MAUNA KEA 9: pasar de 400km

Los planes del verano, con el largo stage alpino como objetivo principal, han ido postergando el tema del Mauna Kea. De hecho, lo tenía medio olvidado y con muchas posibilidades de aplazamiento o cancelación definitiva. Este año todo ha ido muy tarde por culpa de una primavera muy lluviosa y ya no me queda mucho margen de maniobra para las salidas más ambiciosas. Además, por si fuera poco, ando remolón y ya son dos días los que me he rajado. Pero hoy no, hoy salgo de casa a las 09:00 de la mañana para pasar de los 400km y avanzar el último paso previo al gran reto.

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MAUNA KEA 9 Bilbao 425 km 5100 m+ IR

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Tenía pensado salir de noche pero acabo saliendo de día. De esta forma, la noche quedará para la parte final del recorrido, cuando la pereza ya no pueda conmigo. A cambio, ya estaré más cansado pero el terreno también será más favorable. Lo uno por lo otro. Hace muy buen día y se espera mucho calor. En Muskiz, empiezo a subir La Rigada con el sol calentando con fuerza.


Esta primera parte de la etapa no tiene grandes puertos pero se está subiendo y bajando continuamente. He sido muy cuco en la elección del día y me aseguro el viento de cola hasta Santander, así una buena media en la primera parte será una magnífica aliada para la moral. Junto a varios peregrinos del Camino de la Costa, supero Saltacaballo y llego a Castro Urdiales.


Llego a Islares con un ritmo buenísimo y no me da mucha envidia ver a la gente en la playa. Me apetecía pegarme una kilometrada, ya que hace bastante que no paso de 200km.


El alto de Fermedal es la siguiente tachuela. Desde El Pontarrón son apenas tres kilómetros a un 4%, así que no cuesta demasiado esfuerzo superarla. Pero en medio, en cuanto el cuentakilómetros me indica 50km, me detengo a comer un poco. En estas jornadas tan largas es esencial ir cumpliendo con la recarga de energía aunque no te veas necesitado.


Sin espacio para rodar, el descenso se interrumpe para enlazar con Las Cárcobas, otra subidita de otros tres kilómetros con los mismos números que me dejará sobre Laredo.


Laredo queda atrás en el kilómetro sesenta y da paso a un terreno más fácil, sin tantas trampas intermedias como tiene la costa. Toca rodar un poco y el aire de cola me ayuda mucho y me posibilita una velocidad crucero bastante alta. También se agradece mucho la ausencia total de tráfico.


Antes de llegar a Solares, hay otra tachuela de tres kilómetros comenzando en Beranga: el alto de Jesús del Monte. No puede faltar la foto de la ermita.


La N-634 me ha traído hasta Solares, donde vuelvo a parar para comer otro poco. Luego sigo por Astillero, donde se cumple la centena de kilómetros, para empalmar con la N-623 que va hacia Burgos. Hay varias rotondas en esta zona con esculturas curiosas.


El objetivo pasa a ser Torrelavega. Hay un pequeño giro que hace que el aire me pegue de costado favorable, lo que sigue siendo de gran ayuda.


El pequeño alto de Llastría, pasando por Zurita, me deja en Torrelavega. Es una subidita muy humilde que empalma con el descenso de La Montaña y que deja unas vistas curiosas hacia el valle.


Llego a Torrelavega con un calor importante. Según los parciales que me he fijado, pararé para comer algo en Cabezón de la Sal, así que apenas paro un segundo aquí.


Entre Torrelavega y Cabezón de la Sal hay otra pequeña tachuela: el alto de Quijas. En esta subida coincido con varios ciclistas. Son muchas rutas ya en las que he venido por esta carretera y siempre me cruzo con grandes grupos de ciclistas en ella.


Cabezón de la Sal es un punto importante de la etapa porque tengo marcado el avituallamiento principal. Entro en el Schlecker para comprar una Cocacola pero no tienen y me tengo que conformar con un refresco de cola de marca blanca que resulta no tener azúcar. En una fuente que hay tras la iglesia puedo rellenar el bidón y lavarme un poco porque el calor aprieta, aunque me resulta muy soportable. He visto un termómetro marcando 29ºC y se lleva muy bien esa temperatura mientras no haya subidas importantes.


El único problema que hay es que ahora vienen las dos subidas más importantes de la jornada, las que marcarán el devenir de los acontecimientos. Cómo me encuentre en ellas será indicativo de cómo acabaré la ruta.


Cruzo el río Saja y lo voy remontando hasta llegar a Cabuérniga, donde está completamente seco. Es el momento más caluroso del día y coincide con el inicio de la ascensión al collado Carmona.


Como suele pasar en estos casos, el bidón desciende su nivel rápidamente, sin casi darse cuenta. Yo no sé qué leches tiene esta subida que siempre se me atraganta.


Voy buscando cada sombra y paso un mal momento en el 10% del mirador de la Vueltuca. Ya han caído los 160km y el sufrimiento que supone un porcentaje así, unido a lo mucho que me queda para terminar el día, hace bastante pupita. Por suerte, solo es un mal momento y una chocolatina me despista lo suficiente como para dejarlo atrás.


Corono el collado Carmona y el mal momento que he pasado me hace parar en la gasolinera de Puentenansa para comprarme un Pirulo y una Cocacola. Necesito algo que me refresque porque me he quedado sin líquido en el primer kilómetro de puerto y llevo la boca demasiado seca. El giro que he dado en la ruta me ha situado con el aire de cara y, siendo tan cálido, hace que me reseque enseguida y que no deje de beber.


Relleno el bidón otra vez, como otro poco y empiezo a subir el largo puerto de Piedrasluengas. Los primeros quince kilómetros son muy suaves pero forman parte de una interminable subida de treinta y ocho, así que me los tomo con calma.


Los mojones kilómetros del puerto van en orden ascendente y no tengo más que ir mirándolos para estar bien informado de lo que llevo y de lo que resta. El puerto es de lo más soso de Cantabria. Para cuando llego a La Lastra, que es donde se pone un poco más interesante, las sombras de la ladera derecha ya afean mucho las fotos por el importante claroscuro que producen.


Los tres kilómetros que hay entre La Lastra y el embalse de la Cohilla son lo más atractivo de este puerto. Solo por este desfiladero y por ver el trazado que sigue la carretera merece la pena venir hasta aquí.


En el embalse me vuelvo a tomar un pequeño descanso y aprovecho para charlar con una pareja de turistas a los que me atrevo a darles algún consejo para su visita a Potes de mañana. Luego sigo bordeando el embalse que apenas tiene agua.


La pendiente vuelve a caer de golpe y los números no suben del 5% en la parte final. Lo más interesante son los diferentes miradores que aparecen en la parte final, con unas vistas fabulosas de Picos de Europa.


Ya en Palencia, la carretera se estropea bastante. Yo no sé qué costará terminar de asfaltar hasta arriba por mucho que se termine el límite provincial tres kilómetros más abajo. ¡Menuda chapuza!


Me quedo un rato en el mirador del puerto pero el sol cae con rapidez y todo aconseja salir pitando y, por lo menos, poder descender con luz hasta Cervera de Pisuerga.


En la vertiente palentina de Piedrasluengas hace mucho fresco y soy consciente, por primera vez, de que no me he cogido buff, ni guantes, ni mallas para la noche. Menos mal que acabo de adquirir un magnífico cortavientos/chubasquero de GORE y que el cuerpo lo llevo caliente ... porque lo que son la cara y las manos ...


La luz ya escasea cuando llego al embalse de la Requejada. El descenso de Piedrasluengas está bastante estropeado, con la carretera muy bacheada y algunas máquinas de obras.


Dejo el embalse atrás y, desde el alto de la Peña del Oso, diviso Cervera de Pisuerga, donde haré una nueva parada para tomar un colacao caliente con unas sopas de pan que me den un poco de energía para aguantar una larga noche. El día me ha dado para hacer 235km. Pensaba que llegaría de día hasta Aguilar de Campoo, pero me he entretenido demasiado. Se me ha ido un poco el tiempo en las paradas.


Se hace de noche y ... ¡empieza la aventura!

Salgo del bar en el que me he tomado el Colacao con sopitas y el camarero me pide que tenga cuidado de noche que, aunque voy a tener buena carretera, los coches son muy peligrosos. Le digo que voy muy bien preparado, con un equipo de iluminación estupendo, y salgo rumbo a Aguilar de Campoo. Nada más salir, empieza a fallarme el faro delantero.

Me meto en una especie de soportal para mirar qué pasa. Parece que algún cable interno no hace buena conexión por tanto doblarlo y no consigo mantener la linterna encendida ni unos segundos. Aprovecho para llamar a casa, ahora que aún es una hora prudencial, para avisar de que igual no llego a eso de las cuatro o cinco de la madrugada, que es lo que tenía calculado. Como no consiga encender la luz, tendré que esperar a que se haga de día. Por lo menos, si no estoy en casa al amanecer, para que no se preocupen.

No sé cómo pero consigo mantener la conexión estirando el cable y fijándolo con una pinza que llevo siempre en el cableado. Esta pinza ya me ha solucionado algún tema en más ocasiones y me resulta muy útil. Con cierta preocupación, a un ritmo lento para no estropear el invento con ningún bache, consigo llegar a Aguilar de Campoo. Hace una noche estupenda pero, para andar en bicicleta, hace fresco y echo mucho de menos los guantes. No tanto el buff porque el chubasquero me cubre el cuello pero también me habrían venido bien las mallas para llevar las rodillas protegidas.

Salgo de Aguilar de Campoo muy animado. Llevo unos 30km y la luz no parece que vaya a dar problemas pero, a la altura de Quintanilla de las Torres, se empieza a encender el piloto que avisa de batería baja. Esto no puede ser posible porque no llevo ni dos horas de pedaleo y tengo una autonomía cercana a las doce horas. Al de un rato, se confirma, la batería deja de funcionar. Me imagino que el problema del cableado ya estaba cuando la puse a cargar y no se completó el proceso. Ahora mismo, a bastantes kilómetros del puerto de Pozazal, me encuentro completamente tirado en una noche muy oscura.

Por fortuna, esta N-611 no soporta nada de tráfico desde que la A-67 transita paralela y, ante la falta de alternativa, me veo obligado a continuar como buenamente pueda. A un ritmo bastante lento, con mucha precaución de no pillar un bache o salirme de la carretera, voy siguiendo la línea blanca que delimita el arcén porque la central es discontínua y mi vista no me alcanza para seguirla con seguridad.

Por si fuera poco, a este problema se le une otro más. Se me acaban también las pilas del GPS y necesito llevar el mapa encendido porque no veo las señales de las rotondas y los cruces pasan sin advertirlos. Hoy es luna casi nueva y, aunque la noche esté completamente despejada con un cielo estrellado que te cagas, no se ve un carajo. Cuando voy a poner las de reserva ... ¡no tienen carga! Acabo de adquirir un pack de recargables del Carrefour de esas "Ready to use"· y ni ready ni pollas. Solo me quedan las de la cámara de fotos y apenas se enciende una rayita de la carga. Esto me obliga a cambiar un tramo de ruta en el que acortaba unos kilómetros por carreteras secundarias para seguir hasta Reinosa por la nacional y asegurarme no tener pérdidas incluso sin GPS porque solo tendría que seguir siempre recto sin tomar ningún cruce. De 410km iniciales se me disparará algo pero voy sobre seguro.

Transitando a oscuras, con mucho cansancio ocular por tener que ir pegado a una línea, con bastante frío porque no voy a un ritmo de pedaleo que me genere el suficiente calor corporal, llego a Reinosa. No me lo pienso dos veces y voy buscando algún sitio abrigado para tirarme al suelo y dejar pasar las horas hasta que amanezca. Encuentro unos soportales bastante cómodos en los que me tumbo e intento dormir un poco pero soy incapaz. Hace buena noche para estar en una terracita pero no para dormir a la intemperie cuando llevas un porrón de horas de pedaleo. Las piernas al aire se me quedan heladas y entiendo que es mejor continuar despacio que morir congelado.

Continúo por la carretera que rodea el embalse del Ebro por el norte. Hay tramos con baches en los que lo paso bastante mal. La humedad que hay junto al embalse es tremenda y paso mucho frío en las manos, hasta el punto de poner un desarrollo fácil para no tener que despegarlas del manillar. No se ve absolutamente nada y los ruidos son más cercanos de lo que lo son habitualmente. Los bichos no tienen un faro que los asuste y noto cómo se escapan cuando ya estoy muy cerca. ¡Joder con la experiencia!

A las 03:00 de la madrugada llego a La Población y veo luz en un bar. Me acerco y veo que tienen la puerta abierta a pesar de estar ya cerrado. Hay dos clientes de confianza esperando a que el dueño recoja y aprovecho para pedirles periódicos viejos. Con un poco de suerte, igual puedo parar hasta que amanezca. Les cuento mi historia y, aunque esté cerrado, me puedo tomar una Cocacola. Tienen la máquina de café apagada y me da lo mismo qué tomar, me vale con estar un rato caliente y con que la noche vaya pasando.

Me dan un montón de periódicos viejos, como para hacerme un edredón con ellos. Uno de los clientes me dice que tengo un soportal muy guapo en Corconte y voy hasta allí con los bolsillos repletos de ejemplares del Marca. Lo encuentro fácil y me monto una cama ... tan cómoda ... que me duermo enseguida.

A eso de las 06:00 empiezo a abrir los ojos. Está muy oscuro pero ya me encuentro impaciente por salir y, a pesar de estar cubierto de periódicos, el frío del amanecer se acerca y empieza a ser insoportable. A las 07:00 ya no puedo más y prefiero intentar entrar en calor dando pedales. Me forro entero de periódicos y no me los quito hasta llegar a Soncillo, donde ya se ve perfectamente.

Por fin, ya es de día. No tengo pilas ni posibilidad de hacer fotos. Este tramo lo tengo hecho un montón de veces pero me habría gustado ilustrarlo un poco. El alto de Santelices me ayuda a entrar calor, definitivamente, y llego a Espinosa de los Monteros con muy buen ánimo, a sabiendas de que, a excepción de alguna tachuela como el alto de Noceco, todo será terreno favorable hasta casa.

Desciendo El Cabrio hasta Balmaseda, subo por El Gobeo, llego a Zalla y hasta Bilbao por la carretera del Cadagua. La llegada es pasadas las 11:30, con una jornada de calor tremenda, con 425km en las piernas y con unas sensaciones contradictorias. Estoy cansado, ha sido duro, ... El primer pensamiento es el de que, estando como estamos en septiembre, ya se me ha pasado el arroz para hacer un par de cosas este año, pero me da pena dejarlas cuando los pasos de preparación están conseguidos. Veremos hacia dónde tira la cabeza en los próximos días, si hacia la sentatez o hacia la locura.

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2 comentarios :

  1. Jodo, Joseba, qué duro y atrevido eres. Me acojono solo de leer tu crónica y pensar que estoy en tu lugar. Me alegro de que llegaras entero y sano tras semejante aventura. Me río yo de don Quijote. Si Cervantes te hubiera conocido, qué no hubiera escrito de ti. Impresionante relato. Sí que te fallaron preparativos en esta ocasión. ¿Cómo sales tan tarde ante semejante reto?
    El río Saja, en realidad no se seca, se esconde bajo tierra, como el Guadiana, y aparece en Ruente, en La Fuentona; al menos así lo creo yo. La collada Carmona la subí en una ocasión y es dura de cojones.
    Enhorabuena por acabar sin novedad.
    Saludos.

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    1. Últimamente improviso mucho. Pongo planes y luego los hago cuando me apetecen. Y claro, pasan estas cosas, que muchas veces salgo sin preparar nada. Puede parecer que vaya de sobrao pero la realidad es que tampoco tengo una necesidad imperiosa de hacerlos y no me importa cancelarlos si algo se tuerce.

      En esta quería haber salido antes pero hacía fresco y acabé saliendo a las 09:00 que fue lo que me salvó porque, con el problema de la luz, si llego a salir de noche me vuelvo a casa.

      No sabía lo del Saja. Me sorprendió ver solo piedras.

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