Rotten por Rhône

En esta zona del valle del Ródano, el río pasa a llamarse Rotten en vez de Rhône nada más abandonar Sierre y atravesar un túnel. Pero no solo el río cambia de nombre, sino que se nota que cambian muchas más cosas y no me siento tan bien acogido como en la parte francófona. Algo en el ambiente hace que tenga ganas de pirarme lo antes posible de esta región y empiezo la etapa en cuanto amanece.



El Fafleralp es una subida de longitud más razonable que las que me estoy encontrando por aquí y no alcanza la veintena de kilómetros. La primera mitad es la de mayores pendientes para abandonar el valle entre sombras.


Por si fuera poco, se transita mucho tiempo por túneles y galerías, lo que genera un aspecto bastante tétrico cuando se sale de ellos en una carretera encajonada en un valle muy angosto, como si se tratara de un desfiladero. Hay luz en las cumbres y solo eso me indica que es de día.


Se llega a Goppenstein y aparece un viaducto enorme por el que viaja el tren-transbordador para llevar vehículos bajo los Alpes, por un túnel inmenso. Cuando veo estas cosas no puedo dejar de pensar en esos transportes militares que tantas veces hemos visto en las pelis de la Segunda Guerra Mundial.


Llega un momento en el que la ascensión se suaviza y las montañas se abren para mostrarme un valle verdoso: Lötschental.


Esto no tiene nada que ver con la primera mitad de la subida, tan lúgubre y oscura. Empiezo a ver la luz del sol y a disfrutar de este paseo, ya que la pendiente ha bajado ostensiblemente.


La carretera es perfecta, se nota que ha sido asfaltada hace poco. Apenas hay tráfico y es una gozada a estas horas de la mañana.


El río Lonza baja caudaloso. Es una zona rodeada de glaciares y, en pleno agosto, la bajada de agua con fuerza es lo que toca.


A punto de llegar a Fafleralp hay un kilómetro con fuertes rampas que me devuelve la sensación de estar ascendiendo un puerto. Se suceden unas curvas muy chulas mientras disfruto del olor a hierba recién cortada. Hay bastante actividad agrícola por la zona.


Por fin llego al final de la subida. Hay un camping y una cabaña de recepción de turistas donde me regalan un mapa de la zona. Coincido con varios grupos de montañeros que, siendo la hora tan temprana, inician ahora su actividad.


Desciendo hasta Gampel y solo tengo ganas de salir pitando de allí. La siguiente subida empieza en Visp y tengo muchos problemas para encontrar aparcamiento porque todo es 'parking privado'. La experiencia de Gampel tan fresca, con el medio acoso policial, me obliga a pedir permiso en un taller para dejar el coche unas tres horas en el aparcamiento que tienen enfrente, en una explanada muy amplia completamente vacía.

Un trabajador me dice que no hay ningún problema en dejar el coche en una zona que él me indica y así lo hago pero, cuando estoy ya preparado con la bici y a punto de salir, viene una vieja a decirme que el aparcamiento son cinco euros al día.

No sé cómo me las arreglo pero consigo hacer entender a la vieja que sólo quiero subir a Mattmarksee en bicicleta y que no voy a dejar el coche todo el día, tan solo lo que tarde en subir y bajar. No tengo ninguna intención de pagar cinco euros por ello. Me parece que esta gente tiene una jeta tremenda.


Los primeros ocho kilómetros son muy suaves, casi imperceptibles, y se hacen a buena velocidad. Lo peor es que esta zona de Visp soporta bastante más tráfico y se hace un poco más incómodo.


Se llega a Stalden y recobramos una subida más interesante, con números más propios de un puerto alpino.


Para volver a un terreno muy suave que antecede a la traca final de acceso a la parte alta del embalse.


Buena temperatura, buenas imágenes de fondo, estoy disfrutando de esta ascensión de más de treinta kilómetros.


Como suele suceder en todas estas subidas tan largas, lo mejor está por llegar. El paisaje de alta montaña aparece cuando se deja atrás la localidad de Saas-Fee y todo empieza a recobrar sentido.


La presa tarda en aparecer. Un muro impresionante se alza frente a mí y no hay muchos kilómetros para llegar arriba. Eso quiere decir que habrá buenas rampas en el camino.


Las laderas que surgen a ambos lados de la carretera son impresionantes y voy cogiendo altitud y vistas del fondo del valle en cuanto todo se cierra ante mí.


Los dos últimos kilómetros de Mattmarksee son lo más duro de toda la subida, con una pendiente que siempre se mantiene por encima del 10% y que, en la rampa final, se hace más dura con el fuerte viento que sopla de cara.


El autobús de línea deja a los senderistas en el bar del embalse y veo cómo se adentran en la montaña a través de una pista que se va alejando hacia la cabecera del valle. Es un lugar estupendo para hacer travesías de montaña.


Desciendo a toda prisa y recojo el coche sin que la vieja de antes me diga nada. Ahora toca otro minúsculo desplazamiento hasta Brig, donde empieza la vertiente norte del Simplonpass.


Consigo dejar el coche a las afueras y empiezo a subir después de comer tranquilamente. Así me ahorro tener que andar con avituallamiento en los bolsillos y me basta con llevar un bidón de bebida.


Los grandes colosos suizos se alzan ante mi y es una maravilla de acompañamiento en los kilómetros iniciales.


Son veinte kilómetros de puerto a un mantenido 7% y el calor hace que se haga un poco durillo en estas horas centrales del día.


Hay varios túneles y galerías y se encuentran todos ellos en obras, con semáforos de entrada para mantener la circulación alterna de subida y bajada. Eso me permite subir sin coches pero me dificulta mucho el paso por esos túneles al haber solamente un carril y tener que cruzarme con todo el tráfico que baja.


El puerto es típico de carretera de paso pero tiene unas vistas muy bonitas que lo hacen muy entretenido.


Hay un túnel en el que me tienen parado en el semáforo durante varios minutos y los camiones de obras se suceden haciéndolo bastante agobiante.


Hasta que llego al último túnel a falta de un kilómetro para coronar y, como vuelve a estar en rojo y estoy viendo la cima del puerto, decido no esperar y darme media vuelta. Total, tengo que volver a pasar con el coche y será entonces cuando aproveche para hacer las fotos de cumbre.


El ambiente montañero de la cima del puerto es una pasada. Esta zona es para patearla de arriba abajo.


Abandono Suiza y entro en Italia por el valle de Ossola. Como todavía es pronto, decido aparcar en Domodossola y dar un paseo por sus calles antes de irme a Baceno, punto de prtida de la primera subida de mañana.


No encuentro Wifi gratis en ninguna parte. Hay una conexión gratuita a través de la Web del Piamonte pero requiere un número de móvil italiano para que te envíen la contraseña por SMS.


Terminado el paseo, me marcho a Baceno. Entro en un bar a tomarme un café buenísimo antes de acostarme. Los puertos del Piamonte italiano me esperan.

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