sombras son infinitas.


Aunque en Vega de Pas empiezo a subir Estacas de Trueba y las sombras desaparecen por completo. Este puerto no sé qué cojones tendrá que siempre me toca subirlo a primera hora de la tarde y con un calor que te cagas. Es, probablemente, el puerto que más calor me ha hecho pasar más veces de todos los puertos que he hecho.


Como ya me lo sé de memoria, voy tomando los puntos kilométricos como referencia para parar a echar un buen trago del isotónico que llevo. Ya está caliente pero, a diferencia del agua, se puede beber.


Son catorce kilómetros y lo tengo claro. Toca beber en el tres, en el seis, en el nueve, ...


Hasta que a falta de seis kilómetros para coronar, una autocaravana se detiene junto a mí. Al principio no soy consciente y continuo mi marcha pero, unos metros después, me detengo y veo como alguien baja de ella y me llama.


¡Ostras! No le había conocido a Miguel. También se baja su mujer y su hija y charlamos durante un buen rato y, casualidades de la vida, tiene como objetivos algunos de los puertos que acabo de hacer y me cuenta la autoría de los dos carteles que he visto.


Nos despedimos, les dejo camino de Asturias, y sigo para arriba. Con el tema de la coincidencia, se me pasa el trago que tenía previsto en el kilómetro nueve


No sé si habré estado mucho tiempo de charleta, pero tengo la sensación de que el calor ha bajado bastante en la parte la del puerto. Aún así, voy con idea de refrescarme en las cascadas de la vertiente burgalesa.


Corono Estacas de Trueba con más fuerzas que muchas veces que lo he hecho sin alforjas. Tengo la moral por las nubes para emprender un largo viaje. Pero todavía me queda un largo trecho hasta casa.


El descenso del puerto me deja en Espinosa de los Monteros. Un termómetro marca 31ºC y me meto en una tiendita de chuches y me compro un Frigo Dedo para refrescarme bien con el hielo antes de iniciar el largo descenso de 75km hasta Bilbao.


Aunque antes tengo la tachuela de Noceco por no ir hasta la rotonda del Crucero que me sale un kilómetro más.


Como siempre que hago una ruta por estas tierras, El Cabrio me ve pasar pero solo unos instantes porque me pilla de bajada y se cogen unas velocidades muy fuertes.


Antes de llegar a Balmaseda, entro en Bizkaia. La bajada me ha dejado la boca muy seca.


Atravieso el municipio encartado con idea de comprarme un flash de hielo en alguna tiendita pero no encuentro ninguna a mi paso así que sigo sin parar hacia Zalla por la tachuela del Gobeo.


Y en Zalla, aunque sí encuentro una tiendita, justo delante hay una fuente con agua fresquita en la que me repongo del calor como para poder llegar a casa sin mayores problemas.


Por un poquito, no llega la ruta a los 200km. Un éxito no, lo siguiente. Estoy muy contento de poder hacer estas rutas con estos desniveles y con el pedazo lastre que llevo. Veía muy chunga la BITABI cuando regresé de la BIHUBI pero ahora estoy convencido de que podré con ella.

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