Puertos de Mieres

Vacaciones de Navidad y ... ganas de hacer bicicleta otra vez. No la cojo desde el pasado 3 de septiembre, cuando hice la ruta final de preparación para el Mauna Kea consistente en una brevet de 400km. Por aquellas fechas lo tenía fácil pero ahora, casi cuatro meses después, espero no caerme de la bici y acordarme de cómo se cambian las marchas.

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Puertos de Mieres Trubia 114 km 2500 m+ IR

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Salgo de Bilbao a eso de las cuatro de la madrugada para llegar a Trubia a las ocho en punto. Han sido cuatro horas de viaje tranquilas y que se me han hecho cortas pero llego que me duermo. Como le he dicho a Javier que saldré a eso de las nueve, intento dormir un rato y lo consigo, hasta que me cambio a poco de dar la hora y espero a que él llegue. Pero no llega y, como no hay muchas horas de luz en esta época, salgo a las nueve y media con un frío que te cagas.


La idea es hacer puertos cortos que no conozco y hay en los alrededores de Mieres un par de ellos que me vienen muy bien pero, para empezar, la subida a Sograndio ya la tengo, así que me invento un acceso un tanto raro por una carreterita estrecha que va junto al río.


Sin más problema que un par de repechos fuertes que no me esperaba y que me obligan a ir cogiéndole el puntillo a la bicicleta, llego hasta el alto de Sograndio.


Empieza a salir el sol y las vistas de la sierra del Áramo me alegran la mañana, con un pequeño manto nevado por los picos más elevados.


Sograndio continúa con un par de toboganes por buena carretera hasta que, junto a una ermita, cojo una pequeña pista asfaltada que me debe llevar a un puerto que desconozco: Padrún.


A estas alturas ya me duele el culo una barbaridad. La inactividad sobre un sillín se hace notar y me molesta cualquier postura que adopto.


Las pequeñas pistas me dejan en una carretera en la que no hay ningún tráfico y que resulta muy sombría. Aquí hace un frío tremendo y llevo las piernas muy entumecidas.


Voy ganando altitud y la carretera va perdiendo anchura hasta el punto de pasar a transitar por otra pista asfaltada con mucho verdín y muchas ramitas sueltas. Hay algún rampón importante en el que tengo que mantenerme sentado porque la rueda trasera me patina enseguida.


Llego a una especie de cantera y las vistas empiezan a abrirse un poco dejando un tramo muy interesante y que me entretiene mucho. Apenas llevaré unos quince kilómetros y ya me duele todo el cuerpo.


Llego al alto de Padrún conectando con la carretera principal. La vía por la que yo he accedido es un atajo por Sardín pero con pendientes más fuertes.


Comienzo el descenso hacia Mieres pero me tengo que detener un instante para quitarme el buff porque voy achicharrado. Es en este momento cuando me doy cuenta de que llevo puestos dos y que casi no podía respirar por su culpa.


El rápido descenso me lleva a Mieres y empiezo a subir el puerto de San Emiliano, otra de las novedades que entraña esta ruta.


Es un puerto de siete kilómetros suaves, así que no me supone ninguna dificultad. Si acaso, me resulta un tanto soso y aburrido.


Llego a la cima bastante cansado y me detengo para comer algo. Tengo que tomar el desvío de la derecha para ir hacia El Cau y no sé lo que me voy encontrar.


Aunque, por esta vertiente, no es gran cosa. Apenas tres o cuatro kilómetros tranquilos que no son más que un bonito paseo bajo el sol.


Las vistas del Áramo a la derecha son muy tentadoras pero no me veo con fuerzas como para acometer la subida final a La Cobertoria que tenía planeada. Acabo de cambiar de idea por puro espíritu de supervivencia.


El sol se agradece de una manera especial porque el aire viene muy frío. Apenas corre viento pero se está mucho mejor cuando las nubes se despejan.


Por fin, algo cansadete, llego a El Cau y me siento en una banco que hace de mirador junto al cartel del pueblo. Se está de maravilla y aprovecho para volver a dar buena cuenta de parte de lo que llevo en los bolsillos para el avituallamiento.


Empiezo el descenso y llego a un cruce en el que me despisto y sigo por la derecha sin darme cuenta. La carretera sube con suavidad hasta llegar a La Enverniza, una pequeña aldea en la que el asfalto concluye y me tengo que dar media vuelta.


Continúo la bajada donde la dejé hasta llegar a Nueva, punto de inicio de La Mozqueta, un puerto que ya tengo hecho de una vez que subí La Colladiella por esta vertiente.


Están asfaltando justo al inicio de la subida y se me llenan las cubiertas de alquitrán, algo que es un incordio porque no deja de sonar en un buen rato y vas viendo las piedritas pegadas chocando contra l puente de freno.


Los kilómetros continuados por encima del 8-9% se me hacen muy duros. Para más dificultad, empieza a soplar el aire y me pega de cara en casi toda la subida. Hay un par de rachas que están a punto de tirarme justo cuando estoy con la cámara de fotos en la mano.


Hay un momento en el que no veo la hora de llegar arriba porque voy medio fundido. Aunque estoy en muy buena forma, la inactividad en este deporte me está pasando factura.


Una pedalada, otra pedalada, ..., así voy haciendo camino intentando despistar la cabeza pensando en otras cosas. Pero el viento me devuelve siempre a la realidad.


Consigo llegar arriba y coincido en la cima de La Mozqueta con otro ciclista que viene por la otra vertiente. Mientras me preparo para el descenso, me avisa del fuerte viento racheado en algunas zona despejada y me dice que extreme las precauciones.


Así lo hago. Desciendo con cuidado aunque el viento cesa en cuanto pierdo un poco de altitud llegando ya a Urbiés.


Este tramo es en continuo descenso y me deja en Mieres en un santiamén. Decido hacer el último descanso para comer en una plaza que hay tras pasar el ayuntamiento. A estas horas, hace bastante calor y me sobra ropa.


La vuelta por La Cobertoria está cancelada desde hace tiempo y más cuando compruebo que no me daría tiempo a hacerla con buena luz. Llevo cierto retraso con lo que tenía previsto antes de salir. Para no volver por el mismo lado, decido tomar la carretera N-630 y tirar por el desfiladero.


Paso por Santa Eulalia y llego a Soto de Ribera, desde donde tengo varias opciones para no repetir el camino de esta mañana. La que más me tira es la de buscar el paso por Tenebredo para acceder al valle del Trubia. Es en ese preciso instante, cuando me voy a detener para fotografiar 'La Fábrica de Nubes', cuando me cruzo con otro ciclista que me saluda y se para junto a mí: ¡Es Miguel!


No sabía que Miguel era del mismo Oviedo y coincido con él en su salida vespertina, lo que aprovecho para rodar acompañado en estos kilómetros finales por un camino diferente al que tomé esta mañana y que también me lleva al alto de Sograndio.


Se trata de la coqueta carretera que pasa por un modesto alto, el del Puerto, y que se convierto en un fenomenal paseo a pesar de que ya me encuentro muy fatigado.


Pero la charla hace que se me pase muy rápido este tramo de etapa y que el dolor de piernas quede en segundo plano.


Cruzamos el río Nalón y pasamos junto al edificio de Las Caldas para iniciar una subida a Sograndio de unos cuatro kilómetros a un cómodo porcentaje.


Llevamos un par de kilómetros y ya voy pidiendo la hora. Menos mal que vamos charlando y casi no me entero.


Llegamos a un cruce y nos despedimos. Miguel tira ya para Oviedo y yo voy en dirección contraria, hacia Trubia. El rato que estamos en el cruce nos da hasta para entablar conversación con algún 'gentil' conductor local.


Ya solo me quedan unos kilometrillos cómodos para llegar al coche. Al final me van a salir unos números interesantes.


Son algo así como las cinco de la tarde y estoy que no me tengo. Me cambio de ropa y decido ir comiendo algo rápido camino de Luarca porque solo quiero dormir. Esta situación ya me la conozco de memoria y, cuando te duermes al llegar al coche, es que no ha sobrado nada de nada.

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2 comentarios :

  1. Hola.
    Veo que subiste el Padrún por Sardín, menuda rampa hay al comienzo de la subida, y luego el hormigón es muy perro. La verdad es que te quedo una ruta muy dura, más de lo que indican los números

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    Respuestas
    1. Yo solo sé que acabé descojonado. Gracias por la compañía en los kilómetros fatídicos del final, jajaja

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