La sierra de Candelario

Hoy es el cuarto día de este stage por el Sistema Central y he decidido que sea el último. Quería hacer una quinta etapa por tierras portuguesas para dar buena cuenta de tres BIGs que me faltan al oeste de Cáceres pero la lluvia de estos días, que no me la esperaba, ha hecho que cambie de opinión. Ya volveré en otra ocasión para hacerlos y así repito con la 'Serra da Estrela' y con su maravilloso Pico Torre.

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La sierra de Candelario Barco de Ávila 135 km 2800 m+ IR

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Decido salir de Barco de Ávila con la primera luz del día para anticipar lo máximo posible mi viaje a Bilbao de la tarde. Así no tengo que conducir tantas horas de noche. La salida del sol me muestra un cielo despejado a medias, pero tranquilizador si lo comparo con el de ayer.


Tomo la carretera de Béjar, a donde se llega a través del pequeño puerto de La Hoya. Son kilómetros tranquilos, sin apenas tráfico y con ligero aire favorable.


A mi izquierda voy observando el puerto del Tremedal. Lo había sopesado pero lo he descartado porque no quiero alargar mucho la jornada por ser la última.


Corono el puerto de La Hoya y sigo para delante por unos pocos metros, hasta encontrar el desvío que va a la estación invernal de La Covatilla.


Ya de entrada, la subida se pone a un 10% de media que me pone tieso. No dejo de recordar cuando subí por primera vez a esta estación en una quedada multitudinaria que hicimos. Me vienen imágenes de mucha gente que se iba retorciendo.


Pero esta vez voy yo solo y lo disfruto de otra manera, paladeando mejor cada metro de subida. Se trata de un puerto duro que solo queda suavizado por las vistas que se tienen de Béjar por la parte derecha.


Las rampas van como a escalones y se turnan con ligeros descansos que aprovecho para tirar de cámara de fotos. Esos mismos escalones impiden que se vea la parte alta pero van dejando constancia de los tramos que se dejan atrás.


Los últimos cuatro kilómetros de subida ya no tienen tanta pendiente media pero sí encierran rampas de doble cifra en las que hay que darlo todo. Me preocupa que está subiendo la niebla del valle y que se me estropee el final.


Llego a la zona de aparcamientos de la estación bastante bien de fuerzas. No he subido fuerte pero tampoco es que haya subido muy relajado. Se nota que voy a mejor cada día.


La media vuelta para afrontar el descenso de La Covatilla me revela un nubarrón enorme que ha subido conmigo, sin yo verlo. Me asomo al talud y la estampa es muy amenazante. ¿De dónde ha salido todo eso?


Ya tengo preocupación para el resto de jornada. Hoy no pensaba mojarme pero tampoco estos días atrás y menudas chupas que me he llevado. Bajando hacia Béjar decido atajar por la carretera de Candelario.


Esta carreterita es una gozada. La única pega es el estado del asfalto, algo bacheado, lo que se hace bastante incómodo.


El piso de Candelario es de pavés, pero de unos pedrolos considerables, así que cruzo la localidad andando y aprovecho para comer algo. Ha vuelto a salir el sol y la mañana es muy agradable.


La salida de Candelario me enfila para el alto de La Garganta. Atrás quedan muchos recuerdos con la subida que hicimos en su día a El Travieso.


Poco a poco voy ganando altitud. Esta vertiente de La Garganta es poca cosa como puerto, pero tiene cosas chulas como el embalse de Navamuño que queda a la derecha, bajo la Peña Negra.


A uno o dos kilómetros de coronar, más o menos, se pasa a la provincia de Cáceres. Hay una especie de muro con un letrero curioso.


Poco antes de coronar, se produce un cambio de ladera por un pequeño collado y se obtienen unas hermosas vistas de la sierra de Candelario. Es increíble que todo esto sea ya Extremadura. La riqueza paisajística de esta zona norte es sorprendente.


Llego a La Garganta y aprovecho que hay una hermosa fuente para llenar el bidón y comer algo disfrutando de las vistas. Tengo que tener mucho cuidado para coger agua porque hay un enjambre de abejas bajo el chorro y se ponen muy nerviosas al verme.


Antes de bajar hacia Hervás, hay un tramo de llaneo entre majadas. Esta es una zona perfecta para el cicloturismo de puertos, con una gran concentración de subidas por un entorno precioso.


La bajada hacia Hervás sorprende al más pintado. La vegetación es excelsa en este valle y uno no diría que se encuentra en Extremadura.


Llego a Hervás poco después de alucinar con una casa de esas que parecen sacadas de un cuento. Juraría que le hice una foto pero no sé qué ha podido pasar con ella porque no la tengo. Igual la borré sin darme cuenta.


Aprovecho que vuelvo a encontrarme con un tramo de pavés (no los puedo ni ver y prefiero pasar andando) para sentarme en un banco a comer algo junto a un paisano con el que charlo por unos minutos antes de empezar a subir Honduras, uno de los puertos más guapos de la zona.


Son catorce kilómetros constantes, moviéndose siempre entorno al 5-6%. En los primeros metros no dejo de encontrar a abueletes cogiendo castañas del suelo. Las hay a montones y porque todavía me queda mucha ruta y no es plan de ir cargado.


Todos estos kilómetros me trasladan a la Cordillera Cantábrica. No se ve el cielo en este túnel de vegetación.


La segunda mitad del puerto es más aérea. Se puede alcanzar a ver el collado donde se corona y hay algunas vistas del gigantesco embalse de Gabriel y Galán.


El día se está estropeando en esta subida y empieza a chispear. Hasta hay un momento en el que me tengo que proteger bajo un árbol porque es algo más que un chispeo.


Por suerte, la lluvia dura muy poco y puedo seguir adelante sin mojarme, solo con lo que salpica el suelo húmedo. Aunque seca con rapidez porque la temperatura es muy buena.


Corono Honduras y empiezo a disfrutar del valle del Jerte, otra de las maravillas de la zona. Antes de llegar a él, todavía tengo que subir un poquito porque la bajada se interrumpe por un instante.


Hay muchas nubes y me pasa algo muy curioso. En un tramo de zigzags lluvia por la derecha y hace sol por la izquierda, cambiando de caso cada pocos segundos.


Llego al Jerte y la carretera está en obras. Están rediseñando el trazado del puerto de Tornavacas, eliminando alguna que otra curva y ensanchando la carretera.


Con obras o sin ellas, yo sigo yendo más solo que la una. No pasa ni un coche, solo algún camión de las obras sale de algún desmonte.


Al igual que el puerto de Honduras, el puerto de Tornavacas son también catorce kilómetros. Los tres primeros son muy suaves pero luego, a partir de la población que da nombre al puerto, se retoma un 5-6% constante hasta la cima.


Al pasar Tornavacas, ya no hay más obras. La carretera sigue con su trazado de siempre. Se van sucediendo las curvas y se intuye dónde acaba la subida.


Es una pena que en esta época no estén los cerezos en flor. Es la segunda vez que paso por este puerto y tampoco es temporada. A ver si algún día coincide y puedo disfrutar de lo que todo el mundo dice que debe ser todo un espectáculo.


Corono el puerto de Tornavacas con más fuerzas de las previstas. Siempre digo que no voy a dejar tanto tiempo entre salidas pero luego no me apetece coger la bici en casa y pasa lo que pasa.


Nada más asomar a Castilla y León, veo un nubarrón tremendo sobre la zona de Barco de Ávila. Y lo que es peor, hay una cortina de agua de difícil escapatoria. Si hay que mojarse, que sea lo mínimo posible, así que decido tomarme el descenso como una contrarreloj hasta el coche.


Son quince kilómetros en los que el cuentakilómetros se dispara. Se ha levantado un viento fuerte que me da de culo y, sumado al descenso del puerto, me hace coger una velocidad asombrosa.


Esta vez me libro por los pelos y se pone a jarrear a lo bestia cuando ya he terminado de recoger el tenderete. Para no repetir por Segovia, decido variar mi ruta de vuelta a Bilbao y tiro por Valladolid, no dejando de llover hasta llegar a Medina del Campo. Para no dar lluvia por la zona ...

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