MAUNA KEA

¡Y llegó la última oportunidad! Antes de salir de casa, por si el Mauna Kea de Saint Lary no llegaba a buen término, diseñé una brevet lineal de casi 400km, una etapa circular que pasara por algunos puertos que me interesaba repetir por el Ariège, saliendo de Saint Béat que quedaba muy cerca de Saint Lary y no me suponía mucho coste añadido. También quería pasar por la vertiente española de Cabús desde hacía bastante tiempo. La idea es cambiar un diseño con varios pasos por el coche por una etapa circular en la que, una vez decidida la salida, no tuviera vuelta atrás. El historial de cancelaciones que llevo en esta historia, desde hace ya dos años, tiene mucho que ver con esto de tener el coche en medio. El domingo había previsión de mucha lluvia, así que el lunes es el día elegido para la partida a medianoche en sentido antihorario, con el valle de Arán de noche, que ya lo tengo muy visto. Pero no para de llover el domingo y la noche del lunes sigue igual, con lo que decido alterar el sentido de la marcha para asegurarme un Ariège diurno.

XTREM CAT 1 CAT 2 CAT 3 CAT 4


MAUNA KEA Saint Béat 400 km 10300 m+ IR


(Click en el perfil para ampliarlo)


Estoy durmiendo en Saint Béat y pongo el despertador a las 04:00 de la madrugada para salir con la primera luz del día. Pero no para de llover en toda la noche y temo por una nueva cancelación, que ya sería definitiva porque me estoy cansando del tema. Llueve a mares hasta las 08:00 pero parece que escampa algo y, aunque todavía bajo la lluvia, salgo pasadas las 09:30 rumbo a la cima del col de Menté.


No para de llover en toda la subida y empiezo a pensar que las buenas previsiones meteorológicas que había para el día de hoy van a estar equivocadas. Por ahora no me importa mucho, ya que el coche está muy cerca y siempre puedo hacer una ruta corta y volverme para casa.


El puerto consta de más de nueve kilómetros al 9% pero, a pesar de ser el primero y no haber entrado aún en calor, noto que subo muy suelto. Me han venido bien estos días de etapas cortas y, como me dijo una vez Fernando (el único que ha hecho un Mauna Kea non-stop que yo conozca), una petada como la de hace unos días en la etapa del Angliru te deja fino por una buena temporada.


Hago cima en el col de Menté bajo un fuerte aguacero. No se ve muy lejos por culpa de la densa niebla y llevo las zapatillas encharcadas. Pero no sé qué razón me empuja a seguir adelante. La temperatura es buena y tampoco me molesta la humedad que llevo encima. Hacía tiempo que no aprovechaba el ser de Bilbao.


Desciendo Menté por la vertiente que tenía hecha de antes, camino del col del Portet d´Aspet. En su día hice la ruta al revés y hoy recorro ambos puertos por las vertientes que me faltaban. Subiendo al Portet d´Aspet recibo un montón de ánimos de toda la gente que está esperando al paso del Tour de Francia en la etapa de mañana. Ese ha sido otro de los motivos para elegir este sentido de ruta, ya que mañana estará la carretera cortada en este tramo y lo mismo me quedaba sin pasar.


En toda esta subida no puedo hacer ni una triste foto por lo mucho que llueve. Aprovecho que en la cima hay un pequeño refugio para resguardarme del agua y para comer un bocadillo que llevo junto a la gente que espera el paso de la carrera junto a sus autocaravanas. Están tan aburridos que yo soy la atracción y todos se me acercan para darme coba.


Te tiene que gustar mucho el ciclismo para pasarte varios días metido en una jaula mientras en el exterior llueve y hace frío, para que luego los ciclistas pasen en medio minuto. Algunos tienen bicicletas en los portas, pero no parece que hoy se atreva nadie a desafiar a los elementos.


No parece que vaya a parar de llover pero tampoco me puedo quedar ahí quieto. O sigo o me doy media vuelta. Decido seguir adelante y desciendo hacia el valle de Bouigane, donde parece despejar y me alegro muchísimo de haber tirado al frente. Empiezo a verlo todo de otra manera y me sube la moral a los topes. Llevo pocos kilómetros pero mucho desnivel acumulado descontado ya del total. ¡A por el Mauna Kea!


La carretera es favorable y el aire también sale en mi ayuda soplando a mis espaldas. En un instante me planto en una estrecha carretera que pasa por Cescau. El GPS tiene estas cosas y a menudo te mete por alguna trampa. Hay alguna rampa escondida y algún que otro tramo sin asfaltar que tengo que rodear.


De nuevo por la carretera principal, llego a la localidad de Moulis al mismo tiempo que una cortina de agua que diviso justo cuando estoy llamando a casa. Me tengo que dar mucha prisa para resguardarme bajo un pequeño tejado y le pido a Amaia que me confirme el tiempo que dan para hoy y para mañana.


La previsión es buena para las próximas horas y para mañana parece magnífica. Me tomo un rato de descanso mientras deja de chispear, antes de ponerme en marcha hacia Alos, por el coqueto col de Portech.


La carretera empieza húmeda pero enseguida se seca gracias a la buena temperatura. Hace calor pero tampoco es agobiante. El trazado invita a pedalear.


El puerto consta de más de ocho kilómetros a un cómodo 5% y supone un precioso paseo por una carretera estrecha de piso rugoso, rodeado de vegetación. Empieza a hacer bastante calor pero hay sombras abundantes bajo las que cobijarse.


Voy haciendo camino y agradezco mucho andar rodando por parajes nuevos. Creo que tenía razón Fernando cuando me invitó a hacer el Mauna Kea en el Ariège porque tengo muy visto el resto del Pirineo.


Andar por sitios nuevos hace que los kilómetros vayan pasando sin darse cuenta y los logros parciales se van consiguiendo de forma mucho más fácil. Me he planteado toda la ruta con el objetivo de hacer cima en el próximo puerto.


Sigo con aire favorable y eso también ayuda mucho. A pesar de ello, no tengo sensación de agobio por tema de calor. Creo que todo lo malo que hacía en la salida me ha terminado de venir muy bien. Un reto tan complicado como este tiene que ser tremendo por encima de los 30ºC.


Corono el col de Portech y se abre ante mí un nuevo valle, un nuevo paisaje. Tengo muchas ganas de seguir pedaleando y descubriendo parajes, porque cada vez es más difícil establecer rutas en las que aparezcan puertos nuevos, aunque sean humildes como este. Es un puerto humilde pero precioso.


El descenso es corto y hay algún tobogán intermedio. Casi sin darme cuenta y ya estoy llegando a Alos.


Al llegar a Alos comienza un pequeño tramo de repechos cortos por carreteras estrechas y sinuosas, de esas tan divertidas para andar en bicicleta en las que no sabes a dónde te va a llevar la siguiente curva.


Son cinco kilómetros hasta llegar a un col de difícil pronunciación: el col de Catchaudégué. En todo este tramo enlazando cols, no me cruzo con ningún coche, tan solo con un señor paseando.


Ya llevaba un buen rato esperando encontrar una fuente y me topo con un chorro de agua fresca tremenda en un abrevadero que hay frente a un caserío. Nunca suelo comprarlos, pero aprovecho algún gel que nos han dado en maratones para mezclarlo con el agua. Los tenía reservados para alguna ruta de semejante dureza. Me gusta el sabor a café que le dan al agua y alguna mierda deben llevar porque noto enseguida que se me cargan las pilas.


Sigue el paseo, sigo acumulando metros y ya voy cuatro puertos ascendidos. Estoy disfrutando mucho esta parte del recorrido desde que ha dejado de llover. Y estoy hasta demasiado bien. Llevo mucha comida y no dejo más de diez o quince kilómetros sin meterme algo sólido al estómago. Las galletas de avena con perlitas de chocolate han sido todo un descubrimiento y me producen un efecto saciante que me va muy bien.


No he cogido referencias kilométricas y no tengo ni idea de los kilómetros que me quedan para los puertos que están por venir. Casi lo prefiero así porque me los voy encontrando y evito pensar tanto en ellos. Se está confirmando que el exceso de control estaba siendo uno de los motivos principales por los que he cancelado esta historia en tantas ocasiones.


El paisaje que se presenta ante mí es maravilloso. Tengo un recuerdo magnífico del col de Agnès y es uno de los causantes de que haya tirado la ruta por estas carreteras.


Llego a Seix, una de esas localidades que tengo localizadas de antemano por ser el inicio de un BIG ya hecho: Guzet-Neige. Pero esta vez no voy a ir hacia la estación invernal, sino que seguiré directo por el col de Latrape.


Vuelvo a hacer otra llamada a casa. Me sirve mucho para despistar la cabeza poder hablar durante cinco minutos. Ir en solitario tiene sus ventajas pero también tiene alguna pega en rutas de extrema dureza como lo va a ser esta.


Se ha nublado bastante y eso me preocupa mucho. La parte que más temo de toda la ruta es la que tendrá que ser de noche. He hecho cálculos y no me libra nadie de pasar a oscuras por la cima Coppi del día: Envalira, y no me apetece tener que bajar lloviendo desde los 2.400 metros de altitud.


Este valle del río Salat es una maravilla. La frondosidad de esta zona es exagerada. Es alucinante la diversidad de paisajes que hay en Pirineos y cómo a cada región le toca uno diferente. El Ariège es casi selvático.


En Pont de la Taule abandono el curso del Salat para remontar el Alet, camino del col de Latrape. Todo esto ya lo he subido antes pero disfruto mucho de esta segunda pasada. Las segundas pasadas por los puertos permiten descubrir detalles más allá de la generalidad de la subida y me quedo mucho más con el paisaje.


Es una subida larga, de casi veinte kilómetros, pero con una pendiente inferior al 5% que lo hace muy llevadero y que no consigo nunca sobrecargar las piernas. Eso sí, voy acumulando desnivel.


En Sérac empieza la segunda parte de la subida, con algo más de pendiente ya hasta la cima, rondando siempre el 6%. Tengo cierta inquietud por las nubes de tormenta que se van acumulando en las montañas de enfrente, justo a donde me dirijo.


Es impresionante el paisaje de esta zona, con las montañas pobladas completamente por árboles enormes, sin dejar un solo espacio entre ellos.


Y el sol vuelve a hacer acto de presencia. Cada vez que veo un rayo me animo una barbaridad. Temo la noche, y de qué manera.


A falta de un kilómetro para la coronación del col de Latrape, llega el desvío que va hacia Guzet-Neige. Esta vez seguiré recto y prescindiré de esa media docena de kilómetros de subida.


Corono el col de Latrape en la más absoluta soledad. Llevo muchos kilómetros pedaleando sin cruzarme con nadie, como si la carretera estuviera aquí puesta solo para mí. Todavía no he llegado a los cien kilómetros y voy por tres mil metros de desnivel. Esto marcha bien.


Rápido descenso hacia Aulus-les-Bains y una señal me indica el camino hacia uno de los puertos más interesantes de toda la ruta: el col de Agnès.


En el inicio hay cartelito típico de los puertos de Ariège, esa señal marrón y amarilla en la que aparecen impresos la distancia, desnivel y pendiente media a superar. Todos los puertos deberían tener uno de estos carteles.


Me esperan diez kilómetros duros, por encima siempre del 8%. Pero no parece que me estén pasando factura los acumulados porque voy mejor de lo que pensaba. No estoy para nada cansado. Cuando supero la barrera psicológica de los cien kilómetros me suele venir muy bien porque me da un subidón moral ver el contador con tres cifras.


Subo siempre bajo las nubes y empiezo a ver algún tráfico. Me cruzo con dos ciclistas que bajan y también me adelanta uno subiendo a una velocidad de vértigo que supongo sería un profesional entrenando.


Con esta vertiente y con la bajada de Lers, le voy a dar un buen repaso a la zona. Tengo muchas ganas de volver a disfrutar de la zona alta y de la laguna de Lers.


Llevo un ritmo tan bueno que hasta me animo a ascender mucho rato en pie. El desarrollo me pide un poco más de tranca de lo cómoda que llevo la bici, pero no me quiero cebar porque me queda un mundo todavía. Debo ir con muchísima cabeza.


Está nublado, se están cerrando los picos, pero hacen que la estampa resulte mucho más espectacular, con ese perfil jurásico que tienen estas montañas.


Tras unas cuantas herraduras finales, corono el col de Agnès mucho mejor de lo que pensaba antes de salir esta mañana. Me embarga un sentimiento de suficiencia que debo controlar para no cometer errores. No dejo de comer y beber bien, por lo que pueda pasar.


Me detengo un par de veces en el descenso para fotografiar las curvas y el lago, y es cuando soy consciente de las nubes que hay hacia Andorra. La noche me sigue dando un miedo tremendo porque no ha dejado de llover ni una sola desde que estoy por los Pirineos.


Comienzo esta subida al col de Lers, que apenas consta de cuatro kilómetros empezando desde el lago. ¡Pero qué bonitos son!


Aparecen unas praderas de un verde espectacular, donde las vacas pastan a su antojo. Estoy disfrutando muchísimo de la ruta que llevo.


Esas nubes no traen nada bueno. Hay momentos de resol que me indican que no hay más nubes que las que se ven, pero me temo lo peor.


Corono el col de Lers y la nueva perspectiva me muestra un cielo mucho más despejado de lo que parecía. Vuelvo a estar feliz aunque me he quedado sin agua y pasa a ser mi prioridad.


Y no será por agua, porque en la bajada me encuentro con un enorme torrente que genera un estruendo tremendo y me obliga a frenar bruscamente para sacar una foto.


Llego a Vicdessos y encuentro una fuente en la que lleno el bidón pero, cuando voy a echar un trago, la tengo que tirar entera porque el bidón parece una botella de leche de lo blanca que está el agua. Seguramente sea potable pero yo no me atrevo a beberme eso.


El terreno que me lleva a Tarascon es completamente favorable, descendiendo junto al arroyo de Vicdessos. En este tramo vuelo porque llevo pendiente y aire favorables.


A medida que me salgo de las montañas, el cielo se va despejando más y más. Llevo un buen rato rodando rápido y necesito beber algo pero no llego completamente a Tarascon al girar a la derecha en una rotonda previa. Espero encontrar alguna población de paso camino de Ax-les-Thermes en la que poder coger agua.


En la carretera de Ax, nada más cogerla, encuentro un salchichauto y me voy directo hacia él para comprar una cocacola fresca. Veo a un cliente comiendo una hamburguesa y, al ver los precios, aprovecho también para pedir una. La tía de la furgo me ofrece la oferta de un completo con patatas fritas y acepto de buen grado. Ha llegado la hora de comer algo con más fundamento que las barritas, galletas, bocadillitos y demás que llevo.


La merienda-cena me sienta de maravilla pero sigo sin agua porque la chica no tenía y me cobraba una pasta por un botellín pequeño, así que ya cogeré en alguna otra parte ahora que ya no tengo tanta sed. El terreno hacia Ax-les-Thermes ya pica para arriba pero de una forma tan sutil que me resulta inapreciable.


Encuentro agua en Luzenac. Hay una fuente que la tira muy fría y aprovecho para lavarme un poco la cara, los brazos y las piernas porque en breve tendré que ponerme las mangas del chaleco y las mallas finas que llevo atadas a la tija para rodar por la noche.


Llegó uno de los momentos clave de la ruta. Ya estoy en Ax. Llevo más de 160km y está a punto de caer la noche. Aprovecho para llamar a casa por última vez y, ante mi acojono por subir a 2.400 metros estando tan nublado y con nubes con tan mala pinta por aquella zona a la que voy, le pido a Amaia que me mire una vez más la predicción para el puerto de Envalira entre las 00:00 y las 02:00 horas.


No parece que vaya a llover pero la temperatura será de 4ºC a las 00:00 horas y bajando hasta 1ºC en las siguientes. La ropa que llevo no me protegerá tanto del frío pero eso no es lo que más me preocupa. Me atemoriza pensar en lo que puede ser ese frío si le da por llover. La experiencia de estos días atrás me dice que siempre ha llovido por la noche aunque no lo dijeran las predicciones.


Empiezo a subir Envalira, un puertaco de 35km al 5%, lo que supone casi dos mil metros de subida continuada. Me sorprende ver la luz en las fotografías porque, en vivo y en directo, la oscuridad era cada vez más fuerte.


El plan es claro: pienso subir lo más despacio que pueda para ir haciendo tiempo y que la noche vaya pasando. Cuanto más despacio vaya en todo el periplo nocturno, menos kilómetros avanzaré y más podré disfrutar de la ruta nocturna. Me interesa hacer una ruta non-stop pero también quiero disfrutar del entorno y de noche no se ve nada.


No llevo ni diez kilómetros de subida y hace tiempo que no se ve nada. Caminamos hacia la luna nueva y la noche es muy oscura, pero no me importa porque llevo un equipo de iluminación excepcional: mi flamante LED LENSER H14.R2, un frontal que sirve tanto para la cabeza como para la bicicleta que descubrí en los trails nocturnos y que me pareció una pasada, y lo es, porque ilumina y dura una barbaridad.


Llego a l´Hospitalet-près-l´Andorre y, en mi afán por tomarme todo el tiempo del mundo en esta subida (el descenso de Envalira con 1ºC me sigue acojonando mucho), decido hacer una parada gracias a que encuentro una caseta perfecta en un área de descanso que hay frente al Hotel du Puymorens. Hay baños, lavabos con agua fresca, ..., y una cabina de teléfonos en la que decido meterme para no pasar frío. Ahí me quedo durante unas horas haciendo tiempo jugando con el móvil. Pero llega un momento en el que ya no puedo seguir jugando al Asphalt o a los Sudokus porque baja muchísimo la temperatura y no soporto el aire que se cuela por una rendija. Doy un par de paseos por la zona pero no me queda más remedio que ponerme de nuevo en marcha para entrar en calor pedaleando.


Sigo ascendiendo Envalira lo más despacio que puedo. La noche va pasando y a mí me mantiene caliente el solo hecho de pedalear porque el aire me pega de culo y voy bien de Windstoppers. Solo noto fresco en las piernas porque las mallas finas ya están muy viejas y están deshilachadas. Así llego a la aduana, una nueva oportunidad para entretenerme durante un rato y dejar que pase la noche.


Me reciben dos policías: un francés y un andorrano, que se extrañan de ver a un chiflao en bicicleta a las tantas de la madrugada. Como solo busco entretenimiento y 'perder el tiempo', les doy palique y les pregunto por su actividad nocturna. El francés no tiene mucho recorrido pero el andorrano es muy majo y me entra al trapo. Llega un momento en que parece que ya me tengo que marchar cuando les pregunto si saben de alguna cafetería donde paren los camioneros a estas horas, o algo parecido. El simpático francés me dirige a Pas de la Casa pero el andorrano me dice que hay máquina de café en una sala de espera que hay dentro, con sofás, baños, máquinas de comida, ... Le digo si me puedo quedar un ratito y me dice que me quede todo el tiempo que quiera, que no molesto.


¡Cojonudo! ¡Voy a pasar un par de horas caliente! Me tomo un par de cafés junto a un par de franceses de origen magrebí que andan por ahí. Vienen a leerles una hoja, así que igual les habían pillado con algo, puede ser. Llega un momento en el que, a pesar de estar de cine en el sitio este, se me ocurre que puede estar bien ver cómo amanece desde el puerto de Envalira. Me pongo en marcha pasadas las 05:15 de la madrugada para ir subiendo a ritmo muy pausado los ocho kilómetros que me quedan hasta el alto.


Paso por Pas de la Casa y un termómetro marca 4ºC. Creo que me he montado muy bien la noche con estas paradas porque ya no le tengo tanto temor como al principio. Hace rato que subo viendo estrellas, lo que indica que  esta altitud está todo muy despejado. Aún así, sé que pasaré mucho frío bajando hacia Canillo.


Llego al puerto de Envalira y el espectáculo del amanecer es grandioso. Primero se va apreciando una claridad entre las nubes bajas ...


... descubriendo una textura magnífica a modo de baño de nata sobre las montañas ...


... hasta que el cielo se tiñe de naranja y veo al sol subiendo entre las nubes. Apenas dura un minuto esta escena y me quedo embobado disfrutando este momento.


En la gasolinera de la cima, hay un termómetro con decimales en el que marca 3,3ºC. Por suerte, no hay nada de aire y eso juega a mi favor.


El descenso es por muy buena carretera y la bicicleta se lanza sola. Tengo que ir parando cada poco rato porque la sensación térmica es insoportable. Cuando más despacio bajo, mejor lo llevo, así que sigo tomándomelo con mucha calma.


Llego a Canillo y parece que estén en fiestas. Llevo las manos congeladas y estoy a punto de tiritona, así que busco algún local abierto para tomarme un colacao caliente. Encuentro uno y para allí que me meto. El gustazo que me da el vaso hirviendo al cogerlo con ambas manos es como para recordarlo por mucho tiempo.


Nada más empezar a subir, el sol remonta las montañas y me da de lleno, lo que agradezco enormemente. Es muy pronto y no caliente mucho pero lo suficiente como para que yo me quite el exceso de ropa que llevo.


Ordino por esta vertiente tiene nueve kilómetros pero solo siete son puerto en realidad, ya que los dos últimos son un falso llano de muy poquita pendiente, incluso con un buen descenso.


Haber pasado Envalira con buenas fuerzas y sin pasar ningún mal momento es algo que hace que la moral me suba a los topes. Creo que puedo decir desde ahora que voy a poder con esta historia sin sufrir.


El único problema que veo es el del desnivel positivo acumulado que llevo a estas alturas. La ruta original la realicé en 'Mapmyride' y me salían 10.500 metros en 370km y creo que hay cierto desfase. Llevo más kilómetros pero me falta desnivel a estas alturas, así que es probable que no sea suficiente con hacer Ordino, Cabús y Bonaigua. Los programas me suelen dar algo menos y no esperaba quedarme corto, sino largo. Ya veré cómo lo soluciono si sucede así pero esto no me lo esperaba


Como en todas estas rutas largas, siempre hay que estar preparado para plantar un buen pino y el llano de Ordino invita a hacer una pequeña parada tras unos arbustos. Tengo una regularidad asombrosa en este tema y siempre llevo unas toallitas para el momento.


Corono Ordino sin más historia. Casi es como un momento de descanso en medio de tanto puerto largo. Andorra no me gusta mucho. El valle d´Orient (la calle principal) me parece directamente feo. Esta otra zona en la que voy a entrar, el valle Nord y la zona de Arinsal, no me disgusta tanto.


Tras un rápido descenso, llego a La Massana. Aún es muy pronto pero empieza a hacer mucho calor. Solo hay que ver la vegetación para darse cuenta de lo árida que resulta esta zona del Pirineo. No tiene nada que ver con el frondoso Ariège por el que he pasado en la primera mitad de la ruta.


Empiezo a subir Cabús siguiendo las indicaciones de los carteles, comunes también con el previo paso por la estación de Pal. Voy viendo los datos del GPS y viajo pletórico. Pocas veces he ido tan contento sobre la bicicleta en una ruta tan exigente como esta.


Pero el calor empieza a hacer mella en mí y tengo que calmar mi ánimo. Si he llegado tan bien hasta aquí ha sido por hacer muy bien las cosas y guardar siempre algo para más tarde. Mantengo un ritmo constante pero siempre más suave que lo que me piden las piernas. Aunque las rampas siempre son de una sola cifra, aprovecho bien el desarrollo que tengo.


Recordaba Cabús de otra manera. Me está gustando mucho menos que la vez que lo subí. Me parece un puerto tirando a normalito, sin nada atractivo que llevarme a la vista. Espero llegar ya al coll de la Botella para ver si la continuación hacia Cabús es tan interesante como recuerdo.


La fuente que hay después de Pal sí es como recordaba. Hace rato que necesito refrescar el bidón y el agua mana fresca y apetecible.


Corono el coll de La Botella tranquilamente. Es una pasada el poco tráfico que he tenido en todas las zonas desde que salí ayer por la mañana. En el mirador de esta semicima hay un coche aparcado y nada más. Me acerco a él para poder disfrutar de las vistas del valle.


Ya solo queda llegar a Cabús y sí, esta parte es mucho más interesante. Aunque los dos últimos kilómetros resultan bastante tediosos al tratarse casi de una recta continuada hacia el puerto.


Son tres kilómetros al 5-6% pero se me hacen demasiado largos. Tengo muchas ganas de bajar hacia Tor y me puede la impaciencia. Antes de bajar andando por la pista, echo un vistazo para atrás, hacia el coll de La Botella. ¡Adiós Andorra!


El descenso hacia Tor es una incógnita. He buscado información en la Red antes de salir para esta ruta y no he encontrado nada relativamente reciente acerca de esta vertiente de Cabús.


La pista no es ciclable para ruedas finas pero ni por asomo. Hay cantidad de piedras y casi siempre bajan trialeras del agua. Intento montar a tramos pero acabo andando todo el tiempo.


El paisaje sí que merece la pena, con un verde que ya quisieran en Andorra. Hay un montón de vacas y caballos sueltos y uno se tira un enorme pedo a mi paso. No me queda otra que llamarle ¡hijo de la gran puta, cabronazo de mierda, mecagüen tu puta madre, cerdo de los cojones!


No me queda más remedio que seguir caminando, cosa que tenía claro antes de salir que podría suceder y que doy gracias por haber escogido finalmente este sentido de la marcha. Esto es mejor bajarlo andando que subirlo empujando la bici.


Hay un momento en el que llego a un arroyo que cruza la pista y no hay por donde evitarlo, así que me veo obligado a cruzarlo con el agua por encima de los tobillos.


Pensaba que el asfalto estaría presente al pasar Tor pero nada por el estilo. De los cinco o seis kilómetros que creía que habría que caminar, me voy hasta los nueve. ¡Menuda pateada! Si tengo que hacerlo de subida, no lo cuento.


Tras estos nueve kilómetros de bajada, se pasa a una pista cementada que dura otros cinco kilómetros. La pista está bien pero es muy botosa, resultando tremendamente incómoda.


La bajada se interrumpe con una pequeña rampa que hay casi llegando a Alins, antes de empalmar con la carretera que me dejará en Llavorsí y en la que vuelvo a retomar un buen ritmo de pedaleo. Para estas horas, ya hace un calor tremendo.


Llego a Llavorsí y tengo ganas de comerme un bocata de tortilla de patata. Es una buena señal porque, cuando voy petado, no tengo ganas de comer y sí de dormir. Tener apetito es algo de lo que me alegro mucho.


Busco un bar y pregunto qué bocatas calientes tienen. Tenía como un antojo de tortilla de patata pero me tengo que conformar con un bocadillo de lomo con queso. No me doy cuenta de que estoy en Cataluña y me lo 'entumacan' entero. Espero que cuando este catalán vaya a Euskadi y pida un bakalao al pil-pil, le jodan el plato untándoselo de nocilla. ¿Es típico? No, es pa´ joder.


Ya solo me queda La Bonaigua y se confirma que me voy a quedar corto de desnivel. Me van a faltar unos 600-800 metros en función de los repechos que haya, así que decido llegar hasta el coche como tenía previsto y hacer un sube y baja de Menté que supera ese desnivel. Me encuentro tan bien que no le doy mayor importancia y así redondeo los 400km. Casi hasta me apetece.


El tramo que va de Llavorsí a Esterri d´Aneu ya lo tengo muy visto pero siempre merece una parada corta junto al Pantà de La Torrassa. El tramo es ligeramente ascendente y se levanta un fuerte aire en contra que me lo hace más difícil. El aire casi se agradece porque, cuando no sopla, hace demasiado calor.


Estoy llegando a Esterri d´Aneu cuando me adelantan tres ciclistas. También me adelanta una furgoneta de la organización de la Ibérica Coast to Coast, con los que coincidiré luego en la subida a La Bonaigua.


Me sacan unos cuantos metros y, en la primera rampa de la nueva carretera, me acerco bastante. Luego, enseguida se me vuelven a separar, pero los llevo siempre a la vista a menos de cien metros de distancia.


Pasamos los tres o cuatro primeros kilómetros duros del puerto y empiezan a disgregarse componentes del trío. El calor es muy fuerte y hace rato que yo llevo nada de beber porque, en estas situaciones, los bidones se esfuman.


Llego a conectar con el trío y empezamos a hacer alguna que otra parada para refrescarnos en los torrentes que encontramos. Hay un argentino, que va en solitario, que se pega una buena ducha en uno de ellos.


Me viene muy bien la coincidencia con este grupo porque me despisto por unos cuantos kilómetros con un poco de conversación sobre puertos y recorridos. Con la paliza que llevo y, cualquiera lo diría, voy fresco y disfruto de este rato.


Llegamos a los refugios que hay en la zona de herraduras y ahí está parada la furgoneta de la organización para que tomen el avituallamiento. Obviamente, yo sigo a mi bola y continúo la ascensión en solitario. Ya casi lo tengo hecho y reboso felicidad. Pocas veces me he sentido así sobre la bicicleta. Esperaba sufrir mucho en esta ruta y no está siendo así.


Esta parte final de La Bonaigua me parece preciosa pero siempre se me hace muy pestosa la recta final. Y más en días como hoy en los que sopla un fuerte aire de cara.


Corono La Bonaigua, lo que debería ser el último puerto del día, con 9.400 metros de desnivel positivo acumulado. ¡Me he quedado corto! Tendré que hacer Menté para llegar a los metros que ando buscando. ¡Qué putada! Una ruta completamente circular era perfecta y no se me ocurre mejor opción que esa porque ahora mismo no me sé los datos de las muchas subidas que hay en el valle de Arán y que podrían ser válidas al ser de doble vertiente. De todas formas, no me suena que ninguna de ellas supere los 800 metros de desnivel.


El descenso de la vertiente de Vielha es vertiginoso, aunque no puede faltar una parada para sacar una foto de la cabeza del valle, que es chulísimo.


Voy bastante seco y paro en un supermercado de Vielha para comprar una lata de cocacola. Sopla aire de cara y estoy a punto de desviarme para el Mirador d´Arrés, cosa que no hago porque creo que no me alcanza el desnivel. Esto de no hacer una circular perfecta me fastidia bastante porque el rutón quedaría redondo.


Llego a Bossòts y empiezo a cruzarme con un montón de coches de equipos ciclistas y con motoristas del Tour de Francia. Hoy ha acabado la etapa en Bagnères de Luchon y mañana suben el Portillón por España. Hay decenas de autocaravanas por todas partes y muchos Mossos d´Escuadra vigilando los cruces.


El descenso se me está haciendo demasiado largo por culpa del fuerte viento de cara pero voy emocionado. Nunca había hecho tanto desnivel en una sola etapa pero no es lo que más me agrada. Lo que más me gusta es el rutonazo que me estoy cascando, con tres países involucrados y dándole un enorme mordisco a Pirineos. Conocía casi todo el recorrido pero, aún así, lo he disfrutado como si fuera la primera vez que pasaba por él.


Llego a Saint Béat. Ya solo me queda hacer un sube y baja a Menté. Voy a poder sacar algunas fotos, a diferencia de las tres o cuatro que hice por la mañana, cuando no paraba de llover. Ahora es muy diferente. Me tomo un Powerade de la nevera del coche y como una ensalada de pasta de lata. Me quito todo lo que llevo en los bolsillos, dejo las cámaras de repuesto, las pilas, la comida, las luces, las herramientas, ... Aligero todo el peso que puedo porque ya no tengo que andar con reservas y me voy a marcar una subida a ritmo ... a ritmo de serie.


Casi no me puedo creer que haya terminado con fuerzas como para subir Menté casi de pie. Voy bailando la bici marcándome metas parciales para parar y sacar una foto antes de volver a arrancar.


Son más de nueve kilómetros pero nunca hay doble cifra y se sube perfectamente. Esos nueve kilómetros me parecen una birria con lo que marca el cuentakilómetros a estas alturas. El aire también juega a mi favor y lo fuerte que soplaba en mi contra descendiendo el valle de Arán es una bendición en esta subida final.


Llego a la cima y no hay color. Luce el sol y el cielo está despejado. Dos años y muchas cancelaciones después, he logrado terminar el MAUNA KEA. Bueno, aún hay que bajar.


Regreso al coche pero no me puedo entretener. Al llegar a Saint Béat estaban vallando la zona, ya que mañana será 'Meta Volante' en el Tour de Francia. No puedo perder mucho tiempo y me cambio de ropa para salir disparado rumbo a Pau porque hay carteles indicando que la carretera estará cortada. Podría quedarme para ver el Tour pero ... ¡no me interesa una mierda!

P.D.1: En el momento terminé muy bien pero los dos o tres días posteriores han sido muy duros. Ha sido como si sufriera un Jet-Lag, con una sensación tremenda de fatiga 'en diferido'. Asímismo, las rodillas las tengo muy débiles y tengo bastantes molestias que espero que vayan cesando con descanso y con una buena alimentación.

P.D.2: La idea al terminar era dejar de hacer burradas para siempre, pero no sé qué me dice que habrá que seguir planteándose historias exigentes si no quiero acabar colgando la bicicleta. Eso sí, voy a tener que ser muy creativo con el diseño de las rutas.

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10 comentarios :

  1. ZORIONAAAKKK TXAPELDUN!!!!!!...ya esta..!!!!! que gustazo da decir eso..!!!!...aunque no hayas sufrido y te hayas marcado una "Mongie"..jjajajaja...yo no te veo ya haciendo esas burradas.....quien sabe!!!! tu sigue disfrutando de la bici..!!!!!! ANIMO!!!!!!

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    1. Gracias guapetona! Jo, cómo me fastidió tener que hacer una Mongie, jajaja, pero es que no me podía quedar corto. Ya reacciono, ya, algo haremos.

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  2. Pasada de ruta. Al final lo has conseguido, enhorabuena. Me quedo con los primeros 100 kms, esas carreterinas estrechas me llaman mucho

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    1. Muchas gracias. Ha costado, ya no sé ni los intentos que llevaba, pero ha valido la pena. Esa zona del Pirineo es bastante desconocida y me faltan algunos puertos interesantes por ver. Ya estoy pensando en volver, jejeje

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  3. Muy buena la ruta, además con los puertos andorranos que no los conozco pero los tengo en la agenda (y ya van cogiendo polvo).
    Retos hay para aburrir, así que no hace falta que cuelgues la bici. Al año que viene (lo dejo caer a ver si picas), ¿por qué no la Superbrevet de Olorón?
    P.D. ¡Muy bueno lo del pan con tomate!

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    1. No hace falta que me piques ;-) porque, en cuanto vi las SuperRandones buscando info sobre la tuya de Argeles, tenía claro que haría alguna que otra, antes o después. Eso sí, como no hay fechas fijas y las hace uno a su bola, no hace falta salir de los sitios marcados. Biescas o Jaca me parecen inicios más cómodos. Eso sí, para el año que viene. Para este se me ha metido en la cabeza otra historia que tenía pendiente: http://cicloturismo-y-puertos.445609.n3.nabble.com/Transpirenaica-tp812263p4024117.html

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  4. Hombre por fin!!! Felicidades, bonita zona el Ariege para estas cosas eh? Y el pan con tomate... con lo que nos gusta a los que estamos acostumbrados, jeje.

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    1. Muchas gracias. Ha costado, jejeje, es lo que tiene que ahora haga las cosas cuando apetecen, que cancelo más que hago, jajaja. Es más, si no me cancelo a mi mismo, pasaré otra vez por el Ariege en breve.
      Si lo del tomate está bien ... ¡¡pero no con todo!!

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  5. Acabo de ver y leer este cronicón. No tengo palabras para explicar la admiración que te tengo. Eres de otra pasta. Yo no hubiera sido capaz ni de salir lloviendo, como tú hiciste. A veces pienso que te expones demasiado a que te pase algo.
    Muy gracioso el caballo que se tiró el pedo a tu paso, jajaja, me troncho imaginándote en ese momento.
    El agua blanquecina es producto de pequeñas burbujas que luego desaparecen, ¿no? Si salía con mucha presión es normal.

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    1. Gracias Gorgonio. Recordar estas historias una vez que pasa el tiempo está muy chulo.

      Ya va para tres años de esto y he tenido que releer la entrada. No me acordaba de lo del agua. Al principio, también pensé que salía así por la presión pero luego, cuando no se estabilizaba, me di cuenta de que era blanca, como la leche. Alguna explicación habría.

      Hoy por hoy ... no tengo la cabeza para retos. ;-)

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