Carretera sin lastre

Ayer fue la primera salida en bicicleta tras la BITABI, aunque fuera con la de montaña, y hoy lo es con la de carretera. Eso sí, sin el lastre de las alforjas. Sin saber muy bien a dónde ir, rajándome esta mañana una vez vestido de ciclista, salgo esta tarde en dirección a Zalla. Hace tiempo que no subo Alen y se me ocurre una ruta circular que lo tenga entre las subidas.



La subida a La Herbosa es la primera tachuela del día y me sirve para comprobar lo que ya sabía: sin alforjas se sube mejor que con ellas.


Desciendo esta pequeña cota hacia Artzentales y giro bruscamente para ir a buscar el inicio de la subida a Alen en Olabarrieta.


El rápido descenso me deja en el cruce, donde tengo que dar media vuelta para bajar el plato porque me pilla el toro en la primera rampa con él metido y casi me caigo de lado.


Alen son cinco kilómetros a poco más del 7%, con mucha constancia en todas sus rampas, así que toca marcar un ritmo inicial que se pueda mantener en toda la subida.


En esta zona de Bizkaia aún sobrevive el verde. Está todo muy seco, hace calor y no ha llovido en todo el mes de agosto.


Poca historia. Llevo menos de 50km y ya me aburre lo que veo. Rodar por las carreteras de siempre no me motiva nada y la bicicleta se convierte en un coñazo.


Desciendo Alen para encaminarme a Muskiz y, antes de meterme de lleno en la población, girar a la derecha para subir Peñas Negras para que el desnivel acumulado de la ruta sea algo digno.


El inicio de Peñas Negras por esta vertiente de Santelices camufla sus duras rampas en una media total que supera el 7% pero con unos kilómetros finales muy suaves. Son tres kilómetros iniciales intensos, manejándose con frecuencia en la doble cifra.


Me encuentro a un ciclista accidentado en una curva. Se ha caído bajando pero no tiene nada. Es lo malo de esta bajada. La bicicleta se lanza mucho y hay un par de curvas que se van cerrando y que suelen acumular humedad. Lo sé porque ya me fui al suelo la primera vez que bajé por aquí. Ahora ya me lo sé y siempre que voy en sentido contrario bajo con prudencia.


Superado el primer kilómetro, me sorprende el cartel que indica que la entrada al Museo de la Minería es gratuita para ciclistas. No me suena haberlo visto antes y habrá que hacer uso de esa invitación un día de estos.


Pasan los primeros tres kilómetros y la subida cambia hasta el punto de parecer otra. De las duras rampas iniciales pasamos a un paseo con grandes vistas.


Sin apenas darme cuenta, corono en el Centro de Interpretación del parque y continuo el camino hacia La Arboleda.


Las vistas de la ría siempre son un motivo de alegría. Cada vez me siento más vinculado a ella y me gusta verla, sea desde donde sea.


Dejo Argalario a un lado antes de empezar a bajar de La Arboleda por La Reineta. Son las siete de la tarde y ya no hace el viento que hacía cuando salí de casa. Está quedando una tarde muy agradable.


En el mirador no puedo evitar pararme a comer una barrita de cereales que he cogido en casa. Esta vista es una de mis favoritas, con todo el Gran Bilbao a mis pies.


La salida ha sido corta pero me ha servido para mantener las piernas activas. Han sido 90km y 1.700 metros de desnivel, así a lo bobo.

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