DESAFÍO CANTABRIA del mar a la montaña

Llevaba tiempo deseando participar en un ultratrail organizado para vivir de cerca el mundillo y probar la experiencia pero me tira siempre para atrás el alto precio que tienen y que hay que inscribirse con mucha antelación, algo que impide tener la certeza de que saldrá un buen día para poder disfrutar de la montaña. Entiendo que las inscripciones cuesten lo que cuestan pero no me apetece tirar a la basura tanto dinero para que luego te salga un día lluvioso con niebla cerrada y no veas nada. Por eso prefiero hacer cosas en versión independiente, porque yo decido dónde y cuándo voy, y a coste cero. Es lo que tiene que a mí no me importe la competición sino el disfrute de un día cualquiera por paisajes novedosos.

Pero esta semana pasada descubrí el Ultratrail DESAFÍO CANTABRIA que celebraba su segunda edición, con un precio muy razonable para la distancia que tiene y, lo mejor de todo, con el límite de participación sin cubrir a cinco días del evento, lo que me daba opciones de, en la medida de lo posible, asegurarme una gran jornada. A media hora del cierre de inscripciones del miércoles, apurando al máximo para certificar la previsión meteorológica, paso a formar parte del listado de participantes.

XTREM CAT 1 CAT 2 CAT 3 CAT 4


DESAFÍO CANTABRIA San Vicente 90 km 6200 m+ IR

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Llego al polideportivo de San Vicente de la Barquera a eso de las ocho de la tarde, casi de noche, a tiempo de recoger el dorsal junto con la bolsa de corredor y disfrutar de la cena que nos ofrecen. En la bolsa hay regalos como una botella de vino, un sobao, unas rocas típicas de la región, un gel, ..., una camiseta técnica, una braga de cuello, dos bolsas para dejar ropa en la base vida de mitad de recorrido y en meta, ...


Me vuelvo al coche para meter en las bolsas lo necesario para poder cambiarme totalmente en ambos puntos. He elegido salir con calzado corredero para la primera mitad y unas zapas más robustas para la segunda parte. Entrego las bolsas a los voluntarios y cojo el plato de macarrones y la ensalada que hay para cenar.


Termino de cenar y nos dan la charla técnica, que no es más que lo que ya ponía en la web en el apartado del reglamento. Cuando concluyen, aún quedan más de dos horas para la salida y decido ir a descansar un poco al coche, hasta que llegue la hora del control de material. En la salida, nadie nos controla este tema pero nos recuerdan que se hará luego en ruta, con algún control sorpresa.

El ambientillo de la salida se va formando y ya se nota una gran implicación en el evento por parte de la localidad cántabra. Con total puntualidad, se da la salida a las 00:00 horas y partimos por la calles de San Vicente de la Barquera en medio de un sinfín de aplausos de la gente que se agolpa en las aceras. Es un momento muy emocionante.


Al salir de madrugada, la primera parte del recorrido se hace toda de noche. Tengo muchísima experiencia en salidas nocturnas en bicicleta de carretera pero es la primera vez que corro de noche con tanta peña. Vamos en grupo a buen ritmo con gente apostada en cada cruce para aplaudirnos y animarnos, destacando la multitud de voluntarios que hay avisando de los desvíos con gusiluces. El marcaje es muy bueno, con banderolas reflectantes cada pocos metros que evitan que uno tenga que andar buscándolas aunque, yendo en grupo, sigas al de delante. La temperatura casi de verano ayuda a gozar de la noche y solo falla un poco que la nubosidad que viene tape la luna llena y sean pocos los momentos en los que se pueda marchar sin luces, con luz natural.

El primer avituallamiento líquido es en Gandarilla, en el km.13, después de haber corrido por cómodas pistas sin ninguna complicación. Al segundo avituallamiento, cumpliendo el medio maratón en la localidad de Cades, llego con poco más de dos horas y algunos comentan que vamos demasiado rápido porque la segunda parte es tremenda. Yo prefiero correr todo lo que pueda mientras tenga ganas y fuerzas que ya vendrán tiempos peores.


¡Y vaya si vienen esos tiempos peores! Dejamos atrás el gran ambiente de Cades y, para llegar al collado del Tolaco, nos empieza a lloviznar y transitamos por muchos senderos de bosque con mucha piedra húmeda que resbala mucho, con muchas trampas en forma de charco embarrado entre ellas. Me caigo en dos ocasiones, una con una culada tremenda y otra metiendo el brazo izquierdo hasta el codo en un barrizal. Entiendo entonces que no tengo ningún motivo que me obligue a jugarme un mal paso y me tomo toda esta parte del recorrido con muchísima calma. Me fastidia que más de la mitad de la ruta vaya a ser de noche y no poder sacar ni una mísera foto de un paisaje tan chulo.

Tras un descenso complicado pero increíblemente iluminado del collado del Tolaco, accedemos a la carretera del collado de la Hoz, por donde tantas veces he pasado en bicicleta. Llego a Cicera, donde hay un avituallamiento espectacular en los bajos de una casa. Nos ofrecen un caldo caliente y a mí es lo que más apetece. Del calor inicial hemos pasado a algo más de fresco y ya he podido ver a más de uno potando por haber cogido frío en el estómago. Yo tengo claro que quiero llevar una alimentación basada más en comida de verdad (bocadillos y fruta) que en barritas y geles. La chica que anda en la cocina se sorprende de que nadie quiera un caldito, con la de tiempo que lleva ella preparándolo y lo rico que le ha quedado.

Aprovecho esta parada para cambiarme los calcetines porque tengo barro hasta las rodillas y empieza a meterse por dentro de las zapatillas. Hay un cuarto de baño donde nos vamos metiendo poniéndolo todo perdido y lavo los calcetines sucios en el lavabo para poder colgarlos luego de la mochila. Sale barro a borbotones y me entretengo un rato en limpiar todo lo que he pringado porque menuda casa vamos a dejarle a esta buena gente.


En Lebeña (km.45) está dispuesta la base vida. Llegamos allí después de haber subido al collado del Arcedón y de hacer un descenso en picado de 800m. de desnivel negativo. Es el momento de coger la bolsa que hemos dejado y me cambio completamente de ropa. Elijo camiseta de manga larga por si el día se tuerce en la montaña, ya que vamos a subir a casi dos mil metros de altitud. Cojo otros calcetines extra para llevarme en la mochila y dejo todo lo que llevo que veo que me sobra.

El avituallamiento es extraordinario. Una vez cambiado y seco, me preparan en la sandwichera unos triángulos de jamón y queso que, junto a un café muy rico, me permiten comer caliente. Hay mucha fruta, embutidos, chocolates, ..., isotónicos, cocacolas, ..., ¡magnífico avituallamiento!

Me da pena salir tan pronto y seguir haciendo camino de noche. Yo lo que quiero es ver paisaje y, aunque la noche está siendo muy divertida, estoy un poco cansado de seguir la dichosa lucecita. Me lo pienso mejor y aprovecho un ratito más para protegerme los pies con un esparadrapo especial antiampollas y rozaduras que acabo de comprar y que hace las delicias de uno de la Cruz Roja que me observa. Con las zapatillas más robustas que me acabo de calzar debo protegerme algo los pies. Otro compañero anda un poco jodidillo de este tema y le paso un buen trozo para que se lleve en la mochila.

Salgo de Lebeña y, camino de Cabañes, por fin empieza a amanecer. Seguía chispeando un poco pero la salida del sol coincide con el cese de la lluvia y, lo primero que hago, es sacar la cámara de fotos de la mochila. A partir de ahora, voy a disfrutar de verdad.


Salimos de Cabañes y la localidad me suena del collado de Pelea. De hecho, aquí empieza lo duro de esta vertiente. Están siendo muy cortos los tramos de asfalto, tan solo algún enlace entre senderos.


Sigue estando muy nuboso y casi se agradece porque hace bastante calor y el sol podría endurecer mucho la jornada. Tras el avituallamiento de Lebeña y la llegada del día, los grupos se han dispersado mucho y ya solo voy con alguien delante y detrás, pero siempre manteniendo las distancias.


El día también trae consigo el descubrimiento de esas marcas que nos han ido acompañando toda la noche en forma de reflectantes. Es imposible perderse en este recorrido y eso hace que no haya sacado el GPS con el track de la prueba ni una sola vez.


Hay nubes amenazantes pero no se espera más lluvia en todo el día. De vez en cuando, voy coincidiendo con algún participante y cruzamos algunas palabras.


Llego al avituallamiento de Ullances, tras una buen subida, a las 09:50 horas. Estamos en el km.54 y me encuentro estupendamente. Aunque claro, lo mejor está aún por llegar. Me ofrecen un té negro caliente que está muy rico, y eso que no me gusta el té caliente. En este avituallamiento es en el primero en el que nos vemos las caras y podemos cruzar unas cuantas palabras, sobre todo con un chico que estuvo en la de Urdaibai de hace unas semanas y que me reconoció en la salida.


Hay que salir ya pero saco el móvil para llamar a Amaia y comentarle cómo va la jugada. Nada, es imposible, no hay cobertura, así que me olvido de llamarla hasta que no llegue a Áliva. A ver si allí la tengo.


En el tramo que va de Ullances a Brez me encuentro a pleno rendimiento. Estaba esperando la salida del sol para disfrutar de verdad de la ruta y me pongo a correr, puede que ayudado por el chute de té que me acabo de meter. También cuenta que el sube y baja es continuo y se puede regular perfectamente.


El paisaje es maravilloso y uno casi no siente el esfuerzo contemplando las cumbres rocosas. Me gusta ir solo y hago lo posible por seguir así.


Llego a un punto en el que me encuentro con un banderín que marca el km.65, algo que no puede ser porque el avituallamiento de Brez es en el km.64 y todavía falta un buen rato para llegar a él. Aún así, anima mucho y se agradece.


Por todo el recorrido te vas encontrando con voluntarios que te van animando. Alguno se extraña al verme cámara en mano haciendo fotos.


Llego al control y avituallamiento de Brez y me sigue maravillando la predisposición de los voluntarios para ayudarnos. Me llenan el bidón de agua mientras yo me como un bocata de chorizo, un trozo de plátano y algunas galletas. No, si al final voy a coger peso en este desafío.


Una chica con la que voy coincidiendo en varios avituallamientos, y que ya hizo el ultratrail el año pasado, me explica un poco lo que viene ahora. ¿Ves aquel collado? Pues ahora tenemos que subir hasta allí. Es la subida mas fuerte del día y no para de alabar su belleza.


Salgo para el collado de Cámara después de tomarme una glucosa. He traído dos para los puntos calientes, y este es uno. Siguiendo el marcaje y a otros dos compañeros que van delante, toca esforzarse en serio.


La primera parte es un sendero sin apenas dificultad, muy divertido, pero que va subiendo cada vez más y eres consciente de lo que llevas en cuanto echas un ojo para atrás.


Luego ya viene una pared tremenda en la que hay que clavar piernas a tope. Tengo un pequeño resbalón y estoy a punto de soltar la cámara, así que decido meterla en la mochila y centrarme en lo que estoy haciendo.


A punto de coronar este collado de Cámara, miro para abajo y alucino con la pedazo pared que acabo de superar. Es un lugar maravilloso y disfruto mucho del momento gracias a que estoy físicamente muy bien. No quiero ni pesar lo que se puede sufrir en esta pala estando cascado.


Tras una valla, aparecen los puertos de Áliva. Uno de los lugares más maravillosos de Picos de Europa me espera.


Desciendo la pala herbosa recordando una ruta que hice con Ander hace un par de años y en la que el pobre crío casi revienta de la kilometrada que se metió. Es muy emocionante llegar hasta aquí.


Hay que subir un buen trecho hasta el refugio de Áliva pero ayuda mucho que te vayan animando algunas personas que te encuentras por la zona.


En el refugio vuelve a haber control y avituallamiento pero, además, se une el control de material. Me examinan un poco y paso a degustar unos sandwiches de nocilla, un poco de fruta y un buen café caliente. Siempre que hay caliente, cojo caliente. El ambiente es muy bueno y la gente de la organización no para de animarnos. Estoy quedando encantado con todo.


Salgo del refugio y me aconsejan que me abrigue, algo que no hacía falta porque se levanta mucho aire y, a esta altitud, es bastante fresco. Así que me pongo el chubasquero y la braga en el cuello para terminar de subir hasta la Cima Coppi del día: la Horcadina de Covarrobres con sus 1.950 metros.


Alternamos la pista y el sendero para subir de la forma más directa posible y ya se ve a algún participante algo perjudicado. Yo solo espero que nos aguante un poco el tiempo y que no nos volvamos a mojar.


Hace tanto viento en esta zona que algunas ráfagas levantan la gravilla fina de la pista y hay que subir de espaldas para evitar lo mucho que pica en la cara. Por suerte, solo son unos metros y giramos a la izquierda para bajar hacia Igüedry.


Cada vez me veo más suelto en las bajadas y empiezo a perderles el miedo, lo que me permite ir más rápido y gastar menos frenos. Esto me castiga mucho menos y siento que ahorro muchas fuerzas.


Se me ha olvidado rellenar el bidón en Áliva y me acerco a una fuente en la que se encuentra una pareja con su hijo. La fuente está seca pero la mujer me ofrece de una botella que llevan. Al verla, el hombre me dice que si no me van a descalificar por obtener ayuda externa. ¡Ja, ja, ja, pues que me descalifiquen! Estamos un rato charlando y me despido entre ánimos de toda la familia.


Llego al penúltimo control, cuando ya pensaba que eso tiraba para meta, y me indican que hay que subir una pared que te cagas que sale por el puente de madera. Son unos 400 metros de desnivel en poco más de un kilómetro. Echando cuentas ... ¡eso es un muro!


Me despido de los voluntarios, otra vez tan amables, y me tomo la segunda glucosa que llevo antes de empezar a trepar por semejante pared que lleva al collado de Valdecoro. Llevo mucho rato corriendo y me he despegado de la gente que llevaba por detrás y veo a un par de compis por delante, llevándome unos cuatro o cinco banderines de marcaje de ventaja. Hay algo que me daba mucho miedo antes de venir y era la bajada a Fuente Dé por el camino del Hachero. Algunos comentarios que leía en Internet decían que había un par de puntos aéreos con peligro de caída al vacío y a mí esas cosas me dan mucho vértigo. Como no quiero bajar por ahí en solitario, aprieto hasta pillarles, casi en la cima del collado.


Cuando cojo a los dos compañeros de ruta, me ceden el paso amablemente para que vaya por delante, algo que no quiero hacer ni por asomo. Uno anda jodido de la rodilla y se queda atrás y al otro le transmito mis temores ante este descenso. De hecho, llevo todo el día preguntando por él. El chico no entiende la razón de mi temor ya que ha hecho varias veces la subida vertical de Fuente Dé que se hace por este camino. Juntos hacemos el descenso y ¡coño! que alguien me diga dónde estaba el peligro porque es una bajada normalita.


Les agradezco la compañía en este tramo y me despido. Con mi único temor solventado (a punto estuve de no inscribirme por esta dichosa bajada y mira tú qué gracia) empiezo a correr de nuevo rumbo a la meta.


Paso por el control de Fuente Dé y ya solo queda una pequeña tachuela y unos cuatro kilómetros a meta. Es una gozada sentir el apoyo de cada persona con la que te vas cruzando y que te animan enormemente.


La subida es flojita y no supone mayor problema. Estoy acabando muy fuerte y es lo que más me gusta, que me queden ganas de repetir o incluso de probar un poco más allá.


Llego a meta cámara en mano y siento el aplauso de la gente que espera. No se imaginan lo mucho que he disfrutado y lo bien que me lo he pasado.


Tras pasar la meta, me hacen una foto junto al crono y paso a devolver el chip. Hay avituallamiento pero solo me apetece tomar una cocacola y comer unos frutos secos. Recojo las bolsas y me voy para el albergue en el que están las duchas para que me de tiempo para coger el autobús de las siete que la organización pone para devolvernos a San Vicente de la Barquera.

Ha sido un día magnífico. No suelo participar en muchos eventos organizados pero éste creo que ha tenido una organización de primera. Solo le pongo un pero: que el regalo de finisher te lo den en la comida del domingo, a la que no me voy a quedar. Creo que eran una camiseta o unas perneras, y ya le he dicho al chico que ha bajado el Hachero conmigo que les diga mi número de dorsal y que lo recoja por mí y se lo quede. Me he sentido muy arropado en todo momento por los voluntarios, siempre muy amables y dispuestos a ayudarte. La dureza del recorrido está ahí pero, aunque suene mal, no se me ha hecho nada duro y me apetece probar cosas más cañeras todavía. Eso es bueno, ¿o no?



Datos técnicos:

Hora de salida: 00:00 h.
Hora de llegada: 17:42 h.
Distancia: 90 km
Desnivel (+): 6.200 m
Desnivel (-): 5.300 m
Tiempo neto: 15h 38' 33"
Paradas: 2h 04' 15"
Tiempo bruto: 17h 42' 48"


P.D.: En www.fotosanvicente.com han colgado algunas fotos en las que aparezco por ahí.








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2 comentarios :

  1. impaciente yo !!! ;-)
    He visto fotos por ahi del sabado y son de flipar!!!!!

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  2. Aupa Joseba.

    Fenomenal repor, tanto por las fotos como por los comentarios.

    Menudo máquina estás hecho.

    Un saludo y hasta la próxima

    Gorka

    ResponderEliminar

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