VUELTA A ESPAÑA 10
Aljucén - Martiago

Hoy es un día clave en mi regreso a casa. Ya casi no me motiva nada de la ruta que tengo marcada, tan solo la ascensión al último BIG que me queda en la España peninsular: Puerto Viejo. Y claro, con este panorama, no dejo de darle vueltas a la cabeza y plantearme hacerlo todo en tres etapas. La pequeña bajada de temperatura me ha dado muchos ánimos y me veo capacitado para recorrer los 730km que restan a Bilbao haciendo tres brevets de 250km cada una a pesar de que ya lleve casi 2.000km en las piernas, pero tampoco me apetece sufrir en exceso y mantengo la duda a la espera de lo que suceda hoy.

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BITABI 10 Aljucén 205 km 2215 m+ IR

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Salgo de Aljucén a primera hora con la intención de evitar al máximo las horas de calor. Apenas unos kilómetros y entro en Cáceres. Pienso que si consigo cruzar la provincia en su totalidad, lo que supone subir Puerto Viejo en la jornada de hoy, podré tener opciones de hacer tres etapas solamente. Le doy mucha importancia al aire y a cómo sople y desde dónde. Hoy por hoy, es lo único que creo que lo pueda impedir. Si lo hace con la fuerza de días atrás, me doy por jodido. Si cambia de dirección o se calma un poco, lo veo más que posible.


A nada de entrar en Cáceres, debido a que la carretera se dedica a ir subiendo sin cesar desde que salí de Aljucén, corono a la altura del puerto de Las Herrerías. Como tantas otras veces en este viaje, transito por una nacional que discurre paralela a una autovía de escaso tráfico.


Antes de dejarme caer suavemente hacia Cáceres, paso por otro alto. En esta ocasión se trata del alto de Las Camellas, otra tachuela casi insignificante.


Llego a Cáceres y las alforjas están completamente vacías. Encuentro un Eroski en un centro comercial en el que poder hacer la compra gorda para unos días. En principio, voy a comprar solo para tres, luego ya veremos que pasa. Pero el segurata no me deja pasar con la bicicleta ni me da ninguna opción para dejarla segura mientras entro. Por suerte, me la cogen en el Burger King y, no sin miedo de que me la roben, hago la compra a toda prisa.


Sentado en un banco frente al centro comercial, con bastante calor pero no agobiante, doy buena cuenta de gran parte de la comida y redistribuyo la carga de las alforjas antes de volver a ponerme en marcha. Si todo va bien, si he hecho bien los cálculos, ya no tendré que hacer más compras.


El paisaje de esta parte del viaje es una cacota. Tengo unas ganas locas de llegar a la sierra de Gata. Menos mal que el paso del Tajo tiene más gracia de lo que llevo viendo durante tantos kilómetros.


El embalse de Alcántara, poco antes de llegar a Cañaveral, me muestra un río Tajo adulto, muy diferente al que tuve ocasión de ver en Guadalajara, a poco de nacer.


Sigo por la N-630 pero solo por un instante. Nada más cruzar el embalse, me desvío buscando la localidad de Coria. Este giro brusco me vuelve a poner de cara al aire y vuelvo a desear que cese para que no me lastre demasiado.


Otra tachuela me pilla de camino: la cuesta de La Cabra. Antes de llegar a Portezuelo, junto al castillo de Mamionda, me esperan cinco kilómetros a un suave 3%.


El descenso de esta cuesta de La Cabra, aunque con otro repechito antes de llegar, me deja en El Portezuelo, un pequeño pueblo en el que tampoco encuentro fuentes. Pero no tengo problema para que me llenen los bidones en un bar y, como ya llevo 100km, me preparo una nueva comida.


Termino de comer y sigo por este terreno de tobaganes que me lleva a Torrejoncillo. Aquí se inicia una subida un poco más continuada que desencadena en el alto de Los Cuestos antes de llegar a Coria.


Nada más empezar a subir este repecho, se me desvanece en las manos la goma de la cinta aislante que puse para reparar la cinta del manillar derretida por tierras sevillanas. Vuelve a hacer mucho calor a estas horas de la tarde aunque yo vaya de maravilla porque ya no es lo de días atrás. Poco más de 35ºC ya me parece que hace fresquito. 


Solventado el pequeño percance, desciendo este pequeño alto para llegar a Coria lanzado por una larga recta.


Cruzo otro gran afluente del río Tajo: el Alagón, y me meto un poco por las calles de la localidad cacereña para apreciar mejor su famoso castillo.


La etapa está transcurriendo sin ningún sobresalto y ya solo me quedan unos 50km hasta la base de Puerto Viejo, en plena sierra de Gata. Los primeros veinte son prácticamente llanos y, antes de llegar a Moraleja, me meto por una carretera que se encuentra en obras y que se dirige al embalse de Borbollón


No lo puedo evitar. El calor vuelve a ser sofocante y me detengo en un pequeño bar que encuentro junto a la carretera para tomarme un helado de hielo y llenar los bidones de agua, que no sé cuándo podré abastecerme de nuevo.


El tramo que me dejará en la carretera de Gata se encuentra muy botoso y son varios los kilómetros de constante subida, aunque muy leve. Según el del bar, en cuanto llegue a esa carretera comenzará un terreno descendente recién asfaltado donde podré lanzar la bici con velocidad.


Y así sucede. El nuevo asfalto y la pendiente negativa hacen que vuele dejando atrás Cadalso y llegando a Descargamaría, donde me pongo a merendar.


La etapa debería concluir en Cadalso y ya estoy a los pies del puerto. Son ya más de las siete de la tarde y no sé si empezar a subirlo o quedarme aquí. Pero opto por lo primero ya que, si consigo llegar hoy a la provincia de Salamanca, la posibilidad de hacer el resto en dos únicas etapas la veré más factible.


A la salida de Descargamaría empieza Puerto Viejo pero también Puerto Nuevo. La ruta que tengo metida en el GPS es por la salida de la derecha pero, preguntando a un par de lugareños, me indican que es la de la izquierda. Pues yo juraría que es la de la derecha porque copié el trazado de la Web del BIG. Lo que tengo claro es que yo subo el Puerto Viejo sí o sí porque es el último BIG que me queda en la España peninsular y he dado un rodeo del copón para hacerlo.

Le vuelvo a preguntar a una señora mayor y también me envía por el de la izquierda sin tener ni puta idea de lo que dice. "Por aquí van más ciclistas", me dice, pero no sabe cuál de los dos es el Puerto Viejo y cuál el Puerto Nuevo.

Al final, acabo en las piscinas naturales que han hecho en el nacimiento del río Alagón y un hombre me confirma que es la subida que yo tengo trazada en el GPS y sabiendo lo que se dice. Han arreglado el inicio del Viejo y por eso la gente se piensa que es el Nuevo. ¡Vaya, un lío! Aunque me recomienda el Puerto Nuevo porque el asfalto de este otro está muy deteriorado en la segunda mitad, tengo claro cuál es el que quiero subir. ¡Solo faltaría! Llevo más de 2.000km para esto y no es negociable.


El principio del puerto está perfectamente asfaltado, con doble carril hasta llegar a Robledillo de Gata. Tal vez por esto lo confundan con el Nuevo.


He empezado a subir Puerto Viejo sin saber los kilómetros que tiene. No he mirado perfiles ni nada antes de venir y se me ha olvidado preguntarle al hombre este de las piscinas. Me encuentro a otro señor caminando antes de llegar a Robledillo de Gata y me dice que no serán más de siete kilómetros de puerto, así que me quedarán tres o cuatro solamente.


La carretera cambia bruscamente y se convierte en una pista asfaltada con bastantes agujeros y muy botosa y llena de gravilla. La pendiente también se incrementa algo y pasa a tener algo más propio de un puerto, rondando siempre el 6%.


Pasan esos tres o cuatro kilómetros que me ha dicho el señor de la carretera y veo que aún queda bastante para alcanzar un collado que parece el final de la subida. Me da que tampoco sabía lo que decía.


Y nada, que esto no termina y se está haciendo tarde. Las sombras van alargándose con mucha rapidez y no me queda mucho tiempo de luz.


Con unas vistas estupendas del valle, corono en el collado de Golosa, un mirador estupendo de esta zona de Gata que me gusta especialmente.


Pero todavía quedan cuatro kilómetros más para coronar Puerto Viejo en lo que será el límite provincial de Cáceres con Salamanca.


Se está haciendo de noche y empiezo a pensar que va a ser posible tener que utilizar la tienda de campaña por primera vez en todo el viaje.


Llego a Puerto Viejo y, aunque no haya cartel de puerto, hay otro con la distancia que queda a Martiago. Decido tirar esos doce kilómetros para dormir en la localidad salmanteña y para ver si así me puedo ahorrar el tener que montar la tienda para pasar la noche.


El descenso me regala otro precioso atardecer y, aunque muy tenue, me da tiempo a hacerlo con luz natural. Ya estoy en Salamanca y ya se han acabado los objetivos montañeros.


Atravieso Martiago sin encontrar un lugar apto para dormir. Pero a la salida hay una ermita con una fuente y unos bancos de piedra sobre los que poder echar la colchoneta que me sirven. No creo que llueva y un techo no parece necesario.


Dispongo todo y me hago la cena con el pensamiento puesto en hacer dos etapas más. Al principio de la jornada lo veía complicado pero ahora lo veo más que factible. Me quedan 540km hasta casa y, aunque he llevado viento lateral contrario estos días, el giro que tengo que dar buscando Bilbao hará que ese aire se convierta en una gran ayuda. Ahora solo falta que cambie la tendencia y me joda, como siempre. Me lo juego todo a esta carta.

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