VUELTA A ESPAÑA 01
Bilbao - Soria

Hoy comienza una de las rutas más bestias que me he planificado: la BITABI, más de 2.500km de ida y vuelta cruzando la Península Ibérica por completo desde Bilbao a Tarifa en un recorrido circular y pasando por el techo asfaltado de Europa: el Veleta. Parto con lluvia pero, viendo las predicciones de los próximos días, me tranquiliza saber que solo estamos chupando agua en la cornisa cantábrica.

XTREM CAT 1 CAT 2 CAT 3 CAT 4


BITABI 01 Bilbao 245 km 3450 m+ IR

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La subida a la meseta por Orduña es uno de los puertos más complicados que me voy a encontrar en todo el viaje. No ya por el puerto en sí, que es duro, sino porque llevo una pesada carga con comida suficiente para unos seis días. No deja de llover desde que salí de casa y espero que la cosa cambie en la vertiente burgalesa.


Voy llegando a la parte alta y cada vez se ve menos. El viaje lo hago sin ropa, solo con un body de triatlón y una camiseta térmica, aparte del chaleco cortavientos y el chubasquero, y no me viene demasiado bien esto de andar mojándome.


Bizkaia y Álava quedan atrás y entro en Burgos a unos metros de coronar el puerto de Orduña. No me ha costado tanto como pensaba y eso me da muchos ánimos para seguir con mi viaje.


Como esperaba, en cuanto paso Berberana se disipa la niebla y aparecen los rayos de sol que ya no me abandonarán en unos cuantos días. Las frescas temperaturas del norte contrastan con lo que me encuentro a orillas del Ebro.


Este terreno me lo conozco de memoria de tantas y tantas rutas que llevo hechas por aquí y se me hace un poco aburrido. Tengo ganas de entrar en La Rioja y empezar a ver paisajes menos habituales que los de la ribera del Ebro.


Atrás quedan ya Miranda de Ebro y Haro y me paro por primera vez a la altura de Briones para dar buena cuenta de mi primera lata del viaje en una plazuela con fuente que pillo junto a la carretera. El calor ya es demasiado para el cuerpo y me imagino lo tremendo que va a ser de aquí para el sur.


Las vistas de la sierra de Cantabria son colosales desde este punto y el Ebro discurre junto a mí camino de Logroño.


Es sábado y apenas hay tráfico. Empiezo a entablar una poderosa relación con la soledad en las carreteras, algo que puede ser la perdición de muchos pero que tiene que ser mi fuerza para mantenerme interesado por lo que me rodee en cada momento.


Como no puede ser de otra manera, estamos en tierra de vinos y los viñedos están por todas partes. Un viaje como este me va a permitir comprobar de primera mano las diferentes actividades económicas de cada zona del país.


Así a lo tonto ya llevo más de cien kilómetros sin casi darme cuenta y dejo la carretera de Logroño a la altura de Fuenmayor para adentrarme en la montaña del sur de La Rioja, camino de la sierra de Cameros.


Voy remontando el río Iregua y las formaciones rocosas de la zona son lo más destacado. A la derecha queda toda la Demanda y los montes de Clavijo van quedando a mi izquierda. Un desvío a Moncalvillo queda atrás y disfruto de la variedad de perfiles que se vislumbran.


La aridez ribereña va dando paso a una frondosidad mucho más atractiva a medida que me acerco al puerto de Piqueras. Se nota que hemos tenido un buen invierno y una buena primavera de aguas porque no está tan sumamente seco como otros años.


Conecto con la carretera de Soria y atravieso los túneles de Viguera que dan paso a un paisaje diferente y que son la señal de que la carretera se va a poner a picar para arriba durante muchísimos kilómetros.


El puerto de Piqueras tiene su inicio oficial mucho más arriba pero ya se empieza a notar en las piernas. Pero hay una cuestión que me preocupa más allá de los desniveles, y no es otra cosa que las nubes que se empiezan a acumular en los picos más altos.


Justo antes de salir de casa, en las noticias del 24h., anunciaban tormentas para esta tarde en el Sistema Ibérico. Mi etapa concluye en el mismo puerto de Piqueras y no me hace ninguna gracia plantar allí arriba la tienda de campaña con un alto riesgo de tormenta eléctrica.


El calor ya es sofocante pero, por suerte, la vertiente norte de Piqueras es una mina de grandísimas fuentes. Sin duda, es uno de los mejores puertos que existen para subirlos con calor porque no falta agua fresca en muchos puntos del trazado.


Llego a Villanueva de Cameros y esto empieza a subir de forma más importante. Aún así, el puerto de Piqueras tampoco es demasiado difícil y no me preocupa en exceso. Los porcentajes nunca superan el 5% y tampoco es para tanto.


Hay que ver qué poquito me dura el agua fresca. Una tras otra, voy aprovechando todas las fuentes, a cada cual más guapa.


Llego al embalse de Pajares a media subida. Es el punto a partir del cual la subida se mantiene más constante, pudiéndose entender como el comienzo del auténtico puerto.


Aún es pronto y empiezo a contemplar la opción de seguir la ruta y de no quedarme a dormir en el puerto. Empiezo a darme cuenta de que, si las fuerzas y las ganas acompañan, cuantos más kilómetros haga en una etapa menos me quedarán para la siguiente.


Llego a la altura del túnel, a falta de algo más de cuatro kilómetros para coronar, y los poquitos coches que pasan siguen por él mientras yo me tengo que desviar hacia la izquierda y coronar en lo alto.


Es buen momento para tirarse al suelo y para vaciar un poco las alforjas. Es la primera etapa, no sé a qué temperatura andaré, pero veo que el calor va a ser el gran problema de este viaje. A media tarde, esto ya es una tortura.


Termino de merendar y prosigo con la subida a un ritmo mantenido que no me preocupa lo más mínimo. Si algo permite concluir con éxito estas historias es marcarse una relación entre el ritmo de pedaleo y el desarrollo lo suficientemente cómoda como para gastar el mínimo de energía posible.


Mis peores presagios van cobrando fuerza y se están acumulando nubes negras a gran velocidad y se nota una bajada súbita de la temperatura. Me parece que la tormenta no me la quita nadie.


Obviamente, con este panorama tormentoso a la vista, decido seguir la ruta y, como es todo terreno descendente y tengo tiempo más que de sobra, decido terminar la primera etapa en Soria. En el puerto de Piqueras entro en la provincia castellana, la quinta que piso en esta primera jornada.


Se ve más claro el cielo hacia el sur y los 40km que tengo hasta Soria no creo que sean mucho problema porque es todo descendente. Ya le tengo el punto pillado a las bajadas con las alforjas cargadas, algo que me costaba bastante en un principio.


En medio de la bajada, para mi sorpresa, se me parte el cable del cambio trasero, algo que ya me jodió en su día la Vuelta a Portugal. Menos mal que uno va a aprendiendo y llevo uno de repuesto en el bote de herramientas y lo puedo cambiar en una gasolinera. Un cliente me ve reparando la bicicleta y me ayuda bastante sujetando por aquí y por allá ya que también le gusta el rollo este de viajar en bici y mantenemos una buena charla durante el tiempo que dura la reparación.


Empezar con una avería de este tipo me pone algo nervioso. Espero que no se tuerzan más cosas porque es a lo único que temo. Una avería mecánica es, hoy por hoy, lo que me puede enviar para casa. Pero ésta no ha sido y llego a Soria con 240km,  aún de día, a tiempo de buscar un sitio bajo el que cobijarme durante la noche. La estación de tren resulta un lugar óptimo, bajo techo, alejado de la población, con luz, ...


Aún así, hay gente esperando en el andén. Son las diez de la noche y el tren de Madrid llega con retraso. Ceno y aprovecho para asearme en los baños y, en cuanto llega y se van todos, el encargado de la estación se dispone a cerrar la puerta de entrada pero, muy amable por su parte, me deja la puerta entreabierta para que pueda salir por la mañana.


Apoyo la cabeza en la almohada y se pone a tronar como nunca antes había visto. La lluvia que cae en un momento es algo espectacular y celebro la suerte de no estar durmiendo a 1.700m. en pleno puerto de Piqueras. El viaje ha empezado. Me espero cualquier cosa para los próximos días.

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