La ruta de Las Ardenas

El stage cicloturista de Semana Santa está llegando a su fin. Empiezo la vuelta a casa parando en Las Ardenas. Hay cinco BIGs que rodean la frontera franco-belga y diseño una ruta de casi doscientos kilómetros dando saltos de un país a otro. No hay grandes puertos, como es tónica habitual del viaje, pero tampoco habrá demasiado llano.

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La ruta de Las Ardenas Sedan 195 km 2500 m+ IR

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Los fríos días del principio del viaje han dado paso a otros más templados en los que apetece más coger la bici. Aún así, ya voy teniendo ganas de acabar porque la ausencia de grandes puertos hace que las etapas me resulten muy monótonas.


A nivel paisajístico, la zona también resulta muy sosa. Son colinas bajas que resultan todas iguales. Lo mejor es que no hay mucho tráfico y se puede andar en bicicleta con total comodidad.


Menos mal que pude encontrar un Decathlon para coger un GPS porque me hubiera resultado imposible seguir por estos caminos, con constantes cruces que obligan a tener un track que seguir.


Llevo unos veinte kilómetros ascendentes, camino de Nouzonville, hasta donde bajo de golpe para encontrarme con el río de La Meuse.


Los meandros que dibujan los ríos de esta región son lo más destacado del paisaje, junto con los amplios bosques que les rodean.


Siete kilómetros de escasa entidad me llevan hasta el col du Loup, el primer BIG de la jornada.


La bajada me deja a orillas de otro río, afluente del anterior: La Semoy. Llego a Thilay para cruzarlo y empezar a subir al Mont Tranet tras un pequeño seguimiento de su curso.


Buenas carreteras para rodar, muy tranquilas, pero algo aburridas. A estas rutas las salva la enorme curiosidad de saber qué te vas a encontrar.


En Monthermé empieza la subida. Son casi diez kilómetros para solventar unos trescientos metros de desnivel. El principio engaña un poco, pero luego es una subida tendida, como todas las de la zona.


La carretera se estrecha a medida que se va ganando altitud. Terreno rugoso, vegetación en aumento y el calor que empieza a apretar. Los días fríos han hecho que no me quite de encima la ropa de invierno y hoy empiezo a pagarlo.


En el descenso hacia Revin hay un mirador desde donde poder disfrutar de una de las mejores vistas que se van a dar en toda la jornada. La Meuse rodea a esta localidad abrazándola completamente.


La bajada es más fuerte que la subida, con porcentajes rondando el 6%, algo poco visto por aquí. También hay un par de herraduras, en una de las cuales destaca una especie de cementerio militar o escultura homenaje a los caídos de la WW2.


Nada más salir de Revin inicio la subida a Hiraumont por la orilla opuesta del río. Alcanzo una pequeña presa antes de pasar a un terreno de falso llano mucho más cómodo.


Terreno muy cómodo hasta llegar a Gué-d´Hossus, última localidad francesa antes de pasar a Bélgica por primera vez en la etapa.


La entrada a Bélgica la hago por una frontera muy petada de camiones, aunque están todos estacionados, tal vez porque es el mediodía y aquí toca irse a comer.


Una vez en Couvin toca subir al Barrage du Ry de Rome, una breve subida de solo un par de kilómetros al 7% que se inicia en Petigny.


Un cruce de caminos es el punto más alto de la subida, aunque muy poco reconocible. Me quedo con ganas de ver el embalse, así que sigo un kilómetro más adelante, incluso en ligero descenso, hasta que me lo encuentro.


En el descenso del embalse cumplo los cien kilómetros. Voy camino de otra frontera con Francia, siguiendo el cauce del río Le Viroin.


Dejo atrás la localidad de Treignes, con su magnífica iglesia. Por pocos kilómetros voy a rodar de nuevo por territorio francés, ascendiendo a Hargnies.


En otro río, La Meuse, cruzo la localidad de Vireux-Molhain y empiezo a subir al citado alto de Hargnies. Estos pasos entre Francia y Bélgica me dejan ver una versión de 'hombre rico, hombre pobre' muy evidente.


De nuevo en Bélgica, regreso a los estrechos caminos entres granjas, transitando por onduladas colinas, sin un metro plano.


Llego a Willerzie algo cansado y bastante aburrido. Echo mucho en falta el hecho de subir un gran puerto que me mantenga distraído por un buen rato.


La carretera es estrecha y con continuas subidas y bajadas, muchas veces entre árboles altos que la dejan encajonada y sin vista ninguna.


Conecto con una carretera más amplia en Bièvre, camino de Menuchenet, el punto más alto de este tramo belga. Debe haber elecciones porque está todo lleno de carteles con la foto del député fédéral.


En Noirefontaine se inicia la subida al col du Sati. Se trata de un pequeño muro de apenas un kilómetro de longitud pero por encima del 13%, lo justo como para pegarse un buen calentón.


La estrecha carretera, unido a que por aquí no hay ni un alma, deja una sensación de estar perdido que no veas.


Ahí abajo está Bouillon. Tiene muy buena pinta esta localidad, con un castillo y fortaleza que es lo mejorcito de toda la ruta con muchísima diferencia.


La Semois lacea a esta población con otro magnífico meandro. Hay un montón de gente por las calles, con muchísima presencia de turistas.


El col de Corbion comienza justo aquí. Es un puerto más largo, de casi diez kilómetros. No es para nada duro pero sí tiene aspecto de puerto, lo que lo hace más entretenido.


La cima del col de Corbion hace las veces de frontera con Francia, a donde regreso camino de un rápido descenso hacia Sedan.


Casi doscientos kilómetros después, llego al coche y cuelgo la bici por esta vez. He decidido pasar por París y correr allí su maratón pero de forma independiente. Los BIGs de la zona ya son historia.

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