La gran circular de Cuneo

Hoy tengo planeada una de esas rutas circulares que hacía tiempo que quería hacer y que, en otros viajes a los Alpes, siempre me había quedado a desmano. La vertiente italiana de esta franja alpina es una de mis zonas favoritas de la cordillera, así que sé que me espera una gran jornada de disfrute para los sentidos.

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Gran circular de Cuneo Cuneo 150 km 3800 m+ IR

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He dormido muy bien, preparado para una de esas jornadas que se mantienen inalterables en el recuerdo. Solamente hay dos puertos pero son de esos top, pertenecientes a ese reducido grupo de puertos que hay que hacer, sí o sí, una vez en la vida.


El día acompaña. Remonto la Stura di Demonte camino de la frontera francesa. Los carteles indican 'Confine di Stato' en vez de Francia, algo que no había visto nunca antes.


Voy embobado disfrutando de la inmensa belleza de este valle. La vertiente italiana de la franja franco-italiana es mucho más bonita que la francesa. La humedad que viene del Mediterráneo hace que esta zona esté siempre verde, contrastando con la sequedad y aridez de los puertos franceses.


El valle no soporta tráfico y me voy acercando a Demonte con total tranquilidad. Son unos 25km en los que se va ascendiendo ligeramente, casi sin darse cuenta.


Me encuentro el desvío en las calles de Demonte, con un cartel que indica la distancia exacta al colle Fauniera. Es una subida larga y dura, con una pendiente media del 7% en tantos kilómetros que lo convierten casi en un Tourmalet y medio.


El paisaje es tremendamente cambiante, lo que hace que se vaya disfrutando desde el mismo inicio de puerto. Desde el principio se tiene la sensación de estar subiendo un grande.


El verde es tremendo. La primera parte destaca por la frondosidad y amplitud del valle del Cant.


Luego ya se va encajonando y la estrecha y coqueta carretera va ganando altitud por la ladera de la derecha. Delante observo a otros dos ciclistas. Llevan un ritmo muy parecido al mío pero me voy acercando poco a poco.


Van pasando los kilómetros casi sin darme cuenta. Es lo mejor de estos grandes puertos, que son duros pero que los pillas con tantas ganas y te ofrecen tanto que vas haciendo como por inercia. La cámara de fotos echa humo.


Me estoy acercando mucho a la pareja de ciclistas que me precedía, casi podríamos subir juntos. Pero justo se para uno para echar un meo y se quedan atrás. En un atasco producido por el ganado se me acercan pero ni saludan ni nada, así que opto por seguir a mi bola aunque los lleve casi a rueda.


Las montañas empiezan a estar muy cerca. Intento adivinar cuál será la cima pero es muy difícil. Hay muchos collados y no se alcanza a ver por dónde va la carretera.


La primera parte del puerto ha sido preciosa pero la segunda mitad se torna apoteósica, de una belleza brutal, acompañada por rampas constantes que ya van castigando las piernas.


Mis dos improvisados acompañantes se mantienen tras de mí sin articular palabra y no me siento a gusto, así que decido parar a echar un meo para que se adelanten un poco aprovechando la espectacularidad del lugar. La cámara ya no da a basto.


Poco más adelante hay una casa, en un altiplano desde el que quedan unas vistas del valle que te quitan el hipo. Los dos tipos andan buscando una fuente y sale una chica con un crío pequeño con una botella de agua fría de la nevera, cosa que aprovecho yo también para que me rellene el bidón. Aparece otro ciclista de avanzada edad de detrás de la casa y se une a la película.


El puerto está siendo maravilloso. Mantengo un ritmo de subida constante y los tres ciclistas que me he encontrado van como a tirones. El viejillo imprime un ritmo más alto y se marcha. Otro intenta seguirle y salta detrás de él mientras su compañero cede y se queda detrás de mí. Estas cosas nunca las entenderé.


Yo sigo con el cuentakilómetros a velocidad constante, disfrutando muchísimo y, como suele pasar en estos casos, observo cómo petan los dos y me voy acercando a ellos. Con lo fácil que es ir todos juntos, charlando de lo que sea.


Adelanto al viejo, que va sumamente petado. El otro también va tocado y se queda junto a mí, pero ya no me apetece dar palique a quien no me lo ha dado antes, negando casi el saludo.


El lógico devenir de los acontecimientos hace que, por fin, me quede solo. El puerto parecía llegar a su fin pero se gira bruscamente hacia unas montañas que hay en la parte derecha. La curva deja unas vistas impresionantes de estos últimos kilómetros ascendidos.


En esta parte final, el paisaje cambia enormemente, tornándose de alta montaña. Ya estoy por encima de los dos mil metros y el verde da paso a las morreras.


Sigue sin verse el final de la subida, lo que la hace muy interesante y divertida. A estas alturas de puerto, el gozo es descomunal. Y no acaba, y no acaba, y no acaba, ...


Hasta que se llega a la cima con esa sensación maravillosa de haber coronado un puertazo impresionante. Se ve por dónde sigue la carretera y el empalme previo a la cima que realizan las otras dos vertientes del norte.


Estamos en territorio Pantani. Una escultura del ciclista italiano es lo más destacado de la cima de Il Fauniera. Hay una pareja haciendo fotos y tengo que esperar un poco para tener una toma limpia.


Arranco el descenso sin que ninguno de los tres tipos de antes haya llegado a la cima, cosa que agradezco para poder bajar en solitario. Las vistas siguen siendo brutales.


Hay un pequeño tramo en el que un desprendimiento me obliga a pasar andando. Apenas son una decena de metros y la carretera sigue con normalidad, aunque con alguna gravilla que me hace bajar con cautela.


Llego a Ponte Marmora con una curiosidad enorme por lo que me deparará el colle di Sampeyre. Estoy haciendo el orden de puertos y las vertientes que me aconsejó Fernando, así que me meto por la vertiente del desfiladero que va hacia Elva siguiendo sus indicaciones.


El inicio es espectacular. Me recuerda a varios puertos del oriente asturiano antes de que se arreglaran y ampliaran las carreteras.


Se suceden los túneles de roca a medida que se va ganando altitud y se va abriendo el valle. Este puerto es algo más corto pero tiene un puntito más de dureza y se hace notar en las piernas.


No tiene nada que ver con el otro puerto y, sin embargo, es también espectacular. La ruta está resultando maravillosa.


El paso por la Madonna del Vallone da lugar a un tramo en el que la roca deja de tener tanta presencia, dando paso a una vegetación bastante cerrada y al son de algún que otro torrente camuflado en el verde.


¡Vaya cambio ha dado el puerto! Parece que estuviera en otro distinto. Me acerco a Elva y las vistas del fondo del valle muestran su profundidad y frondosidad.


Una vez sobrepasada la localidad de Elva, se produce un nuevo cambio paisajístico, dando paso a una carretera muy estrecha que busca el punto más alto de una sucesión de lomas. Con lo cerrado que ha sido el inicio del puerto, ahora se trata de todo lo contrario, con una amplitud total.


La última recta me cuesta bastante por culpa del viento que me da de cara. No he tenido la sensación de que soplara en todo el día pero aquí se está muy desprotegido.


En la cima coincido con varios ciclistas que vienen  la contra y con un par de familias que están haciendo senderismo. También hay un par de tipos con avionetas de aeromodelismo, aprovechando el viento de la zona.


No se está demasiado bien en el collado por culpa del aire, así que apenas me detengo y tiro para abajo, buscando la localidad de Sampeyre y el valle Varaita.


El descenso del valle es vertiginoso. Se ha levantado algo de aire que sopla favorable y en Costigliole Saluzzo cruzo el torrente Varaita para enfilar la carretera de Cuneo con viento totalmente de cola.


Son veinte kilómetros en solo dos rectas, la primera de cinco kilómetros y la segunda de quince. El aire favorable es cada vez más intenso y eso me empuja hacia Cuneo a toda velocidad.


Rutón, rutón para recordar. Ambos puertos me han parecido preciosos pero La Fauniera se lleva la palma. ¡Vaya pedazo de pepino! Son casi cuatro mil metros con solo dos puertos, algo difícil de conseguir en una ruta circular tan redonda como ésta. Para repetir a la contra, sin duda.

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