Al norte del Piamonte

He pasado la noche perfectamente en Baceno, Hoy tengo una jornada bastante tranquila, en la que los puertos los voy a hacer en plan picaflor porque me pillan un tanto aislados y la ruta se me dispararía de kilometraje. Así aprovecho para irme acercando a la zona de los lagos para futuras etapas.



La Cascada del Toce es una subida larga, de más de veinticinco kilómetros, en la que se ascienden más de mil metros de desnivel.


Los primeros diez kilómetros son muy suaves y me sirven para ir entrando en calor. El día ha salido muy nublado y amenaza lluvia. Espero tener suerte y no mojarme.


A media subida, se llega a uno de esos lugares curiosos que nunca se olvidan. Se trata de un túnel enorme, de tres kilómetros de longitud, que mantiene una curva helicoidal en su interior. En subida te estás un buen rato dentro.


Salgo del túnel y hay otro tramo casi llano al paso por Formazza. El día está muy tristón y las fotos no lucen nada.


Aquí empieza la parte más dura de la subida. La última media docena de kilómetros se encargan de tensar los números para ascender a la pequeña presa natural que supone el altiplano desde el que se desprenden las cascadas.


No pasa nadie, hay mucho silencio, lo que permite ir oyendo el precipitar del agua cada vez con más fuerza.


Pero no tengo mucha suerte y las cascadas bajan bastante secas. Había visto imágenes en Internet mucho más interesantes pero claro, estamos en agosto.


Algo decepcionado porque el espectáculo está bastante deslavado, doy media vuelta nada más llegar. Apenas invierto un minuto en contemplar el valle porque se está poniendo bastante feo y no quiero empezar el día mojado.


La etapa de hoy me la he tomado como un día de transición. Llevo muchas jornadas duras y este picaflor me va a venir muy bien para recuperar fuerzas de cara a los días siguientes. Aprovecho el paso por Domodossola para ver un poco la localidad y me empieza a pasar por la cabeza la idea de no hacer el duro Alpe Rossonbolmo. Es demasiado duro, me encuentro algo cansado y no me apetece sufrir en un día de transición.


En Villadossola se inicia la subida al Alpe Cheggio. Es otra subida de más de veinte kilómetros con lo que, entre esta y la anterior, ya me voy casi a los cien.


La mañana ha ido despejando y eso se agradece. El paisaje empieza a lucir de nuevo, con un verde espectacular.


Voy remontando el torrente Ovesca con total tranquilidad. Lo duro de esta subida está en los kilómetros finales, donde la doble cifra será una constante.


A medida que voy tomando altitud, el paisaje se vuelve más de montaña y eso me gusta mucho. Los picos lejanos del principio se van acercando y la pendiente se incrementa.


En Antonapriana se desatan las hostilidades. Aprovecho que hay una magnífica fuente en el centro de la localidad para refrescarme. Se ha puesto mucho calor y hace un bochorno muy pegajoso.


La pendiente se endurece y la subida gana enteros a cada pedalada. El inicio estaba siendo bastante soso pero esto ya es otra cosa.


Se van sucediendo herraduras en esta escalada final. La carretera está en magnífico estado y yo no tanto. Empiezo a sentirme algo cansado pero mitigo el sufrimiento con las maravillosas vistas que comienzo a tener.


Esta parte no tiene nada que ver, es como si estuviera en otro lugar. En apenas unos metros, el paisaje ha cambiado completamente.


Llego a Cheggio y atravieso la zona poblada mientras me ven pasar un grupo de turistas que están tomando algo en la terraza de un restaurante. La carretera sigue hasta una pequeña explanada en la que el asfalto concluye y están los coches aparcados.


Sigo andando hasta la presa. Apenas son unos metros y no puedo dejar de lado la visión del embalse. Ahí aprovecho para descansar un rato porque se me ha hecho duro el final y creo que hoy no voy a poder hacer más.


Decido tomarme la tarde libre por primera vez desde hace un montón de días. Paso al pie del Alpe Rossonbolmo y casi me da la risa. Sus trece kilómetros por encima del 11% de media son algo que no tengo ninguna gana de hacer. Hay algunos kilómetros extremos que me dejarían muy tocado, así que ya volveré algún día aunque me haya quedado un poco aislado.


Pasar la tarde en Stressa, a orillas del Lago Maggiore, me parece mucho mejor plan. Aprovecho para dar un buen paseo y soltar las piernas, que buena falta me hace.


Me llevo algo de comer a una playita y disfruto de la brisa. Hay gente tomando un baño y echo de menos el bañador para, por lo menos, asearme con más fuste del que puedo yendo en el coche. Pero toco el agua y se me pasa enseguida puesto que está congelada. Hay que echarle huevos para meterse ahí.


El día se estropea bastante en su parte final, llegando a caer alguna gota. Decido irme a dormir pronto para madrugar mañana porque tampoco es que haya mucho que hacer por aquí.


El descanso me ha venido muy bien. He podido reponer fuerzas para los próximos días.

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