Del Saja al Chivo

Hoy hace, exactamente, un mes del Mauna Kea. En su día acabé bien pero me he sentido muy fatigado después de hacerlo, llegando hasta un punto en el que estoy pagando el gran desgaste de ese día. Con solo una salida muy corta para probar un nuevo culot, me presento en Cantabria para un stage de tres días.

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Del Saja al Chivo Cabezón 132 km 2650 m+ IR

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Llego a Cabezón de la Sal como para empezar la etapa a las nueve de la mañana. Hace fresco, como si no estuviéramos en verano. La idea es hacer una circular de 200km con Fuente del Chivo y Golobar, para lo que tengo que ascender primero el puerto de Palombera.


Me pasan dos ciclistas antes de llegar a Cabuérniga. Van casi a mi ritmo. Llevaba rato oyéndoles hablar detrás mío y no se terminan de alejar tras pasarme.


Pasamos Fresneda y empieza la subida en sí misma. A uno parece molestarle que yo vaya casi a rueda, a unos escasos diez metros, y pega un demarraje tremendo dejando a su compañero solo. Este intenta seguirle pero solo se me despega unos pocos metros más.


Yo sigo al mismo ritmo que llevo desde que bajé del coche y ando alucinando con los cambios de ritmo de esta gente, hasta que llega un momento en el que paran y los paso. Ya nunca más los volveré a ver, y eso que en la parte final de Palombera se tiene una visión directa de un par de kilómetros hacia abajo.


El caso es que me han entretenido durante unos cuantos kilómetros. La subida transcurre por un tupido bosque en toda la primera mitad y, cuando ya lo tienes muy visto, no tiene ningún aliciente.


Llego al mirador. Hay varios turistas haciéndose fotos y espero mi turno pacientemente. El día está muy nublado y decían que iba a despejar según fuera avanzando.


Corono Palombera al tiempo que paran otros turistas. Los he llevado cerca en todo momento, pues iban parando en cada curva para hacer fotos del valle.


Tras una charla muy amena, desciendo hacia Espinilla y me paro en un restaurante que hay justo antes de empezar a subir Alto Campoo para tomar un pincho de tortilla junto a una cocacola.


Empiezo a subir después de la tortilla y el sol empieza a asomar de vez en cuando, aunque por arriba se ven nubes cubriendo los picos. Esperaba que despejara pero, en vez de eso, está yendo a peor.


Los primeros kilómetros son muy suaves y la temperatura me obliga a quitarme toda la ropa de abrigo. En días así no sabes cómo acertar y acabas sacando más cosas de las que hacen falta. Aunque luego hacen falta de verdad, claro.


Se me hace largo el puerto y, sobre todo, muy aburrido. Estas rutas repetidas, en las que los puertos a subir ya los he hecho dos, tres o cuatro veces, acaban siendo un coñazo.


Dejo atrás el mirador en la zona de curvas, la más interesante de la primera mitad. Se ve claridad hacia la llanura pero las nubes están pegadas a las montañas. Es el primer momento en el que pienso que puede estropearse la subida al Golobar que tenía pensada para después.


Llego a Brañavieja, el punto en el que la subida cambia completamente y se hace más agradable. Se abandona la autopista de subida y se pasa a una carretera más propia de montaña.


El paso por la localidad es fantasmagórico. Tan solo el albergue juvenil se encuentra abierto. Todo lo demás parece abandonado.


Me quedan cinco kilómetros para coronar y eso me va a llevar un rato, lo suficiente como para que las nubes que se agolpan en la cima se sigan pegando a las montañas. Se ve algún claro pero creo que no voy a poder disfrutar de las hermosas vistas que hay desde la explanada.


Aunque la media de los kilómetros ronda el 6-7%, hay algún tramo de doble cifra que dificulta la ascensión. El viento de cara hace que la sensación térmica baje mucho. No llega a hacer frío pero sí que noto fresco.


Es una lástima pero la niebla cubre el kilómetro final y no se ve nada. Hace un rato que he decidido dejar Golobar para otra ocasión porque toda la sierra de Peña Labra está aún más tapada que esto y no me merece la pena.


Me abrigo bien para la bajada. El aire corre con fuerza y las nubes se desplazan a gran velocidad. Lo mismo no se ve nada que se aprecian varios tramos de la subida.


Desciendo y puedo ver una nube negra que antes no estaba. Espero que no me llueva y, en vez de bajar por el valle del Besaya, decido subir de nuevo por la vertiente corta de Palombera, dejando la etapa en un ida y vuelta.


En Espinilla luce el sol y hace calor. Busco una fuente para llenar el bidón pero no la encuentro, así que subo con un culín que me bebo enseguida. Me vuelve a sobrar toda la ropa y hasta arranco a sudar.


Pero la situación en el puerto de Palombera no tiene nada que ver con la que había hace unas horas. La niebla está bajando mucho y ya cubre esta altitud. Para más coña, empiezo a pagar mi mes de inactividad bicicletero y se me empieza a hacer larga la subida.


Llego arriba cansado y sin ver nada. Hay una densa niebla en la vertiente norte, así que pasaré frío en la primera parte del descenso. Ha sido una buena idea dejar Golobar para otro día.


Llego a Cabezón de la Sal a eso de las cinco de la tarde, a tiempo de buscar un sitio en donde vendan pilas de botón para cambiar la del cuentakilómetros que se ha fundido por completo. Tras buscar en un par de tiendas, me indican un chino donde nunca fallan estas cosas. Meriendo bien, gorroneo un poco el wifi abierto de la biblioteca y me voy a Puentenansa, donde dormiré para empezar allí la etapa de mañana.

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5 comentarios :

  1. Las rutas si se repiten y no te gusta la bicicleta, llega a aburrir. Otra cosa es si lo haces en compañía.
    A mi me aborrece muchas veces salir en bici, y mas subir puertos solo. Prefiero ir a la pista a hablar con la gente.

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    1. Por eso hay que estar a todas horas dándole a la cabeza para encontrar objetivos nuevos. A mí ahora me va bien lo de leer blogs de gente que anda en bici de la forma que yo la veo. Pero para hacer cosas guapas hay que estar entrenado y cuesta salir así sin más.

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  2. Esta misma ruta la hice hace dos años con el Golobar, y La Fuente del Chivo hasta la estación me pareció un autentico coñazo, después es mucho más guapa

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    1. Es que es un coñazo, como casi todas las subidas a estaciones invernales, aunque ésta más todavía. Así a bote pronto no se me ocurre ninguna que sea guapa. Bueno sí ... Superbagnères.

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  3. La subida a estación invernal más guapa es Luz Ardiden.
    Me has recordado mi cerrojo de Cantabria con Ramón.

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