Prueba de un accesorio

La pasada BIHUBI, con casi mil kilómetros tirando de alforjas pero con la bicicleta de montaña, me ha dejado bien claro que tengo que cambiar de montura para ir hasta Tarifa. A pesar de haber llegado a hacer etapas de 180km, no lo veo claro para hacer catorce etapas de similar distancia sin descanso. Para solventarlo, me he pillado un accesorio que me permite llevar alforjas en la bicicleta de carbono, que no tiene anclajes para la parrilla. Y para probarlo, improviso una salida de dos días para apuntarme unas cuantas cumbres cántabras que me faltan pero... cargado como para un viaje más largo.



Esta primera etapa, a pesar de tener muchas subidas y dispararse el acumulado por encima de los tres mil metros, no tiene un kilometraje muy acusado, lo que me permite no tener que madrugar en exceso para llegar de día a mi punto de destino. Entro en Cantabria a media mañana después de subir pequeñas cotas como Las Carreras o La Rigada por la N-634.


El primer punto crítico de la prueba de las alforjas con la bicicleta de carretera es el alto de Saltacaballo, con su pendiente máxima que supera el 10%. En la de carretera no tengo ese tercer plato de urgencia para meter en estas rampas pero, tal vez porque aún voy muy fresco, no lo necesito para nada.


Corono sin mayores problemas junto a un montón de peregrinos que siguen el Camino de la Costa. En verano es una pasada la de mochileros que te encuentras en los diferentes Caminos de Santiago.


Dejo atrás Castro Urdiales y Solares rodando con suave brisa favorable. Con la de viento de cara que acabo de chupar en la BIHUBI, este empuje me sabe a teta.


La siguiente cota, también muy modesta, que me encuentro es el alto de Candina o Fermedal. He dividido la etapa en tres sectores para hacer dos paradas para comer y, en cuanto corone este alto, empezaré a buscar un punto para el avituallamiento.


He pasado un montón de veces por aquí y nunca me había fijado en que hay un mirador con una pequeña área recreativa: el mirador Antonio Ruiz. Aprovecho que ya tengo hecho el primer tercio de kilometraje para comer en él.


Las vistas desde el mirador son bastante decepcionantes. Me esperaba poder ver el mar con acantilados o algo así, pero no, el mar queda escondido tras este valle.


Termino de comer, ya con un calor sofocante, y llego a Laredo por el alto de Las Cárcobas para disfrutar, esta vez sí, de unas vistas excepcionales desde los miradores que hay en la parte alta.


Abandono en Colindres la línea costera y me adentro buscando el puerto de Campo La Cruz para subirlo por su vertiente de Secadura.


Corta subida, que no llega a los cuatro kilómetros, pero con un porcentaje medio muy majo del 8% y con unas vistas preciosas del valle de Aras.


Es una subida dura y el calor empieza a ser otro mal compañero de viaje. Me empiezan a chorrear los brazos y eso es señal de que me estoy cociendo.


Corono Campo La Cruz y desciendo hacia Solórzano sin apenas detenerme. Al igual que para la otra vertiente, las vistas son muy amplias.


En Solórzano, un poco complicadilla de encontrar en un principio, empieza la subida a Garzón, una pared impresionante con un tramo muy complicado de hormigón.


Una primera rampa muy por encima del 10% ya me pone sobre aviso de lo que me espera después. Un tramo llano sirve de respiro.



Aunque la visión de la pared a la que me voy a enfrentar se encarga de hacer desaparecer ese alivio y de tornarlo en preocupación. No creo que pueda hacer la subida sin caminar cargando como cargo con el peso de las alforjas.


En efecto, rondando el 20% no puedo con el peso y me tengo que poner a caminar en el hormigón. Menos mal que solo son unos metros.


Esos metros me sirven para ir sacando alguna que otra foto de la subida, más sosegada en la parte final que ya puedo hacer sobre mi montura.


Corono esta corta pero intensa subida y encuentro en el alto un área recreativa con una magnífica fuente con agua muy fresca. Lleno bidones y continuo camino hacia Liérganes.


El principio de la bajada es un semillano por una pista estrecha en un entorno muy guapo, camino de Anero.


La carretera mejora mucho a unos metros de iniciar el descenso más acusado y me planto en Anero, al otro lado de la A-8, en un momento.


Llaneando con aire favorable, me planto en La Cavada. Atravieso la puerta de Carlos III para dirigirme a Liérganes.


Y en Liérganes me espera una ascensión que tenía pendiente desde hace muchísimo tiempo: las Tetas de Liérganes. Varias han sido las ocasiones en las que he andado cerca de aquí con intención de afrontarla y al final, por una cosa o por otra, siempre la dejé escapar.


Son seis kilómetros y medio al 5%, muy normalitos al principio, pero de una sorprendente belleza en la parte alta.


Las dos tetas se tienen a la vista de inicio y uno podría concentrarse en vislumbrar los pezones si no fuera porque el piso está bastante estropeado en esta zona. Hay demasiados baches y mucha gravilla suelta.


Es mediodía, casi las tres de la tarde, y tengo idea de comer arriba por segunda vez. Se cumplen los dos tercios del kilometraje de la etapa y he decidido hacer las paradas coincidiendo con ellos.


La segunda mitad del puerto, se entra en una zona magnífica con paisaje más propio de la alta montaña y de puertos de mucha más envergadura.


Hay un ligero descenso que sirve de descanso para afrontar la parte final, mucha más escénica todavía.


Incluso hay un paso por bosque cerrado que permite variar las sensaciones por un momento.


Una vez atravesado este pequeño arbolado, aparecen las moles rocosas que caracterizan esta subida y que la convierten en una belleza con muchísimo interés.


La última recta nos deja bajo unas de las Tetas de Liérganes, donde termina la subida en una cadena que impide el paso a la pista de continuación.


Como no podía ser de otra manera, las vistas son maravillosas. Liérganes aparece en primer plano pero se puede disfrutar de la Bahía de Santander y de Peña Cabarga en medio.


Desafortunadamente, no tengo ninguna sombra para comer a resguardo del fuerte sol que pega a estas horas. Me siento en plena carretera a pegarle otro repaso al túper de pasta que me he traído para no tener que cocinar demasiado. Y en la bajada, aparecen nuevos puntos de vista muy espectaculares, con los Picones al fondo sobre los montes de Lunada.


Dejo Liérganes para seguir hacia Puente Viesgo siguiendo el trazado de la N-634. Por esta zona tienen una extraña afición a los cañones.


El tramo de la N-634 es un coñazo tremendo. Por suerte, el viento de cola hace que mantenga una velocidad de crucero muy buena y que los kilómetros pasen con rapidez. A la altura de Pomaluengo, el GPS me mete por un precioso bidegorri que me evita algún kilómetro más por la nacional.


Llego a Puente Viesgo con el ánimo por las nubes. La etapa está siendo un éxito rotundo. Llevo muchos kilómetros, mucho desnivel, grandes pendientes, ..., y la prueba del accesorio para las alforjas va de maravilla.


Aunque la subida al alto de Hijas es un poco suplicio. El sol empieza a bajar algo y me pega de lleno de frente, haciendo este tramo muy sofocante.


La subida es un poco cutre. Me recuerda a algún puerto vallisoletano que no tenía más que una simple recta. Corono con ganas de afrontar la parte final del día.


En el descenso me topo con un ciclista al que paro para preguntarle el nombre del puerto. No había cartel en la cima y no aparece en los mapas. Comentamos un poco nuestras rutas y me confirma que tendré agua en Braña de Brenes, algo que necesito para poder hacerme la cena y el desayuno de mañana.


Aún así, también repongo agua en un parque que hay al inicio del Collado de Cieza. Es un tramo corto, de poco más de tres kilómetros, pero con algunos porcentajes majos.


Llevo ya 170km y parece que no me pesen los kilómetros ni el desnivel acumulado. Esto me da unos ánimos tremendos para la próxima BITABI.


Paro en el alto solo para la foto de rigor y desciendo hacia Villasuso a toda pastilla. El día está tocando a su fin y me gustaría hacer el último puerto con luz suficiente como para que las fotos no sean muy malas.


En Villasuso, justo en el cruce, hay unos cuantos paisanos en una marquesina disfrutando de la sombra que les da. Me paro para quitarme el casco y, mientras lo pongo en el manillar, charlamos un poco del puerto que me queda. Una señora no confía demasiado en mí y me asegura que las voy a pasar muy putas en esas rampas que me esperan. Los demás no piensan lo mismo y me animan a seguir, que poco a poco daré buena cuenta de ella.


Tras la primera rampa dura, de más del 10%, aparece una bifurcación en la que me tengo que detener porque no sé cuál de las dos es la mía. Justo llega un tipo que me orienta un poco y que debe ser muy aficionado al ciclismo. Mantenemos una agradable charla, me vuelve a poner al día de las fuentes que hay en la subida y sigo por el lado izquierdo con información fresca de lo que me espera. Según el local, la peor rampa es la que acabo de solventar y, salvo tres kilómetros duros que me vienen ahora, luego ya suaviza algo y no tendré mayores problemas porque me ve fino y que venía bien de ritmo.


Con semejantes ánimos, cojo agua fresca en la primera fuente que hay en una curva y sigo para arriba pensando que ya está hecha la etapa y que tengo tiempo suficiente como para llegar a la cima a una hora cómoda como para cenar y preparar la tienda con tiempo.


La pendiente es exigente pero me encuentro bien y no me cuesta demasiado, a pesar de subir muy cargado. Lo peor es el piso, con muchísima gravilla sobre unos parches de alquitrán que han echado parcheando la carretera.


La referencia ha sido una antena y, a partir de ella, un terreno más suave, como me dijo el paisano, hasta afrontar la rampa final, algo más dura.


Llego a la Braña de Brenes con casi 180km y 3.300 metros de desnivel acumulado. No tenía previsto hacer tantos kilómetros pero por alguna parte se me han desfasado casi diez. Entre el GPS y el cuentakilómetros solo hay cien metros de diferencia, así que el dato es correcto.


En el collado me encuentro un cartel con raspa y me imagino quién habrá sido el autor, aunque el estilo es algo diferente. Mañana tendré un encuentro casual que me aclarará este asunto.


Tiro la tienda en el mismo campo verde de la cima. Me parece un sitio bien chulo para descansar y para disfrutar del atardecer junto a unos caballos que andan por ahí.


Una vez anochecido, un par de coches aparcan en la zona y me incomodan bastante con la música y el barullo, pero pronto se van y puedo descansar a gusto. La prueba del tema para las alforjas, vista la distancia recorrida y el desnivel acumulado, ha sido todo un éxito. Estoy muy contento por ello.

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