VUELTA A ESPAÑA 12
Villada - Bilbao

El tiempo ha cambiado y el viento de ayer trajo consigo una gran masa nubosa que ha hecho que se haya pasado toda la noche lloviendo. Menos mal que estaba abierta la puerta de la sala de espera de la estación porque habría chupado agua a lo grande.

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BITABI 12 Villada 255 km 2100 m+ IR

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Hoy tengo etapa larga de nuevo. Me quedan casi 260km para llegar a casa y empiezo con el chubasquero puesto porque no para de llover. No es muy molesto pero cala que da gusto. Por suerte, el viento continúa favorable aunque, eso sí, sin la fuerza de ayer por la tarde. Una vuelta con calores extremos y la última etapa empieza como la primera: lloviendo.


Sin apenas sacar fotos por culpa de la lluvia, con una velocidad de crucero muy aceptable, con el ánimo por las nubes porque sé que hoy duermo en mi cama después de cenar un filetón con patatas fritas que me han comprado para celebrar mi regreso triunfal, ..., llego a Osorno La Mayor. Es la fiesta de agosto y todo está cerrado a excepción de la tahona que surte de pan a toda la comarca. El olor me dirige hacia ella y compro el pan y una napolitana de chocolate para irme a comer fuerte a los bajos de la iglesia para protegerme de la lluvia cubierto por el pórtico lateral.


Me meto casi todo lo que llevo en las alforjas dejando algo para poder merendar y sigo camino entrando en la provincia de Burgos. La próxima provincia ya será Bizkaia, así que la moral se dispara. Además, la entrada en la provincia vecina coincide con el cese de la lluvia y puedo quitarme el chubasquero. Es un alivio porque, aunque estuviera lloviendo, el calor es el de siempre.


Nada más entrar en Burgos, cruzo el Canal de Castilla. Esto me recuerda que, a partir de Villadiego, la etapa será calcada a la que hice con la BTT regresando del Canal.


También cruzo otro de los grandes ríos de la Península Ibérica: el Pisuerga. Estoy a punto de llegar a Melgar, justo donde debería haber empezado esta última etapa, y ya llevo 75km.


Aunque ha dejado de llover, no las tengo todas conmigo. El viento favorable hace que las nubes me vayan siguiendo y, de vez en cuando, me caen algunas gotitas despistadas.


Antes de empezar a subir a Coculina, me detengo en Villadiego para llenar los bidones en una fuente y para terminar con el chocolate que me queda. Comienza aquí la parte común de la ruta con aquella que hice también con alforjas pero con la BTT en el regreso del Canal de Castilla y que tan mal recuerdo me dejó. Espero que las sensaciones mejores con respecto a las de aquella vez.


La carretera, que estaba en obras cuando vine hace unos meses, está ya perfectamente asfaltada. Y eso se nota. Da gusto rodar con la de carretera por aquí y más con viento favorable.


Solo los tres últimos kilómetros de Coculina tienen alguna dificultad y, sobre todo, la recta final antes de coronar junto a las antenas y los aerogeneradores. En esta recta, debido al giro de 180º que se produce en la herradura, el viento pega de cara y se nota la fuerza con la que sopla.


Ya en la planicie del páramo de Masa, desciendo hacia Nuez por la subida inversa, esta vez en bajada.


Y llego a la localidad que da nombre al páramo: Masa. Lo que más me gusta de andar por el norte es que no hay problemas con el agua y en todas las plazas de los pueblos encuentras una buena fuente con agua fresca.


Ya está todo el pescado vendido. Ya huelo a casa. Ya veo las montañas de la Cordillera Cantábrica allá en el horizonte. Y con aire favorable, no tardaré mucho en estar sobre mi sofá.


Para más alegría si cabe, sale el sol. El frío mañanero y la lluvia que me han acompañado a primera hora dan paso a una tarde espléndida.


Conecto con la carretera de Burgos a Villarcayo y el giro hacia el norte me devuelve a un aire lateral pero que sigue empujando favorable. Es una pena, pero tampoco me puedo quejar.


Llego al puerto de La Mazorra por su vertiente insignificante y comienza el descenso hacia el Ebro. Nuevamente, doce días después, me vuelvo a encontrar con él.


La cantidad de kilómetros llanos que llevo y, además, con la ayuda de Eolo facilitando el trabajo, hace que la pequeña subida de Incinillas sea un golpe duro. Me pilla un bochorno tremendo en el fondo del valle y la musculatura flácida se encarga de castigarme en las primeras rampas.


Llego a Villarcayo a eso de las tres de la tarde, con todo cerrado. Me habría gustado pillar un refresco o un helado en una tiendita de chuches pero la festividad de la Virgen de Agosto lo mantiene todo cerrado.


El camino que me queda hasta Bilbao es descendente a excepción del muro de Bocos. Su interminable rampa inicial de doble cifra me trastorna los pensamientos desde hace muchos kilómetros.


Pero lo solvento con más suficiencia de la esperada. La cercanía a casa me motiva especialmente y ya no quiero detenerme para nada.


Bajada rápida hasta llegar al Crucero y vuelta a dar pedales a buena velocidad con aire favorable.


En el Cabrio completo los 200km de esta jornada. Si lo que llevo hecho hasta aquí en el día de hoy lo tengo repetido, lo que me queda a casa lo tengo trilladísimo.


A ritmo de contrarreloj individual, entro en Bizkaia. Es emocionante pisar suelo propio después de una ruta de semejante envergadura. 


Pero más emocionante aún es entrar en Bilbao, entrar en mi casa. Como siempre digo, yo no soy de Bilbao, BILBAO ES MÍO.


Doce días, doce etapas, miles de kilómetros, muchas gentes, muchos puertos, muchas provincias, cientos de fotos, amaneceres, ocasos, calor, mucho calor, más calor de lo imaginable, ..., ¡tantas cosas en tan poco tiempo! Lo llaman CICLOTURISMO.

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