VUELTA A ESPAÑA 05
Iznalloz - Escúzar

Amanece un nuevo día pero no es un día cualquiera. Hoy es la etapa reina del viaje, con la ascensión al Veleta, el techo asfaltado de Europa. Tenía planificado terminar el quinto día en Granada para empezar a subir el coloso a primera hora de la sexta etapa pero el adelanto de más de 100km me ha situado en una posición difícil. Tendré que subir al mediodía, con el calorazo y con el Puerto Lobo en las piernas. El acumulado total de la etapa se me dispara bastante y no me gusta nada subir tan tarde por encima de los 3.000 metros de altitud. Le tengo mucho respeto a la alta montaña y siempre hay que salir a primera hora de la mañana hacia cotas tan altas.

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BITABI 05 Iznalloz 175 km 4000 m+ IR

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Así que madrugo más de lo habitual para salir pronto. Hace muchísimo calor a las siete de la mañana y el cielo está cubierto. No me gusta nada esta situación, muy propicia para que se produzcan tormentas por la tarde. Como muy pronto, no creo que haga cima antes de las cuatro o las cinco de la tarde y es demasiado riesgo. En cuanto puedo, le pego un toque a Amaia para que me mire por Internet la predicción en altura para Sierra Nevada.


Aún no han actualizado las predicciones para hoy, algo que no hacen hasta mediodía, así que quedo en llamarla de nuevo para cuando empiece a subir. Mientras tanto, tengo tarea. La nubosidad reinante me regala uno de los amaneceres más chulos del viaje.


Camino de Granada, regateando a la A-44 por carreteras secundarias, llego hasta el embalse de Cubilla. Ahí tomaré la carretera del Chaparral para subir a Puerto Lobo, el BIG granadino que me falta, por esta vertiente.


En cuanto empiezo a subir desde El Chaparral soy consciente de lo que está pasando. Esta subida me suena, esta subida yo ya la he hecho. ¡Coño! ¡Es La Alfaguara! La subida que está en el CIMA conecta con el Puerto Lobo en lo alto de la sierra. Es una vertiente del mismo que sube todavía más alto. ¡Mierda!


Los primeros doce kilómetros son totalmente coincidentes. Tengo varios tramos por encima del 10% que son intensos con las alforjas aunque, sabiendo que hoy tocaba el Veleta, la comida que me queda ya es poca. El paso por Nívar, con su kilómetro completo por encima del 8% pero con rampas muy fuertes para atravesar la población, se me hace especialmente duro.


A la altura del mirador, dejo el desvío de La Alfaguara a mano izquierda y continúo hacia Víznar por un terreno descendente al principio pero que se pone para arriba al pasar la población con mucha más fuerza.


El tramo alto de la sierra de La Alfaguara es precioso, con un montón de gente aprovechando la mañana para hacer deporte. Hay gente andando, corriendo, en bicicleta, ... Se nota que es un lugar de esparcimiento para los granadinos.


La carretera se estrecha mucho más y se encierra en un frondoso bosque con un área recreativa y algún que otro punto informativo del parque. Se alcanza la cota más alta algo por encima del Puerto Lobo y se desciende hacia él para bajar a Granada por la carretera principal.


En unos metros se pasa por encima de la A-92 y se llega a Puerto Lobo. Mi forma de acceder a él no ha sido muy ortodoxa que digamos pero, sin duda alguna, es la perfecta para hacer la ruta circular, es más dura y más bella que el puerto estándar.


El rápido descenso me permite obtener unas vistas generales de la ciudad desde una de las curvas del trazado.


Y con 55km hechos llego a Granada dispuesto a pararme a comer en alguna parte en las proximidades de La Alhambra, que me pilla bien de salida hacia Sierra Nevada.


Atravieso los Jardines de La Alhambra colándome por todas las barreras que me voy encontrando y buscando alguna fuente que me sirva para poder cocinar. Pero no encuentro ninguna y, además, está todo petado de turistas y no voy a poder estar demasiado tranquilo. Ya a las afueras, encuentro un bar en una plazuela y entro para pedirles agua y que me llenen la cazuela para cocer unos espaguetis.


Los dos tipos del bar se muestran superamables y me echan hielos en los bidones, me llenan la cazuela y me dan una conversación perfecta, de esa de descojonarse de cualquier cosa. Son las once de la mañana y no tienen gente y, mientras hago la comida tirado en el suelo de la plazuela, salen a darme palique. Me meto un mogollón de espaguetis, casi a empujones de la pedazo ración que me he puesto, porque van a hacer falta.

Mientras tanto, vuelvo a llamar a Amaia para que me pase la predicción. Ya la han actualizado y el riesgo de tormentas es bajo, a pesar de que se ven nubes muy feas en el entorno de los picos. Lo que sí pone es que el viento será muy fuerte en altura, algo que, llevando tantos días con él en contra, ya me imaginaba.

No quería subir de tarde y, al final, es lo que va a pasar. La comilona que me meto me lleva un buen rato y, por agradecimiento a los chicos del bar, decido hacer algo de gasto y les pillo un helado. El calor es terrible y me vuelven a poner un montón de hielos en los bidones antes de salir.


La verdad es que subo bastante acojonado. Una subida de 44km continuada al 6%, muy por encima de 3.000 metros, con alforjas, con más de 40ºC, a mediodía, con viento de cara mayormente y muy fuerte en la parte alta, con unas nubes amenazantes que me dan muy mala espina, con casi 1.000km en las piernas, con dos antecedentes en los que me quedé con las ganas de coronar en la cima, ... ¡Qué ostias! ¡Subo cagadito perdido!


Dejo atrás el primer cartel con la altitud y ya no tengo qué beber. ¡Menuda pesadilla! El ritmo que llevo, a pesar de todo, es bastante bueno. Como cuando baje tengo previsto tirar para Monachil por El Purche, espero poder dejar las alforjas en alguna parte una vez que pase el cruce.


Pero hasta llegar a ese cruce tengo casi 20km de subida cargado con el peso. Por suerte, hay un par de bares antes de él y puedo ir recargando agua.


Por fin, llega el momento esperado. No veía la hora de llegar al desvío que se dirige a Monachil. A partir de aquí, tendré que ir preguntando en los diferentes sitios que me encuentre para ver si me guardan las alforjas. 


Sé que hay algún restaurante antes de llegar a las antenas y que allí mismo hay una gasolinera. Estos dos o tres kilómetros los hago impaciente por llegar y dejar la carga en alguno de ellos.


Llego al hotel, el primer establecimiento, y muy amables me guardan las alforjas en recepción. Tienen cambio de turno a las dos y el hombre que se quedará por la tarde me dice que me esté tranquilo, que puedo volver a la hora que quiera puesto que será él el que esté hasta las diez de la noche. Calculo así por encima y le digo que espero volver para las seis, estimando que haré cumbre pasadas las cinco. También me advierte del frío que puede hacer arriba y me aconseja llevar ropa para el descenso y me cojo la camiseta térmica de montaña, el chaleco cortavientos y el chubasquero, por si acaso.


De nuevo con agua fresca, continúo con mi ascensión sin la pesada carga y casi salgo volando. ¡Qué barbaridad! ¡Lo que se nota el lastre en una subida como esta!


Pero aunque el calor no es agobiante por el aire de cara que recibo, el agua se calienta enseguida y no hay quien pueda beberla. Por esta razón, y porque la vía que no pasa por Pradollano ya me la conozco, decido atravesar la estación y subir por las urbanizaciones.


Está casi todo cerrado pero encuentro un restaurante en el que me llenan los bidones. A partir de aquí ya no habrá posibilidad de reponerlos, así que espero que me aguanten frescos. Como de entrada no me los ponen, le pido al camarero que me eche unos hielos.


Me meto por las calles para enlazar de nuevo con la carretera y sigo preocupado por las nubes. Le pregunto a un hombre que pasa por allí y me dice que no cree que haya tormenta pero que sí es posible que me moje un poco. Bueno, eso no me preocupa demasiado.


Con más facilidad de lo que podía pensar en Granada, llego hasta la zona del albergue de Hoya de la Mora. A partir de aquí, la barrera impide el tráfico de vehículos, exceptuando los taxis del parque que suben a los visitantes hasta arriba.


Paso bajo la barrera y empieza la pista que, salvo un par de baches, se encuentra en perfectas condiciones. Ya está cerca el punto hasta el que pude llegar en la segunda intentona y me empieza a picar el gusanillo.


Dejo atrás la ermita de la Virgen de las Nieves al tiempo que doy caza a tres beteteros que van a dormir en el refugio del Veleta. Se nota que he soltado lastre y ya subo a ritmo de bicicleta de carretera normal, pudiendo bailar la bici en las herraduras, en las que me pongo de pie disfrutando enormemente.


Para mayor satisfacción, el riesgo de tormenta hace rato que no me preocupa. Se ve el pico limpio y se están abriendo grandes claros. Lo único malo es que hay mucha bruma producto del altísimo calor que hace y las vistas son bastante sucias. Pero bueno, tampoco me importa demasiado porque ya las pude disfrutar la vez anterior en la que estaba todo muy despejado.


En apenas unos minutos, los beteteros quedan muy abajo y yo ya estoy en terreno desconocido, acercándome a la cota 3.000 algo ansioso y con un viento tremendo que, en función del sentido de la curva, te frena o te empuja con muchísima fuerza.


El piso sigue estando estupendo por encima de los 3.000 metros. No se le puede pedir más. Algún pequeño socavón, algunos metros con piedrillas que se pasan de sobra, ... ¡Una gozada! Voy disfrutando de la subida con el pensamiento de que solo este puerto merece la pena hacer un viaje como este chupándose kilómetros y kilómetros en los que no ocurre absolutamente nada.


Me faltan un par de kilómetros para llegar arriba y empiezo a divisar a otros dos beteteros que van por delante. Con un poco de suerte, igual tengo quien me haga una foto en la cima, pienso.


Aunque también me cruzo con algún que otro mochilero. Son varias las parejas que veo, sobre todo extranjeros, y varias veces me pasan los taxis repletos de gente.


Llego ya a la zona en la que están las casetas de los remontes y el piso se estropea algo. Incluso hay un par de curvas en las que tengo que desmontar porque hay bastantes piedras. A los beteteros que me precedían los veo subiendo a pata la parte final con las bicis en el hombro.


Yo llego hasta el final del asfalto y continúo la pista empujando la bicicleta. Cuando veo que ya no merece la pena, la dejo en el suelo y me encaramo al sendero para concluir la ascensión pateando.


¡Por fin! ¡A la tercera va la vencida! He tenido que subir el Pico Veleta por la vertiente de Bilbao, ésta nunca falla. Son 1.000km, al 0,3% de media, muy engañosos.


El vértice geodésico está ocupado por mis dos predecesores, una pareja de alemanes a los que les hago unas cuantas fotos de cima antes de que ellos me devuelvan el favor y me las hagan a mí. No suelo hacerme fotos en las cumbres, pero ésta no podía faltar.


La chica habla español perfectamente y charlamos un buen rato. Me han visto subir con las alforjas desde Granada porque me debieron adelantar con el coche. Están de vacaciones y la semana que viene estarán en Bilbao, para visitar el Guggenheim, claro. Les aconsejo que visiten también el Museo de Bellas Artes, que está enfrente y tiene obras de arte de verdad.

Unos minutos después, tras disfrutar de la cima a pesar del fuerte viento, nos tiramos para abajo. Me pongo la camiseta térmica para el descenso pero me la tengo que quitar en la primera curva porque me asfixio. El calor es tan tremendo que puedo bajar de los 3.385 metros completamente desabrochado. ¡Una pasada!

Llego al hotel donde dejé las alforjas casi a las seis y media, algo más tarde de lo que dije que podría llegar. Me he entretenido mucho haciendo fotos en la cima y en la bajada, y la etapa la doy casi por finalizada. Llevo casi un día de ventaja y no tengo ninguna prisa.

Me quedo bastante tiempo de charla con el encargado del hotel, muy majo él: Vladimir. No sé el porqué pero son varias las personas con las que entablo conversación acerca del estado de la crisis en Euskadi. Me preguntan mucho qué tal lo estamos pasando por allí. En cierta forma, se nota que la gente lo empieza a pasar muy mal del Ebro para abajo.

Ya bastante tarde, prosigo mi viaje con las alforjas de nuevo en su sitio. ¡Vaya cruz! ¡Con lo bien que estaba yo! Ya de entrada, tengo la posibilidad de comprobar cuánto putean en las dos rampas fuertes que hay en el desvío para coronar El Purche.


Abandono Sierra Nevada para dirigirme hacia Málaga por La Zubia con un pensamiento: tengo que avisar a Juan de que llegaré a Málaga un día antes. Había quedado con él para la mañana del viernes y me voy a plantar allí el jueves.


Le envío un SMS a Juan diciéndole que ya he pasado La Zubia y recibo su llamada pedaleando de noche. Ha quedado una temperatura nocturna muy agradable para pedalear y espero acercarme lo máximo posible a Alhama de Granada para que mi paso por Málaga, aún siendo un día antes, pueda ser más o menos a la misma hora que la que tenía acordada con él.


Quedo con Juan para mañana, saldrá en bici a mi encuentro como teníamos acordado para un día después, aunque encuentro un sitio para dormir en un pabellón industrial de Escúzar 35km antes de Alhama de Granada y no me lo pienso demasiado. Tampoco es plan de pedalear mucho tiempo de noche y empezaré antes la etapa de mañana o llegaré un poco más tarde a la cita.


La etapa reina del viaje ha sido todo un éxito. Un día antes de lo previsto he podido hacer cumbre, por fin, en el Pico Veleta. El BIG granadino que me quedaba: Puerto Lobo, ha sido abatido. Y lo que es mejor, si todo va bien, tengo casi un día de margen para imprevistos. Estoy tremendamente satisfecho.

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