La sierra norte de Sion

Hoy he podido dormir a pierna suelta. La etapa vuelve a tener un kilometraje que no me exige madrugar mucho y el traslado posterior volverá a ser muy corto, así que pongo el despertador algo más tarde. Pero también tengo las cosas muy controladas dentro del coche y tardo menos en prepararme el desayuno y en vestirme, así que salgo prácticamente a la misma hora.

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Sierra norte de Sion Sion 120 km 4100 m+ IR

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Analizo un poco el mapa de la ruta y, como todas las subidas son en el norte de Sion, me merece la pena trasladar el coche hasta un punto intermedio entre la primera subida y las otras dos. Así no tengo que llevar comida en el maillot y planifico un descanso central con comida copiosa de primero, segundo y postre.


Esta vertiente norte está plagada de viñedos. Para acceder a Savièze, camino del col du Sanetsch, el track de la ruta me lleva por la carretera primero pero, en una rotonda, me mete por unas pistas entre las uvas con pendientes exageradas. ¡Menuda trampa! No me lo esperaba y me hace sudar de inicio.


Savièze queda de lado y llego a una carretera sombría con un paisaje tenebroso entre rocas, revirado y sin visos de ver el sol en un buen rato. Hasta hace fresco por aquí.


Los túneles y galerías se suceden. Intento adivinar por dónde seguirá la carretera pero no hay forma de saberlo. Se intuye alguna recta en la roca, allá por lo alto, pero puedo estar equivocado. Este inicio es tremendo.


Poco a poco voy saliendo del fondo del valle y entro en una zona boscosa con dos o tres poblados turísticos. Hay varios carteles de senderismo indicando el col du Sanetsch y me guío por ellos porque he decidido hacer las rutas a ciegas, sin saber distancias ni pendientes. Un cartel que pone tres horas a pie estimo que me estará diciendo que me quedan unos quince kilómetros. Así ando, calculando una velocidad a pata de unos cinco kilómetros por hora.


Llevo un rato con apretón y, antes de penetrar en otro túnel, veo que unos árboles me pueden proporcionar algo de intimidad para plantarles un pino hermano.


Queda un poco cerdo pero da gusto cagar con estas vistas tan chulas. La ventana de mi WC no da para tanto.


Producida la descarga, el pedaleo se vuelve más alegre. Aún así, la distancia del puerto se va notando, con casi veinte kilómetros por encima del 7-8%. Estos puertos largos acaban siendo potentes.


El paso por el último túnel me ha descubierto un paisaje de montaña mucho más atractivo, lo que hace que cada nuevo túnel se convierta en una ilusión por la sorpresa que me pueda deparar a su salida.


Por ahora, este es el puerto más montañero de los que me he ido topando en este viaje. El glaciar de Tsanfleuron reclama mi atención.


Se acerca otro túnel, esta vez mucho más largo. Acabo de divisar a un ciclista que va unos metros delante mío y se pierde en él a pesar de estar bastante bien iluminado.


La longitud de este nuevo túnel me transporta a un paisaje fabuloso, donde la alta montaña pasa a ser la protagonista.


Intuyo dónde estará el col du Sanetsch pero no sé cuánto me queda exactamente. Hace rato que el puerto está haciéndose durillo y parece no tener fin.


Consigo coronar Sanetsch y coincido con tres o cuatro ciclistas más en la cima. El ambiente es genial. Nos saludamos y charlamos un rato. Son franceses, se nota, viven el cicloturismo de una forma muy parecida a como yo lo entiendo.


En el descenso me cruzo con el autobús que va dejando montañeros regados y paro en cuanto me encuentro a dos ciclistas bastante mayores apoyados a un quitamiedos para preguntarles si tienen algún problema y les puedo ayudar en algo. También son franceses y esperan a un colega que viene un poco retrasado. En cuanto llega, comenta que no sabe qué le pasa hoy que no va muy bien y nos damos cuenta de que lleva los puentes de freno cerrados y que la rueda trasera va aprisionada por las pastillas. Apenas rueda y, en cuanto abre los puentes, los compañeros no pueden parar de descojonarse. Me despido de ellos entre risas y el viejillo me hace un caballito como diciendo que ahora va a salir disparado a la primera pedalada.


Entre pitos y flautas, con la longitud y pendiente de este col du Sanetsch, llego a Sion a mediodía y con mucho calor. Menos mal que tengo el coche en medio de la etapa y voy a poder comer y beber bien.


La jamada que me pego es de las de las grandes ocasiones. Entre una cosa y otra, todavía no me he metido una buena comida en cuatro días. Me preparo de primero una lata de cocido madrileño; de segundo, unos pimientos del piquillo rellenos de marisco; de postre, una lata de macedonia de frutas. Con una cocacola para regarlo todo creo que voy bien alimentado para las dos subidas que me quedan y eso me permite quitarme algo de ropa porque hace muchísimo calor.


La subida al embalse de Tseuzier empieza por una carretera amplia que me lleva de Sion a Luc. Apenas hay tráfico y, tras el descanso que me he tomado, me cuesta un poco ponerme en marcha.


En Luc hay un par de fuentes y relleno el bidón para lo que me resta de subida. Me meto por una pista que empalma con la carretera del embalse acortando distancia y, lógicamente, subiendo la pendiente.


Esta pista está un poco sucia, con bastante gravilla suelta, algo que tendré en cuenta para la bajada. A diferencia de lo que me pasó en Sanetsch, aquí tengo muy claro el destino de la subida, ya que se aprecia un collado a lo lejos bastante evidente.


La carretera que se dirige al embalse es muy estrecha y coincido con varios coches. Se ve que estas presas son un buen reclamo turístico por el tráfico que soportan.


Los túneles y galerías también están presentes en esta subida. Las vistas sobre el valle del Ródano son fabulosas al estar mucho más abierto que el anterior. Luego tengo que ir a Crans-Montana y casi diviso la subida en su totalidad frente a mí.


Esta subida es algo más corta y tiene varios descansos en la parte central, pero el final es bastante duro, con cinco kilómetros por encima del 10% antes de llegar al descanso final en donde se atraviesa un larguísimo túnel de roca.


No me gustan especialmente estos finales. Las presas son lo que son y, aunque no llegan al nivel de artificialidad de las estaciones de esquí, resultan demasiado pobladas.


La presa es de arco y tiene una altura de 156 metros, lo que la convierte en la quinta más grande de este tipo en Suiza. Contando a la de La Grande Dixance, que es de gravedad y la más alta de todas, sería la sexta más grande del país.


Hay una mesa de interpretación con el perfil de montañas de enfrente, con varios cuatro miles a la vista. Me quedo un buen rato disfrutando del lugar antes de volver a Luc, donde empezar a subir a Crans-Montana.


Como el comienzo de Tseuzier y Crans-Montana es el mismo desde Sion, la última subida se me ha quedado en la mitad, en poco más de diez kilómetros.


La carretera se intuía mientras subía al embalse y no parecía gran cosa. Es la típica subida a una estación invernal, con final en los hoteles y apartamentos. Estas subidas alpinas no me gustan demasiado. Además, en esta me encuentro con bastante tráfico (aunque en las fotos lo evite).


Es a partir de Lens cuando me pongo a subir definitivamente. Hay un laguito muy chulo a la entrada de la localidad.


Dejo Lens y la subida se vuelve una mierdilla. Primero paso Crans, o Montana ya no sé qué venía antes, por una carretera sin mayor historia. Cuando subo estos BIGs (igual que me pasaba con algunos CIMAs) no entiendo porqué tendrán que incluirse subidas en los listados por haber sido finales de etapa en alguna carrera o historias de esas, siendo como son una castaña al lado de sus vecinas.


Llego a una gran avenida con hoteles y no sé si será o no el final pero me da absolutamente igual. En cuanto empiezo a estar agobiado por los autobuses decido darme media vuelta.


Vuelvo al coche y termino la etapa con muy buenas sensaciones. Todavía me queda buena tarde para dar un paseo por Sierre. Encuentro una gasolinera que me acepta euros pero al cambio de uno por uno con francos suizos. Me habrá visto cara de gilipollas la tía pero no cuela. En la de enfrente lleno casi al mismo precio que en España, a 1,50 euros/litro. Con el tanque lleno me aseguro poder cruzar Italia sin gasta un solo euro.


Me recorro Sierre de cabo a rabo y encuentro Wifi gratis. En todas las poblaciones de la parte francófona del cantón de Valais ha sido así. ¡Una gozada!


La etapa de mañana es corta y me permitirá reponer fuerzas, aunque lo llevo muy bien. Estas etapas que rondan los 120km son una gozada para tomárselas con calma y para disfrutar cada momento. Creo que esta planificación ha sido todo un acierto. Todos los días paso de tres mil metros, pero sin estar todo el día sobre la bicicleta.

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