Sierra de Francia, Hurdes y Batuecas

Santo Tomás de Aquino me regala un lunes festivo y hay que aprovechar el fin de semana con un stage de bicicleta en alguna parte. No tengo ninguna preferencia, solo me preocupa el tiempo en estas fechas y, después de ver que ni por el norte ni por Pirineos hay nada que hacer, decido volver a una zona que me gustó especialmente: la Sierra de Francia.

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Francia, Hurdes, Batuecas El Cabaco 115 km 2520 m+ IR

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Esta etapa tenía pensado hacerla la segunda, tal vez acompañado, pero toda una noche conduciendo sin dormir hace que me vea obligado a parar demasiadas veces para dar cabezadas, con lo que llego a Salamanca más tarde de lo previsto y no me queda más remedio que cambiar. Pasadas las diez de la mañana, empiezo la subida a la Sierra de Francia.


El inicio es gélido. Venía escuchando la radio en el coche e iban diciendo que teníamos solo un grado. Según voy ascendiendo el puerto, yo creo que todavía menos. No me sobra nada.


La niebla de los primeros kilómetros va dejando paso a algunos tímidos claros que no terminan de decidirse. Se agradece un rayo de sol porque, a medida que voy ganando altitud, al frío se le suma un fuerte viento helador.


Pero llego a Los Lobos y la niebla se cierra mucho más densa y hace un frío de no te menees. Llevo diez kilómetros al 6% y me asombro de lo bien que voy cuando ya hace un mes que no cojo la bici.


Los siguientes tres kilómetros hasta la cima los hago acompañado por la nieve que rebosa en las cunetas. Pasan tres o cuatro coches con gente que sube de visita, lo que será todo el tráfico que vaya a soportar en esta jornada.


Arriba sopla el aire con fuerza y apenas se ve nada, así que no me entretengo demasiado y tiro para abajo. Los nuevos guantes de GORE que he comprado por Internet no me han llegado a tiempo y tengo que bajar con unos finos de running de NIKE que no desentonan del todo pero que me hacen pasar un mal rato hasta que salgo de la niebla y sube un poco la temperatura.


Llego a Monsagro con buenas sensaciones y abandono la pequeña localidad salmantina celebrando haber escogido esta zona para pedalear en este fin de semana tan desapacible por el norte. La temperatura, sin ser alta, se está recuperando rápidamente y ya no hace ningún frío.


Una corta subida va a ayudar aún más a subir el calor. Se trata de un pequeño alto que lleva al monte de la Sierra del Guindo, una tachuelilla sin mayor importancia de casi cuatro kilómetros al 4,5%.


Es una gozada ver en estas fechas tanto verde. Los árboles de la zona son de hoja perenne y se agradece mucho porque por el norte hay demasiada rama desnuda a estas alturas del año.


El descenso es muy suave y hay que dar pedales hasta llegar a Serradilla del Arroyo. ¡Increíble! ¡Me cruzo con otro coche!


Así a lo bobo, llevo ya casi cincuenta kilómetros y se me está pasando la mañana sin darme cuenta. La ruta me está pareciendo de lo más entretenida y más vale que coma algo si no quiero pagarlo más tarde. Sentado en el guardarail de la carretera, caen una simple barrita de cereales y un pequeño brick de zumo de piña antes de empezar la subida al alto de Robledo (Casares) por esta vertiente salmantina.


El sol parece querer acompañarme en esta puerta trasera del Parque Natural de Las Batuecas - Sierra de Francia pero lo hace con mucha timidez. El puerto no es gran cosa pero se me atraganta. Tal vez no debería haber parado tanto rato.


No pasa nadie, ni un alma. La carretera parece estar hecha solo para mí. Así da gusto salir a dar pedales, solo con el sonido de los pajarillos y el de mi aliento.


Llego al alto de Robledo, antes de llegar a Casares de las Hurdes, y es asombrosa la cantidad de montañas que rodean al valle del río Hurdano. No me extraña que esta región haya estado tan aislada de la civilización hasta hace bien poco tiempo.


El descenso me trae recuerdos de cuando cimeaba por estas tierras, hace ya muchos años. Esta subida fue la última de una dura jornada y me costó bastante al pasar por la zona más dura que, bajando como voy ahora, disfruto de otra manera.


Atravieso Casares y llego a Nuñomoral, donde hago una pequeña parada para reponer fuerzas y llamar a casa. Estoy en el punto más bajo de toda la ruta, junto al río, y el solete de esta hora del mediodía hace que no tenga muchas ganas de volver a ponerme en marcha. La tranquilidad del lugar, el sonido del agua de un pequeño torrente y el calorcillo del sol pueden conmigo.


Pero hay que reiniciar la marcha y continuo hasta Las Mestas por un continuo sube y baja que se haría muy pesado si no fuera por lo bonito que está el paisaje. Tan solo hay que lamentar algunos tramos de carretera algo estropeados por desprendimientos.


En Las Mestas se inicia la subida a uno de los puertos más bonitos que conozco: el Portillo de Las Batuecas, que me encanta. Tan solo un par de kilómetros más allá de empezar, se pasa a la provincia de Salamanca.


La primera parte de la subida es muy cómoda y permite disfrutar tremendamente del entorno. Hay un par de pasos sobre el río que son preciosos y que te hacen ganar altitud sin sobresaltos.


Los quitamiedos de piedra son muy característicos de este puerto y no dejo de acordarme de la subida que hice hace ya unos cuantos años atrás con Mertxe y María.


La segunda parte de la subida es una sucesión de curvas de herradura para remontar una ladera. Las vistas son increíbles, con la comarca de Las Hurdes a nuestros pies.


Voy haciendo camino y voy notando cómo el porcentaje mantenido entorno al 6-7% va minando mis fuerzas. No coger la bici en un mes tenía que notarse.


La tarde va cayendo pero el calor aprieta, y más si vas vestido con ropa invernal y cubierto hasta las orejas. Tengo que parar para quitarme cosas de encima o reviento.


El puerto es divertidísimo a la vez que espectacular. Curva tras curva recuerdo cada metro de subida de la otra vez, y eso no pasa siempre. Hay muchos puertos de los que apenas guardo memoria.


Hasta que llego a la cima y, aunque me fastidie terminar en parte, también respiro de alivio porque voy fatigado. Llevo más de cien kilómetros y ya pesan.


El descenso hacia La Alberca me recuerda que hace un frío que te cagas. El sol desaparece y vuelvo a encontrarme el aire de cara. Pero ya queda poco y solo tengo que apretar en un par de repechos para llegar a El Cabaco, con la Peña de Francia como testigo.


Llego al coche, me cambio de ropa y me desplazo hacia Ciudad Rodrigo disfrutando de estos atardeceres magníficos que solo se dan por el sur, con el cielo con unos colores tremendos hacia el horizonte.


La etapa ha sido perfecta pero tengo demasiado sueño. Apenas como nada antes de dormir. Ya desayunaré fuerte mañana.

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