MAUNA KEA 7: subir +5000

La etapa de hoy es de esas que exigen estar muy en forma porque el menú incluye un montón de puertos sin apenas descanso entre ellos. El desnivel llega a los 6.000 metros si completo todos los puertos aunque, una vez que haga el Peyresourde de vuelta, puedo prescindir de Azet y dejarlo en algo menos. Total, aún no tengo hecho el paso 7 del Mauna Kea como para saltar de golpe hasta el paso 8.

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MAUNA KEA 7 Saint Lary 230 km 5100 m+ IR

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Pongo el despertador muy pronto como para salir con la primera luz del día pero me rajo cobardemente porque hace un frío horroroso. A eso de las 07:30 ya me atrevo a salir del coche y me pongo en marcha para superar la primera del día: Val Louron - Azet.


Son algo así como diez kilómetros con unos buenos números, lo suficiente como para ir entrando en calor pero todavía no me animo a soltar ropa. El cielo está despejado y ya sabemos qué pasa a primera hora en días como este.


La etapa que tengo diseñada no me ofrece ningún puerto nuevo pero sí varias vertientes que solo he hecho de bajada. Esta es una de ellas y así voy completando ascensiones para el currículum.


Cojo altitud rápidamente y aparecen los colosos nevados, con el Neuville en primer plano dando solera al paisaje de montaña.


Son más de 1.500 metros de altitud y apenas hay nieve por las cunetas. Esto me da muchas esperanzas porque hay un punto crítico en la ruta que es el Port de Balés, la cima Coppi del día que no es un col que lleve a ninguna parte y puede que no esté limpio.


Desciendo con el consabido fresco mañanero. Por arriba voy con la chaqueta de invierno pero por abajo llevo un culote corto con unas mallas finas por encima para poder quitármelas cuando empiece a templar el día. La jornada será larga y confío mucho más en la badana del culote GORE que no en la del culote largo de invierno.


En Génos me desvío un poco para rodear el laguito de Loudenvielle porque, con las cumbres nevadas alrededor, tiene que dejar un espejo increíble.


La estampa es encantadora y me sirve de ánimos para empezar a subir esta vertiente del col de Peyresourde. El sol empieza a estar más alto y lo agradece la cámara de fotos.


Esta vertiente del Peyresourde solo tiene siete kilómetros. Mantengo un buen ritmo pero en modo conservadurismo total porque queda muchísimo todavía.


Voy entretenido y, antes de que me de cuenta, me encuentro en la parte alta. El solete empieza a calentar bastante, generando un contraste muy alto comparado con el frío de esta mañana.


En la cima me como un bocadillo de Nocilla de los dos que me he puesto y uno de los plátanos que llevo. Llevo comida calculada para no tener que andar parando en todo el día. Al llegar a Bagnéres de Luchon, toca quitarse algo de ropa.


Empiezo a subir Superbagnéres con bastante calor. Es un puerto muy largo y me lo tomo con calma pero sin pausa.


A medida que profundizo en el valle, el paisaje va ganando muchos enteros. Este es uno de esos puertos bonitos de verdad.


A media subida me adelanta un ciclista que va como una moto y veo bajar a otro que va con un coche de un equipo profesional por detrás. Se conoce que la apertura de los grandes puertos trae a los profesionales para entrenar con puertos en condiciones.


Llego a la última parte del puerto y el disfrute es de los guapos. Voy tan entretenido con el paisaje que apenas me doy cuenta de que voy más de diez kilómetros de ascensión.


A falta de tres kilómetros para llegar a la estación invernal, el espectáculo es colosal. Solo estas curvas dan por bien empleado un viaje como este.


No paro de sacar fotos en marcha y eso hace que se me pasen enseguida estos últimos kilómetros. Son más de mil metros de desnivel los que se salvan desde Luchon y no tengo ninguna sensación de cansancio. La cosa marcha.


Tan solo un par de coches han coincidido conmigo en toda la subida y me encuentro a esas personas asomadas al mirador natural que supone esta cima. También hay tres o cuatro parapentes volando.


Precioso. Me cojo una buena posición y, aunque en el alto hace algo de fresco, aprovecho para comer otro poco contemplando semejante maravilla.


El descenso no es tan frío como esperaba. De hecho, al llegar al fondo del valle hace mucho calor y empiezo a subir el Portillón muy acalorado.


Esta vertiente tampoco la tenía, así que otra más para la colección. El inicio es mucho más bello que el de la vertiente española.


Voy pasando kilómetros y empiezo a apreciar que las nubes se acercan peligrosamente a las cumbres. Según las previsiones para hoy no había riesgo de tormentas ... pero no me fío un pelo.


El bochornazo de esta subida me pasa factura. Voy con la chaqueta de invierno y con camiseta larga por debajo y empiezo a cocerme. Es muy difícil acertar con el vestuario en estas etapas maratonianas con un tiempo tan cambiante.


La tranquilidad de los puertos anteriores se rompe en este otro al pasarme una hilera de moteros enorme. No sé cuántos serían pero muchos, muchos, muchos.


Menos mal que este tipo de motero de negro es muy respetuoso y no tiene nada que ver con el estereotipo valenciano fosforito imitador de Valentino Rossi. La mayoría me saludan con la mano cuando me adelantan con sumo cuidado.


En la cima del Portillón no me detengo para nada. Tengo una parada programada en Bossòts para aprovechar que es territorio español y que puedo llamar a casa mientras me avituallo de nuevo.


A orillas del Garona me tomo otro plátano y alguna chuchería de las que llevo mientras llamo a casa. Se está poniendo muy feo por las cumbres y me temo que todavía pillo tormenta. Me entran muchas dudas y empiezo a sopesar la opción de rodear los puertos par no arriesgar. Una tormenta a 1.700 metros puede ser demasiado para mí.


Entro en Francia con unas nubes muy feas para donde me dirijo. Incluso me caen un par de gotitas que me acojonan bastante.


Pero me voy acercando a St. Beat y se van desvaneciendo como por arte de magia. No deja de asombrarme lo rápido que cambia todo en la alta montaña.


Llegados a este punto, estoy hecho un mar de dudas. No sé si seguir con el plan inicial o rodear los puertos en una opción mucho más larga.


Las nubes siguen amenazantes y yo sigo indeciso mientras camino por una amplia carretera desierta. En Francia parece que el tráfico ha desaparecido al igual que en España.


Finalmente, pensando que he venido para lo que he venido, opto por hacer lo que traigo planificado desde casa y me desvío rumbo al Port de Balés por esta vertiente de Mauléon.


La carretera se estrecha y se vuelve muy coqueta. Este verde es una pasada. Las nubes se empiezan a disipar de nuevo y voy muy confiado. Creo que no me va a llover aunque nunca se sabe, claro.


El puerto es largo pero hay dos partes muy bien diferenciadas. Los primeros kilómetros son un paseo con pendientes irrisorias.


A tres o cuatro kilómetros de iniciar la subida, me encentro con una señora andando con su bicicleta de carretera en dirección contraria a la mía. Viene con un pinchazo y le ofrezco mi ayuda sacándome una cámara del bolsillo del maillot.


Pero lleva de todo: cámaras, herramientas, inflador, ... El problema es que no sabe utilizarlos. Le hago el trabajo mientras charlamos un poco chapurreando idiomas. Es muy simpática y agradable y no para de darme las gracias por haberla ayudado. Mientras a ella aún le quedan cuarenta kilómetros para su destino, a mí se me está haciendo bastante tarde.


Prosigo con la subida siguiendo el curso del arroyo, que suena muy tranquilizante. Hace tiempo que el sol ha desparecido y empieza a hacer fresco otra vez.


La primera mitad tan suave da paso a unos números para tener en cuenta. Me quedan ocho kilómetros casi al 9% de media por una carretera estrecha y con muchas piedras de los desprendimientos.


Esta parte cerrada da paso a una bastante más abierta y con algún ligero descanso. La parada me ha sentado mal y decido reponer fuerzas comiendo los do paquetes de kit-kat que me quedan. Estaba reservando uno para la cima de Balés y otro para la del Peyresourde pero neceito ahora ese chute extra.


La sobredosis de chocolate que me meto me da unas fuerzas increíbles y van cayendo las rampas casi sin darme cuenta hasta que hace acto de presencia la nieve en las cunetas a poco más de 1.200 metros de altitud. Preocupante, muy preocupante.


Un par de kilómetros más arriba me topo con un ciclista que baja y que me dice que la carretera está cortada por nieve. Le entiendo que solo son 300 metros y que el no ha pasado porque se le quedaban los pies congelados. Me despido de él y continuo hasta que me encuentro con un coche que baja a cuyo conductor le pregunto por el estado del puerto. Me dice que es imposible pasar, que está cortado. Sigo y, a pocos metros, me encuentro con un nevero que ocupa todo el ancho de la calzada. Si estoy en 1.400 metros de altitud y el puerto tiene 1.750 metros, la cosa pinta muy mal. Me parece que hasta aquí hemos llegado.


Me entra un bajón de esos tremendos. La decisión de subir a Balés entrañaba sus riesgos pero, estando casi arriba, me tengo que comer el marrón de dar una vuelta de escándalo para llegar a Saint Lary. Como el track que llevo iba por los puertos, pongo el GPS en modo navegador con la localidad francesa como destino y elmuy puñetero me quiere devolver a Luchon para subir el Peyresourde porque lo ve como la opción más adecuada.


Me niego a reandar lo andado y decido continuar siguiendo el mapa, rodeando las montañas aunque se me disparen los kilómetros. La ruta es preciosa pero está repleta de repechos.


Aunque vuelve a salir el sol, queda poco de día y el frío se acentúa a cada minuto. Estas carreteritas estrechas que unen pequeños núcleos están llenas de gravilla y no llevo una velocidad demasiado alta.


Así a lo bobo, me estoy metiendo un desnivel superior al de hacer el Peyresourde. Me voy encontrando rampones de más del 10-15% en varias ocasiones y paso un par de cols no puntuables pero que me dejan muy tocado.


Me he quedado sin comida y este rodeo de casi 80km me está dejando vacío. Entre el cansancio, la falta de alimento y el frío del atardecer estoy quedándome aplatanado.


El trazado es chulísimo pero para otra ocasión. Hace tiempo que tengo ganas de ir saliendo a la carretera general de Arreau y el GPS sigue enviándome para atrás. Me temo lo peor.


A la falta de alimento se le une la falta de líquido. El bidón lo llevo vacío desde hace mucho tiempo y empiezan a secarse los labios sin que encuentre una fuente en ninguno de los escasos núcleos de población que me encuentro. Estoy a punto de pedir agua en alguna casa pero es que no se ve ni gente.


Supero los 200km y se empiezan a encender todas las alarmas. Cae la noche y menos mal que he sido previsor y me he venido con las luces.


Por fin, tras mucho sube y baja por rampas de doble cifra y sin certeza de lo que vendría después, aterrizo en la carretera de Arrau y veo una señal en la que me marca 21km a Saint Lary. ¡Menudo bajón! Quedan unos minutos de luz y todavía me queda una hora de pedaleo como poco, porque ya voy cuesta abajo en mi rendimiento y la velocidad cae en picado.


La noche se cierra en unos minutos y el frío es tremendo. Con señales de hipotermia llego a Arreau y cojo agua en una fuente aunque solo puedo dar unos sorbos porque me incita a vomitar. A una velocidad irrisoria llego a Saint Lary y tengo fuerzas solo para dejar la bicicleta en el asiento delantero mientras caigo desplomado sobre mi lecho. No puedo taparme con la manta porque me arde el cuerpo a pesar de haber llegado tiritando. La cabeza no para de trabajar y me vienen muchos pensamientos de cancelación de planes.

¡QUIÉN COJONES ME MANDARÁ A MÍ METERME EN RUTAS DE ESTAS CON LO BIEN QUE SE ESTÁ CON RECORRIDOS DE SOLO 100KM!

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1 comentarios :

  1. joe!!! alucino con tus rodeos de 80 kmm. Que guapa re-vuelta....
    jejeje ya se de donde saca las portada "la Paris"

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